lunes, 14 de agosto de 2017

mis pequeñas revanchas


No me conoces y habrás pensado ‘de qué se ríe esta imbécil’. Y es solo que tu coche se ha quedado sin batería y a mí me ha hecho feliz.
Ayer pasé a las siete por delante de él, pequeño, rojo, aparcado en una plaza reservada para personas con movilidad reducida. Los warning en todo su esplendor.
Pasé de vuelta a las once y allí seguía tu coche igual de pequeño, igual de rojo y con las mismas luces iluminando intermitentes la noche.
Me debí acostar sobre la una. A través de las cortinas seguían llegando los destellos de las luces de tu coche.
Sé que debería darme igual, pero a mí estas cosas me enfurruñan. Un pueblo, sitio libre para aparcar infinito y tienes que hacerlo en el único hueco reservado. Pones las luces, eso sí, porque sabes que lo has hecho mal, pero eres la más lista.
Por supuesto te había olvidado cuando he salido de casa esta mañana, pero la vida me ha dado la pequeña satisfacción de pasar a tu lado, de que me miraras, de mirarte y no evitar reírme de ti y de tu coche sin batería.
Habrás pensado ‘de qué se ríe esta imbécil’. Pues me reía de ti, del capó levantado, del mecánico con las pinzas y de tu cara de fastidio. Me ha salido una sonrisa grande de deleite infinito por haber sido testigo de esta maravillosa justicia que te ha dado la vida.

sábado, 5 de agosto de 2017

something's coming

No encajo
Tú encajas
Él encaja

Mejor me quedo en casa esperando al próximo viento del Este.

Winds in the East, there is a mist coming in. Like something is brewing about to begin. Can't put me finger on what lies in store, but I feel what's to happen all happened before.

miércoles, 2 de agosto de 2017

mirad

No me acostumbro. No me interesa.

Aborrezco la tecnología.

Tengo la edad divina para ser master del universo en ofimática y navegaciones virtuales varias, reconozco la eficacia y la utilidad de todos estos aparatos del demonio y los utilizo, pero no me pidáis que los disfrute.

Esto es un horror que además incluye un plus de adicción.

viernes, 2 de junio de 2017

Esta semana

Esta semana la empecé en Italia, aunque el aterrizaje forzoso en Manza y eso de la relatividad del tiempo fuercen la sensación de haberlo hecho hace dos vidas.

Esta semana no dejo de hablar en inglés, que es una cosa que hago poquísimo para lo que me encantísima.

Esta semana tengo una tortuga en casa que Claudia salvó la pasada de una calle muy transitada de coches.

Esta semana he escrito un poema espectacular. Está mal que lo diga, pero lo es.

Esta semana he vuelto a dejar ko a mis alumnos de yoga. Sobre todo a los de la clase del miércoles. Tengo el superpoder de dormir a la gente, y no me refiero a cuando sufren mis ataques de loquísima verborrea, que también.

Esta semana he terminado un libro que me ha gustado y he encontrado que un autor que me gusta millones ha editado un nuevo libro. Con las ansias lo compré en el ebook y ahora me arrepiento. Es el primero de él que no tengo en papel, y me da pena.

Esta semana he ido al campito, que es la casa de mi infancia. Me llamó mi tía el miércoles con su eh, que aquí estoy y me faltó tiempo para salir pitando y pasar con ella una tarde fenomenal. Es difícil explicarlo. El campito es casa. Esta tarde más.

Esta semana, hace 100 años, nació Kennedy. Y en este año de devoción kennediana que me gasto lo celebré por todo lo alto con libros, podcasts y la pulsera que llevo en la que pone aquello de "History, after all, is the memory of a nation".

Esta semana he reflexionado mucho sobre la adolescencia. Con hijos teen es un tema que me inquieta bastante. Y no por lo obvio, sino por esa rarísima sensación que me produce el que empiecen a andar su propio camino.

Esta semana también celebré el cumple de Walt Whitman. Adoradísimo Walt. Sus hojas de hierba son oxígeno del bueno para el cerebro.

Esta semana aún no ha acabado.

...

Todavía pueden pasar un buen millón de cosas buenas.

L.

miércoles, 24 de mayo de 2017

minestrone

En Austin me dolía la garganta. Yo soy muy de dolor de garganta y me resultó altamente fastidioso llegar a Austin con el horror de ver las estrellas cada tres segundos. Sobre todo porque Austin en diciembre es como Madrid ahora. Ni frío, ni nieve ni ná.

Doloridísima como iba, unos metros antes del capitolio me hice una infusión de limón y miel en un seven eleven porque allí son tan molones que tienen autohazteinfusiones en cualquier tiendita. También me compré unos caramelos de esos que ayudan a pasar los malos tragos.

Proseguí la tarde con eso calentito que tomar y conseguí llegar medio tirando a la noche y a mi primera minestrone.

Cenamos al lado del hotel y entre lo de ser meatoff y tener la garganta al gusto del faquir más exigente opté por una sopa. Minestrone, os lo imagináis. Increíble opción.