lunes, 5 de noviembre de 2018

un mes tonto

No hemos cerrado bien la puerta y ahora estamos empujando para dejar fuera al invierno, pero el invierno ha conseguido meter el pie entre la puerta y el marco y la cosa pinta mal.

Noviembre es un mes regulero y con estos fríos adelantados más. Sin embargo, este año me he empeñado en que me guste. Me he empeñado en disfrutar de este cielo blanco sin sal, de las manos frías, de la humedad, de las noches tempranas y de la falta de ganas de salir del edredón. Qué digo salir, de sacar siquiera la nariz. Este año estoy en modo colorear el gris.

A ver cuánto me dura.

Así para empezar me he organizado un fin de semana italiano en noviembre, que es algo que sube bien de puntos la ilusión de este mes tan outsider y he visto Bohemian Rhapsody, que me ha encantadísimo. Estoy leyendo un libro que me entretiene a veces y no me gusta a menudo y estoy enganchada a un par de series molonas y a la calefacción.Aún así noviembre me cuesta infinito, como marzo. Qué dos meses más absurdos.

Tan harta ya del invierno y aún estamos en otoño.



viernes, 5 de octubre de 2018

¡Viva Grecia!

 
Cuando estábamos aterrizando me emocioné. También es que soy un poco moñas y lloro rápido, pero la verdad es que ver la costa desde el cielo, con ese mar turquesa interminable y pensar en todo lo que supone Grecia fue superior.

Sí. He viajado a Grecia hace unos días. He visitado el norte del país y me llevo una impresión inmejorable, unos recuerdos increíbles y unas ganas de volver infinitas. 

En este viaje he tenido la ocasión de pasear por Tesalónica, Kavala, Stagira, Filipos, Arnea, Pirgadhikia, Alistratis, Amfipolis... He estado en las penínsulas de Casandra, Sitonia y Monte Atos (por supuesto no en Agion Oros), pero sí en Ouranopolis. En general he conocido Halkidiki y luego he subido a Serres, cerca ya de la frontera con Bulgaria.

He estado en el mar y en la montaña.

El mar Egeo es espectacular. Los colores son increíbles. Completamente transparente. Me contaron que las islas griegas son divinas, pero que Halkidiki no se queda atrás con las playas, que son paraisísimos y lo confirmo con conocimiento de causa. Por supuesto me bañé (ni un mar sin mí dentro) y me medio quité la espinita esa de tantos meses sin mar.

Me flipó estar en la ciudad en la que nació Aristóteles y en la que está enterrado. Me entusiasmaron hasta el infinito y más allá las ruinas de Filipos, seguramente porque no me esperaba en absoluto lo que había por allí. Los atardeceres, la comida, la hospitalidad de todo el mundo (que sepáis que adoran a los españoles). Lo de la comida no es broma. Qué rico todo. Recuerdo especialmente una, en una playa, en un restaurante blanco y azul. Un pescado ahumado espectacular y la retsina y los dulces y los dolmades (arroz envuelto en hojas de parra). Las ruinas, los capiteles desperdigados, las calles, la catedral que es la cueva de Alistratis.

No os penséis que la montaña se queda atrás. El norte es un bosque frondoso. He cruzado un lago (el Kerkini) y he visto flamencos y pelícanos y búfalos (de todo esto miles y miles) y otro montón de pájaros y animales a los que no pongo nombre. He comido en una cabaña al calorcito de una chimenea y he visitado un par de monasterios ortodoxos bastante chulos.

Todo en Grecia es espectacular y maravilloso y ahora tengo unas ganas tremendas de volver y de hacerlo vía Atenas.

Ese viaje sí que va a ser de no dejar de llorar de felicidad.

lunes, 10 de septiembre de 2018

naranja

Hace poco más de una hora estaba terminando de escribir unas cosas de trabajo. De repente he desviado los ojos del ordenador y me he dado cuenta de que la habitación estaba inundada de una luz tan increíble que he me ha salido parar, levantarme y asomarme un buen rato a la ventana.

Este año los colores se han adelantado al otoño. Los atardeceres naranjas que envuelven y reconfortan han llegado antes de lo esperado, por sorpresa y para mi alegría. El cielo de Madrid es mágico en esta estación. Si no tuviera aparcada la caravana enorme de mi vecina delante de la ventana y las vistas fueran más molonas habría hecho una foto. Mañana si tengo tiempo y ganas intentaré salir a pasear y hacer alguna molona. Si lo consigo volveré para que la veáis aunque, entre nosotros, mis fotos son ful.

