jueves, 10 de abril de 2014

mis lecturas de marzo

Ya adelanté el último día las que fueron mis librus de marzo. Con el rollo de los preparativos de la mudanza ytalycual, dejé varias lecturas a medias y esto que sigue es, a la postre, la parte de mis letras que me ha sentado en esta silla y esta terraza a pasar la tarde.
Empecé marzo con Clases de literatura, de Cortázar. Un libro que con muy buen ojo me trajeron los reyes magos. El libro recoge un curso de literatura que impartió el escritor en una universidad americana, allá por los ochenta. Las charlas componen un libro de ocho capítulos (uno por cada clase) más un noveno, a modo de apéndice, que contiene dos conferencias que también impartió allí. Los capítulos son transcripciones literales de las clases y se dividen en dos partes: la explicación de cada tema por parte de Cortázar, acompañada de la lectura de relatos o partes de relatos y un turno de preguntas/respuestas con los alumnos.
Los capítulos, las clases, se centran (evidentemente) en la literatura, en el proceso creativo, en la escritura de cuentos y sus características, en las propias obras referenciales de Cortázar y son:

1. Los caminos de un escritor: En este capítulo se desarrolla su idea sobre la misión de escritor -no sé si recordáis el qué hacemos con la literatura de hace unos meses, pero el libro se refiere muchísimo al compromiso social del escritor, a qué debe ser la literatura- habla de sus inicios (si es que los hubo), de cómo empezó a ahondar en la psicología de los personajes, de las diferencias entre cuentos y novelas (personajes, temas, forma, estructura, narradores) y se sitúa en su faceta de escritor de cuentos. 
2 y 3: El cuento fantástico (el tiempo y la fatalidad, respectivamente). De estos capítulos me quedo con tres metáforas relativas al tiempo: tiempo-ascensor, tiempo-bolsa y tiempo-metro (suburbano) de las que habla a través de uno de sus relatos, El perseguidor (los amantes del jazz deberían conocerlo, ya que trata sobre Charlie Bird Parker). También es interesante leer su opinión sobre lo fantástico, sobre la importancia de la imaginación. Sobre el mundo imaginario en el que habitó desde niño y que no llegó -afortunadamente- a abandonar.
4. El cuento realista: De esta parte me quedo con la experiencia en Solentiname, "una comunidad que el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal tuvo durante muchos años en una de las islas del Gran Lago de Nicaragua, comunidad que alcancé a visitar en las circunstancias que se narran aquí y que luego fue destruida por la guardia nacional de Somoza antes de la última ofensiva que terminó con él. En esa comunidad muy pobre de pescadores y campesinos dirigidos espiritualmente por Cardenal se cumplía un trabajo de tipo intelectual y artístico muy grande en un medio muy pobre, muy analfabeto y muy desfavorecido." Rescata la historia de Solentiname porque utiliza un relato que escribió sobre ella -Apocalipsis de Solentiname- para explicar esto del cuento realista.
También trata los temas de las dobles lecturas y del realismo simbólico.
Y como me está quedando lo mismo un poco largo, os cuento que el resto de los capítulos son: Musicalidad y humor en la literatura, lo lúdico en la literatura y la escritura de Rayuela, de Rayuela, Libro de Manuel y Fantomas contra los vampiros multinacionales, erotismo y literatura y el apéndice, que incluye las conferencias La literatura latinoamericana de nuestro tiempo y Realidad y literatura. Con algunas inversiones necesarias de valores.
De todo esto me quedo con que "Hay que inventar palabras cuando hace falta", "Una prosa musical transmite su contenido perfectamente bien, pero además establece otro tipo de contacto con el lector", "El humor está pasando continuamente la guadaña por debajo de (...) todas las palabras con muchas mayúsculas". También me quedo con su explicación de los cronopios y las famas y mi determinación por ser cronopio o con todo lo que cuenta sobre el jazz, sobre la importancia de la improvisación, sobre los cinturones mentales que nos abrochamos cada día. Me quedo con un magnífico "llueve a gritos" y con la reflexión final de que la "literatura sigue siendo fiel a su destino, que es el de dar belleza, y a la vez a su deber, que es el de mostrar la verdad en esa belleza."
Me recuerdo leyendo el libro con mucho interés y mucha adicción. Leyendo y releyendo. Volviendo atrás. Ahora hacia delante. Apuntando notas en los márgenes de las hojas. Dando vueltas a algunas ideas tiempo después de haber-cerrado-el libro-por-hoy. Escribiendo ideas y copiando frases en mi cuaderno del blog. Fue una gran lectura. Y confirma mi admiración por Julio Cortázar. Ahí queda eso.
En un par de ratos, leí Solsticio, de José Carlos Llop. 
