viernes, 2 de junio de 2017

Esta semana

Esta semana la empecé en Italia, aunque el aterrizaje forzoso en Manza y eso de la relatividad del tiempo fuercen la sensación de haberlo hecho hace dos vidas.

Esta semana no dejo de hablar en inglés, que es una cosa que hago poquísimo para lo que me encantísima.

Esta semana tengo una tortuga en casa que Claudia salvó la pasada de una calle muy transitada de coches.

Esta semana he escrito un poema espectacular. Está mal que lo diga, pero lo es.

Esta semana he vuelto a dejar ko a mis alumnos de yoga. Sobre todo a los de la clase del miércoles. Tengo el superpoder de dormir a la gente, y no me refiero a cuando sufren mis ataques de loquísima verborrea, que también.

Esta semana he terminado un libro que me ha gustado y he encontrado que un autor que me gusta millones ha editado un nuevo libro. Con las ansias lo compré en el ebook y ahora me arrepiento. Es el primero de él que no tengo en papel, y me da pena.

Esta semana he ido al campito, que es la casa de mi infancia. Me llamó mi tía el miércoles con su eh, que aquí estoy y me faltó tiempo para salir pitando y pasar con ella una tarde fenomenal. Es difícil explicarlo. El campito es casa. Esta tarde más.

Esta semana, hace 100 años, nació Kennedy. Y en este año de devoción kennediana que me gasto lo celebré por todo lo alto con libros, podcasts y la pulsera que llevo en la que pone aquello de "History, after all, is the memory of a nation".

Esta semana he reflexionado mucho sobre la adolescencia. Con hijos teen es un tema que me inquieta bastante. Y no por lo obvio, sino por esa rarísima sensación que me produce el que empiecen a andar su propio camino.

Esta semana también celebré el cumple de Walt Whitman. Adoradísimo Walt. Sus hojas de hierba son oxígeno del bueno para el cerebro.

Esta semana aún no ha acabado.

...

Todavía pueden pasar un buen millón de cosas buenas.

L.

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