viernes, 16 de diciembre de 2016

un montón de cosas nuevas

Después de una semana de infarto en Madrid y de un día largo de viaje nos acostamos en Pearland, nuestro destino final para acabar este año. El comienzo del viaje se ha empañadísimo por la muerte más o menos inesperada de la bisa, mi abuelilla. Muy raruno todo estando tan lejos. 

Personalmente me ha costado mucho recuperarme del viaje y los primeros días estuve un pocomucho zombie y tristilla, pero cada día la cosa va mejorando y hoy puedo decir que estoy a pleno rendimiento para lo que queda por venir.

martes, 22 de noviembre de 2016

y sin embargo...

... oye, si hay que hacer el payaso para animar a un amigo en horas bajas, se hace. Que hay que hacerlo con unas empanadillas por medio... tan bien.

Llegué anoche a casa retorcida y derrotada. Cero glam. ¿Ganas de hacerme una cenita rica? No. Arrastrada de pies hasta la nevera mmm qué tenemos por aquí mmm empanadillas y croquetas vegetarianas mmm esto me vale mmm enciendo el horno y adentro mmm arrastrada de pies hacia la ducha, limpiaditas, pijama, batakurt (me he hecho con una superauténtica, un día pongo una foto), calcetines gordos que hace frío y vuelta de pies arrastrados a la cocina. Pffff mirada interna al horno y pffff qué pereza todo, de verdad.

Mensajito de móvil de amigo con día amargo y espera que te voy a contar lo de mis empanadillas tristes y hacemos una competición de días malos. Una cosa llevó a la otra y ostras ¿eso que veo es una sacada de lengua? Tú mucho blablablá y lo que quieras, pero mi cena me está sacando la lengua. Y así empezamos la escalada del humor. Absurda, como todas estas cosas, que terminó con un lunes menos malo con la tontería de la cena.

Y no sé si será por la tontería de ponerle cara a la cena o por otra cosamariposa, el caso es que hoy he pasado un día de un humor más aceptable, con sus áreas de mar gruesa y tal, pero más pichi. Así que por este flanco, bien.

Y por el resto en realidad también, qué demonios. La mala leche se irá discreta, como ha venido, y en cuanto pueda, el mar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

llamadme sophie

Es muy poco yogui o de un yogui fatal encauzado -lo sé y no me hace sentir mejor- pero no puedo evitar el mal humor sideral de los últimos días. Ni idea de por qué me siento así, con estas ansias aniquiladorísimas y tan destroyers.

No me ha pasado nada que justifique estas ganas de insultar y de gritar. Al menos, nada de lo que sea consciente. Puede que barrunte inestabilidades venideras o que me esté angustiando este diciembre diferente que ya llega.

Puede que no me dedique tiempo suficiente (la verdad es que hace meses que vivo en una carrera de cien metros lisos que no acaba nunca, jajaja llamadme Carl, que Usain es más de la edad de mis hijos o así) o que me lo dedique mal. Puede que el frío no me haga sentir ideal o que los madrugonesfaltadesueño estén haciendo de las suyas. Puede que no tenga en alta consideración a buena parte del mundo que me rodea (esto es fatal escribirlo, pero es que ando en modo todosmecaéisremal) o puede -puede ser- que me esté convirtiendo en una bruja gruñona y malhumorada. Eso me resuena más, ¿veis? Estoy metamorfoseando de hada acaramelada a bruja malhumorada. Me estoy convirtiendo en una viejecilla gruñona de esas que van exigiendo con muuuuuuy malos modos su asiento en el autobús.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

things to think about

He visto que este fin de semana se inaugura en Madrid una exposición sobre el Lanzarote de Saramago y ahora tengo dos necesidades que cubrir: visitar la expo y volver a Lanzarote.

Lo de la expo es facilito, el sábado me la pido. Teníamos ya el plan de pasar el día en la capi, así que solo hay que incluir la plaza de Santa Ana en el recorrido. En cuanto a lo de Lanzarote, puede que me lo regale en febrero o en marzo, que ahora tengo por delante la superexcursión americana y eso es un plan que no permite -físicamente- alternativas canarionas.

