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Mis lecturas de junio

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Este mes ha sid o de lecturas de arte. Han caído un par de libros de arte de la prehistoria y otros cuantos de culturas prehelénica, griega, etrusca y romana. Hasta esta semana no ha habido tiempo ni espacio cerebral para nada más.  Y esta semana he leído un libro de Manuel Vilas que se titula América y he empezado El horror de Dunwick , de Lovecraft, por recomendación de mi heredero. Vamos, que junio ha estado bien de lectura, remal de novelitas lumpen . Con América (del horror aún puedo contar poco) me ha ocurrido una cosa muy curiosa. Me ha gustado mucho cómo está escrito. Me ha gustado el tema. He aborrecido al autor. Yo creo que hasta ahora no había leído nada de este señor. En Navidad me regalaron un libro suyo y este otro hace un par de meses. Empecé este primero y Manuel se me ha atragantado. Tengo la impresión de  que es la primera vez que me pasa algo así. Hasta este año no sabía nada de él y sigo sin saberlo más allá de lo que cuenta en sus libros (el segundo lo emp...

ganarse el cielo

Esta mañana, mientras admiraba el reportaje de cuatro páginas que el país dedica a mr, he decidido invertir esa parte rara del domingo en la que no sabemos qué hacer en preguntarme en voz alta por qué se escriben tantas gilipolleces. La conclusión inicial -advierto que no le he dado más vueltas- es del tipo si-escribo-estas-cosas-tan-ideales-a-estas-alturas-me-tiene-que-ir-muy-bien-en-la-vida,-soy-tan-chuli . O sea, que entiendo que el que nos hace creer que mr es un super héroe (“de joven, se precipitó de noche por un barranco al volante de su coche y, cegado por la sangre coagulada que cubría sus ojos, logró liberarse de la mortaja metálica y gatear a tientas y a ciegas hasta llegar a la carretera”) ha pretendido ganarse el cielo laboral de los próximos años con el clásico método de la pelota. abroparéntesis Por supuesto en un segundo sigo con las escribiditas de este señor, que me han encantado, peeeero es que hace un rato, leyendo el libro de Ayaan Hirsi Ali, se me han saltado la...

libros libros libros

Vamos a poner que fue mayo el mes en el que dejé de leer. La vida tiene estas cosas y de mayo a aquí creo que no he acabado ni un libro, pero me he comprado... diría que varios, pero es que muchos. Y ahora que retomo con cuidado y muchas ganas el pequeño placer de abrir un libro y dejarme llevar... no sé por dónde empezar. De momento ando con cuatro. Dos previos a la vida de hoy y dos nuevecitos. Los previos son El gran árbol , un cuento de Susanna Tamaro y La voz del violín , de Camilleri. Debería haberme quedado con estos y acabarlos, pero cuando un libro se alarga tanto en el tiempo (en ambos casos por causas ajenas al libro, pero da igual) me apetecen cosas nuevas, y es así como he llegado a Mi vida, mi libertad , de Ayaan Hirsi Ali y a otro de Camilleri (gracias, gracias), El traje gris , que me recuerda a Sabina pero no. El gran árbol es un librito que me regaló C y que leeré con ella dentro de muy poco. Cuenta la historia de un abeto, de lo que ve desde su altura... las transfo...

listas

Supongo que porque mi vida necesita orden me ha entrado una necesidad frenética de listar. Listas de la compra, listas de cosas que hacer, listas de cosas que no hacer, listas de nuevas normas, listas de libros, listas de canciones, listas de palabras bonitas, listas de colores, listas de comidas, listas laborales, listas de sí, listas de ni de coña, listas abiertas, listas cerradas, listas de frases de ayer, listas de flores que quiero, listas de muebles, listas de destinatarios, listas de cumpleaños, listas de planes infantiles, listas de planes de lucía, listas de medicinas, listas cosas que debería limpiar, listas de abrazos que quiero dar, listas de listas. Es evidente que esto de las listas se me ha ido de las manos. Aún así, las reivindico y las reivindico en su doble vertiente: útil, por un lado y literaria por otro. Porque las listas -con amor- son de lo más literario que he hecho últimamente (literario, entre nosotros, para que nos entendamos). Resulta que empecé con una list...

