miércoles, 1 de marzo de 2017

peso pesado

Yo nunca me peso.

Sé que he engordado porque me veo en las fotos y no me reconozco. También lo noto cuando intento ponerme una falda de no hace tanto y mira, no. Sin embargo -salvo en las fotos, que de verdad son el horror- no me siento especialmente mal cuando me miro en el espejo. Y lo de la ropa... como habitualmente voy de trol, pues tampoco lo sufro mucho, la verdad.

Antes de los hijos estuve especialmente delgada y también lo estuve antes de separarme. El engordamiento ha sucedido en los últimos años y -no voy a echar balones fuera porque como mucho de lo que no debería comer vengavaleya- todo empezó antes de operarme. Me pusieron un tratamiento hormonal por la derecha y otro emocional por la izquierda que me hincharon lo mismito que un globo sonda.

Me convertí en una bola de mí misma. Y hasta hoy.

Todo iba más o menos bien hasta que llegué a USA y -oh oh- en el baño había una báscula. Y no es que la hubiera, queridos, es que me hice adicta a ella. Después de cuarenta y casi tres años sin pesarme, tengo una adicción paradójica a la báscula y al chocolate. Como lo leéis.

Resulta que cogí el gusto a pesarme a cualquier hora y de cualquier manera. Me molaba comprobar las oscilaciones de mi peso con tremendísima atención, hacía pruebas (ir al gimnasio) y experimentos varios y en una competición inhabitual contra mí misma conseguí adelgazar casi 7 kilacos. Por supuesto ya los debo haber recuperado. Como dije antes lo supongo por la ropa, por las fotos y porque uttanasana cuesta más.

Desde que me enamoré de la báscula del baño de mi hermana disfruto con la idea de hacerme con una propia. Llamadme Gollum. Y no solo disfruto de la idea, sino del montón de cosas que tendría que decidir si me hiciera con una.  ¿Dónde la puedo poner (sí, ya, en el baño, pero en qué zona del suelo? ¿A qué hora fijaría el momento de la verdad? ¿Me hago un excel de kilos o mejor no me vuelvo tan loca? ¿Si la decoro con pegatinas de corazones pesará igual que sin ellas? ¿La comparto con mis pins? ¿La compro divina o empiezo por algo cero sofisticado?

Disfruto tanto que me acabo de mercar una "para ir empezando". Si os digo la verdad, cuando me tiré de cabeza al mar de las básculas me agobié un poco. Ni os imagináis la cantidad de cosas que una báscula puede hacer por vosotros. Casi, casi que hasta una compra sanísima y supervitaminada. Pfffff, de momento me he decantado por una facilita, que te pesa y ya. Y ahora ando como/no como/mejor como-y-ya-lo-dejo-cuando-vuelva-al-mundo-de-la-alta-competición. Al haberla comprado por internet aún tengo unos días de felicidad bollicao. Que también te digo que en USA no dejé de comer. Pero a lo mejor con la tontería de controlar mi peso sí que pensaba más en lo que comía y en el ejercicio que hacía.

No prometo nada, pero con la fruslería esta de la báscula que estreno en breve voy a intentar volver a 2010.

Por lo demás, bien, supertriste y tal (sin motivo, no me preguntéis por qué) y con ganas de que lleguen la báscula y el verano.

Mil sonrisas,

Lucía.




1 comentario:

Arantxa Alvarez-Ossorio dijo...

Me parto con todos tus posts, de verdad, es genial como cuentas la pura realidad...Y por eso voy a decir que no estoy en nada de acuerdo con las básculas. Yo tengo una que me regaló mi hermana hace unos 10 años, y está ahí rota en el cajón. ¿Mi báscula? Fácil, cómo me veo con mi ropa. Y por ello admito que me quede más estrecha o más suelta. Mientras no me quede pequeña o grande, me mantengo, y así pienso seguir. Ni quiero engordar, ni quiero adelgazar...