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Mostrando las entradas etiquetadas como un cuento

el estanque

La primera vez que vi a Verónica parecía salida de un pozo negro y sucio. Sólo sus asombrosos ojos azules aparecían limpios de mugre y vida. Su ropa eran andrajos. Su pelo, enredado y largo, le cubría repugnante la cara a medias. Caminaba doblada sobre su cintura, agachada, huidiza. Caminaba con el miedo del que a quien después de siglos oscuros deslumbra la luz. Y la luz de aquélla mañana de junio brillaba como mil malditos doblones de oro. Estoy estancada. Esto de arriba es lo más emocionante que he escrito en meses y reconozco que no es mucho escribir ni bueno, pero una está a lo que está y las emociones de la última vida no dejan mucho margen para el descanso. Pero este estanque de ahora no es como otros en los que me he bañado. En éste de momento no me agobia nadar. Otras veces quería salir quería salir quería salir y recuperar el tiempo perdido y volver a mis tostones, pero esta vez me lo estoy tomando con calma. Me apetece quedarme aquí, estancada, y disfrutar del buen tie...

Bichos

Me estoy inventando la historia boba del sapo que no entendió el arco iris (no deberían dejarme salir a la calle, lo sé) y llevo un par de días abrumada por la terrible fauna local. Resulta que las ranas -sobre todo las cinco que lo vieron todo- se pasan el día cuchicheando y -lo que es peor- intentando convencerme de que omita cualquier mención sobre las “inadaptadas” , que son otras ranas más bien sosas, entre las que se encuentra florinda, enamorada oficial del gran sapo. Los peces, que al principio parecieron tan sensatos (con las primeras gotas nadaron a resguardarse hacia las rocas) han empezado a enloquecer y me plantean sin rubor que les saque del agua. Al parecer están hartos de pasarse el día haciendo esfuerzos colosales para que la corriente no los aleje de la charca. Quieren pasar allí el otoño, tan encantados como están con las ranas (estos no hacen distinciones). Os contaré que las ranas han tomado tanto cariño a los pececitos que han superdesarrollado una especie de inst...

¿Contenta?

Hoy he terminado el primer borrador de un relato y ya lo he revisado unas cuantas veces, con las correspondientes modificaciones. Leer, cambiar, leer, cambiar, leer cambiar... total, que he tenido que empezar otra historia para salir del bucle.

como las nubes

Aunque intento mantener el corazón frio se me va de las manos: el relato de este agosto tiene vida propia y es algo extraordinario. Había leido en varias ocasiones experiencias parecidas pero hasta ahora no me había ocurrido con tanta determinación (y no mía, precisamente). Es un enfrentamiento personal. La idea primera y los acontecimientos que la desvirtúan y la dirigen a no sé dónde. La incertidumbre es absoluta. Intento reordenarlo y es peor, la historia pierde todo. Escribo cosas que no quiero escribir. Así no era mi historia, aunque también esto que cuento es mío. Definitivamente, una locura. Pero me gusta esta locura. A ratos pensaba hoy en otras dos fruslerías. En que lo mismo lo de mi melancolía portuguesa es tan simple que se debe al hierro que no tengo y en algo que me ha parecido apropiado denominar romanticismo político. Dejo las dos para más adelante, que un texto zombie me quiere desmoronar el sueño.

Mi historia a medias

No hace mucho, conduciendo sin rumbo por el interior de una isla, llegué a un pueblecito del que me costó salir. No vi gente y las calles estaban estratégicamente cortadas para obligar al visitante casual a perder un poco los nervios. De esa experiencia surgió una idea que intenté escribir y que desde entonces retomo mentalmente con la angustia de no saber cómo demonios salir del lío monumental que he organizado con ella. Hoy, en medio de otra historia (que por cierto voy hilando con bastante soltura), me he enterado de que en la isla en cuestión han aparecido unos huesos humanos y ya no me ha hecho falta más para empezar a enloquecer con las múltiples nuevas posibilidades que se abren. De hecho, tenía pensado sentarme a terminar el relato actual ahora, de noche, en el jardín y a la luz de unas velas, pero en vez de atacar las últimas páginas me pongo a perder el tiempo con esto que os cuento y a leer y releer el texto-laberinto. … qué desorden de todo.

Noches de verano

Mi vecina (46) se ha echado un noviete (19) y ya se ha convertido en la conversación de verano de la calle infantas. - Qué vergüenza, con los dos niños en casa. - ¿Les oíste anoche? - Sí, como todos, folleteando en el césped - ¿en el césped también? Me quedé dormida cuando estaban en la piscina Las maris tienen envidia, of course, y me temo que a la chelito le caerá encima el vacío social permanente que, aunque ahora a ella plín, forzará un cambio de domicilio seguro cuando al chavalín se le meta en el ojo otra teta. - Lo que dura el verano, y si no al tiempo - Qué bochorno, por dios - Y le deja el bmw por las mañanas - Ha perdido los papeles. Alguien tendría que decirle algo. Por el amor de dios, que es una vieja - ¿Ahora les llaman viejas? ¿pues no eran putas? Y así pasan estos calurosos días, entre escarceos amorosos a la luz de la luna en cuarto creciente y cuchilladas rencorosas antes de cenas mediocres a la luz de la tele - ¿No puedes poner otra cosa? - No - ¿Hablamos? - ¿Eh? - ...