odiosas comparaciones

Que llevo tiempo sin centrarme, lo reconozco. Que estos dos últimos días han dado mucho de sí, también. Que no debería leer catorce libros a la vez, lo sé. Que la satisfacción de acabar uno preciosísimo no desaparece aunque se empiece otro desastroso, es un hecho. He cerrado pensativa El refugio de la memoria , de Tony Judt, para abrir uno que nunca debí comprar. Uno nunca se tiene que comprar un libro con un título tan chorra como Bruno, jefe de policía , porque lo mejor que le puede pasar es leer el primer capítulo y querer tirarlo por la borda, sólo que aquí no huelo el mar. A ver, me apetecía una novelita fácil de esas de no pensar con los pies en alto y el sol desparramándose a diestro y siniestro. Bruno me pareció tan maja como otra cualquiera, con las uvitas provenzales en la portada y eso, pero es que no. Aún así, pienso leerlo. Puede que incluso lo acabe hoy (qué chulería). Es cutre pero no engaña, así que no lo azotaré con el látigo de mi indiferencia. A éste le voy a dar su ...

libros estafa

Hay libros buenos y malos, libros que me gustan o libros que me gustan menos. Hay libros que me entusiasman y de los que disfruto página a página. Hay libros que no quiero que acaben. Hay libros que me dejan meses dando vueltas a una idea. Hay libros que no entiendo. Hay libros que no me emocionan. Hay libros y libros y luego están los libros estafa. Los libros estafa son los menos, es verdad, pero cuando me encuentro con uno de ellos me sienta remal, con ganas de escribir a la editorial un por diossss por diossss ¿en qué estaban ustedes pensando ayer? Los libros estafa son los que engañan. Según leo voy pensando mmmm... esto no es y releo el principio y sigo y mmmmm.... vamos a ver unas páginas más allá y retomo donde lo dejé y mmm.... definitivamente no va. Esta señorita me está engañando. El engaño de los libros estafa es sutil, claro. Si partimos de la relación libro-ficción, decir que un libro engaña a priori tiene el reparo mental del si es un cuento, qué esperabas monina , pero ...

bichos raros

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En la parte primera del día, cuando todo iba muy bien, he empezado un libro de textos escritos por Erik Satie, el compositor francés al que alguna vez he mencionado por aquí. Como compositor, tengo que reconocer que me fascina. Su música es bella en la simpleza. Evoca, calma y remueve, al menos a mí. Es una música que escucho muy muy a menudo. Ahora mismo, sin ir más lejos, he abierto el frasco de las gymnopèdies. El caso es que esta mañana, después de leer casi la mitad del libro, me he sentido muy bien. Satie, como creador, era extraordinario, estaba completamente fuera de la norma. Pensando en sus extravagantes escritos y en su forma también extravagante de sentir, me he descubierto una sonrisa cómplice. Soy un bicho raro. Sí, sí... pero no estoy sola! Y no es que me compare con ES, que no, pero al leerle hoy y pensar pero a este hombre... ¿nadie le dijo nada? - entre nosotros- me he sentido muy bien. Pero eso era antes de que el día dejara de brillar. Después... enfado, disgusto y ...

el último libro

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Estoy acabando un libro que se titula La niña del faro . Antes de seguir, me apetece contar un semisecreto. Es semi porque hasta esto muy poca gente conocía mi obsesión por... los faros. Me apasionan los faros. Me los pido todos. Es saber que hay un faro cerca y no poder pensar en otra cosa. Mi viaje espectacular es una ruta de los faros. ¿Para qué me voy a ir al congo si puedo dar la vuelta a la península ibérica de cabo en cabo? Y eso sin pensar en las posibilidades que se abren fuera de aquí, claro. Soy una friki de los cabos (sobre todo los acantilados) y de los faros que los suelen acompañar. Me impresiona ver el mar desde lo alto de un cabo, tan lleno siempre de viento y ya. Es toda una experiencia sentarse y mirar. También es cierto que hay faros y faros. Los hay perfectos, son los solitarios, enormes y majestuosos, rodeados de gaviotas y nubes, pero también hay faros engullidos en un paseo marítimo que han perdido -pobres- todo su romanticismo. Así ahora mismo, además de alguno...

