miércoles, 13 de enero de 2016

entre tornillos

Cambiar la ubicación de los muebles del salón ha generado discretos efectos colaterales con forma de tarde en ikea y noche de atornillar maderitas.

Esta mañana no podía mover los brazos. Desde las palmas de las manos hasta los hombros sentía un dolor tan sordo, interno, indeterminado y morrocotudo que no me ha quedado otra que acudir, con el desayuno, al ibuprofeno.

A pesar de los dolores, estoy contenta. Me he desecho de cosas que no me apetecían, mi cocina ha dado un cambio inesperado que me río yo del mío (pelo) y ahora tengo en el salón (i) un rincón "laboral" perfecto y (ii) unas tardes maravillosas mirando por las ventanas mientras ellos hacen deberes y -qué demonios- yo también.

Me encantísiman todos estos cambios. Tengo muchas ganas de estar en la cocina y en el salón, de cocinar y de estudiar, de escribir, de ayudar a mis pins con sus deberes. Que no es que antes no lo hiciera, pero ahora mola más.

Lo mismo instauro un cambio anual de mobiliario.
Lo mismo no tanto.

Que todo esto tan molón de llegar a casa hoy no tiene nada que ver con la noche de ayer. Todos los embalajes, las maderas, las crisis, las tiradas de toalla, los "es la última vez que me monto los muebles", las remiradas incrédulas al reloj (no puede ser que sean ya las 23:38h), las ganas de llorar, las de reír con histeria, el calorazo, ese momento ya cerca de las dos (sí, las dos) en el que -con el sueño tan pasado- terminé montando una cadena de luces y colocándola por los techos medio subida en sillas, a ver si me voy a caer con rotura y a quién llamo para que me levante a estas horas.

Pero nada, NADA de esto es comparable con la desesperación de dejar mi propia cadena de montaje a medias porque los ikeos olvidaron incluir en uno de los paquetes una pata de una silla y metieron en otro los tornillos que no eran. Se te queda una cara regular cuando te pasan cosas de esas, además de que se disparan los niveles de furia en sangre, of course. Como ahora tenemos eso de twitter se me ocurrió enviarles un mensajillo educadísimo para lo que les habría puesto de no ser educadísima. Me contestaron muy majetes y lo típico, que si quieres arroz. Mañana vuelvo a hacer los cambios. Eso sí, me han pedido disculpas y como estrategia de venta no está nada mal -pienso mal y acierto fijo- seguro que ya que voy veo algo que necesito muchísimo.

Hoy toca tarde de disfrutar de mi nuevos espacios. Lo de mañana, ya mañana.

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