lunes, 29 de enero de 2018

pffff

Un día tienes un plan y al siguiente la vida te recoloca sus prioridades y el plan pasa al cajón de cosas por hacer y ahora estoy sacando el que guardé en diciembre, a ver si por fin la cosa puede ponerse en marcha.

Creo que me estoy organizando bien y creo que la historia tiene posibilidades. También creo que tengo superganas de ir a la playa. Ya no ir, sino bañarme en el mar. O sea, que no me vale el invierno. Las playas de invierno son preciosas, también tengo que ir a Normandía, pero quiero bañarme.

Como no creo que tarde en ir a Almería para lo del plan de antes puede que (si tengo suerte y tiempo) pueda darme un chapuzón. Y mato dos pájaros de un tiro. Seguir con lo que me ilusiona y el mar.

Y así voy pasando los días. Así y yendo al cine. He visto Los papeles del Pentágono y la verdad es que no me ha entusiasmado. Hay pocas pelis que me entusiasmen. Y pocos libros también.

domingo, 21 de enero de 2018

Todo llega...

... y todo pasa.

Y esta semana que empieza no va a ser, afortunadamente, una excepción. Solo quiero que llegue el domingo y, después, la primavera.

Pero hablando de otras cosas (mucho mejor) el viernes me pasó algo preciosísimo. Estaba en casa de mis padres, con una gran algarabía de sobris alrededor y de repente  se me acercó el más pequeño (un año), me tiró de los pantalones, le cogí, me abrazó, apoyó su cabecita en mi cuello y me inundó de la ternura más infinita del mundo.

Ojalá cada día nos pasaran cosas tan maravillosas, dulces y amorosas como esta.

lunes, 8 de enero de 2018

así nos va

La tarde del 5 de enero me dejó dos situaciones laborales lamentables que me han dado que pensar.

Tampoco mucho, no creáis, porque mis conclusiones sobre la idiotez humana siguen siendo las mismas que antes: no solo existe, sino que abunda.

Perla 1 

La previsión meteorológica obliga a suspender la cabalgata en mi pueblo y a modificar el programa de la tarde, de forma que SS.MM los Reyes Magos visitan la iglesia, donde hay un acto de adoración al niño Jesús, y desde allí se dirigen a un recinto cerrado en el que pueden ver a todos los niños y, además, les dan un pequeño obsequio. Lo de todos los años, vamos, pero al mal tiempo buena cara y en vez de pasear nos refugiamos en el polideportivo.