lunes, 10 de diciembre de 2018

Qué país, Italia

Tengo sueños que voy convirtiendo en recuerdos. 

Una de las últimas transformaciones ha sido Venecia, que siendo menos sueño que Florencia (que sigue en modo dream) se ha convertido en un recuerdo alucinante.

La primera visión de la ciudad me paró el pulso. Salíamos del andén buscando un lugar para un café (salimos a las 6:45h hacia Rovato, para coger el tren, sin desayu ni nada) y a la derecha zas, la magia.

Venecia es irreal y creo que mi ciudad favorita del mundo.



Tuvimos la suerte de ir un día de frío en el que apenas había turistas, algo que -según me dijeron- es altamente excepcional. De hecho, hubo calles en las que íbamos solas. Nadie delante de nosotras, nadie detrás. A lo mejor mi impresión hubiera sido diferente (diferentepeor) si nos hubiéramos atascado 25 minutos por puente, que parece ser que es el pan de cada día. Pero no fue así. 

Yo he paseado por una ciudad mágica, por una película, por un cuento. He paseado por mi propio sueño y ahora lo hago por mi recuerdo con la facilidad de un clic mental.


El resto del viaje lo cuento otro día, hoy solo quería escribir que el mundo es espectacular y que no hay foto que refleje Venecia. 

Id.

martes, 20 de noviembre de 2018

something (raro) to remember

Sobre el lavabo, apoyada en el espejo en el que me veo mientras me lavo los dientes, tengo una placa bastante grande con una imagen de JFK y su famoso my fellow Americans, ask not what your country can do for you, ask what you can do for your country.

Ayer me ocurrió que estaba enchufada a twitter leyendo que le han dado un premio a Clint Hill (sí, soy tan friki que le sigo en redes sociales), el guardaespaldas que se hizo famoso al subirse al coche en marcha mientras Jackie se deslizaba por el maletero. Estaba enchufada a Clint, decía, precisamente mientras me lavaba los dientes y de repente me di cuenta de que tenía a mi izquierda al presidente y a mi derecha al guardaespaldas y pensé algo del tipo ostras, qué casualidad, aquí los dos, frente a frente y un montón de movidas más que me hicieron decir chica, esto deberías escribirlo.

Pero no tengo muchas ganas de escribir, llámalo vida, y toda la historia de ciencia ficción que me organicé por las imágenes de Kennedy y Hill juntos de nuevo en mi lavabo cayó en picado hacia el suelo y se rompió y yo seguí con la tarde aotracosamariposa.

Y ahí habría quedado la anécdota si no me hubiera acordado de repente de ella, como si hubiera sido un sueño. Y como si lo hubiera sido, he decidido escribirlo aquí porque me moló infinito la imagen y no quiero que se me olvide. 


lunes, 5 de noviembre de 2018

un mes tonto

No hemos cerrado bien la puerta y ahora estamos empujando para dejar fuera al invierno, pero el invierno ha conseguido meter el pie entre la puerta y el marco y la cosa pinta mal.

Noviembre es un mes regulero y con estos fríos adelantados más. Sin embargo, este año me he empeñado en que me guste. Me he empeñado en disfrutar de este cielo blanco sin sal, de las manos frías, de la humedad, de las noches tempranas y de la falta de ganas de salir del edredón. Qué digo salir, de sacar siquiera la nariz. Este año estoy en modo colorear el gris.

A ver cuánto me dura.

Así para empezar me he organizado un fin de semana italiano en noviembre, que es algo que sube bien de puntos la ilusión de este mes tan outsider y he visto Bohemian Rhapsody, que me ha encantadísimo. Estoy leyendo un libro que me entretiene a veces y no me gusta a menudo y estoy enganchada a un par de series molonas y a la calefacción.Aún así noviembre me cuesta infinito, como marzo. Qué dos meses más absurdos.

Tan harta ya del invierno y aún estamos en otoño.



viernes, 5 de octubre de 2018

¡Viva Grecia!

