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las semanas y mis cosas (XII)

Ando asimilando el fin de semana. He empezado el curso aquél de profesora de yoga al que me apunté hace mil meses. Casi veinte horas de aprender, experimentar y trabajar una actividad que practico (con grandes dosis de abandono) desde hace unos seis años. Antes, la cagada de comprarme ocho (nada menos que ocho) camisetas molonas mil tallas por encima de la mía, que ni de pijama, oyes. Para hoy la pereza de volver a la tienda a devolverlas/cambiarlas por otras igual de molonas pero entalladitas por favor. Después, madrugones increíbles sin despertatroz ni nada. Ahí, abriendo los ojos a las seis como si fuera algo que he hecho antes alguna vez. Debe ser tanto relajar, tanto meditar, tanta felicidad de cerrar los ojos y pensarme en un bosque y tal. El caso es que madrugar sirve para llegar a coles sin jugar a Fernando Alonso en Monza. Y sin despeinarme.

mis libros de verano (II)

Lo sé Se me han acumulado los libros sobre los que escribir. Diría que no tengo tiempo, pero mentiría. Lo tengo. Me sobra. Pero lo invierto en no hacer nada. En mirar por la ventana, en pasear, en leer (poco últimamente) o en organizarme líos fenomenales que-me-embarullan-los-días-y-cuando-por-fin-descanso-sólo-quiero-no-hacer-nada. Vivo en un bucle indestructible. Vale que septiembre con sus comienzos de cole no ha ayudado demasiado. Vale que el comienzo del curso laboral tampoco. Vale que los momentos de playa me tumban (al sol) y vale que TBBT me distrae cuando debería estar escribiendo. Vale todo. Y a la vez sé que nada de eso es justificación suficiente, pero ¿tengo que justificarme? Pues no. Sobre todo si tengo en cuenta que total esto es lo que es y de obligación, cero. En fin, que al lío.

¡qué baño de pasado!

Diría que comenzó el viernes, pero la historia se remonta a varios meses atrás: justo cumplía 40 y madre (hasta antes de ayer creí que fue cosa de hermanamenor ) quiso celebrarlo regalándome un par de entradas para ir a ver a la unión, el grupito light de mis desvelos infantiles. Y el viernes llegó y allí que me lancé, a la pista de bailes y saltos y dondestabaisdondestabaislalala . En sí mismo, yo delante de la unión ya era bastante revival. No contaba con el paseo previo por mi viejo barrio, con encuentros varios -además, todo muy gracioso, veinte años después me saludaban como si acabara de bajar a comprar un par de litros de leche.

te regalo el mar

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He pasado el fin de semana en la playa, con mis pins. Una idea inmejorable para encarar el otoño, que hoy llega con una sonrisa morena y grandes dosis de optimismo y buen humor. Contra todo pronóstico, no sufrimos gota fría y hemos pasado tres días fenomenales de sólo playa. Nos hemos bañado en un mar de olas, que es mucho más divertido que la sosa bandera verde, hemos echado carreras en la arena, hemos comido en un tenderete de toallas fucsias, nos ha dado mucho el sol sin darnos cuenta, nos hemos hecho millones de fotos -me encanto de estrella de mar- y hemos vuelto a casita con muy buena cara y ganas de repetir no tardando mucho. No hay nada mejor que una playa fuera de temporada. ¿Qué hacemos el fin de semana? ¿Vamos al cine, mami? Mejor te regalo el mar Mucho mejor. …

la loca de la mirilla (I)

Amigos y paseantes, he enloquecido. No es algo de lo que enorgullecerme, lo sé, pero mi vida ha comenzado a revolotear alrededor de la mirilla de la puerta de casa. Yo, de natural tan ajena a vidas ajenas, me encuentro entusiasmada con este iryvenir . Estoy enganchada a la serie de lo que pasa en mi escalera. Todo empezó hace unos días con un deceso. De repente, el rellano retumbó de médicos, enfermeros, ambulancieros, policías, guardias civiles, jueces y secretarios judiciales, dos familiares desoladísimos y servicios funerarios… por ese orden y a lo largo de la mañana –hasta bien entrada la tarde. El finado, un hombre con muchas vidas y más décadas en la mochila. Ni siquiera recuerdo haberle visto más de un holayadiós . Ya digo que antes tendía a caminar rápido, cerrar la puerta, quitarme los zapatos, música y paz.

mis libros de verano (I)

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Durante estos dos mesecillos y hasta la fecha, me he zambullido en las historias que cuentan 12 libros. Por orden cronológico de lectura: Cold, cold ground , de Adrian McKinty, Una trampa para cuervos , de Ann Cleeves, Cemetery girl , de Charlaine Harris y Crist Golden, El misterio de Pont Aven , de Jean-Luc Bannalec, Los hombres mojados no temen la lluvia , de Juan Madrid, El juego de Ripper , de Isabel Allende, Muerte en las islas , otra vez Jean-Luc Bannalec, Último tango en Auschwitz , de Andrés Sorel, Jazzuela , de Pilar Peyrats, Te adoro y otros relatos , de Cristina Peri Rossi, El hombre que arreglaba bicicletas , de Ángel Gil y Alfabeto de las pulgas , de Bernardo Atxaga. He pensado contarlos en dos tramos: en el de hoy me voy a centrar en los policiacos y el próximo día cuento mis impresiones sobre el resto.

francia

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Este verano he leído un par de libros tan bien ambientados en la bretaña que qué ganas de ir, oyes. Ni corta ni perezosa, seguramente azuzada por la angustia de la quincena sinhijos , puse rumbo de dos días al norte con la idea inicial de llegar a Pont Aven, pero con la seguridad de quedarme a medio camino.