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365 palabras para 2014

Claudia, Mario y Lucía. Cumplir cuarenta. Yoga. Una mudanza, casa pequeña, ilusión, un par de días de hospital, Dublín, bien de queso, podcast, tres bodas y ningún funeral, jugar a scrabble, zapillo, nuestro primer yay day, mucha imaginación laboral, un viaje inesperado a Italia, meditar, septiembre en la playa, pereza, descubrir lo divertido que es jugar al billar juntos, crèpes, el mar, the big bang theory, un vendaval, pegar los adornos del árbol en la pared creando un triángulo porque he olvidado comprar un árbol, una batalla encarnizada contra el mar y lo bien que lo pasamos, tener que adelgazar, un par de burros, cansancio, Miaucín, incienso, muchos libros, Madrid, dormir, regalar el verano en febrero y Fuerteventura, subir al faro del cabo de Gata, Ayuntamiento, más cine de lo habitual, viajar a Francia, la catedral de Milán, hacer planes de año nuevo, cuánta paz, cocinitas y delantales, pasear, días de pijama y demasiados madrugones, un par de versos, sol, poca lluvia pero llu...

cosas

Ayer decidí desmayarme un rato en la farmacia, así que les pedí que me pusieran un par de funcionales pendientes grises. Funcionales porque son feos de narices. Estoy deseando que pasen los quince días de sellado de agujero para comprarme un par chulo. Quién me iba a decir a mí (y a lucimami ) -después de la tabarra que dí a los nueve para que me hiceran los malditos-agujeros-de-una-vez - que con el paso de los años, el desinterés absoluto por los zarcillos iba a cerrarme las orejas al brillo de un adorno. Y en esas divagaciones extrañas debía andar mi mente convulsa el domingo por la mañana en plena meditación, que volví al yo y ahora con la idea fija de retomar los pendientes y el Retiro, las dos cosas. Lo de los pendientes, dicho y hecho. Lo de pasear por el Retiro, a ver si un día de estos -aún de otoño- y a ser posible por la mañana.

manza

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Manza es un pueblo esencialmente feo, pero tiene algunos rinconcitos especiales y tres grandes reclamos –castillo, embalse y parque- que lo catapultan al paraíso del turismo madrileño. Ayer salí a tirar la basura y ya que estaba, y llovía, decidí un paseo muuuy solitario por el pueblín éste de marras en el que vivo. La lluvia, que todo lo dulcifica, y la soledad (ese regalo tan preciado desde que trabajo aquí) me hicieron disfrutar de cada pasito, de cada mirada, de cada sonido -podéis imaginar el río que canta- de cada sensación y cada gota sobre el chubasquero. En medio del sinrumbo me descubrí admirando esos pequeños rincones de los que antes escribía, en los que el suelo aún es de piedra y la luz tenue. Llevaba el teléfono de llamar a los pins y se me ocurrió ir haciendo algunas fotos de los regalos del paseo. Éstas que veis son algunas. El camino del puente, la plaza de la iglesia, el castillo (cómo no). Hice también del embalse, pero la noche tiene sus...

las semanas y mis cosas (XII)

Ando asimilando el fin de semana. He empezado el curso aquél de profesora de yoga al que me apunté hace mil meses. Casi veinte horas de aprender, experimentar y trabajar una actividad que practico (con grandes dosis de abandono) desde hace unos seis años. Antes, la cagada de comprarme ocho (nada menos que ocho) camisetas molonas mil tallas por encima de la mía, que ni de pijama, oyes. Para hoy la pereza de volver a la tienda a devolverlas/cambiarlas por otras igual de molonas pero entalladitas por favor. Después, madrugones increíbles sin despertatroz ni nada. Ahí, abriendo los ojos a las seis como si fuera algo que he hecho antes alguna vez. Debe ser tanto relajar, tanto meditar, tanta felicidad de cerrar los ojos y pensarme en un bosque y tal. El caso es que madrugar sirve para llegar a coles sin jugar a Fernando Alonso en Monza. Y sin despeinarme.

mis libros de verano (II)

Lo sé Se me han acumulado los libros sobre los que escribir. Diría que no tengo tiempo, pero mentiría. Lo tengo. Me sobra. Pero lo invierto en no hacer nada. En mirar por la ventana, en pasear, en leer (poco últimamente) o en organizarme líos fenomenales que-me-embarullan-los-días-y-cuando-por-fin-descanso-sólo-quiero-no-hacer-nada. Vivo en un bucle indestructible. Vale que septiembre con sus comienzos de cole no ha ayudado demasiado. Vale que el comienzo del curso laboral tampoco. Vale que los momentos de playa me tumban (al sol) y vale que TBBT me distrae cuando debería estar escribiendo. Vale todo. Y a la vez sé que nada de eso es justificación suficiente, pero ¿tengo que justificarme? Pues no. Sobre todo si tengo en cuenta que total esto es lo que es y de obligación, cero. En fin, que al lío.

¡qué baño de pasado!

Diría que comenzó el viernes, pero la historia se remonta a varios meses atrás: justo cumplía 40 y madre (hasta antes de ayer creí que fue cosa de hermanamenor ) quiso celebrarlo regalándome un par de entradas para ir a ver a la unión, el grupito light de mis desvelos infantiles. Y el viernes llegó y allí que me lancé, a la pista de bailes y saltos y dondestabaisdondestabaislalala . En sí mismo, yo delante de la unión ya era bastante revival. No contaba con el paseo previo por mi viejo barrio, con encuentros varios -además, todo muy gracioso, veinte años después me saludaban como si acabara de bajar a comprar un par de litros de leche.

te regalo el mar

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He pasado el fin de semana en la playa, con mis pins. Una idea inmejorable para encarar el otoño, que hoy llega con una sonrisa morena y grandes dosis de optimismo y buen humor. Contra todo pronóstico, no sufrimos gota fría y hemos pasado tres días fenomenales de sólo playa. Nos hemos bañado en un mar de olas, que es mucho más divertido que la sosa bandera verde, hemos echado carreras en la arena, hemos comido en un tenderete de toallas fucsias, nos ha dado mucho el sol sin darnos cuenta, nos hemos hecho millones de fotos -me encanto de estrella de mar- y hemos vuelto a casita con muy buena cara y ganas de repetir no tardando mucho. No hay nada mejor que una playa fuera de temporada. ¿Qué hacemos el fin de semana? ¿Vamos al cine, mami? Mejor te regalo el mar Mucho mejor. …