jueves, 14 de mayo de 2015

a vueltas

Acabo de terminar mis primeras 41 vueltas al sol y -entre nosotros- el viaje ha ido bastante bien. Sin prisa y sin pausa. Con una fuerza interior que a veces es de colores y a veces gris, pero que en ambos casos me mueve. Un paso detrás de otro y detrás de otro y así, que me recuerdo al gran whitman y su born here of parents born here of parents the same, and their parents the same. Me recuerdo, evidentemente no me parezco. Ni lo pretendo, of course.

41 vueltas acompañada de personas, animales, música y cosas que la mayoría de las veces han mejorado el viaje. Otras, las menos, han resultado un incordio. Algunas me acompañan desde el principio, otras se han unido a la caravana hace poco. Las hay que hicieron un alto en algún momento y acabé por perderlas de vista. Otras no pudieron seguir. Otras se van y vuelven a ver qué tal. Todas, las que están y las que no, las buenas y las malas, las que empujan y las de las zancadillas... Todas están y mis 41 vueltas no hubieran sido las mismas sin ellas. 

Las primeras vueltas se me hacían eternas, tú, y estas últimas -será que voy reconociendo lugares y mares- se me pasan en un pestañeo. Digo yo que es lo normal. Al principio, cuando las cosas son nuevas nos cuesta adaptarnos. Luego ya, se vuelven rutina y dejan de resultar difíciles y fascinantes. Por eso es importante que cada vuelta sea diferente. Buscar nuevos caminos. A mí me gustan los frondosos, con sus olores a tierra mojada y sus colores verdes que se vuelven rojos, amarillos y marrones. También me gustan los que pasan por la orilla del mar. A ver si la vuelta 42 es de playas amarillas y bosques del norte.

Pero volviendo a la 41, ha sido de las facilitas. He estado acompañada. Me he sentido bien y también me he cansado, como no podía ser de otra forma. Por supuesto, he incumplido todos los propósitos del Día-del-Primer-Paso (diría que sin excepción, pero lo mismo tengo alguno en el cajón de los "hecho"). Definitivamente no voy a ser campeona olímpica de cumplir propósitos. 

También ando con un poco de ansias por las 40 anteriores. Me agobian todas esas fotos mentales que llamamos recuerdos. Pero esta pequeña deriva ya la tomaré otro día. Porque además, tampoco es que me que tenga en un ay. Es sólo saudade. 

Ha sido una gran vuelta, la 41. Mejorable, pero para eso está la 42 (y mi declaración de guerra mundial al móvil, que es algo que mejor no porque al final, con la tontería, me pierdo los paisajes)

Pero sí ha sido buena. He recuperado caras y me he encontrado con otras nuevas. He viajado dentro del viaje que es la vuelta. He bailado, que es algo que me encanta a rabiar, me he enfadado mogollón y también me he puesto tristísima. Soy dramática con muchas ganas y todos estos numeritos de sufrir muchísimo se me dan de rechupete. También me he reído hasta no poder casi respirar, por supuestísimo. Y me he cuidado y he tomado decisiones y oye, debe ser cosa del sol, en cada vuelta me voy gustando un poco más.

Lo que os digo, una gran vuelta: la 41. Muchos descubrimientos y grandes momentos. 

Una vuelta para celebrar por todo lo alto. 

Y con la ilusionaza que siento al cruzar la línea de meta os dejo, sweeties, que tengo que organizar el Día del Primer Paso de la 42 y decidir el montón de nuevos propósitos-que-si-eso-ya-mañana.

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