lunes, 3 de junio de 2019

pero como no todo iba a ser regu

os cuento que me he colado en un club de lectura y estoy muy contentísima por tener la posibilidad de reunirme con las chicas una vez al mes para hablar de un libro y lo que surja. De momento los tres  que he leído me han encantado: La trenza, de Laetitia Colombani, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee y 84 Charing cross Rd, de Helene Hanff.

Ahora tengo que empezar Kokoro, de Natsume Soseki, pero creo que voy a esperar al fin de semana, porque tengo a medias Una educación, entre otras cosas, y vísteme despacio que tengo prisa o el que mucho abarca poco aprieta (¿esto existe?).

De los tres libros que he leído (hay un cuarto que tengo en la pila de pendientes porque me incorporé al club un mes tarde, pero lo quiero leer) el más maravillosísimo SIN DUDARLO ni un segundo es Matar a un ruiseñor. Leedlo. De verdad. Leedlo porque es un libro espectacular. Es el típico "ya he visto la película" (a la sazón el peliculón) pero merece la pena leerlo aunque nos sepamos la peli de memoria.

84 Charing cross Road también tiene peli y también es especial. Género epistolar (ahí ya me ha ganado), muy cortito. Agradable y fácil de leer. Y sin ser de comentar en las reuniones estas, me recomendaron Nosotros en la noche, de Kent Haruf y me he comprado más de él porque qué preciosidad de historia. De hecho, tengo pendiente empezar no tardando mucho La canción de la llanura. Ya os contaré, porque este hombre ha sido todo un descubrimiento.

domingo, 2 de junio de 2019

la vida

Adelanto que vengo de una semana de mierda sideral. Si no estáis dispuestos a leer mal humor ya podéis ir cambiando de historia.

Acabo de cambiar de trabajo y el cambio de trabajo ha supuesto todo un tsunami en mi vida. Puedo decir que ha cambiado todas mis estructuras vitales y que ahora ando de voltereta en voltereta.

Además de los cambios y de las volteretas y los atascazos a todas horas me siento totalmente frustrada porque siento que estoy haciendo algo que no quiero hacer. Yo quiero hacer otra cosa y he elegido esta opción por miedo a que lo otro me salga mal porque -entre nosotros- no puedo arriesgarme a no tener ingresos. Lo que viene a ser el sentido común frente a los sueños. Lo típico.

Supongo que mi actitud está siendo bastante gris y ya sabemos que el gris solo trae tormentas y cada día es gris y las semanas se me hacen eternas y espero con desesperación que me cambie el chip y poder empezar a disfrutar de esta nueva etapa que, por otra parte, no está nada mal o no lo hubiera estado si no hubiera fantaseado con otras alternativas mucho más acordes conmigo misma.

lunes, 27 de mayo de 2019

viento del Este

Creo que Mary Poppins es una de mis historias favoritas y ahora que se están sucediendo mil cambios en mis días, me viene una y otra vez a la cabeza la cancioncilla con la que se anuncia su llegada. 

"Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir. No me imagino qué va a suceder, mas lo que ahora pase ya pasó otra vez".

Me encanta la imagen del viento anunciando los cambios que llevan consigo todos los comienzos. Y justo ahora que estoy comenzando de nuevo a los 45 pienso en el viento del Este y en todo lo que va a traer y en los nuevos caminos que estoy empezando a transitar.

Ando llena de nostalgia por lo que ha terminado y de incertidumbre por lo que estoy emprendiendo. Parece que un día pararán, pero no, las volteretas que nos da la vida se suceden y te alborotan cuando menos te lo esperas.

Y lo mejor es aceptarlas con amor y con ganas de seguir evolucionando, riendo y aprendiendo. 

Que no sabemos lo que ha de venir, pero seguro que nos sirve.

Así que vamos a aceptarlo y a disfrutarlo.

L.


sábado, 4 de mayo de 2019

en el Met

Os voy a contar una sensación curiosa que tuve en algunas de las salas del Metropolitan, en Nueva York, y voy a ser breve.

Es un museo enorme, tan enorme que tiene dentro, por ejemplo, un templo egipcio o un jardín japonés. Hay salas y salas y salas y paseando por ellas prácticamente puedes transportarte a cualquier lugar del mundo.