 
Cuando estábamos aterrizando me emocioné. También es que soy un poco moñas y lloro rápido, pero la verdad es que ver la costa desde el cielo, con ese mar turquesa interminable y pensar en todo lo que supone Grecia fue superior.

Sí. He viajado a Grecia hace unos días. He visitado el norte del país y me llevo una impresión inmejorable, unos recuerdos increíbles y unas ganas de volver infinitas. 

En este viaje he tenido la ocasión de pasear por Tesalónica, Kavala, Stagira, Filipos, Arnea, Pirgadhikia, Alistratis, Amfipolis... He estado en las penínsulas de Casandra, Sitonia y Monte Atos (por supuesto no en Agion Oros), pero sí en Ouranopolis. En general he conocido Halkidiki y luego he subido a Serres, cerca ya de la frontera con Bulgaria.

He estado en el mar y en la montaña.

El mar Egeo es espectacular. Los colores son increíbles. Completamente transparente. Me contaron que las islas griegas son divinas, pero que Halkidiki no se queda atrás con las playas, que son paraisísimos y lo confirmo con conocimiento de causa. Por supuesto me bañé (ni un mar sin mí dentro) y me medio quité la espinita esa de tantos meses sin mar.

Me flipó estar en la ciudad en la que nació Aristóteles y en la que está enterrado. Me entusiasmaron hasta el infinito y más allá las ruinas de Filipos, seguramente porque no me esperaba en absoluto lo que había por allí. Los atardeceres, la comida, la hospitalidad de todo el mundo (que sepáis que adoran a los españoles). Lo de la comida no es broma. Qué rico todo. Recuerdo especialmente una, en una playa, en un restaurante blanco y azul. Un pescado ahumado espectacular y la retsina y los dulces y los dolmades (arroz envuelto en hojas de parra). Las ruinas, los capiteles desperdigados, las calles, la catedral que es la cueva de Alistratis.

No os penséis que la montaña se queda atrás. El norte es un bosque frondoso. He cruzado un lago (el Kerkini) y he visto flamencos y pelícanos y búfalos (de todo esto miles y miles) y otro montón de pájaros y animales a los que no pongo nombre. He comido en una cabaña al calorcito de una chimenea y he visitado un par de monasterios ortodoxos bastante chulos.

Todo en Grecia es espectacular y maravilloso y ahora tengo unas ganas tremendas de volver y de hacerlo vía Atenas.

Ese viaje sí que va a ser de no dejar de llorar de felicidad.

lunes, 10 de septiembre de 2018

naranja

Hace poco más de una hora estaba terminando de escribir unas cosas de trabajo. De repente he desviado los ojos del ordenador y me he dado cuenta de que la habitación estaba inundada de una luz tan increíble que he me ha salido parar, levantarme y asomarme un buen rato a la ventana.

Este año los colores se han adelantado al otoño. Los atardeceres naranjas que envuelven y reconfortan han llegado antes de lo esperado, por sorpresa y para mi alegría. El cielo de Madrid es mágico en esta estación. Si no tuviera aparcada la caravana enorme de mi vecina delante de la ventana y las vistas fueran más molonas habría hecho una foto. Mañana si tengo tiempo y ganas intentaré salir a pasear y hacer alguna molona. Si lo consigo volveré para que la veáis aunque, entre nosotros, mis fotos son ful.

Para foto chula de cielos de casi otoño esta que os dejo aquí. Es de la semana pasada. No la hice yo. Yo estaba boquiabierta con el espectáculo de la naturaleza que fue el atardecer italiano. La he robado del twitter del compañero que la hizo. Espero que no le moleste. 

Estaba pensando en la foto de hoy y me he acordado del atardecer del otro día y de ahí a la foto y de ahí, aquí.

Qué deciros. 

Yo soy de verano y de otoño. 

Del calor del verano y de la luz del otoño. 

Yo me recargo con energía solar.