vierneando

En estos días de tanto malestar personal por causas ajenas a mí (dentro de poco abriré la boca para vomitar todo a chorro, sin control), también malestoy por causas propias, y es que soy una sinvoluntad. Lo que leéis. … Iba a escribir sobre estas cosas tan interesantes, pero tengo tanto follón vital que salto de un tema a otro en plan gacela. Empiezo a escribir y a las tres palabras parón, retomo y parón, vuelvo a empezar y me entra sueño. Mañana sigo y mañana todo igual. Un rollazo, así que os voy a contar en qué estoy desde que retomé la lectura y el té a las cinco. De libros, alterno varios. El del reparto –que tiene su estructura, ya os contaré- uno de relatos de Martin Amis que me compré el lunes y que de momento me está gustando, como todo lo que escribe este hombre (se llama Mar gruesa ), otro de Andrea Camilleri ( La voz del violín ) y uno de relatos de Thomas Mann ( Mario el mago y otros relatos ). Los dos últimos puedo decir que llevan meeeeeeeeeses en el montón de al lado de...

he vuelto

Vale que no he estado dos meses leyendo a Eudora Welty. Vale que no, pero los últimos acontecimientos no me han dejado mucho tiempo que dedicar a los libros y ahora toca rehacer la lista de pendientes, tocada pero nunca hundida. De momento y para ir recuperando el hábito, el otro día me compré éste que veis ahí al lado. Como aún ando con resacas varias sólo leo de noche y hasta que pierdo el conocimiento, que es más o menos al abrir el libro, peeero no es lo mismo éste dormirse prontito, con la ventana abierta y un libro entre las manos que llegar de madrugada, desorientada, tropezando con un desorden de semanas y tirarse encima de la cama con los vaqueros puestos. Durante los últimos meses, ya digo, he leído poco y mal. Relatos cortos, fundamentalmente, pero sin llegar a acabar ningún libro. Eudora Welty, Roberto Bolaño, Juan Leyva, Cortázar… un batiburrillo fenomenal de historias a medias que tendré que retomar este verano, a la sombra de mi árbol preferido. Pero hasta que lleguen lo...

la noche me es propicia

Hoy ha sido un día de ánimo caído. Quiero creer que el persistente dolor de garganta que arrastro desde la inundación del sábado es parte de esta melancolía que siento, porque si no es así, el tema se pone feo de cara a los próximos días. De todas formas, me he puesto a escribir aquí porque me apetecía contar que pasear en una noche como ésta calma. Los perros ladran lejos, la temperatura es perfecta, huele a casi lluvia, se ven retazos de vida ocre a través de las ventanas, el aire mueve un poco el pelo mientras vienen a la cabeza otras noches como ésta o por fin relativizo el montón de problemas que me esperan en el salón. En la noche todo se aquieta, los ruidos se suavizan, las voces llegan amortiguadas por el peso del día. Cuando llegaba a casa, caminando despacio, he recordado unos versos de J.A. Goytisolo que no tienen mucho que ver conmigo hoy, pero sí con el poder de la noche siempre: (…) Aunque la historia tan sólo ha comenzado y sepa que la noche le es propicia (...) Estos ve...

las propiedades de la lluvia

Inflarme a chocolate no es en absoluto la mejor manera de solucionar los problemas, pero de momento ayuda. Escribo el de momento con toda la intención. La experiencia me dice que además de mantener el problema, el chocolatracón amplía la molesta sensación que me produce el ser una mujer sin voluntad. Con esto no quedan dudas: hoy ha sido un día chocolateado. Afortunadamente ha sido y ahora estoy por fin en la cama, fuera llueve y he previsto una noche de ordenar y libros, aunque me temo que el ritmo de la lluvia y la noche oscura me van a ir cerrando los ojos pero que ya. Me encanta la lluvia. Me apasiona la lluvia. Adoro las tormentas. Desde siempre. Esta tarde he salido a pasear en pleno aguacero y ahora lo haría si no estuviera tan empaquetada. Los relámpagos, los truenos... los truenos hasta me emocionan. Y lo más curioso es que la lluvia me inspira. El binomio lluvia sequía se convierte en la mejor metáfora de mis desvelos creativos. Cuando llueve como hoy, me sorprendo recreándo...

