martes, 12 de marzo de 2019

Viva yo

Será el buen tiempo, será que hay sol, serán los días molones, será el calor. Que pasado veo el mar, que me voy a tatuar un faro, que he vuelto a la obsesión de leer. Que tengo planes. Que se avecinan cambios. Será que cumplo años y cada año me gusto más. Será que me divierto. Será que lloro cuando toca llorar. Serán las risas. Será que me encanta comer. Será nadar. Serán los bailes. Serán mis pins, que son lo más y lo mejor. Será mi malísimo humor. Será mi sentido del humor. Será la hipersensibilidad. Serán las cosas que me gustan. Serán las que no. Serán las personas que me caen bien. Será alejarme de las que no soporto. Serán los libros. Serán los Kennedy. Serán las cosas que me toca empezar y las que voy a dejar por el camino. Serán las cosas que me han traído hasta aquí. Y las personas. Será la música. Será el chocolate. Serán los días que no toca madrugar. Serán las pamelas. Serán mis abuelos. Los cuatro. Será que me voy conociendo y molo mil y a veces cero. Serán las fotos de estrella. Será comer fresas aunque no debo. Será la naturaleza. Serán las cosas que me dan miedo. Serán las pérdidas y las ganancias. Serán los personajes secundarios de mi vida. O no serán. Será la lluvia. Y todas las mujeres que vivieron antes y me enseñan. Será aprender. Será el mundo analógico. Serán Kandinsky y Hopper y Bernini y  será Italia. Será Bach. Será Satie. Será Miles. Será la timidez. Y bañarme en el mar. Será sobreponerme. Será cosa del yoga. Será la ternura. Y las casualidades. Será pasear. Será la noche. Será que me encanta escribir. Serán las flores. Serán las olas. Serán todos los sitios que me gustan. Será hablar en inglés. Y en italiano. Será que no quiero dejar de aprender, de descubrirme. Será viajar. Será que me gusta cómo voy creciendo y que me gustan todas las imperfecciones que me construyen. Será que me conozco y que me quiero como soy. Con las cosas buenas. Con las malas. 

Será eso. 

O no será.

lunes, 11 de marzo de 2019

preparando un miniviaje

Esta semana se presenta, como poco, diferente. No sé si bien o mal. Los viajes en avión me espantan multiplicado por mil y eso es regu (no llega a mal) y los viajes de trabajo aunque son molones son estrés.

Pero si todo sale bien conoceré Sofía y repasearé por la península de Halkidiki, en Grecia, que me resulta divinísimo, la verdad. Mucho mejor, dónde va a parar, que este estar en la oficina escuchando voces y voces que blablablá y ñiñiñí.

Para esta vez me he pedido un buen paseo por Estagira. Jo, y si pudiera darme un baño en el mar ya sería la bomba, aunque me conformaré con una metida de pies. Me encantaría saber dibujar y llevar a mis viajes una libreta y pinturas y hacer dibujos de los rincones. Me imagino sentada en cualquier piedra dibujando, coloreando. ¿No os parece una ocupación bien romántica? A mí sí. Oye, lo mismo me animo y meto una caja de pinturas en la maleta, porque lo de las acuarelas va a ser mucho engañarme a mí misma. Venga, bah. ¿Quién dijo miedo?

viernes, 8 de marzo de 2019

un libro bah me ha traido hoy hasta aquí

El otro día me compré un libro de chicas porque pffff salía Nueva York y como Nueva York es casi ya en mi feliz vida viajera pues esas cosas. El libro de chicas bah, entretenido y tal, aunque podéis imaginar que no va para Pulitzer. Tremendas mayúsculas, folleteos varios, amiguísimas que lloran, tacones y chándales, viajes molones por mil porque es un libro de chicas pichis con trabajos divinos y dinero a mansalva.

Dentro de las alocadísimas peripecias de la prota, se cuenta un reencuentro de esos de 30 años después, alocadísimo también, con las amigas del cole. Que si qué bien te veo, que si te has divorciado del guapo, que si qué haces, que si qué niños, que si qué bien que trabajes aquí, lo que viene a ser un reencuentro egebero estándar.