Bien, pues como yo soy fan de la historia americana decidí dejar a un lado otras cosas y encaminarme hacia la zona que me interesaba. Que si una escultura de Lincoln por aquí, que si un busto de Franklin por allá (recomiendo encarecidamente su autobiografía), que si una reproducción de una casa por aquí, que si una pintura de Washington cruzando el Delaware por allá y así fui disfrutando del entorno hasta que llegué a unas salas llenas de cuadros y esculturas de vaqueros y de indios.

Y lo que os quería contar es que me quedé estupefacta porque estas expresiones artísticas son totalmente ajenas a nuestra realidad. Por un momento pensé pero, pero... ¿esto qué es? y al segundo reaccioné y no me quedó más remedio que admirar cómo usaron su tradición artística para expresar su realidad, una realidad que para nosotros es John Wayne o la ficción del cine.

Me resultó impactante el uso de nuestras técnicas tradicionales, evidentemente suyas, para contar cosas que no nos representan histórica ni culturalmente para nada. No me estoy explicando nadísima bien. Quiero decir que ves una pintura japonesa y por técnica, materiales, temática, estilo, etc la identificas como algo ajeno. En este caso la técnica y el estilo son propios, pero ostras, hay un indio en el cuadro y eso así según llegas es, por lo menos, curioso. Ya digo que el impacto duró un segundo, pasado el cual aluciné y disfruté muchísimo de esta parte del museo. Los cuadros que más me llamaron la atención fueron los de Charles Schreyvogel, por si queréis echar un vistazo a su vidaobra por internet, pero había más de otros pintores. Resulta que el western es también todo un estilo artístico y yo 45 años sin imaginarlo siquiera. Qué cosa, el desconocimiento y qué maravilla viajar (y leer) para curarlo.

Me quedé tan sorprendida que hice algunas fotos que es algo que no suelo yo hacer (fotos de cuadros), pero es que me encantaron y pensé que me iba a apetecer verlas en casa.  Y aquí me ha asaltado de nuevo el siglo XIX en América, según descargaba las fotos del viaje en el ordenador. Y oye, tenía que compartir esta movida. De verdad. Qué descubrimiento más fenomenal. 

En fin, las cosas que se me pasan por la cabeza, ya sabéis. Es lo que hay y así os lo cuento.

Hasta la próxima ocurrencia.

L.

martes, 23 de abril de 2019

turbulencias

Que te encante viajar y te aterrorice ir en avión es la mierdísima más grande del mundo. Os lo digo como es. Mierda. No soporto ir en avión, no soporto que se vaya acercando el momento, no soporto entrar, sentarme, el despegue, las nubes, las turbulencias, no soporto sobrevolar el mar, ni las montañas, no soporto aterrizar, el viento, los pájaros. Ir en avión me da un miedo infinito, pero como reconozco su utilidad hago de tripas corazón y paso el mal rato lo mejor que puedo: mal.

Reconozco que he perdido los nervios a bordo de un avión en más de una ocasión. Y que he echado hasta la primera papilla en otra. Reconozco que me maravillan las personas que se meten en un avión como en la panadería, tan pichis. A mí me supera. Yo sería feliz si pudiera viajar inconsciente de A a B, como el del equipo A.

De hecho, volviendo de NY conseguí cerrar los ojos muy fuerte después de la merienda y aunque solo medio dormité no los abrí hasta que estábamos como a una hora y media de aterrizar. O sea, que medio inconscienteé como cinco horas y qué felicidad, porque el último tramo se me hizo eterno. Qué turbulencias, qué meneos, qué descensos repentinos, qué montaña rusa y yo qué ansiedad. Mi pobre M (que sabe lo mío con los aviones), me cogía la mano fuerte y me decía naaada, tú tranquila que vamos bien. Y yo sí, sí, sin sangre corriendo por las venas y pensando que caerse al atlántico es el fin porque total, volando sobre tierra todavía hay opciones de aterrizar mal que bien en alguna carretera abandonada y que a ver si veo ya la costa y nos salvamos un poquito más y mil desasosiegos de ese estilo.

Me espanta montarme en un avión, pero como no tengo otro modo de hacer lo que más me gusta en el mundo (haber hay otros, pero este es el más práctico) me subo y paso el peor rato de mi vida y hasta la próxima que espero que no tarde en llegar.