Las locas vanidades

Desde que renombré este blog (hago saber que antes se llamaba un día de lluvia) han sido varias las veces que he pensado en aclarar de dónde salen estas vanidades, y hoy de repente, supongo que por haber oído a S recitar la frase, he buscado la cita y he decidido releer el libro. Esta frase es la terminación irónica de un pensamiento que Virginia Woolf deja caer en Una habitación propia . La transcribo: “(...) era la afirmación del profesor sobre la inferioridad mental, moral y física de las mujeres. Mi corazón había dado un brinco. Mis mejillas habían ardido. Me había ruborizado de cólera. No había nada particularmente sorprendente en esta reacción. A una no le gusta que le digan que es inferior por naturaleza a un hombrecito -miré al estudiante que estaba a mi lado- que respira ruidosamente, usa corbata de nudo fijo y lleva quince días sin afeitarse. Una tiene sus locas vanidades.” Leí Una habitación propia por primera vez hace no mucho, una noche en la que me quedé a dormir en casa...

sois unos sosos

Mucho mensajito privado, mucho sms, algún me gusta feisbuquil... ¿es que nadie participa en nada? ¿sabéis la alegría que me daría que saliérais a la luz? ¿sabéis lo que me cabrean vuestros miedos o vergüenzas? De verdad sois muy sos@s . Perdonad este desliz de mal humor que de antemano sé que no va llegar a ningún sitio (volveré a recibir comentarios privadísimos), pero es que hoy me lo pedía el oído interno. A lo que iba. Hace unos días terminé de leer un libro terrible. Lo colgué por ahí y se me olvidó quitarlo a tiempo de que alguien fuera corriendo a la librería a no quedarse sin. Es un libro absurdo que cuenta una historia terriblemente vulgar, la de una mujer que desaparece a los seis meses de casarse porque lo hace con el hombre equivocado (dos amigos, ella quiere a uno pero se casa con el otro no sabemos bien por qué, el no elegido es monísimo y está forrado), que es muy celoso y la viola y la intenta matar, en fin. Se supone que es de intriga, pero es de bostezo. Como la hist...

entre fogones

Estaba preparando medio entusiasmada la comida de hoy y de repente me he descrito imaginariamente así, entre fogones, sólo que la imagen no es real. En mi casa no hay fogones, ni siquiera hoy huele a -no sé- pan recién horneado. El arroz con verduras se debe exclusivamente a que ayer había guisantes en la frutería y se me ocurrió que C&M disfrutarían desenvainándolos, y yo viéndoles. Así ha ocurrido. Después, ellos se han ido a jugar (el sol y el jardín les esperaban brillantes) y yo me he quedado mirando los guisantes con un poco de cansancio. Intuyo que se avecina la desesperación anímica de la primavera. Lo intuyo por la coca cola extraña que me estoy bebiendo (nunca, pero nunca, me apetece una coca cola, que guardo abajo, en el garaje, por si alguien viene y no quiere té) y por el libro olvidadísimo que gritaba anoche mi nombre desde un lugar inaccesible de la estantería. Una, que está hecha de todo, no reniega de su pasado cursi (por llamarlo de algún modo) y sí, reconozco que...

de pitufo gruñón

Hoy toca gris y lluvia y el alma se me contagia de pesadumbre y humor del malo. De momento no me he deshecho del pijama, que no es algo que me espante, aunque sí me da un poquito de pena porque qué pereza vestirme para salir a dar un paseín que huela a mojado. Como hoy estoy de no pues no me apetece nada de nada, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de contar el espanto del último superventas del hiperlibro: 1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer . ¿Es en serio necesario editar gilipolleces como ésta? ¿Ya no vale decidir? ¿Hasta en esto nos tienen que regalar el derecho a no pensar? No tengo en casa el bodrio de la cerillera ¿y qué? en serio ¿y qué? Con el reclamo de Blake Quentin en la portada (memorable ilustrador de “famosas” narraciones infantiles) nos intentan hacer pasar por el aro. Ya no tenemos de qué preocuparnos. En serio que no. ¿Que quieres que el chiquitín lea? Nada como un vistazo al gran gurú de los libros infantiles de ayer y hoy. Te lo venden como...