Y al leerlo me encontré pensando en el que he vivido yo en febrero y en que había pensado contarlo por aquí y en que al final me dejo las cosas molonas y tengo este espacio más abandonado que la dieta de Depardieu.

Y no me voy a poner ahora a diseccionar mi encuentro porque ya no viene a cuento y con el destrozo neuronal que paseo por España, que estoy segura que se debe a los madrugones (no estaría ni mal convertirme en una chica pichi de libro, que solo madruga y lo justo para meterse en un avión) puede que ni pueda hilar recuerdos, PERO tengo que decir que moló mil, que me lo pasé en grande, que estamos todos igual y que mis compañeros del cole son casa.

Estar con personas a las que no ves desde hace 100 vidas pero con las que has pasado tanto tiempo que te conocen mejor que tú es descansadísimo.

Y como esto de arriba lo escribí ayer y lo tuve que dejar a medias por estrés laboral máximo y hoy se ve que no tengo la inspiración adecuada cierro con un gran por lo demás bien, encadenando fines de semana, como todos, y con una semana diferente tirando a guay a la vista porque viajar siempre es bien y voy a hacerlo. Toca Bulgaria-de-pasada y Grecia. También espero una buena porción de mar. Y el mar, amigos, siempre es buena cosa.

L.

jueves, 28 de febrero de 2019

como si me diera igual

Molaría vivir como si me diera igual que esa mujer me mire mal por existir. Molaría vivir como si me diera igual que esa otra se piense que soy mas idiota que ella. Molaría vivir como si me diera igual sentir esta angustia dentro o como si me diera igual saltar al vacío.

Molaría levantarme cada mañana como si me diera igual que ya no estés o como si no me importara esta casa desordenada. Molaría montarme en el coche y conducir como si me diera igual a dónde ir. Molaría nadar como si no me importara contar largos. Me gustaría pasear por Madrid de noche como si me diera igual el día siguiente.

Me encantaría tomar decisiones como si me diera igual mi futuro y relacionarme con los demás como si me diera igual lo que piensen. Molaría bailar como si me diera igual que haya gente mirándome. Me encantaría hacerlo como si no me importara lo mucho que me duele, entre otras cosas, la cabeza.

Me gustaría dormir como si me diera igual madrugar, asumir obligaciones como si me diera igual cumplirlas. Me gustaría viajar como si me diera igual no tener dinero para alimentarme. Me gustaría estudiar como si me diera igual el resultado.

Me encantaría leer como si no me importara el tiempo y despertarme contenta como si no me importaran las cosas malas de cada día. Me gustaría escribir como si me diera igual que nadie me lea.

Me encantaría dar un precioso, largo y verde paseo viendo el mar como si me diera igual no volver a hacerlo entre Mundaka y Bermeo.

Me gustaría vivir todas las vidas que me quedan como si me diera igual perderlas.

lunes, 18 de febrero de 2019

pura magia


 Me enteré de que se abría una nueva librería en Madrid e inmediatamente sentí el impulso de visitarla. No porque fuera una librería (que ya es un motivo en sí), no porque fuera pequeña (sin despreciar a las grandes superficies, lo que se vive en una librería pequeña es bien especial), no por las imágenes que vi de ella... Lo que me impulsó a buscarla fue su nombre: amapolas en octubre, tan maravillosamente atractivo como para plantarme allí el sábado.

Estaba enseñando Madrid, mi ciudad, a tres amigas (una de aquí, otra de Italia y otra de Suiza) y -aunque no era el día porque teníamos planes por encima de nuestras posibilidades- bajando por Fuencarral pensé, qué demonios, y las engatusé para que me acompañaran va-a-ser-un-segundito a la calle Pelayo. Tenía tantas ganas de conocer la librería que estando tan cerca no me pude contener.

Entramos y aún no sé qué me provocó un grandísimo ataque de locuacidad. Yo creo que sentí el lugar acogedor de inmediato. 

Amapolas en octubre es casa.