Ando con la ilusión infinita de Nueva Orleans, con ganas de Dallas y con la certeza de San Antonio y El Álamo. Cosas y experiencias que iré contando, of course, pero mientras llegan y no llegan me quedo con estos paseínes de otoño en Madrid, con Saramago y con la posibilidad futura de un fin de semana en Lanzarote.

Este amanecer pensaba que el cielo en Madrid es único. Los atardeceres de otoño espectaculares. Los colores. Las ganas de pasear.

A pesar de tooooodos los pesares (que los hay) Madrid es una ciudad maravillosa y el otoño la estación más bonita (y agradable... el verano es el horror) para pasearla.



sábado, 12 de noviembre de 2016

vaya

Tenía el plan de una entrada 500 special edition, pero las ideas, como la vida, van dando vueltas y más vueltas y la actualidad de un planeta sin Leonard Cohen va y hace que la 500 (se dice pronto: 500) se la dedique a él. Y eso que con lo del nobel a Dylan había pensado hacerlo hace unos días, en plan para nobel musical el candidato bueno es Cohen, peeeero no lo hice. Así, entre nosotros, no he seguido nunca a Dylan (y no creo que empiece a hacerlo ahora, la verdad) y ahí se abre un conocimiento-cero que me impide opinar con base y tal, pero a priori pfffff Dylan no le llegaba a Cohen como escritor ni a la altura del dedo gordo del pie. Ni como intérprete. Pero vamos, esto es puro fenómeno fan: irracional.

He leído estos días una anécdota de los dos hablando sobre sus composiciones. Parece ser que Dylan le preguntó sobre el tiempo que había tardado en componer "Hallelujah" y Cohen contestó que dos años (aunque, según podéis ver, en realidad le llevó cinco). Luego Leonard le preguntó a Bob cuánto había tardado en escribir un tema que a él le gustaba - "I and I" (ni idea)- y Dylan le contestó que unos 15 minutos. Ahí lo dejo, con un suspiro ñoño y un frustrante así nos va.

Personalmente -perdonadme la expresión- me flipa I'm your man. Entero. De arriba a abajo. De fuera hacia dentro. Cualquiera de sus temas y cualquiera de sus versiones. Podría pasarme la vida escuchándolo y cantando y bailando el vals. Y si ya voy conduciendo en plan largo... este disco es la felicidad. No tiene ni medio desperdicio.

domingo, 6 de noviembre de 2016

padres e hijos

Leo con estupor que los padres de la niña de 12 años que ha fallecido esta semana en Madrid, como consecuencia de una intoxicación etílica, se están planteando demandar al ayuntamiento del pueblo en cuestión por su responsabilidad en lo sucedido.

Ayer, a las cinco de la tarde, en el aparcamiento del supermercado de Manza había un grupo bien nutrido de niñas más pequeñas que C (menores de 15 años) bebiendo, fumando (porros, por el olor que flotaba en el ambiente) y haciendo cosas tan lamentables como carreras beodas de carros. El aspecto de las niñas era penoso.

Inevitablemente pensé en sus padres. ¿Qué pensarán de estas conductas?, ¿se imaginarán que esa es la forma en la que sus hijas pasan la tarde del sábado?, ¿lo sabrán?, ¿lo aceptarán? Lo mismo hasta les mola. Y no lo digo por decir. Conozco situaciones por las que han pasado amigos de mis hijos y conozco las reacciones de sus padres y no las entiendo, de verdad que no las entiendo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

on Nov 4th

Aunque el tiempo pasa tan rápido que parpadeo y casi es lunes, lo cierto es que tengo por delante un fin de semana en blanco, de nada. Cero planes, previsión de lluvia, felicidad de hijos en casa... Cosas de esas simples que me disfrazan de felizienta.

Vale que hay un par de cosillas discordantes -como el rato laboral de esta tarde- pero pienso regalar a este mal tiempo mi mejor cara y transformar el rollo potencial en un rato de sonrisas y, si puedo, de lectura.

Esta mañana he deambulado por primera vez por un nuevo rincón de manza, muy lleno de posibilidades y de historias, también de historias, sobre todo de historias.