lo que leo - sin novedad en el frente

Lo malo de proponerse tareas es obligarse a cumplirlas. La idea de escribir sobre libros con británica puntualidad (domingo de madrugada) puede ser supercali... en el mundo de las ideas. Pero llegan las semanas con sus chorradas y se acumulan obligaciones y desaparece el tiempo y la tarea, que es ya obligación, deja de ser espontánea y en qué estaría yo pensando en diciembre, que alguien me lo diga. Todo esto para contar que hoy tampoco critico, sino escribo que empiezo otros dos libros. La puerta de la luna , con el subtítulo cuentos completos , que es un libro obligación (ay cuando le confiese al librero que me he echado a la espalda otra). Es una recopilación de los cuentos de Ana María Matute de la que tendré que elegir un texto para el encuentro literario que organizo algunos viernes por la tarde. Prepararlo y pensar en hacerlo me da una pereza bárbara, pero la verdad es que cuando llega el momento disfruto bastante de la experiencia. La idea es entregar un texto a las 8/9 persona...

lo que leo - a ver

Esta semana ha sido muy de ir y venir. Apenas he parado y a excepción de la noche insomne del viernes, creo que no he tenido momentos de sentarme y leer. El viernes, ya digo, que di un repaso general a las últimas revistas (integral, qué leer, mercurio.. en fin) y una especie de avance al libro del agua que mencioné de pasada el domingo anterior. O sea, que me siento sin inspiración ni entrenamiento para hablar de mis libros. En estas circunstancias tiro de memoria y aunque podría dedicar mis impulsos a la gran virginia o a amy hempel o a paul auster o a roger ackroyd (mismo), mis delicados ojos se han posado esta mañana en El Cuarteto de Alejandría , que leí hace ya la tira de años pero al que me gustaría volver no tardando mucho. Este cuarteto ¿lo habéis leído? es una tetralogía extraordinaria. Por una parte -literaria y más a mano- la historia cuenta las vivencias de un grupo de amigos que se forma ocasionalmente en Alejandría antes de la II Guerra Mundial. Siguiendo en esta línea...

la rabiosa actualidad

Hoy he tenido ocasión de leer un par de noticias de esas que... ¿pero a qué demonios dedican el tiempo los editores? Por un lado ha muerto Nika, debido al parecer a causas naturales consustanciales a su edad y complicadas con una enfermedad. Ya había cumplido 48 años. Se ve que en los últimos tiempos no era la de antes y todos esperaban su muerte con resignación. Me han parecido duras las palabras del presidente, que ha dado carpetazo al asunto con un insensible “pasa a menudo, lo sentimos, traeremos otro”. ¿Otro? ¿Otro? ¿Traen otro y ya está? Me tiembla el labio de abajo ¿será lo mismo con otro? ¿cuántas generaciones de españoles se estarán preguntando lo mismo que yo? Menos mal que la salud de Susi -superado el cólico- es normal y no provoca especial preocupación, aunque nuestro adorado presidente ya se haya encargado de subrayar un objetivísimo “claro, también morirá algún día”. Eso sí, mientras ese aciago momento llega, la elefanta pronto podrá disfrutar de nuevas instalaciones más...

reivindicando

Esta semana han sido dos las veces que he recomendado con cierto entusiasmo la lectura de las novelas de Domingo Villar. Que yo sepa (que no es que sepa mucho) ha publicado dos, las dos policiacas, y las dos localizadas en Galicia. ¿Y por qué me gustan las escribiditas de este señor? Pues... (como dijo jack the ripper) vamos por partes. Primero. Me gustan las novelas de intriga. Segundo. Éstas mantienen cierta tensión... interesante. Tercero. ¡Dios!, no son suecas. Me quedo un ratito en el punto tercero, porque – no descubro nada nuevo- es el definitivo. Parece que no, pero leer que Estévez y Caldas están en el bar Puerto decidiendo si ir a la lonja o no, no es lo mismo que imaginar a Wallander decidiendo en Brantevik si llama a Martison o a Svedberg para ir a Ystad. Además de las tramas, que están bien, me encanta poder entender al 100% las ironías del autor, los dobles significados, la falta de entendimiento entre el comisario gallego y el ayudante aragonés, me divierte verme retrata...