José Carlos Llop es un escritor mallorquín al que descubrí, no sé, puede hacer 7 u 8 años, cuando leí La escafandra, que me entusiasmó. Después leí Háblame del tercer hombre sin pena ni gloria y ahora éste, Solsticio, en plan voy a darle otra oportunidad de que me vuelva a enamorar. En el ranking de libros de Llop que me enamoran está en el segundo puesto. Que me haya gustado seguramente influya en que la próxima vez que vea un libro de él de paseolibrería me lo lleve por lo que pueda pasar. 
No llegando al altar en el que deposité La escafandraSolsticio es un librito muy encantador. Cuenta recuerdos de los veranos de la infancia del autor. Esos veranos que todos llevamos en la mochila y que recordamos con ternura. En su caso, se desplazaban dentro de la isla. Y aunque durante ese mes todo era diferente, en realidad cada verano se sucedían las mismas rutinas, los mismos baños, las mismas siestas.
Me gusta el nombre de los capítulos, son muy evocadores (El viaje, La llegada a Arcadia, El mar, El reloj de mi padre o Ella). Es un libro muy intimista, una forma de entender la vida. Es el Mediterráneo y sobre todo es el verano. De hecho, hay un párrafo que me llamó mucho la atención por la cantidad de palabras asociadas al verano que contenía. En apenas dos frases se sucede esta agradable (ay, el verano) enumeración de soles, mariposas, color, libélulas, pájaros, sombra, fuerza, siesta, crisálidas, insectos, sandías, higo, melón, sed, uva, mar. 
Contiene frases como "La memoria también es una forma de literatura” o ésta tan aliterativa de "émulo del mulo loco". Y sobre todo me gusta ese casi final en el que me siento identificada... "yo estuve allí y fui feliz o creí serlo. Tanto, que he tenido que escribirlo, porque la fotografía y la memoria no me bastaban".
Será porque me pasa igual.
La tercera cosita que leí fue Los ignorantes, una novela gráfica de Étienne Davodeau que robé de la estantería de un amigo y leí casi del tirón. Cuenta la historia de una iniciación cruzada. Dos amigos se ponen de acuerdo en compartir durante un año sus profesiones. Uno es viticultor, el otro escritor de comics. Por supuesto es autobiográfico.
Consta de 19 capítulos + 2 páginas a modo de prólogo y otras 2 a modo de epílogo.
Comienza en invierno, con la poda (y la barba del viticultor, que se nos afeita en primavera) y acaba un año y pico después. En el mientras… viajes, conocer a enólogos, artesanos de las barricas, editores y escritores en una muestra bastante aproximada a ambos mundos.
Me ha encantado. La historia, los dibujos, los temas que trata -no se queda en el relato costumbrista, sino que profundiza en la crítica, la demanda mediatizada por los medios –nunca mejor dicho- de comunicación, lo auténtico/tradicional contra lo químico/moderno, los estilos de vida. 
Es chula la evolución personal de los protas en función de sus intereses, que van cambiando a lo largo de la novela y la importancia que se da a la tierra y al amor por lo que se hace. Hay que disfrutar con lo que hacemos y si no nos gusta, intentar cambiarlo.
También me han gustado las ilustraciones. Ya leí otro cómic de este mismo dibujante y recuerdo que también me entusiasmó (de hecho, creo recordar que hasta lloré al final). Las novelas gráficas o cómics o como se quieran llamar han sido uno de los grandes descubrimientos que he hecho en los dos últimos años. 
Me encanta ir a la sección correspondiente de las librerías y mirar, buscar, cogerlas y hojearlas. Y llegar a casa con alguna, también. Se han convertido en un must de mis visitas a las librerías. Disfruto millones leyendo cómics. Lo recomiendo con cara de mucho entusiasmo y felicidad.
Y por último, en marzo leí Una forma de resistencia, de Luis García Montero, uno de mis poetas preferidos.
En este libro, escrito en prosa (aunque con esa musicalidad tan de poeta), el autor, a través de objetos cotidianos, hace semblanza de su vida, ideales y opiniones. Reflexiona sobre política, literatura, el tiempo, la historia, la religión, la inmigración… Abre en definitiva debate sobre estos temas partiendo de la descripción de sus objetos cotidianos. 
Es un libro de un gran lirismo, con preciosas metáforas. Otra muestra del gran escritor que es, a pesar del personaje que se empeña en crear (a pesar de él). Y eso es lo que no me gusta. No me gusta el personaje y ahora que se ha dado tanto a conocer y es tan asiduo en concentraciones sociales y tan gurú del absurdo, me cuesta separar lo que leo de lo que veo. Y eso es mal.
Prefiero sus libros de poemas. Más sinceros. Más internos. Menos llenos de lo que todos quieren leer. Menos llenos del personaje y más del escritor, que -entre nosotros- es bárbaro.
Y como se me está haciendo tarde y empieza a refrescar y se está nublando el cielo y nos vamos a mojar lo dejo por hoy con la esperanza de que alguien que lea esto pueda encontrar de utilidad mis comentarios. Vale que los libros de marzo son poco comerciales, pero tranquis, que en abril vengo con uno de Los misterios de Laura y otro policíaco de Lorenzo Silva más normales, con argumento y tal.
Hasta entonces, sed felices y disfrutad de cada palabra que leáis.

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