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viento del Este

Creo que Mary Poppins es una de mis historias favoritas y ahora que se están sucediendo mil cambios en mis días, me viene una y otra vez a la cabeza la cancioncilla con la que se anuncia su llegada.  "Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir. No me imagino qué va a suceder, mas lo que ahora pase ya pasó otra vez". Me encanta la imagen del viento anunciando los cambios que llevan consigo todos los comienzos. Y justo ahora que estoy comenzando de nuevo a los 45 pienso en el viento del Este y en todo lo que va a traer y en los nuevos caminos que estoy empezando a transitar. Ando llena de nostalgia por lo que ha terminado y de incertidumbre por lo que estoy emprendiendo. Parece que un día pararán, pero no, las volteretas que nos da la vida se suceden y te alborotan cuando menos te lo esperas. Y lo mejor es aceptarlas con amor y con ganas de seguir evolucionando, riendo y aprendiendo.  Que no sabemos lo que ha de venir, pero seguro q...

en el Met

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Os voy a contar una sensación curiosa que tuve en algunas de las salas del Metropolitan, en Nueva York, y voy a ser breve. Es un museo enorme, tan enorme que tiene dentro, por ejemplo, un templo egipcio o un jardín japonés. Hay salas y salas y salas y paseando por ellas prácticamente puedes transportarte a cualquier lugar del mundo. Bien, pues como yo soy fan de la historia americana decidí dejar a un lado otras cosas y encaminarme hacia la zona que me interesaba. Que si una escultura de Lincoln por aquí, que si un busto de Franklin por allá (recomiendo encarecidamente su autobiografía), que si una reproducción de una casa por aquí, que si una pintura de Washington cruzando el Delaware por allá y así fui disfrutando del entorno hasta que llegué a unas salas llenas de cuadros y esculturas de vaqueros y de indios. Y lo que os quería contar es que me quedé estupefacta porque estas expresiones artísticas son totalmente ajenas a nuestra realidad. Por un momento pensé pero, p...

turbulencias

Que te encante viajar y te aterrorice ir en avión es la mierdísima más grande del mundo. Os lo digo como es. Mierda. No soporto ir en avión, no soporto que se vaya acercando el momento, no soporto entrar, sentarme, el despegue, las nubes, las turbulencias, no soporto sobrevolar el mar, ni las montañas, no soporto aterrizar, el viento, los pájaros. Ir en avión me da un miedo infinito, pero como reconozco su utilidad hago de tripas corazón y paso el mal rato lo mejor que puedo: mal. Reconozco que he perdido los nervios a bordo de un avión en más de una ocasión. Y que he echado hasta la primera papilla en otra. Reconozco que me maravillan las personas que se meten en un avión como en la panadería, tan pichis. A mí me supera. Yo sería feliz si pudiera viajar inconsciente de A a B, como el del equipo A. De hecho, volviendo de NY conseguí cerrar los ojos muy fuerte después de la merienda y aunque solo medio dormité no los abrí hasta que estábamos como a una hora y media de aterrizar...

Nueva York es siempre una buena idea

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Mi bebé C cumple 18 en unos meses y como regalo especial de cumpleaños especial le organicé un viaje a NY. Por cosas de pasaportes, visados y sus propios planes de futuro, adelantamos el viaje a abril y ahora que ya estamos de nuevo en mi pequeño Madrid os cuento que ya estoy fantaseando con volver a USA.  Esta vez hemos paseado por Nueva York y Filadelfia y, como no podía ser de otra manera, nos hemos dejado tantísimas cosas por hacer, se nos ha quedado todo tan a medias, que ya estoy dando vueltas a cómo y cuándo volver a hacer otras cuantas. Y es que qué país. Siempre que voy vuelvo con ganísimas de más. Como CyM no habían estado antes en NY hemos recorrido todas las tipicadas y aunque yo he repetido, me alegro de haber tenido la ocasión de enseñárselas a ellos. He disfrutado millones subiendo al empir e y al top of the rock, paseando por Bryant Park (mi plaza preferidísima) y por la quinta avenida, montando en bici por central park, dejándonos caer por la catedral...

Y en abril...

El tiempo vuela y si no que se lo digan a dos mil diecinueve, a mi cabeza, cada vez más molona de canas, y al síndrome este del nido vacío que me roba la respiración cada vez que recuerdo que mis bebés caminan con paso firme y marcial hacia la mayoría de edad y el metro noventa, respectivamente. Ya no son miniyós. Ahora me sacan dos cabezas y -tampoco vamos a dramatizar- no me dejan que les peine ni que les ponga bien de colonia antes de salir de casa. Tampoco podría sin subirme a un algo. Ya no llego a sus cabezas, así que todo es de una pena sideral. De aquí a empezar a disminuir y a encorvarme me queda el tiempo de un suspiro. Se me ha ido el discurso por las ramas de la maternidad, que es algo que me ocurre últimamente por esta dependencia-de-mami que van dejando de tener, que yo quería escribir sobre dos mil diecinueve y este abril que ya está aquí. Así que volviendo al tema os confieso que meterme en un avión es el peaje que tengo que pagar para hacer lo que más me gusta...

Viva yo

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Será el buen tiempo, será que hay sol, serán los días molones, será el calor. Que pasado veo el mar, que me voy a tatuar un faro, que he vuelto a la obsesión de leer. Que tengo planes. Que se avecinan cambios. Será que cumplo años y cada año me gusto más. Será que me divierto. Será que lloro cuando toca llorar. Serán las risas. Será que me encanta comer. Será nadar. Serán los bailes. Serán mis pins, que son lo más y lo mejor. Será mi malísimo humor. Será mi sentido del humor. Será la hipersensibilidad. Serán las cosas que me gustan. Serán las que no. Serán las personas que me caen bien. Será alejarme de las que no soporto. Serán los libros. Serán los Kennedy. Serán las cosas que me toca empezar y las que voy a dejar por el camino. Serán las cosas que me han traído hasta aquí. Y las personas. Será la música. Será el chocolate. Serán los días que no toca madrugar. Serán las pamelas. Serán mis abuelos. Los cuatro. Será que me voy conociendo y molo mil y a veces cero. Serán las fotos de e...

preparando un miniviaje

Esta semana se presenta, como poco, diferente. No sé si bien o mal. Los viajes en avión me espantan multiplicado por mil y eso es regu (no llega a mal) y los viajes de trabajo aunque son molones son estrés. Pero si todo sale bien conoceré Sofía y repasearé por la península de Halkidiki, en Grecia, que me resulta divinísimo, la verdad. Mucho mejor, dónde va a parar, que este estar en la oficina escuchando voces y voces que blablablá y ñiñiñí. Para esta vez me he pedido un buen paseo por Estagira. Jo, y si pudiera darme un baño en el mar ya sería la bomba, aunque me conformaré con una metida de pies. Me encantaría saber dibujar y llevar a mis viajes una libreta y pinturas y hacer dibujos de los rincones. Me imagino sentada en cualquier piedra dibujando, coloreando. ¿No os parece una ocupación bien romántica? A mí sí. Oye, lo mismo me animo y meto una caja de pinturas en la maleta, porque lo de las acuarelas va a ser mucho engañarme a mí misma. Venga, bah. ¿Quién dijo miedo?