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storm lover

Ayer volviendo a casa en coche, conduciendo, y esta mañana con una taza de té bien caliente entre las manos. He tenido la suerte de que las dos últimas tormentas me hayan sorprendido en disposición de disfrutarlas con toda la intensidad del mundo. En los dos casos el día se oscureció y la lluvia cayó como un torrente, ensordecedora y densa. Ahora disfruto, con la ventana abierta, del olor de después y del pensamiento de que aún pueda seguir lloviendo. Con suerte, volveré a disfrutar de la lluvia en casa, a resguardo, con el libro de hoy entre las manos.

boredom

Llevo una temporadita de aburrimientos infinitos . Todo me aburre, todo me cansa, todo me produce una pereza formidable. Echar culpas a la primavera me parece injustísimo , porque la primavera no tiene la culpa -por ejemplo- de que solo se editen pedorreces. Porque oye, menuda pereza lo de ir de librerías . Hace unos años quieras o no al final acababa comprando algo, ahora me conformo con hacer una foto a cualquier portada molona y al llegar a casa-si no me sepultan toneladas de aburrimiento- a lo mejor hago el esfuerzo de buscar el libro correspondiente y comprar su versión digital para empezar a leerlo y efectivamente: caca. Tengo la misión vital de terminar todo lo que empiezo y esta visión tan rígidomental es la que consigue que amontone historias y lecturas en la cada vez más tambaleante (en sentido figurado, of course, toda vez que superúso el libro digital) pila de libros que tengo ahí, a medio terminar. Con estos libros que nos rodean en esta época tan literariamente pfffff...

silencio

Hace unos días uno de mis alumnos nos contó que había probado a beber un vaso de agua con toda la atención puesta en esa acción. Estaba alucinado con la sensaciones que le produjo este acto tan sencillo. Sentir el vaso en los labios, el frescor del agua en la boca, percibir cómo pasaba por la garganta y bajaba por el cuello. Hacemos todo de una forma tan automática que cuando nos tomamos unos segundos para apreciar lo que estamos viviendo nos sorprendemos bastante con lo que sentimos. A mí me encanta lavarme los dientes con atención en lo que hago. Desde hace ya un tiempo (salvo en situaciones de prisa extrema o preocupaciones máximas) suelo aprovechar esta tontería de cepillarme los dientes para sentarme y concentrarme plenamente en lo que hago. Y lo hago porque un día lo hice y me encantó. Es un verdadero masaje y me relaja millones. Y pensaba en todo esto porque hace un rato me he descubierto atenta a los sonidos que entran por la ventana. Estaba escri...

restin´

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Llevo varios días leyendo a banquet of consecuences , una novela policiaca de casi setecientas páginas.  Y estoy muy aburrida. Tan aburrida que no paro de pensar por qué se escriben libros tan largos y con tanta morralla. Como he escrito es una novela policiaca. El primer (y único hasta el momento) crimen aparece bien pasadas las trescientas primeras páginas. Trescientas páginas para describir a los personajes, los lugares, el tiempo. Algo que podía haberse organizado en un par de capítulos largos. He llegado a pensar que el libro se ha escrito de atrás hacia delante. Que se comenzó en la página doscientos cincuenta y al acabar la autora debió pensar que no se explicaba bien la trama sin contar esas casi trescientas páginas anteriores que -así, entre nosotros- no tienen ni pizca de interés real. Son totalmente innecesarias.

Me he enamorado...

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... y ahora tengo que ir a Pasadena. No. En serio. ¿Habéis oído hablar de Sally Storch? Yo nunca hasta la semana pasada y ahora estoy entusiasmada con la vida. Me vais a decir que es Hopper. Y es verdad. Y como adoro a Hopper no me queda más remedio que adorarla a ella. De vez en cuando internet te regala estas cosas y mi segunda frase prefe - todos los días pasan cosas buenas (la primera es ser mayor es un timo )- adquiere categoría de prima donna.

mucha policía poca diverOH MY

Voy a pasar de puntillas por un tan tema delicado que estoy segura de que hiere todas las susceptibilidades del mundo: los hijos y su educación. Parto de la base de que los padres hacemos lo que podemos. Ninguno tenemos el don de la magia parental y nos enfrentamos a cada situación sin libro. Es difícil enfrentarse a estos temas porque oye, cada uno hace lo que cree que es mejor para sus hijos, pero oye también, aquí estamos los demás para opinar. Como sabéis, y si no lo sabéis ya os lo cuento, yo trabajo en el ayuntamiento de un pueblo pequeño. Pues bien, hace unos días un vecino se quejó porque la policía había multado a su hijo (supongo que de 18 o 19 años) por haberse saltado un stop. Que si afán recaudatorio por aquí, que si total es un stop por allá, que si estaban agazapados y el pobre chaval no los vio, que si no mola un pueblo con represión policial, que si así nos va... Cuando me enteré del tema -el vecino por supuestísimo elevo su queja a las redes...

Sunday morning

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Yo no soy de las que adoran los días laborales. A mí lo que me gustaría es volver a sentir lo de aquellos interminables veranos azules de la infancia. Sin prisas, sin obligaciones, sin problemas, felicísimos. Lo que ahora vienen a ser mis domingos. Que oye, por lo menos nos quedan los domingos. Este de hoy, por ejemplo, está resultando ideal. Dormir, leer, escuchar música y bailarla a saltos, planificar cosas chulis, lluvia. Casa. ¿Os acordáis cuando jugábamos al rescate y había un sitio en el que no te podían coger porque era casa? Los domingos son casa. Esta mañana en particular ha empezado divina. He encendido el espoti en modo aleatorio y la primera canción que ha salido ha sido mi preferidísima de todos los tiempos. Moondance . Van Morrison. Debe hacer -no sé- meses que no la escucho y con los primeros acordes he sonreído tanto que me he puesto los auriculares y he empezado una escalada de canciones preferidas, bailes y saltos que me río muy fuerte de Tom Cruise en...