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felicísimas fiestas a todos

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Disfrutad de estos días que, aun siendo fríos, están llenos de magia .

loads of thanks

Ayer me encontré con alguien a quien no veía desde hace años. Podría decir que es alguien de quien no sabía nada, si no fuera porque hace un par de semanas le escribí para pedirle un favor. No tuvimos ocasión de extendernos mucho más allá del favorín. Por lo que me dijo ayer, me confundió con mi hermana y con ella se llevó menos. Qué cosas tiene la vida.  El caso es que ayer, llegando a mi clase, nos cruzamos. Él iba caminando y yo en coche. Aparqué y tuvimos unos quince minutos para ponernos al día. Me acompañó y se quedó un ratito conmigo mientras colocaba las esterillas, los bloques y -of course- encendía la calefacción. 

diciembre promete

No sé si tendrá que ver con la Navidad del año pasado, que resultó maravillosamente molona y feliz, o si es cosa mía que con la edad voy evolucionando a bien, el caso es que me he transformado en espíritu navideño. Y oye, qué felicidad, para variar, que yo siempre he sido la cascarrabias de la Navidad. He decidido, aún intento averiguar cómo o por qué, que desde ayer solo voy a escuchar canciones navideñas. No villancicos, esos los dejo para Nochebuena, sino canciones que tengan que ver con este diciembre que estamos empezando. La lista es básicamente inglesa y esto me hace pensar que la primera navidad que disfruté de verdad de la buena la viví en las Midlands. Va a ser que lo que a mí me gusta es el estilo anglosajón. Mañana decoraré mi casa y hornearé galletas (jajaja, diría que de jengibre, pero no sé si me atrevo a tanto). También tengo pensado organizarme para navideñear en mis clases de yoga y patinar sobre hielo y ir mucho al cine (el sábado vi Perfectos desconocid...

frío

El frío es ideal desde el calor. Preciosísimo si es pensado. Sentido, un desastre. Imaginarse un bosque nevado, una casita de piedra, el humo saliendo de la chimenea, el calorcito del fuego, el olor a madera quemada, unos buenos calcetines de lana, estar delgadísima y que el jersey largo de punto gris clarito te quede divino mientras te calientas las manos con un té es maravilloso. Llegar a trabajar, que no funcione la calefacción, que el frío se te instale en las venas y lo sientas recorriendo tu cuerpo rechoncho mientras miras por la ventana y ves la nieve caer y sabes que para llegar a casa tienes que salir al frío y pffffff qué perecísima la vida es bastante regular. Chicos, no puedo con el frío. 

algunos días de otoño

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Lo mío con el otoño es sabido por cualquiera que me lea o me conozca. Adorísimo esta estación y si se le une viajar y pasear con mis pins, el mar, la lluvia y los atardeceres bonitos... la maravilla se extiende hasta el infinito. Acabo de volver de unos días de otoño feliz. Aún ando adaptándome a la vida de siempre. A la de sin mar y sin paseos molones por Francia. Menos mal que nos quedan las fotos y cerrar los ojos y recordar... Paramos en Burgos por dar un paseo y ver -de nuevo y con otros ojos- la catedral. C anda estudiando fundamentos del arte y me pareció buena idea regalarnos una catedral gótica (LA catedral gótica) para empezar nuestras minivacaciones de otoño. A partir de ahí, pasear y pasear y pasear y disfrutar de cada rincón, de cada descubrimiento, de algunas librerías, del mar, del tiempo, del viaje en coche, de un poco de lluvia, de la comida, de estar juntos, de las pastelerías (mmm...), de las discusioncillas, de los momentos divertidos. Visitamos...

el reto (facilito)

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Hace una semana tomé la determinación de pasar una semana sin comer nada procedente del cereal, de ningún cereal. He casiconseguido el objetivo (tuve que hacer una miniconcesión el sábado, durante el cumpleaños feliz y redondo de mi madre) y ahora me he propuesto ampliar el reto a una semana más.  Os cuento mis reflexiones al respecto, que son varias. La experiencia es, a priori, un auténtico horror. Fijaos que yo no como carne y nunca he sentido ansiedad por ello. Puedo vivir feliz sin un filete, pero he descubierto (i) que hacerlo sin cereales me cuesta millones y (ii) que no hay nada que pueda comer que los sustituya. Me intento autoengañar con verduritas y tecitos, pero el león que ruge en el estómago es más listo que -leedme bien- el hambre. Es inimaginable la cantidad de alimentos que tomo diariamente que proceden del cereal (panes, galletas, dulces, snacks, pastas...). Dejar de comerlos me ha supuesto un cambio de intendencia considerable. No se puede acomete...

desasosiego

He tomado una decisión vértigo y ahora me tiemblan las piernas. Por una parte estoy contenta, creo que estoy haciendo lo correcto. Por otra, os-tras, por otra la incertidumbre del futuro desconocido se me ha enganchado en el estómago como si fuera un koala.  Y así no. 2018 va a ser un comienzo de verdad, de los buenos, de año en blanco y vida nueva. Y como tiene que ser, el tiempo fluye despacio, con calma, como si enero no fuera a llegar nunca. Lo veo en el horizonte y me da miedo, así que intento mirar menos y distraerme con los libros (qué morralla se escribe, así, en líneas generales, ¿verdad?), con mis clasecitas de yoga, con las cosas de mis adolescentes, con el plan de viajar a Francia en unos días, con este otoño tan bonito. Todo llega. Y todo pasa.