viernes, 5 de octubre de 2018

¡Viva Grecia!

 
Cuando estábamos aterrizando me emocioné. También es que soy un poco moñas y lloro rápido, pero la verdad es que ver la costa desde el cielo, con ese mar turquesa interminable y pensar en todo lo que supone Grecia fue superior.

Sí. He viajado a Grecia hace unos días. He visitado el norte del país y me llevo una impresión inmejorable, unos recuerdos increíbles y unas ganas de volver infinitas. 

En este viaje he tenido la ocasión de pasear por Tesalónica, Kavala, Stagira, Filipos, Arnea, Pirgadhikia, Alistratis, Amfipolis... He estado en las penínsulas de Casandra, Sitonia y Monte Atos (por supuesto no en Agion Oros), pero sí en Ouranopolis. En general he conocido Halkidiki y luego he subido a Serres, cerca ya de la frontera con Bulgaria.

He estado en el mar y en la montaña.

El mar Egeo es espectacular. Los colores son increíbles. Completamente transparente. Me contaron que las islas griegas son divinas, pero que Halkidiki no se queda atrás con las playas, que son paraisísimos y lo confirmo con conocimiento de causa. Por supuesto me bañé (ni un mar sin mí dentro) y me medio quité la espinita esa de tantos meses sin mar.

Me flipó estar en la ciudad en la que nació Aristóteles y en la que está enterrado. Me entusiasmaron hasta el infinito y más allá las ruinas de Filipos, seguramente porque no me esperaba en absoluto lo que había por allí. Los atardeceres, la comida, la hospitalidad de todo el mundo (que sepáis que adoran a los españoles). Lo de la comida no es broma. Qué rico todo. Recuerdo especialmente una, en una playa, en un restaurante blanco y azul. Un pescado ahumado espectacular y la retsina y los dulces y los dolmades (arroz envuelto en hojas de parra). Las ruinas, los capiteles desperdigados, las calles, la catedral que es la cueva de Alistratis.

No os penséis que la montaña se queda atrás. El norte es un bosque frondoso. He cruzado un lago (el Kerkini) y he visto flamencos y pelícanos y búfalos (de todo esto miles y miles) y otro montón de pájaros y animales a los que no pongo nombre. He comido en una cabaña al calorcito de una chimenea y he visitado un par de monasterios ortodoxos bastante chulos.

Todo en Grecia es espectacular y maravilloso y ahora tengo unas ganas tremendas de volver y de hacerlo vía Atenas.

Ese viaje sí que va a ser de no dejar de llorar de felicidad.

lunes, 10 de septiembre de 2018

naranja

Hace poco más de una hora estaba terminando de escribir unas cosas de trabajo. De repente he desviado los ojos del ordenador y me he dado cuenta de que la habitación estaba inundada de una luz tan increíble que he me ha salido parar, levantarme y asomarme un buen rato a la ventana.

Este año los colores se han adelantado al otoño. Los atardeceres naranjas que envuelven y reconfortan han llegado antes de lo esperado, por sorpresa y para mi alegría. El cielo de Madrid es mágico en esta estación. Si no tuviera aparcada la caravana enorme de mi vecina delante de la ventana y las vistas fueran más molonas habría hecho una foto. Mañana si tengo tiempo y ganas intentaré salir a pasear y hacer alguna molona. Si lo consigo volveré para que la veáis aunque, entre nosotros, mis fotos son ful.

Para foto chula de cielos de casi otoño esta que os dejo aquí. Es de la semana pasada. No la hice yo. Yo estaba boquiabierta con el espectáculo de la naturaleza que fue el atardecer italiano. La he robado del twitter del compañero que la hizo. Espero que no le moleste. 

Estaba pensando en la foto de hoy y me he acordado del atardecer del otro día y de ahí a la foto y de ahí, aquí.

Qué deciros. 

Yo soy de verano y de otoño. 

Del calor del verano y de la luz del otoño. 

Yo me recargo con energía solar.

domingo, 9 de septiembre de 2018

planificando viajes

Aquí ando, soñando.

Sueño que voy a viajar a Grecia no tardando mucho.

Sueño que voy a pasear por Turín no tardando mucho más. También por Suiza.

Sueño con Florencia (este es un sueño recurrente). Sueño con Florencia en bucle. Espero no quedarme con las ganas.

Sueño con EEUU otra vez.

Sueño con un par de pueblecitos franceses (Sarlat y Chambord). Estos son facilitos. Tirar con el coche hacia el norte hasta llegar.

Sueño con unos días en el Alentejo, Portugal.

Sueño con noviembre en Austria.

Y con diciembre en Iseo, again. A ver si esta vez me organizo y consigo entrar en Santa Maria delle Grazie, en Milán.

Sueño con descubrirme en navidad en algún lugar molón.

Sueño con cualquier mar. Me entristecen infinito los meses sin mar. Y ya van unos cuantos. Entre nosotros, necesito pasear por una playa.

También tengo sueños más exóticos y por consiguiente platónicos elevado a n.

Y así comienzo septiembre.

miércoles, 8 de agosto de 2018

nosoportos

No soporto a las personas chillonas, ni las esperas largas (me desesperan). No soporto el frío. No soporto el sopor. No soporto la actitud adolescente. No soporto las filas, ni las muchedumbres, ni que los pies se me queden pegados al suelo, ni los atascos. No soporto a algunas personas. No soporto los ronquidos. No soporto los libros con faltas de ortografía. No soporto perder el tiempo por las redes sociales. No soporto ir viendo menos cada día. No soporto los mejillones (puaaaajascazo) ni el chocolate blanco. Lo de los mejillones lo pongo dos veces. No los soporto. No soporto a las arañas ni a algunos otros bichos y animales. No soporto que no me salga la frase apropiada en el momento justo, ni que me tiemble la voz cuando tengo razón. No soporto la voz de la vecina del primero. En los autobuses o ascensores (o así) no soporto que me roce el brazo otro brazo. No soporto un eres tonta, ni de broma ni con cariño. No soporto que los niños sufran. No soporto las películas de terror, ni la sangre. No soporto lo que creo que son injusticias. No soporto a los ignorantes soberbios que se ponen zapatos demasiado grandes. No soporto que me intenten manipular. No soporto no ver el mar este verano. No soporto madrugar ni soporto el despertador. No soporto los malos olores ni a las personas rancias. No soporto que me miren por encima de unas gafas. No soporto el mal humor. No soporto a los pesimistas a los que les sale todo bien. No soporto a los que se quejan por todo. No soporto cocinar por obligación ni idear menús saludables para cada semana. No soporto que se muera la gente a la que quiero. No soporto los ruidos estridentes. No soporto llevar tanto tiempo sin pasear por Londres. No soporto otro invierno sin Lanzarote. No soporto los bolsos. No soporto el dolor de garganta. No soporto el miedo ni la culpa ni vivir con miedo o hacerlo sintiéndome culpable. No soporto las puñaladas por la espalda ni los adoctrinamientos. No soporto las cacas de perro en medio de una acera. No soporto que me falte Florencia. No soporto mi pereza infinita ni las manos heladas en febrero. No soporto a Nicholas Cage.   

lunes, 6 de agosto de 2018

el destino en fiestas

No sé en qué dramático giro de los acontecimientos el destino me soltó en medio de un concierto de Camela. Jamás, JAMÁS, jamás en la vida hubiera yo -ya no imaginado- es que ni pensado que pudiera acabar en algo así. 

Vaya por delante el respeto máximo al grupo, a sus canciones, al molinillo del Dioni y a sus seguidores, pero no.