Lo había visto -imaginad- millones de veces, pero ha sido hoy que se me ha abierto la puerta y, jo, no sé si será la lluvia o qué, pero me he enamoradísimo del espacio y de los colores del otoño, que se maridan tan bien con la piedra gris y el ladrillo ocre.

Si me leyera mi hermano me reprocharía el cursilismo máximo este que me supercontamina hoy, pero como no creo que lo haga y si lo hace me da igual, me despido a lo grande con uno de los mejores (y más preciosísimo) versos de la historia de la literatura, justo el que me habría gustado descubrir a mí. Es el comienzo de un poema impresionante que se titula Lluvia y se me antoja perfecto para inaugurar este noviembre que -entre nosotros- ha empezado tan rematadamente bien. Y es que...

La lluvia tiene un vago secreto de ternura

martes, 1 de noviembre de 2016

a falta de mar...

... me sirve un buen paseo por el monte.
 
Dicho, hecho y disfrutado. Afortunadamente, lo bastante pronto como para hacer la cobra (me vais a perdonar, pero me ha salido sola la expresión, se ve que soy una system victim) a los dominguers que se multiplican como hongos por el campo durante las mañanas festivas de sol.

Y en serio que no me siento nada mal escribiendo esto -que solo describe la realidad- toda vez que las restricciones de acceso a Madrid para los pintorescos pueblerinos parecen no importar a nadie. La cosa, por ir abreviando y no meterme en camisas feas, es que qué poco tendemos a aprovechar nuestro entorno y qué bien sientan paseos fugaces, como el de hoy, de mucho mirar a lo lejos que es algo que me decía mi padre que hiciera cuando estudiaba. Sal y buscar un lugar con el horizonte bien lejos. Nos vale el mar y nos vale, sin duda, la montaña de Madrid. Y no me digáis blablablás de los dominguers, que vale que todos los somos pero es que me dan tanta rabia con sus tacones y los palitos de andar...

De todas formas, reconozco que es fobia personal y tampoco voy poniendo malas caras. De hecho, he sido bastante feliz durante el paseo. Hacía una mañana preciosa, luminosa y fresquita y solo este rato podría haber hecho que hoy merezca la pena.

Claro, que además del paseo he pasado el día con mis pins y eso -queridos lectores- sí que hace que todo merezca la pena.

Está C en el proceso literarioestudiantil de memorizar rimas de Bécquer y me han salido solas, oyes. Que yo era más de Machado y Lorca, pero las cosas que se aprenden con determinada edad vuelven y vuelven. Hoy me he acordado de GK, un compi del cole que falleció fffff va a hacer un año. De repente me ha venido  su imagen a la cabeza recitando todo serio "yo soy ardiente, yo soy morena / yo soy el símbolo de la pasión (...)" y me ha hecho sonreír. Una sonrisa nostálgica y un poco tristilla que me he sacudido intentando confirmarle a C si era de Bécquer o no, que yo creía que sí pero 30 años después... -ay, madre- 30 años después. 

(lo era).

jueves, 27 de octubre de 2016

hoy ando de musiquitas

Andaba yo esta mañana -no me preguntéis por qué- rumiando lo del nobel a Bob Dylan y he dado un salto mental a los cantamúsicos que me gustan y tal. De Bob Dylan conozco lo mínimo. Nunca le he seguido ni me ha interesado. A lo mejor me estoy perdiendo algo fantasticoso. No lo sé. Tampoco me da pena, la verdad. En cualquier caso, aún estoy a tiempo de ponerme al día o algo. Aunque supongo que si no lo he hecho en 42 años no voy a entusiasmarme ahora con él.

De Dylan, como decía, he caramboleado hacia Van Morrison, Leonard Cohen, Bruce Springsteen, Nick Cave, Freddie Mercury, Frank Sinatra o Joe Strummer por poner algunos nombres de personas que sí me han llegado a transmitir emociones chulas.

He advertido que en mi lista hay más hombres que mujeres (cuento con PJ Harvey, Billie Holiday y poco más), más inglés que castellano y más solistas que grupos (resulta curioso que -sin embargo- cuando hay grupos son más en castellano que en inglés).

