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cosas de diciembre

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Aquí dejo nuestra estrella de 2015, con mis mejores deseos para todo lo que está por venir. 

de todo un poco

Últimamente ando ocupadísima con los montones de actividades extras que me he propuesto hacer para llenar mis días de cosas chulas. Correcciones, traducciones, yoga, deporte, cursos, en fin. Supongo que es una buena razón para escribir menos, pero hay más. A veces me siento, enciendo el ordenar, entro aquí y lo intento. De verdad que intento contar algo de ese montón de antes, o de lo que pienso, o de lo que quiero, o de lo que sea. Me siento, enciendo el ordenar, entro aquí, lo intento y acabo saliendo de aquí, cerrando el ordenar y levantándome aotracosamariposa . No sé si es que tengo un mogollón fenomenal y no centro o si sufro un severo síndrome alaska-a-quién-le-importa, el caso es que entre unas cosas y otras me lleno de razones para la inacción bloguera vanidosa.

se me nota al andar

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El 1 de noviembre os conté que me apetecía el mar y el 6 de noviembre marché a Asturias, con mis pins, en una escapadita maravillosa que nos ha hecho muy felices a los tres. Nos alojamos en una aldea cercana a Lastres, muy bien situada para lo mío con los faros y para lo de M con los dinosaurios, así que podéis imaginar que de todo eso hubo.

madre mía, los sueños

Una entradita rápida para contar que esta noche he estado hablando con el mismísimo y estupendo Harrison Ford.  Después de bajar de un escenario en el que por cosas de los sueños estaba subida con algunos compañeros de trabajo (y no, nada de karaokes), nos hemos sentado en una terraza agradable, de esas con emparrado y verde. En mis sueños las terrazas deben ser de la Toscana. Lo del escenario y la terraza lo recuerdo que se me olvida, por eso no puedo afinar más.

una de café, faros y planes

Han tenido que pasar 41 años para que yo disfrute de una taza de café con leche. No está nada mal. Ni el tiempo que he necesitado, ni la taza de café.  Aún así, las cosas claras: larga vida al té.  Tenía el plan de describir las sensaciones de la taza de café de ayer (espectacular), que se mezclan con las sensaciones del Regreso a Yogas End (cambiad Yoga por Howards et voilà, juego de palabras típico de mi cabeza que no cesa, como el rayo de Miguel Hernández pero en infinito de peor). Tenía el plan de describirlo, contaba, pero me siento delante del ordenar y me empiezo a liar con otras cosas y ahora mismo no le encuentro ninguna gracia a escribir sobre una taza de café humeante y perfecta.

una novedad curiosa

Esta semana he empezado a colaborar en un programa de radio. El programa se llama El kiosco , y lo dirige Concha Romero, una mujer a la que apenas conozco, pero que me transmite una tranquilidad y una seguridad formidables. Además, con ella me ha ocurrido eso que nos pasa a todos de vez en cuando de congeniar.  Mi colaboración consistirá en aportar -en la medida de mis posibilidades- información sobre un tema doble que me parece fantástico: literatura y mujer. Junto así los dos asuntos que vertebran mis intereses personales en las áreas ocio y tiempo libre / reivindicaciones sociales.

el espejo y la nocilla

Hoy he llevado a C a una tienda a la que quería ir, y como era de esperar hemos acabado en los probadores. No voy a contar lo de ir a buscarla a las dos y media y comer pitando un sandwich en el coche para llegar antes de las marabuntas, porque no es el tema, pero es lo que he hecho por esa angustia extraña que me generan las multitudes. El rollo que os cuento hoy ha empezado en los probadores. Ella en uno, con sus montones de ropa. Yo en el de enfrente, sentada y resoplando y os-tras, si en este espejo me veo de espaldas. Y si me miro aquí me sale el perfil malo. ¿Y si me doy la vuelta?