martes, 25 de abril de 2017

storm lover

Ayer volviendo a casa en coche, conduciendo, y esta mañana con una taza de té bien caliente entre las manos.

He tenido la suerte de que las dos últimas tormentas me hayan sorprendido en disposición de disfrutarlas con toda la intensidad del mundo.

En los dos casos el día se oscureció y la lluvia cayó como un torrente, ensordecedora y densa.

Ahora disfruto, con la ventana abierta, del olor de después y del pensamiento de que aún pueda seguir lloviendo. Con suerte, volveré a disfrutar de la lluvia en casa, a resguardo, con el libro de hoy entre las manos.


viernes, 21 de abril de 2017

boredom

Llevo una temporadita de aburrimientos infinitos. Todo me aburre, todo me cansa, todo me produce una pereza formidable. Echar culpas a la primavera me parece injustísimo, porque la primavera no tiene la culpa -por ejemplo- de que solo se editen pedorreces. Porque oye, menuda pereza lo de ir de librerías. Hace unos años quieras o no al final acababa comprando algo, ahora me conformo con hacer una foto a cualquier portada molona y al llegar a casa-si no me sepultan toneladas de aburrimiento- a lo mejor hago el esfuerzo de buscar el libro correspondiente y comprar su versión digital para empezar a leerlo y efectivamente: caca. Tengo la misión vital de terminar todo lo que empiezo y esta visión tan rígidomental es la que consigue que amontone historias y lecturas en la cada vez más tambaleante (en sentido figurado, of course, toda vez que superúso el libro digital) pila de libros que tengo ahí, a medio terminar. Con estos libros que nos rodean en esta época tan literariamente pfffff me da tanta pereza sentarme a leer que al final acabo encendiendo la tele y quedándome dormida delante de cualquier serie de asesinos eslovenos. Y vuelta a empezar. Vivo en un bucle raruno del que de vez en cuando salgo para ir -no sé- a Navarra, a disfrutar de la lluvia y del fresquete. Sí, puedo decir que padezco aburrimiento con estornudos de buenos momentos. Y en esta especie de sauna en la que vivo -todo tan lento, tan caracol- aparecen destellos de ganas. Si soy rápida, salto alto y los cojo al vuelo me ocurren cosas tan fascinantes como aprender a bailar sevillanas. Porque ¿cómo ha sido llegar a los cuarenta y tres sin sevillanear? Imposible. Si no se me hace tarde aún puedo colocarme un vestido de lunares y una flor en la cabeza. Otra cosa que he notado que me paraliza bastante es lo del teléfono. Tener cualquier información al alcance de la mano consigue que no tenga que levantarme en horas. Todo el entretenimiento del mundo en un aparatito portable divino. Otra cosa que tengo que hacer antes de los cuarenta y tres es desembarazarme de este artefacto tan también pedorrísimo. Pensando con un guiño, si me dedico a bailar sevillanas tendré que abandonar el móvil en la mochila. O sea, que el mírala cara a cara que es la primera va a ser -además de algo divertidísimo- un grandísimo punto de inflexión. Otra cosa que me salva es la escultura. ¿Habéis oído hablar de Louise Bourgeois? Pues yo de mayor quiero ser Louise Bourgeois. Y bailar sevillanas. Y leer -por Dios- algo decente.

martes, 18 de abril de 2017

silencio

Hace unos días uno de mis alumnos nos contó que había probado a beber un vaso de agua con toda la atención puesta en esa acción.

Estaba alucinado con la sensaciones que le produjo este acto tan sencillo. Sentir el vaso en los labios, el frescor del agua en la boca, percibir cómo pasaba por la garganta y bajaba por el cuello.

Hacemos todo de una forma tan automática que cuando nos tomamos unos segundos para apreciar lo que estamos viviendo nos sorprendemos bastante con lo que sentimos.

A mí me encanta lavarme los dientes con atención en lo que hago. Desde hace ya un tiempo (salvo en situaciones de prisa extrema o preocupaciones máximas) suelo aprovechar esta tontería de cepillarme los dientes para sentarme y concentrarme plenamente en lo que hago. Y lo hago porque un día lo hice y me encantó. Es un verdadero masaje y me relaja millones.

Y pensaba en todo esto porque hace un rato me he descubierto atenta a los sonidos que entran por la ventana. Estaba escribiendo, he parado, he apoyado la barbilla sobre la mano izquierda y me he dado cuenta de las golondrinas de fuera, de las voces, de los coches, de todas las cosas que están sucediendo a mi alrededor mientras escribo en ¿silencio?

El silencio no existe, como tampoco existe el tiempo.
Huyendo del sonido
eres sonido mismo,
espectro de armonía,
humo de grito y canto.

(Lorca)  

Huyendo del sonido eres sonido mismo.