Y todo esto mientras la kettle calentaba el agua para el té. Luego ya me he liado con el libro que tengo entre manos (que se me está haciendo bola porque maltratan a un niño y mi sensibilidad no puede con ello pero es un regalo y ya tal) y con el resto del día y ha sido ahora, que he decidido emocionar un poco la jornada con algo de música, que he vuelto a mis cantamúsicos y me voy a decantar por el mejor de todos ellos, el inigualable y maravilloso

...

Cuánta felicidad.

martes, 25 de octubre de 2016

el regalo

Debió ser más o menos cuando cumplí 20 años. 

Mi tía Mamen me regaló una ¿estola? ¿capa? negra, ribeteada en piel (espero que sintética). En aquel entonces el regalo me dejó bastante patidifusa. No me imaginaba yo saliendo por ahí (y eso que mis saliditas no eran nada discotequeras) con la capaestola vuelta sobre el cuello.

Tan patifidusa me dejó que no había vuelto a verla hasta anoche. Y es que la semana pasada me trajo C de su otra casa una bolsa con cosas mías que había aparecido, supongo, en alguna maleta vieja del garaje. Ayer por fin tuve el rato para abrirla y ver su (mi) contenido.

En la bolsa reconocí pertenencias mías antiquísimas y requeteusadas en vidas anteriores y esta capaestola que, de pronto, me pareció divina. Qué digo divina, divinísima.

domingo, 23 de octubre de 2016

the quite man


No me preguntéis por qué, que no lo sé, pero hoy me he levantado con el romanticismo en niveles siderales y ahora siento unas ganas inmensas de ver el hombre tranquilo. Es probable que después de comer -si el libro al que me estoy enganchando no me lo impide- me meta en la cama con el ipad, las gafas, un té y la lluvia de fuera y dedique mi siesta a John y Maureen.
Luego voy al cine con los pins, pero eso ya será otra historia.

Me encantan los domingos domingos.

Y la lluvia.

Y el romanticismo este de hoy.

L.

lunes, 17 de octubre de 2016

todo llega...

... hasta el mar.

Si tuviera oportunidad colocaría aquí unas manitas aplaudiendo muy fuerte porque sí, sí, sí este fin de semana me he dado un bañito en la concha.

El viajecín del fin de semana que acabamos de pasar era -por fin- ocioso. Un grupo de amigos (ocho, nada menos) hemos ido a pasar el fin de semana a San Sebastián. Aunque el objetivo era gastroenológico, no he dejado la oportunidad de plantar mis pies en la arena y -aprovechando la alegría del sol de otoño- darme un chapuzón (cabeza included) que hubiera sido más largo si una ola no hubiera alcanzado mis solitarias pertenencias.

Como lo leéis, de los ocho viajantes fui la única en pisar la playa.

He disfrutado mogollón. Primero de la lluvia que (por fin, bendita lluvia) nos acompañó durante gran parte del camino de ida. Segundo de mis compañeros de viaje. Nos hemos reído mucho y hemos superjugado a Martin dice, un juego de dados que me tengo que comprar pero que ya. Tercero, del cumplido objetivo gastroenológico de antes. Qué riquísimo todo, madre. Cuarto, pero no por último menos importante, del paseo por la playa y el bañito en el mar. Tampoco estuvo ni mal la pasadita a Francia, que saldé con queso y mermelada para llegar al invierno sin problemas de abastecimiento.

Pero a lo que voy, ¿Cómo me puede gustar tantísimo el mar?

Cada mar que veo tengo más claro que tengo que hacerme el regalo de trasladarme a vivir a algún pueblito costero.

Pero de eso ya hablaremos otro día. De momento corto y cierro, que tengo que prepararme para la clase de dentro de una rato.

Agur.

L.

martes, 11 de octubre de 2016

algunas cosas buenas

He pasado el fin de semana en Alicante. Exactamente entre Cocentaina y Muro de Alcoi. He viajado hasta allí por motivos laborales y aunque la idea de un viaje ajeno siempre parece estimulante, en este caso llegué  a casa el domingo por la noche muy cansada y muy, muy, muy (el domingo) triste por haber estado a quince minutos del mar y no haber tenido tiempo ni para acercarme a verlo. Afortunadamente, esto es algo (ver el mar y si puedo -ay- bañarme) que solucionaré no tardando mucho.

