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una semana para colgar unas fotos y hoy ya paso

Por el viernes paso de puntillas: salir del trabajo, C que va al cine, M a casa de un amigo. Yo voyvuelvo de un lado a otro. Llegamos a casa y chicos, soy una madre no un chofer, lo de hoy no se va a volver a repetir, tenedlo claro , pizza, peli y a dormir. Todo lleno de buen humor, sonrisas y besos. Sábado de pijama para ellos y de felicidad para mí, que salgo, voy, vengo y sobre todo compro los ingredientes de las comidas que he programado, en plan madre en los 50. De hecho, durante un rato del fin de semana sólo me salía tararear aquello de papas con arroz, bonito con tomate, cochifrito, caldereta, migas con chocolate, cebolleta en vinagreta y no sigo que me falta el delantal. Resultado: lentejazas, guiso de calabaza y caldereta (yo creo que de ahí la insistencia del estribillo de antes) de patatas y calamares. Todos los ingredientes re-frescos y todo cocinado con cienes de amor, fuegos lentos y buen humor.

una noche en la ópera

Ayer estuve en el Teatro Real, escuchando el nuevo repertorio de Juan Diego Flórez (ópera francesa del siglo XIX, desconocidísima para mí, a excepción de Carmen) y la experiencia merece una reflexión. Así para empezar, la música sinfónica mejor en el auditorio. El Teatro Real está preparado para lo que está preparado y la orquesta no emociona. Hacía bastante tiempo que no me dejaba caer por un evento de estas características –creo que el último fue una Novena de Beethoven, a la que llevé a C- y me entusiasmé según me sentaba, no digo nada de cuando salió el primer violín y por qué he tardado tanto en volver . El repertorio, seguramente por desconocimiento, no fue de mis preferidos y –salvo un poquito al final- no llegó a emocionarme. Aún así, me sentí muy feliz. Feliz de estar allí, de volver, feliz de escuchar música clásica en directo, feliz de compartirlo con mi familia, feliz por un regalo tan especial.

365 palabras para 2014

Claudia, Mario y Lucía. Cumplir cuarenta. Yoga. Una mudanza, casa pequeña, ilusión, un par de días de hospital, Dublín, bien de queso, podcast, tres bodas y ningún funeral, jugar a scrabble, zapillo, nuestro primer yay day, mucha imaginación laboral, un viaje inesperado a Italia, meditar, septiembre en la playa, pereza, descubrir lo divertido que es jugar al billar juntos, crèpes, el mar, the big bang theory, un vendaval, pegar los adornos del árbol en la pared creando un triángulo porque he olvidado comprar un árbol, una batalla encarnizada contra el mar y lo bien que lo pasamos, tener que adelgazar, un par de burros, cansancio, Miaucín, incienso, muchos libros, Madrid, dormir, regalar el verano en febrero y Fuerteventura, subir al faro del cabo de Gata, Ayuntamiento, más cine de lo habitual, viajar a Francia, la catedral de Milán, hacer planes de año nuevo, cuánta paz, cocinitas y delantales, pasear, días de pijama y demasiados madrugones, un par de versos, sol, poca lluvia pero llu...

cosas

Ayer decidí desmayarme un rato en la farmacia, así que les pedí que me pusieran un par de funcionales pendientes grises. Funcionales porque son feos de narices. Estoy deseando que pasen los quince días de sellado de agujero para comprarme un par chulo. Quién me iba a decir a mí (y a lucimami ) -después de la tabarra que dí a los nueve para que me hiceran los malditos-agujeros-de-una-vez - que con el paso de los años, el desinterés absoluto por los zarcillos iba a cerrarme las orejas al brillo de un adorno. Y en esas divagaciones extrañas debía andar mi mente convulsa el domingo por la mañana en plena meditación, que volví al yo y ahora con la idea fija de retomar los pendientes y el Retiro, las dos cosas. Lo de los pendientes, dicho y hecho. Lo de pasear por el Retiro, a ver si un día de estos -aún de otoño- y a ser posible por la mañana.

manza

Imagen
Manza es un pueblo esencialmente feo, pero tiene algunos rinconcitos especiales y tres grandes reclamos –castillo, embalse y parque- que lo catapultan al paraíso del turismo madrileño. Ayer salí a tirar la basura y ya que estaba, y llovía, decidí un paseo muuuy solitario por el pueblín éste de marras en el que vivo. La lluvia, que todo lo dulcifica, y la soledad (ese regalo tan preciado desde que trabajo aquí) me hicieron disfrutar de cada pasito, de cada mirada, de cada sonido -podéis imaginar el río que canta- de cada sensación y cada gota sobre el chubasquero. En medio del sinrumbo me descubrí admirando esos pequeños rincones de los que antes escribía, en los que el suelo aún es de piedra y la luz tenue. Llevaba el teléfono de llamar a los pins y se me ocurrió ir haciendo algunas fotos de los regalos del paseo. Éstas que veis son algunas. El camino del puente, la plaza de la iglesia, el castillo (cómo no). Hice también del embalse, pero la noche tiene sus...

las semanas y mis cosas (XII)

Ando asimilando el fin de semana. He empezado el curso aquél de profesora de yoga al que me apunté hace mil meses. Casi veinte horas de aprender, experimentar y trabajar una actividad que practico (con grandes dosis de abandono) desde hace unos seis años. Antes, la cagada de comprarme ocho (nada menos que ocho) camisetas molonas mil tallas por encima de la mía, que ni de pijama, oyes. Para hoy la pereza de volver a la tienda a devolverlas/cambiarlas por otras igual de molonas pero entalladitas por favor. Después, madrugones increíbles sin despertatroz ni nada. Ahí, abriendo los ojos a las seis como si fuera algo que he hecho antes alguna vez. Debe ser tanto relajar, tanto meditar, tanta felicidad de cerrar los ojos y pensarme en un bosque y tal. El caso es que madrugar sirve para llegar a coles sin jugar a Fernando Alonso en Monza. Y sin despeinarme.

mis libros de verano (II)

Lo sé Se me han acumulado los libros sobre los que escribir. Diría que no tengo tiempo, pero mentiría. Lo tengo. Me sobra. Pero lo invierto en no hacer nada. En mirar por la ventana, en pasear, en leer (poco últimamente) o en organizarme líos fenomenales que-me-embarullan-los-días-y-cuando-por-fin-descanso-sólo-quiero-no-hacer-nada. Vivo en un bucle indestructible. Vale que septiembre con sus comienzos de cole no ha ayudado demasiado. Vale que el comienzo del curso laboral tampoco. Vale que los momentos de playa me tumban (al sol) y vale que TBBT me distrae cuando debería estar escribiendo. Vale todo. Y a la vez sé que nada de eso es justificación suficiente, pero ¿tengo que justificarme? Pues no. Sobre todo si tengo en cuenta que total esto es lo que es y de obligación, cero. En fin, que al lío.