Para foto chula de cielos de casi otoño esta que os dejo aquí. Es de la semana pasada. No la hice yo. Yo estaba boquiabierta con el espectáculo de la naturaleza que fue el atardecer italiano. La he robado del twitter del compañero que la hizo. Espero que no le moleste. 

Estaba pensando en la foto de hoy y me he acordado del atardecer del otro día y de ahí a la foto y de ahí, aquí.

Qué deciros. 

Yo soy de verano y de otoño. 

Del calor del verano y de la luz del otoño. 

Yo me recargo con energía solar.

domingo, 9 de septiembre de 2018

planificando viajes

Aquí ando, soñando.

Sueño que voy a viajar a Grecia no tardando mucho.

Sueño que voy a pasear por Turín no tardando mucho más. También por Suiza.

Sueño con Florencia (este es un sueño recurrente). Sueño con Florencia en bucle. Espero no quedarme con las ganas.

Sueño con EEUU otra vez.

Sueño con un par de pueblecitos franceses (Sarlat y Chambord). Estos son facilitos. Tirar con el coche hacia el norte hasta llegar.

Sueño con unos días en el Alentejo, Portugal.

Sueño con noviembre en Austria.

Y con diciembre en Iseo, again. A ver si esta vez me organizo y consigo entrar en Santa Maria delle Grazie, en Milán.

Sueño con descubrirme en navidad en algún lugar molón.

Sueño con cualquier mar. Me entristecen infinito los meses sin mar. Y ya van unos cuantos. Entre nosotros, necesito pasear por una playa.

También tengo sueños más exóticos y por consiguiente platónicos elevado a n.

Y así comienzo septiembre.

miércoles, 8 de agosto de 2018

nosoportos

No soporto a las personas chillonas, ni las esperas largas (me desesperan). No soporto el frío. No soporto el sopor. No soporto la actitud adolescente. No soporto las filas, ni las muchedumbres, ni que los pies se me queden pegados al suelo, ni los atascos. No soporto a algunas personas. No soporto los ronquidos. No soporto los libros con faltas de ortografía. No soporto perder el tiempo por las redes sociales. No soporto ir viendo menos cada día. No soporto los mejillones (puaaaajascazo) ni el chocolate blanco. Lo de los mejillones lo pongo dos veces. No los soporto. No soporto a las arañas ni a algunos otros bichos y animales. No soporto que no me salga la frase apropiada en el momento justo, ni que me tiemble la voz cuando tengo razón. No soporto la voz de la vecina del primero. En los autobuses o ascensores (o así) no soporto que me roce el brazo otro brazo. No soporto un eres tonta, ni de broma ni con cariño. No soporto que los niños sufran. No soporto las películas de terror, ni la sangre. No soporto lo que creo que son injusticias. No soporto a los ignorantes soberbios que se ponen zapatos demasiado grandes. No soporto que me intenten manipular. No soporto no ver el mar este verano. No soporto madrugar ni soporto el despertador. No soporto los malos olores ni a las personas rancias. No soporto que me miren por encima de unas gafas. No soporto el mal humor. No soporto a los pesimistas a los que les sale todo bien. No soporto a los que se quejan por todo. No soporto cocinar por obligación ni idear menús saludables para cada semana. No soporto que se muera la gente a la que quiero. No soporto los ruidos estridentes. No soporto llevar tanto tiempo sin pasear por Londres. No soporto otro invierno sin Lanzarote. No soporto los bolsos. No soporto el dolor de garganta. No soporto el miedo ni la culpa ni vivir con miedo o hacerlo sintiéndome culpable. No soporto las puñaladas por la espalda ni los adoctrinamientos. No soporto las cacas de perro en medio de una acera. No soporto que me falte Florencia. No soporto mi pereza infinita ni las manos heladas en febrero. No soporto a Nicholas Cage.   

lunes, 6 de agosto de 2018

el destino en fiestas

No sé en qué dramático giro de los acontecimientos el destino me soltó en medio de un concierto de Camela. Jamás, JAMÁS, jamás en la vida hubiera yo -ya no imaginado- es que ni pensado que pudiera acabar en algo así. 

Vaya por delante el respeto máximo al grupo, a sus canciones, al molinillo del Dioni y a sus seguidores, pero no.

martes, 22 de mayo de 2018

Adoro viajar

He vuelto a Ohrid, en Macedonia. Esta vez como guía de un grupo de vecinos de mi pueblo. Me lo he pasado maravillosamente bien. He disfrutado infinito. He engordado (más, aaarrgghhhh esto es el fin de la juventudivinotesoro), he vuelto al bizantino, he aprendido un montón de cosas nuevas y he redescubierto que me encantísima enseñar. Y viajar. Y bailar. Y reírme.















miércoles, 11 de abril de 2018

un día feliz

Hoy está resultando un día de mierda.