El regreso, ya digo, fue cansado y la entrada en la semana bastante angustiosa. Un lunes laboral de 9:00h a 22:00h no es la mejor perspectiva cuando el fin de semana no se ha descansado nada, así que el despertar de hoy -que es lo que vengo a contar- ha resultado superideal, oyes.

He abierto los ojos a las 7:30h y me he quedado un ratito en la cama, leyendo. Más tarde he desayunado en modo domingo: té, tostadas, libro y concierto 21 de Mozart. El ratito del desayuno ha sido maravilloso. Qué paz. La luz del sol, que con cada minuto entraba con más ganas, y sus colores alegrando mi salón, el calorcito del té en la mano derecha y el ritmo mozartiano jugando con la izquierda, el libro que me está gustando, Miau y sus ronroneos...

Estaba ahí, con todas estas cosas, sin darme cuenta, y de repente -zas- he sido consciente de todo y me he sentido muy, muy, muy (ahora) afortunada. Y, también, he pensado que me apetecía escribir sobre ello, para que no se me olvide que todos lo días pasan cosas buenas.

domingo, 2 de octubre de 2016

Roma


Así, entre nosotros, el Tíber no es el río de mis sueños, pero lo acepto porque se desliza por Roma y Roma, ay, Roma, es una ciudad maravillosa, mágica, espectacular, monumental, magnífica, espiritual, barroca, escultural. Roma es querer quedarme a vivir allí.

A mi madre le hace gracia que cuando vuelvo de muchos viajes termino de contar mi experiencia con un enormísimo "viviría allí". Y lo digo siempre en serio, es cierto, viviría en taaaantos lugares... en tantostantos que habitualmente estar estancada en Manza me desasosiega millones. Pero este no es el tema, sweeties. El tema de hoy es Roma donde, evidentísimamente, viviría (jajaja, Tíber included).

Mi primera sensación (bueno, la segunda, la primera fue llorar al ver el coliseo por primera vez) fue darme cuenta de que no hay palabras que me sirvan para definir esta ciudad. He estado en muchos sitios, algunos espectaculares, y nunca he tenido esta sensación de quedarme sin palabras con las que contar lo visto y lo vivido. Y como estoy sin palabras que hagan justicia a Roma... hacedme caso: visitad esta magnífica ciudad.

Mi Roma ha sido un asombro continuo. En cada calle una maravilla, en cada vuelta de cada esquina una emoción de las que roban el aire. Ha sido una sorpresa detrás de otra. Sin parar. Da igual el tiempo que estés allí. De hecho, tengo la sensación de que no existe tiempo suficiente para descubrir cada uno de los tesoros que esta ciudad guarda. Podría volver mil veces y mil veces descubriría maravillas nuevas.  Estoy segura.

viernes, 9 de septiembre de 2016

las experiencias nuevas


Todo llega. Hasta la primera clase oficial de yoga. Después de varios años disfrutando de esta actividad, de otros tantos investigando y formándome y de algunos meses de dudas, el pasado lunes di el primer pasito hacia esta nueva parte de mi vida.

Si me lo hubieran contado hace cinco años me hubiera reído muy fuerte.

He disfrutado mucho de esta semana, aunque para no engañar al personal, reconozco que he vivido el caos en primerísima persona. Así que: "lección uno; organización". Como de todo se aprende, esta nueva práctica (mucho más formal y profesional que lo que había venido haciendo hasta ahora) me está regalando muchas primeras veces.

sábado, 3 de septiembre de 2016

querido septiembre, eres muy bienvenido.

No eres el mes que más me gusta -ahí están julio, octubre o abril para corroborarlo- pero tengo que reconocerte la ilusión de los comienzos. En esta vida compartimentada que tenemos, resulta que te ha tocado ser el mes que empieza nuestros ciclos.

Estás lleno de reuniones para comentar y organizar la nueva temporada, de compras y forrados de libros, de cuidados para preparar el cuerpo de cara a los frios que vienen, de escapadillas playeras de última hora, de uvas, de soles y colores maravillosos, de paseos...

