domingo, 14 de febrero de 2016

ser PAS

Hace un par de meses descubrí por casualidad una etiqueta que desconocía, la de las PAS (personas altamente sensibles). Y el shock tremendo fue descubrir que soy etiquetable como PAS.

Soy una PAS.

Las personas con este rasgo de la personalidad tenemos una percepción sensorial extraordinaria, esto quiere decir que somos extremadamente sensibles a los estímulos que percibimos por los sentidos. Nos molestan mucho las luces fuertes (solemos ser felices en penumbra), los ruidos, el contacto físico, las aglomeraciones (incluso nos llega a molestar el roce de la ropa en muchos casos). Tenemos una percepción olfativa superior y qué me falta, el gusto, no apreciamos especialmente los sabores fuertes, como el picante, porque lo percibimos con mucha más intensidad que una no pas. Algo que para una persona no pas tiene un sabor picante moderado a mí me resulta insoportable. Esto así, en plan ejemplo, para que os hagáis una idea.

Además de esta percepción sensorial, también somos muy sensibles desde el punto de vista emocional. Vivimos cada cosa con una intensidad mucho más profunda que una persona sin este rasgo.

Así visto, parece una chulada ser PAS pero en realidad es algo muy complicado de gestionar. Es un don, pero también limita la vida una barbaridad. Normalmente se nos cataloga de raros, de especialitos, y las relaciones sociales son o pueden llegar a ser auténticos infiernos.

Darme cuenta de que por fin tenía mi etiqueta fue muy liberador y durante unos días no pude pensar en otra cosa. En un momento entendí toda mi vida. Mi relación con mi familia, los años de colegio, la necesidad que tengo de estar sola, los ataques de ansiedad en los atascos, las reacciones desmedidas a hechos que el resto de personas catalogan de absurdos o normales, la emoción ante una obra de arte, las sensaciones maravillosas y no "entendibles" para el resto que me llenan cuando estoy en contacto con la naturaleza, ser introvertida, hablar tan bajito, la necesidad de evitar cualquier tipo de conflicto... Tantas cosas en tan poco tiempo que aún ando alucinando con todo esto.

Ser PAS (sobre todo cuando no sabes que lo eres) es duro porque nunca encajas. Sientes que nadie te entiende y según pasan los años y vas viendo que nada cambia empiezas a sospechar que o eres un problema o no perteneces a este mundo. Te esfuerzas en hacer lo mismo que las personas que te rodean, pero te cuesta la vida misma.

El espanto horrible de recibir un mensaje tipo "¿Quedamos esta tarde todos en el bar X?" y  pensar pffffff con lo bien que estoy en casa y salir al final y estar en un local en el que te sientes permanentemente agredido por las voces, las luces, el ruido, los portazos, las risotadas, el olor a frito, el calor... Y siempre esa constante alternativa: quedarme en casa tranquila o salir a una ansiedad garantizada (porque creedme, una PAS no disfruta nada en sitios así). Y tú te quedarías en casa, pero sabes que si te quedas poco a poco te irás aislando y somos seres sociales y al final (no siempre, por supuesto, al menos en mi caso) gana la presión social.

Digo que en mi caso no puede porque yo tiendo a salir más bien poco, al menos en estos planes tan machacantes. ¿Qué ocurre? Que soy la rara y poco a poco voy dejando de existir para esas personas que no me entienden y encima viven en mis antípodas.

Una vez que descubres que lo te pasa tiene una explicación te sientes mejor. Puedes ponerle nombre y aunque sea bromeando, explicar a las personas que te rodean lo que te pasa.

Yo me he encontrado con aceptación, curiosidad, pero también con personas que desprecian "todas estas tonterías" o con otras que te dicen que eso le pasa a todo el mundo.

Hay muchas cosas relativas a este nuevo planeta que he colonizado sobre las que podría escribir, pero no me voy a entretener mucho más. No sé ni por dónde seguir escribiendo todas estas cosas que tengo en la cabeza, así que voy a terminar contando que hoy he tenido la suerte de participar en una reunión con otras personas que tienen esta misma condición y ha sido muy, muy agradable.

Primero, porque como bien ha señalado una de las asistentes, la reunión ha sido muy amable, muy delicado todo. Éramos un montón de personas tomando infusiones y cafés y no se oía ni una cucharilla removiendo el azúcar. Hablábamos (bueno, hablaban) todos en un tono de voz muy agradable, con mucha armonía. Sin estridencias. Por cierto, tener la tranquilidad de no estar obligada a decir algo (ay, esas reuniones en las que siempre se esperan aportaciones de todos y si no lo haces te miran con pena) es muy reconfortante. Ha sido un ratito, de verdad, genial.

Además, verme reflejada en tantas cosas, escuchar cómo se las ingenian otras personas para vivir este don (yo soy de la opinión de que es un don) con la mayor tranquilidad posible o enterarme de sus truquillos como ese de hacer pactos con uno mismo (venga bah, salgo, pero en dos horas me vuelvo a casa) ha sido una gran experiencia.

El punto de partida era cómo gestionamos la navidad (yo mal, por supuesto, qué fechas tan angustiosas) y desde ahí dos horas de intercambio de opiniones sobre nuestras relaciones con otras personas.

Espero poder seguir compartiendo ratitos tan agradables e inspiradores y espero también que ponerme esta etiqueta me sirva para empezar a disfrutar más de todo y sobre todo de mí.

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