martes, 13 de mayo de 2014

los cuarenta

Llegan los cuarenta con sabor a pasta con calabacines y gambas. Llegan los cuarenta y estoy vestida con una falda verde larga y una camiseta negra. Llegan con dos hijos en sus respectivas decenas y con un gato de tres. Llegan con un trabajo diferente que se termina oh oh el año que viene.

Llegan con mis padres y mis hermanos, con dos cuñados y un sobri, con una abuela, tres tíos con sus consortes y mis dos primas. Se quedaron en el camino tres abuelos y medio (ay, la tía A) y una tía. Y otras personas a las que también quería, claro.

Igual pasa con los amigos. Unos siguen a la vista y otros desaparecieron. Pero al fin y al cabo soy lo que he vivido y todos los que me han acompañado me conforman llegando a esta edad tan redonda.

Llegan los cuarenta y soy una mujer fuerte y muy cabezona y con una pizca monumental de mala leche. Me gusta la naturaleza, me gusta leer, me gusta el mar y me gusta viajar. Me gusta mucho la música. Van Morrison, el jazz, Satie. Tengo la sensación de que hablo por los codos.

Me gusta bailar y me gusta nadar, aunque me rodea un áura de pereza deportiva formidable. También me gusta andar descalza y lo hago siempre que tengo ocasión. Y dormir, mmm..., me encanta dormir. Y los faros. Y el silencio.

Llegan los cuarenta con la cocina bien surtida de tés y bien vacía de carnes. Con varios países en la retina y otros muchos más en el cuaderno de propósitos.

Llegan con el master de autoestima debajo del brazo. Por fin me creo lo súper que soy, que es algo que me ha tenido atareada hasta hace bien poco.

Llegan con los montones de cosas que me han pasado, buenas y también malas. El otro día leí el blog de una activista medioambiental americana, parece ser que muy famosa en la década de los noventa, que cumplió cuarenta el pasado mes de febrero. Escribió una entrada tan tan tan... no triste -lo mismo melancólica- sobre su llegada al planeta del 4 que me dejó días pensando en que efectivamente yo tampoco soy lo que a los veinte imaginé que sería.

Pero esto es lo que hay y no tiene sentido martirizarse por lo que pudo haber sido.

Llegan mis cuarenta con bonitos proyectos futuros personales. Y con un cuaderno nuevo. Las dos cosas muy en blanco y yo con ganas de ir llenándolas de vida y letras, respectivamente.

Llegan con una salud buena y con un aspecto bueno también, a pesar de los kilos de más. Esos que me tienen tan atareada últimamente y nada.

Llegan con olor a lavanda y a limón.


Llegan y me encuentran tranquila. En casa. Con las ideas claras y la intención de seguir haciéndolo todo a mi manera. Seguiré improvisando, como hasta ahora, que a fin de cuentas no me ha ido tan mal, y disfrutaré de lo que la vida me vaya poniendo en el camino. De lo bueno y de lo malo. Con buen humor y ganas de llegar a los cien.

2 comentarios:

Men Gan Chao dijo...

Y que los otros 60 sean tan buenos o mejor que los primeros 40 ¿no?

Vicen dijo...

Muchas Felicidades. Muy bien escrito todo. Hasta voy a renunciar a comentar lo de los tés y la lavanda. Se muy muy feliz y que cumplas los 100, satisfecha de ellos. ( Yo pienso felicitarte cuando ocurra). Un beso grande.