Eres el final del verano y el principio del otoño y mmm... me encantísima el otoño.

Este año, además, eres mi principio de un buen montón de cosas nuevas. Proyectos que empiezan, ideas que se han materializado, oportunidades formidables...

Definitivamente, querido, tiene pinta de que vas a ser un gran mes.

L.

martes, 26 de julio de 2016

con calorazo y contenta

Definitivamente estoy a otras cosas. O a mis cosas, que han cambiado. Ahora ando más metida en mundos yoguiles, buceando en meditaciones, en energías que fluyen, en cuencos tibetanos y en libros diferentes.

Ando contenta, centrada, con ganas de que todo esto se materialice en un nuevo camino. Si puede ser, de baldosas rosas.

El calor me puede, me vence. Me cuesta horrores salir de la cama cada mañana, cada tarde. Tengo sueño permanentemente. Aún así, me gusta el verano. Me gusta julio. Julio es el mes de mis pins. Es el mes adorable en el que he sido mami. Twice. Hablando de pins, C ya me va sacando un buen montón de centímetros. Alucino no ya con el tiempo que pasa y cómo pasa, sino con que mi chiquitina se vaya posicionando en el uno setenta. Me alegro todos los números por ella, pero aayyyyyy ya me veo como la Úrsula de García Márquez. Ahí, colocada de adorno encima del piano.

Hablando de pianos, hace un par de meses lo retomé de manera fugaz. Retomé sentarme delante de un piano y tocar. Me gustó. La verdad es que lo mismo no debería dejarlo. Ya veré, que ando todo el día poniéndome deberes y el calor, este calor, me tumba y los deberes se convierten en to dos y de ahí a sentirme mal de indolencia va un paso regulero.

El trabajo en julioagosto es mal. Me acuesto tardísimo y de abanicos. Si el despertatroz me molesta en enero, en verano me fulmina. Me levanto y vivo leeeeenta. Todo es leeeento. Llego al ordenar y las cosas, entre nosotros, cuestan mucho más en verano. En general la cosa mejora bastante con la caída del sol. Hasta salgo a correr. He vuelto a hacerlo y de momento no se nos está dando mal.

Eso cuento, cuando baja la temperatura me apetece más la vida. Salir, leer, trasnochar. Escribir cero. Ya lo dije una vez. Me inspira la lluvia. Y cada vez lo tengo más claro. Así que escribir no escribo niente. Y me encanta acostarme. El mejor momento del día es ese de tumbarse con un buen libro y dejar que llegue la madrugada con sus fresquitos y los ruiditos de verano.

A pierna suelta.

martes, 14 de junio de 2016

desde la última vez...

...que escribí aquí han pasado un buen puñado de cosas. Todas normales, ni dramas ni maravillas-de-la-humanidad.

  • Un cumpleaños: el mío. Llevo un mes caminando por los 42. Podría quejarme y tal, pero la verdad es que superada la barrera mental del 4 me siento estupenda. Vale que ponerme unos patines me da un poco de susto, pero de momento es solo eso: susto.

viernes, 8 de abril de 2016

sueños

Llevo unas noches fantásticas de sueños y es que me estoy reencontrando con personas a las que hace siglos que no veo. De algunas ni me acordaba y oyes, qué ilusión.

A uno me lo encuentro al abrir una puerta, a otra en una reunión de trabajo, a otro dando vueltas por una plaza de Madrid, parece que ha perdido algo y me acerco a ayudar.

De repente llega un sueño y puedes terminar la frase aquella que se quedó a medias, o la historia entera. Preguntar qué tal las vidas, confirmar que todo marcha sobre ruedas y que -sí, sí- se acuerdan de ti.

Debe ser una cosa de viejunos, ¿no? lo de que te pase la vida en una noche. Ni idea, lo único cierto es que últimamente me están saliendo unas dormidas bastante revival.

