miércoles, 28 de mayo de 2014

nifunifa

Ayer llegué a casa -de reuniones- a las doce menos cuarto de la noche. No me pude dormir hasta casi las dos y a las ocho andaba ya desayunando paradojas. Pan con nocilla e infusión adelgazante. Soy lo peor. I know.

El infovirus que ayer ya barruntaba se ha convertido en tres horas sin poder hacerme con el ordenar. El informático con su avanzadísimo vocabulario -chico-no-te-entiendo-y-ya-puestos-tampoco-me-dediques-mucho-tiempo-que-me-da-igual- ha usurpado mi silla y me he trasladado con la agenda y los papeles a otra mesa y tiro porque me toca.

Todo muy deprimente. Pensaba que no me hacía con el día y resulta que llegan las cuatro y todo empieza a mejorar. He quedado con una amiga para un té previo a los pins, he ido caminando al cole. Llovía. De vuelta, he pasado una hora de trabajo en el poli. He comprado dos kilos de tomates maduros. He leído. Han llegado las ocho con sus duchas y me he puesto a hacer la cena. Estaba inspirada esta tarde, y me ha salido un cenón extraordinario.

Pasta comprada en la mismísima Italia con una salsa preparada a fuego lento de cebolleta, los tomates de antes cortados en taquitos y aceitunas negras. Muy básico, pero delicioso. Hoy le tocaba recoger la mesa a C, así que me he preparado otra adelgazante -ya veis- y aquí estoy, con el repaso diario. El mío y el del mundo, que tan amablemente me ofrece internet.

Me he enchufado a Art Pepper con sus walking shoes y en media hora me meteré en la cama -aaahhhhh ese gran momento del día- y leeré hasta que el sueño de ayer me traslade, espero, al pais de las maravillas.

Al final, el día que empezó de no ha terminado en la categoría ni fu ni fa. Mañana será, por lo menos y según los dictados de mi infalible agenda morada, más movidito. Reunioncillas, piscinilla (ay, que no se me pase ir a la pisci, por favor), comisioncillas y cenillas capitalinas con amiga M, conformarán la jornada de ésta que escribe.

Regresar por la noche a Manza, con Why are we afraid de fondo, las ventanillas del coche bajadas y el olor a tierra mojada puede hacerme llorar mucho de alegría.

Pero eso ya mañana más o menos a estas horas.

Por hoy, echo ya el cierre.



Espero.

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