Estaba comentándolo con mis compañeros de trabajo y de repente me ha venido a la cabeza una canción de La Unión de hace mil años que se llama como el título de esta entrada y viene a decir

Esto no es lo que se dice un día feliz
hoy el sol, el sol, no brillaba para mí
lo supe desde que comenzó
desde el momento en que puse un pie en el suelo

Y desde entonces estoy a tope de al-mal-tiempo-buena-cara, no-hay-mal-que-cien-años-dure y reír-por-no-llorar. También estoy a tope de cantar en bucle mi nueva canción favorita para los días de mierda.

... y pensando que si esto no remonta terminaré abril muy en modo Dancing in the dark, de Springsteen, que por cierto es una canción de canciones y me gusta tanto que os la cuelgo aquí por si no la tenéis muy a mano.


Y así es como se transforma un día de mierda en un día de mucho bailar. Qué grandísimo es Bruce.

Y es que la música es magia y definitivamente cantar y bailar hace que los días malos resulten más llevaderos.

martes, 10 de abril de 2018

SEND PARAGUAS @ Lucía - plaza del pueblo 1 28410 Manzanares El Real

Los paraguas me chiflan.

Cuando era pequeña deseaba los días de lluvia solo por coger -por fin- mi paraguas y caminar por la calle con él. Me encantaba verme en los escaparates. También me gustaban las katiuskas, y cuando me las ponía inevitablemente cantaba aquella de Enrique y Ana de las botas. De hecho, ha sido pensar en la palabra katiuska y ponerme a tararearla. Qué cosa, el cerebro. Me gustaban los paraguas de plástico, sobre todo aquellos con forma de iglú. Recuerdo hasta su olor, y el ruido que hacían al abrirse.

Cuando era jovencita los coleccionaba. Me encantaban los paraguas grandes, con mango de madera. Tenía muchos y muchos los compraba en otros países como recuerdos de viaje. Tenía muchos, pero casi siempre utilizaba el mismo. Uno grande, con una reproducción de un cuadro. Lo perdí. 

No llevo la cuenta de los paraguas que he perdido.

lunes, 2 de abril de 2018

Dejé de pronunciar tu nombre


Lo mismo no es un libro bueno, pero lo terminé hace unos días y sigo pensando en él. Sea bueno o no lo sea a mí me ha afectado de una u otra manera y ya es más de lo que puedo decir de muchas de las cosas que leo.

Lo he terminado y me he lanzado a internet (qué suerte para estas cosas) a ver vídeos, a investigar, a remontarme a los ochenta, a los setenta. 

Es la biografía novelada de una mujer admirable en muchos sentidos y sí, lo recomiendo. Si tenéis ocasión, haceos con estas muchas-historias-en-una. Historia de la España más reciente (bueno, más reciente más recieenteeee... hablamos de la transición), historia de un amor frustrado, historia de un viaje hacia dentro, historia del feminismo del bueno. Me ha interesado tanto que hasta he vuelto a leer un libro sobre la misma época y la misma mujer que leí hace ya unos cuantos años. Este segundo es de Manuel Vicent, se llama El azar de la mujer rubia y no recuerdo que me dejara esta cosa dentro de querer saber más. Ni lo hizo entonces ni lo ha hecho en esta segunda lectura (bastante diagonal, por otra parte).

Qué cosa, ¿verdad? cuando terminas un libro y te quedas vacío, como si le faltara algo a tus días. Y coges otro libro y no te sirve para rellenar el hueco que ha dejado el anterior. 

Hay libros que nos remueven algo por dentro.

Y la historia de Carmen Díez de Rivera que ha escrito Luis Herrero, en mi caso, lo ha hecho.

domingo, 18 de febrero de 2018

Qué cosas, ¿verdad?

Esta tarde estaba escuchando (y cantando y bailando, para qué evitar este espinoso asunto) Every breath you take, de The Police y me pregunta Claudia que por qué escucho una canción sobre un violador, que si no me parece lamentable y poco adecuado.

Pffff.

Esto, amigos, es la brecha generacional. Y no sé si me da pena o si me gusta, la verdad.

Yo nunca me había planteado esta canción como un ataque frontal hacia las mujeres y -a pesar de la maternidad responsable- tampoco lo hago ahora, pero si escuchas la letra con los oídos de una primera vez, hoy por hoy, es cierto que resulta o puede resultar algo inquietante.