Habitualmente sueño con desconocidos. Como todos, vamos. De hecho, hace unos días estaba no me acuerdo dónde y un bebé como de un año me miró fijamente y pensé pfff va a ser esto lo de las personas de los sueños, gente que se te mete en los ojos en algún momento y luego quieren salir cuando dejas de lado la consciencia.

martes, 1 de marzo de 2016

las alegrías y cazale: un oxímoron

Esta mañana, cuando dejaba a C en la parada del autobús me he dado cuenta con muchísima alegría de que ¡era de día! He sido consciente del sol así de repente porque he recordado que hace unos días, no muchos, uno de los polis que controla el tráfico de padres-madrugadores-a-la-fuercísima me indicó con gestos que no me funcionaba el foco derecho del coche, cosa que por otra parte hacía tiempo que sabía.

Hoy ha sido la primera vez que he conducido después de que en la revisión estupenda que le han hecho al coche cambiaran la bombillita, y al ver a los polis he crecido dos centímetros invisibles de orgullo por la diligencia del foco en orden. Y en plena extensión ha sido cuando os-tras qué solazo tan bonito y alegre y maravilloso tenemos hoy, pero ¿desde cuándo tenemos esta luz a estas horas? La semana pasada salíamos de noche, ¿no? No puede ser que hayamos girado tan deprisa. ¿Cuánto queda para el cambio de hora? Total, que qué bonito cambiar la noche cerrada por una mañana tan bien colocada en esas salidas tan a deshora que compartimos C y yo.

domingo, 14 de febrero de 2016

ser PAS

Hace un par de meses descubrí por casualidad una etiqueta que desconocía, la de las PAS (personas altamente sensibles). Y el shock tremendo fue descubrir que soy etiquetable como PAS.

Soy una PAS.

Las personas con este rasgo de la personalidad tenemos una percepción sensorial extraordinaria, esto quiere decir que somos extremadamente sensibles a los estímulos que percibimos por los sentidos. Nos molestan mucho las luces fuertes (solemos ser felices en penumbra), los ruidos, el contacto físico, las aglomeraciones (incluso nos llega a molestar el roce de la ropa en muchos casos). Tenemos una percepción olfativa superior y qué me falta, el gusto, no apreciamos especialmente los sabores fuertes, como el picante, porque lo percibimos con mucha más intensidad que una no pas. Algo que para una persona no pas tiene un sabor picante moderado a mí me resulta insoportable. Esto así, en plan ejemplo, para que os hagáis una idea.

Además de esta percepción sensorial, también somos muy sensibles desde el punto de vista emocional. Vivimos cada cosa con una intensidad mucho más profunda que una persona sin este rasgo.

lunes, 25 de enero de 2016

a ver si se os ocurre algo

Llevo mucho tiempo -diría meses- sin leer por leer. Leer por puro entretenimiento. Llevo meses sin encontrar un libro que me apetezca. Y eso, amigos todos, es un rollo. Echo de menos enredarme en una historia. Echo de menos vivir con un libro merodeando en mi cabeza. Echo de menos leer. Meterme en la cama y libro. Levantarme y libro. Salir de casa y meterlo en la mochila. Leer a hurtadillas. Leer andando. Sentarme al lado del río y leer.

No quiero adelantar nada, pero barrunto una gripe y me molesta profundamente no tener nada que llevarme a los ojos. Y mira que ahora con el rollo de los libros electrónicos tenemos casi todo al alcance de una pantalla táctil. Ni por esas. Empiezo a mirar, a dar vueltas, a pasar de un tema a otro, a leer reseñas.

miércoles, 20 de enero de 2016

planificar es ¡bien!

Desde más o menos diciembre estoy como con ganas. Me apetece hacer un montón de cosas. Cosas grandes como viajes chulos y cosas pequeñas como menús semanales. Como lo del dinero (la falta) limita los viajes, de momento solo puedo contaros los menús, que no es lo mismo pero es lo que hay.

A veces me disfrazo de madre responsable y me siento muy seria delante del ordenar (inciso: esto de ordenar es una aportación de mi prima C. Cuando era mini yo le daba clases de inglés y en una de ellas, hablando de ordenadores, muy seriecita me dijo algo así como I use the ordenar, en vez de the computer y ya mi cabeza registró ordenar y ahí se quedó para siempre jamás. Creo que nunca he vuelto a decir ordenador en mi vida.) Total, que decía que a veces me disfrazo de madre y me siento delante del ordenar para decidir qué comemos, para apuntar con sus correspondientes 12 o 13 recordatorios las citas del dentista, para planificar fines de semana o apuntarme fechas que no debo olvidar (excursiones, piscinas, gimnasias).