Eloísa Zulueta

Ya son dos las veces que un espejo involuntario me devuelve la remilgada imagen de Eloísa Zulueta. No sé si os he hablado ya de ella. Era bastante mojigata, le gustaba decirse pía, y siempre me sorprendió su insistencia por cubrirse los tobillos con unas faldas feas de corte monjil que le cosía una abuela desalmada. Las demás habíamos alcanzado la edad de enseñar las piernas, una edad a la que según descubrí más tarde ella no llegó nunca. Tampoco pareció importarle. No en vano, llegó a emparentar con los Soto de la Muela a través de un católico matrimonio con Luis Gonzaga, el más recto de los hermanos y eso, me temo, echó por tierra cualquier sentimiento extraño de faldas y no piernas. Tras muchos años sin vernos, coincidimos una tarde en el ascensor de un hospital. Ella mayor, madre numerosa de un montón de fotos rubias, con oros colgando de aquí y allá, el pelo tipo de la clase media que quiere ser alta y voz de muchos sueños olvidados por el camino. Yo estaba mona, la verdad, como s...

Coming soon

Recientes acontecimientos me impulsan a ficcionar las relaciones personales. Estoy metida de lleno en la nebulosa de pensar y buscar palabras. Hoy tiene buena pinta, dentro de unos días (¿días?) contaré si la historia progresa o si acaba en la carpeta de siempre.

Querida Cecile:

Últimamente ando un poco desganada. Aún así, el calor asfixiante del verano está ya dejando paso a un nuevo tiempo. Ayer estuve en Longwood con Piers y nuestras pisadas hicieron crujir las primeras hojas muertas. Te hubieras reído viéndonos regatear en Blackhills. No lo creerás, pero salimos de allí con dos bolsas tan llenas que tuve que dejar para otro día lo de las flores. Paramos un rato en Willert Park y mientras yo daba de comer a los cisnes (¿sabías que son carnívoros?) , Piers se puso a recitar a gritos los últimos poemas de Saul B. Johnson. Los cisnes metieron la cabeza en el agua y ya no pudimos dejar de reir hasta llegar a casa de Sarah. ¿Recibiste la biografía de Arthur Rihbarb? Si es que no, dímelo y se la reclamo al viejo Leo, que ya sabes dónde tiene la cabeza. Un abrazo a los dos, Violeta. P.d. Tu historia del elefante me hizo llorar de risa. No sé cómo, pero siempre lo consigues.

La casa por el tejado

Cuando me despierto y puedo me regalo cinco minutos más para pensar en el día que tengo por delante, en el que he dejado atrás, en qué demonios decía aquélla cancioncilla de duncan dhu, ¿qué tal estará E?, se me ha olvidado llamar a V, definitivamente ese final no. A veces aventuro un brazo al exterior para confirmar qué bien se está en la cama, vuelvo a mirar por la ventana y sigo dando vueltas a mis cosas. Ayer en una de esas me encontré con el título del próximo cuento. Me puse nerviosísima. Ya no pude pensar en otra cosa, ni en la cama ni a lo largo del día. Es un título formidable, ¿y el narrador?, ¿cómo llamo a la protagonista?, la casa de la chica, ¡tengo que inventarme la casa entera! ¿de qué color la visto?, ¿cómo consigo que él vea el interior?, ¿qué se encuentra allí?, ¿qué sucede?, ¿qué historia me apetece contar?, ¿qué demonios hago ahora con este título tan redondo? Pasé un día emocionante dando vueltas a la historia, apuntando -ahora sí ahora no puedo, que no se me olvid...

Las buenas acciones y sus consecuencias

Me he encontrado un teléfono fenomenal, de esos que funcionan con un lapicerito y llevan incorporada una cámara de fotos para que el señor K levante la cabeza. De naturaleza amable, yo, he hurgado hasta dar con el número de la casa del propietario/a y le he llamado. El teléfono era de Sil, pero en casa estaba Gordi que en un pispas se ha calzado las botas de siete leguas para aparecer en mi puerta al más puro estilo canadiense, sobre-embufandado y eso. Todo glam, gordi. Desde que hablé con él hasta que finalmente nos conocimos (“voy de rojo”, le he dicho, “y llevo flores en el pelo”, eso no pero por poco) han pasado unos minutos en los que he evolucionado desde la curiosidad hasta la “literatura” -para que nos entendamos- y en ella me he quedado tras el fugaz encuentro, pensando en las alternativas de futuro más interesantes para Sil y Gordi, y -por qué no- para una primera persona, más o menos yo. En la línea catastrofista de mi último lustro, lo que más me va es que Sil se deshaga de...

Escribiditas

Noviembre ha sido un mes de escribir. Y diciembre lo será de leer, me temo. Tengo un par de ideas queriendo salir del escondite que es mi cabeza, pero ha sido tan intenso el esfuerzo de terminar (si es que alguna vez se terminan estas cosas) El solo que me quiero quedar en blanco. De las dos ideas, una me gusta para darle una vida más profesional a esta paginilla. La otra pasa por matar a Arcángel.