Me da pena y me gusta, todo a la vez, os decía. Me da pena porque -jo- menuda forma de afrontar la vida, ¿no? ver el lado más oscuro de cada cosa, de cada canción, de cada mirada, de cada frase, de cada película. Interpretar todo en términos de me ataca o no me ataca. Yo nunca me he planteado que la letra de esta canción incitara al acoso hacia las mujeres o se refiriera a algo así. Siempre me pareció una canción de amor de lo más molona.  Y me gusta y me va a seguir gustando porque es una canción muy buena y Sting es muy majete.

Por otra parte, me gusta que Claudia identifique con tanta claridad las cosas que le molestan, las que no quiere para ella. Con esa perspectiva le resultará mucho más fácil discriminar ante cada elección.

Aquí os dejo el video de la canción, para que lo disfrutéis los de mi edad y para que lo critiquéis con criterio los que lo queráis entender como una ofensa.


Feliz semana a todos,

L.



jueves, 8 de febrero de 2018

hartolescencia

Todo llega.

La adolescencia de los hijos también.

Me repito como un mantra un cariñoso "Lucía, disfruta de esto, que luego pasa (porque todo pasa) y lo vas a echar de menos, como echas de menos ahora los pañales, los mofletes y los mocos"). Y lo intento, y a veces lo consigo, pero otras veces...

Otras veces me quiero ir a vivir a Senegal.

lunes, 5 de febrero de 2018

Lo nuestro con el inglés es genético

Desde ayer y durante toda una semana vive en nuestra casa Diana, una niña de Bucarest de 13 años que ha venido en un intercambio del colegio por un proyecto de Erasmus +. Estoy tan absolutamente sorprendida de lo perfectamente bien que habla en inglés que esta mañana lo he estado comentando en el trabajo y he llegado a la conclusión no de que en España tengamos un profundo problema de aprendizaje de este idioma por el método de enseñanza, que lo tenemos, sino de que definitivamente nos falta el gen.

lunes, 29 de enero de 2018

pffff

Un día tienes un plan y al siguiente la vida te recoloca sus prioridades y el plan pasa al cajón de cosas por hacer y ahora estoy sacando el que guardé en diciembre, a ver si por fin la cosa puede ponerse en marcha.

Creo que me estoy organizando bien y creo que la historia tiene posibilidades. También creo que tengo superganas de ir a la playa. Ya no ir, sino bañarme en el mar. O sea, que no me vale el invierno. Las playas de invierno son preciosas, también tengo que ir a Normandía, pero quiero bañarme.

Como no creo que tarde en ir a Almería para lo del plan de antes puede que (si tengo suerte y tiempo) pueda darme un chapuzón. Y mato dos pájaros de un tiro. Seguir con lo que me ilusiona y el mar.

Y así voy pasando los días. Así y yendo al cine. He visto Los papeles del Pentágono y la verdad es que no me ha entusiasmado. Hay pocas pelis que me entusiasmen. Y pocos libros también.

domingo, 21 de enero de 2018

Todo llega...

... y todo pasa.

Y esta semana que empieza no va a ser, afortunadamente, una excepción. Solo quiero que llegue el domingo y, después, la primavera.

Pero hablando de otras cosas (mucho mejor) el viernes me pasó algo preciosísimo. Estaba en casa de mis padres, con una gran algarabía de sobris alrededor y de repente  se me acercó el más pequeño (un año), me tiró de los pantalones, le cogí, me abrazó, apoyó su cabecita en mi cuello y me inundó de la ternura más infinita del mundo.

Ojalá cada día nos pasaran cosas tan maravillosas, dulces y amorosas como esta.

lunes, 8 de enero de 2018

así nos va

La tarde del 5 de enero me dejó dos situaciones laborales lamentables que me han dado que pensar.

Tampoco mucho, no creáis, porque mis conclusiones sobre la idiotez humana siguen siendo las mismas que antes: no solo existe, sino que abunda.

Perla 1 

La previsión meteorológica obliga a suspender la cabalgata en mi pueblo y a modificar el programa de la tarde, de forma que SS.MM los Reyes Magos visitan la iglesia, donde hay un acto de adoración al niño Jesús, y desde allí se dirigen a un recinto cerrado en el que pueden ver a todos los niños y, además, les dan un pequeño obsequio. Lo de todos los años, vamos, pero al mal tiempo buena cara y en vez de pasear nos refugiamos en el polideportivo.