lunes, 8 de enero de 2018

así nos va

La tarde del 5 de enero me dejó dos situaciones laborales lamentables que me han dado que pensar.

Tampoco mucho, no creáis, porque mis conclusiones sobre la idiotez humana siguen siendo las mismas que antes: no solo existe, sino que abunda.

Perla 1 

La previsión meteorológica obliga a suspender la cabalgata en mi pueblo y a modificar el programa de la tarde, de forma que SS.MM los Reyes Magos visitan la iglesia, donde hay un acto de adoración al niño Jesús, y desde allí se dirigen a un recinto cerrado en el que pueden ver a todos los niños y, además, les dan un pequeño obsequio. Lo de todos los años, vamos, pero al mal tiempo buena cara y en vez de pasear nos refugiamos en el polideportivo.


Un señor, que yo sepa sin hijos ni nietos, pone la correspondiente queja porque -no tiene desperdicio- como llovía y no había cabalgata decidió meterse en la iglesia (para no mojarse y por sugerencia de un policía local), de donde tuvo que salir espantado porque el cura hablaba de Dios y "adoctrinaba a los asistentes en la fe católica". Desde allí se dirigió al polideportivo donde no pudo entrar, porque no se abría al público hasta la llegada de los Reyes. Y "una de dos: o se abre el polideportivo para que no me moje o se le dice al cura que en la iglesia ese día no hable de Dios". Como lo leéis. Que decidme qué tendría que hacer un cura en una iglesia el día de Reyes. ¿Contar chistes y repartir churros con chocolate?

Ese es el nivelmaribel y yo es que ya no tengo fuerzas ni para intentar entender estas memeces.

Perla 2

Familia molona y moderna. Padre, madre, hija como de 4 años y bebé porteado. Se apalancan en la mesa del roscón y comen (y toman chocolate) por encima de sus posibilidades. Lo hacen hasta el extremo de coger de las porciones que han llevado a los voluntarios (que están trabajando entregando regalos, limpiando, haciendo el chocolate o partiendo los roscones) al grito entusiasmado de "hoy no cenamos en casa". No contentos con pasar la tarde hablando con la boca llena se dedican a pasar varias veces a coger un regalo para sus hijos. El ayuntamiento siempre da un obsequio a los niños. Pues bien, estos padres se llevaron -por lo menos- cuatro. Y lo peor fue verles decirle a la niña "ve tú solita, que a nosotros ya nos han visto y no nos van a dar más".

Jo. ¿Os imagináis lo que le están transmitiendo a su hija? ¿Que haga trampas? ¿Que mienta? ¿Que se aproveche de otras personas? ¿Que no piense en los demás?

Una pena.

No me voy a extender mucho más. Solo quería reflexionar sobre la absoluta falta de respeto en la que parece que la sociedad moderna se ha apalancado. Somos profundamente egoístas y creo que esta actitud no puede llevar a nada bueno. Lo nuestro no ya es que sea lo primero, es que es lo único. Lo nuestro es lo que importa y el de al lado que se busque la vida.

Como lo de la nieve y las carreteras. "Yo tengo que salir y tiene que haber alguien que me habilite el paso y si no me quejo, insulto, desprecio, denuncio". Tenemos un lío formidable con los derechos que nos asisten y con las obligaciones que no queremos tener. También tenemos una falta de responsabilidad asombrosa.

Ahí lo dejo.

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