Luego se me pasa.

lunes, 18 de enero de 2016

la palabra del día

Estoy enganchada a la Real Academia Española (RAE). 

Todos estos mares y cursos de corrección en los que navego últimamente me han llevado a muchos puertos. Uno de ellos, esa parte de la web de la RAE en la que se publica la palabra del día.

¿Os imagináis?

Hay una palabra del día.

Cada mañana la busco. Hoy es rastafari. Otros días han sido calima, videoconferencia, recalvastro, barbirrucio, verdugazo, etc.

sábado, 16 de enero de 2016

hoy

Hoy me he levantado de sábado. Que parece obvio pero no lo es. Hay sábados en los que me despierto de lunes. Imaginad el horror. Pero hoy no tocaba sábado malo. Hoy tocaba despertarme con calma y quedarme un rato en la cama dando vueltas de sábado. Habitualmente me estiro durante un buen rato. Hoy no me apetecía, así que de la cama he pasado a la cocina para el té y de ahí al salón a liarme con el ordenador y el sol que entraba por la ventana.

He leído las noticias, he dado vueltas por algunos blogs de mi interés y me ha apetecido millones colocar una silla delante de la terraza y sentarme a leer. Me sentía tan bien que he abierto la puerta y he disfrutado durante un buen rato del maravilloso sol de invierno de hoy. Menuda mañana espectacular.

miércoles, 13 de enero de 2016

entre tornillos

Cambiar la ubicación de los muebles del salón ha generado discretos efectos colaterales con forma de tarde en ikea y noche de atornillar maderitas.

Esta mañana no podía mover los brazos. Desde las palmas de las manos hasta los hombros sentía un dolor tan sordo, interno, indeterminado y morrocotudo que no me ha quedado otra que acudir, con el desayuno, al ibuprofeno.

A pesar de los dolores, estoy contenta. Me he desecho de cosas que no me apetecían, mi cocina ha dado un cambio inesperado que me río yo del mío (pelo) y ahora tengo en el salón (i) un rincón "laboral" perfecto y (ii) unas tardes maravillosas mirando por las ventanas mientras ellos hacen deberes y -qué demonios- yo también.

Me encantísiman todos estos cambios. Tengo muchas ganas de estar en la cocina y en el salón, de cocinar y de estudiar, de escribir, de ayudar a mis pins con sus deberes. Que no es que antes no lo hiciera, pero ahora mola más.

Lo mismo instauro un cambio anual de mobiliario.

martes, 12 de enero de 2016

una de platas y ducha

Me he hecho lo de las platas dos veces. La primera hace un par de años (si buscáis, algo dejé caer por aquí al respecto) y la última el 5 de enero.

Lo de las platas es eso que le hacen a las señoras en la peluquería. A mí siempre me ha llamado mucho la atención. No tanto como para cambiarme el color del pelo, pero sí lo suficiente como para dejarme hipnotizar temporalmente mientras hago como que leo una sobada revista de paquirris.

Quién me ha visto y quién me ve, que hace cosa como de un mes pensé: "mira que soy aburrida, casi 42 años y nunca me ha dado por la locura de ponerme el pelo de colores, con lo chulo que es hacer cosas raras. Total, luego crece y, qué demonios, me lo voy a pintar morado". 

lunes, 11 de enero de 2016

empezar

Enero. Mes de empezar. De momento -en una crisis desternillante- he utilizado los primeros días del mes/año para (i) ponerme el pelo morado (ha quedado granate, qué le vamos a hacer) y (ii) cambiar la ubicación de todos los muebles del salón. Lo que es empezar bien, con mayúsculas y brillos.

Además, he cogido rutina yoguini (estoy en día 11, veremos si llego al 21). Vamos, que casi casi he cumplido con mis propósitos de año nuevo.

He aprovechado los días-puedo-dormir para descansar millones y si no fuera porque un vendaval me ha despertado hoy a las cinquito de la mañana, ahora estaría fresca como una lechuga.