miércoles, 17 de mayo de 2017

últimamente

Últimamente he cumplido 43 años.
Últimamente he dedicado tiempo a hacer un collage con fotos del año 42 con idea de celebrar mi última vuelta al sol con imágenes pichis.
Últimamente no he encontrado la forma de pasar el collage a jpg.
Últimamente como queso y bebo sidra.
Últimamente viva Gloria Fuertes.
Últimamente he adquirido varios libros y los he empezado a leer y -oye- me gustan.
Últimamente me tengo que desenganchar del teléfono. Me hace perder el tiempo y me catapulta al planeta del mal humor.
Últimamente estoy empezando a odiar a mucha gente. Mucha gente mala.
Últimamente pienso que la ignorancia y la soberbia hacen una malísima combinación.
Últimamente me estoy encontrando con mucho ignorante soberbio, claro.
Últimamente intento estar tranquila.
Últimamente me gusta mi casa.
Últimamente he viajado y próximamente lo vuelvo a hacer.
Últimamente me gustaría tener mucho dinero.
Últimamente odio que mis hijos tengan que ir al colegio.
Últimamente quiero el mar.
Últimamente siento algún que otro desasosiego vital.
Últimamente quiero cambios.
Últimamente qué pereza casi todo.
Últimamente me iría a vivir a otro país.
Últimamente parece que va a llover.
Últimamente no creo que tengamos esa suerte.
Últimamente me apetece que llegue la feria del libro, aunque luego no iré porque qué rollo las aglomeraciones, por dios.
Últimamente me sigue gustando la combinación de noche y jazz.
Últimamente le he cortado el pelo a M y me ha dicho "no eres buena peluquera, pero eres la mejor mamá".
Últimamente no me puede hacer más feliz haber tenido a mis teenagers.
Últimamente me he enganchado a Riverdale (cosas de C).
Últimamente paro, que no tengo fin.

miércoles, 10 de mayo de 2017

ojalá viajar y viajar

Esta tarde me preguntaba una amiga por el viaje y yo le respondía cansado, pero de ese cansancio que merece la pena. Muy  cansado, ahora entre nosotros, pero muy especial también.

He viajado a Ohrid. Es una ciudad del sur de Macedonia, casi en la frontera con Albania. Lo peor de todo, la mala comunicación con Madrid. El viaje de ida nos llevó 18 horas. Salimos de Madrid a las 4 de la mañana y no me metí en la cama hasta las once de la noche después de dos aviones y la nada despreciable cantidad de 5 horas en un autobús. Ya os adelanto que me acosté TAN agotada que no me podía ni dormir.

miércoles, 3 de mayo de 2017

yesterday

Después de un fin de semana sin hijos y ante la perspectiva de una semana también sin hijos ayer decidí hacer algo poco habitual: ir a cenar con ellos a un macdonalds. Yo no soy una veggie hooligan, pero en mi dieta (y por extensión en la de ellos) no abundan las salidas a hamburgueserías, la verdad.

Esto tiene de bueno que se disfrutan mucho más, digo yo.

El caso es que ayer por la tarde celebramos el único día de estar juntitos saliendo de casa sobre las ocho. Hice unas comprillas de última hora y nos plantamos en un macdonalds vacío por obra y gracia de un partido de fútbol.

Que si hamburguesa por aquí que si patatas por allá, ¿por qué no vamos al Bernabéu?, preguntó C. ¿Por qué no?, contesté yo. Y así de espontáneos nos plantamos en la castellana en un pispás. El macdonlads estaba vacío. La carretera, ni os cuento.

martes, 25 de abril de 2017

storm lover

Ayer volviendo a casa en coche, conduciendo, y esta mañana con una taza de té bien caliente entre las manos.

He tenido la suerte de que las dos últimas tormentas me hayan sorprendido en disposición de disfrutarlas con toda la intensidad del mundo.

En los dos casos el día se oscureció y la lluvia cayó como un torrente, ensordecedora y densa.

Ahora disfruto, con la ventana abierta, del olor de después y del pensamiento de que aún pueda seguir lloviendo. Con suerte, volveré a disfrutar de la lluvia en casa, a resguardo, con el libro de hoy entre las manos.


viernes, 21 de abril de 2017

boredom

Llevo una temporadita de aburrimientos infinitos. Todo me aburre, todo me cansa, todo me produce una pereza formidable. Echar culpas a la primavera me parece injustísimo, porque la primavera no tiene la culpa -por ejemplo- de que solo se editen pedorreces. Porque oye, menuda pereza lo de ir de librerías. Hace unos años quieras o no al final acababa comprando algo, ahora me conformo con hacer una foto a cualquier portada molona y al llegar a casa-si no me sepultan toneladas de aburrimiento- a lo mejor hago el esfuerzo de buscar el libro correspondiente y comprar su versión digital para empezar a leerlo y efectivamente: caca. Tengo la misión vital de terminar todo lo que empiezo y esta visión tan rígidomental es la que consigue que amontone historias y lecturas en la cada vez más tambaleante (en sentido figurado, of course, toda vez que superúso el libro digital) pila de libros que tengo ahí, a medio terminar. Con estos libros que nos rodean en esta época tan literariamente pfffff me da tanta pereza sentarme a leer que al final acabo encendiendo la tele y quedándome dormida delante de cualquier serie de asesinos eslovenos. Y vuelta a empezar. Vivo en un bucle raruno del que de vez en cuando salgo para ir -no sé- a Navarra, a disfrutar de la lluvia y del fresquete. Sí, puedo decir que padezco aburrimiento con estornudos de buenos momentos. Y en esta especie de sauna en la que vivo -todo tan lento, tan caracol- aparecen destellos de ganas. Si soy rápida, salto alto y los cojo al vuelo me ocurren cosas tan fascinantes como aprender a bailar sevillanas. Porque ¿cómo ha sido llegar a los cuarenta y tres sin sevillanear? Imposible. Si no se me hace tarde aún puedo colocarme un vestido de lunares y una flor en la cabeza. Otra cosa que he notado que me paraliza bastante es lo del teléfono. Tener cualquier información al alcance de la mano consigue que no tenga que levantarme en horas. Todo el entretenimiento del mundo en un aparatito portable divino. Otra cosa que tengo que hacer antes de los cuarenta y tres es desembarazarme de este artefacto tan también pedorrísimo. Pensando con un guiño, si me dedico a bailar sevillanas tendré que abandonar el móvil en la mochila. O sea, que el mírala cara a cara que es la primera va a ser -además de algo divertidísimo- un grandísimo punto de inflexión. Otra cosa que me salva es la escultura. ¿Habéis oído hablar de Louise Bourgeois? Pues yo de mayor quiero ser Louise Bourgeois. Y bailar sevillanas. Y leer -por Dios- algo decente.