martes, 24 de marzo de 2015

el pijama

He descubierto la causa de mi pereza legendaria. O lo mismo he descubierto el resorte capaz de ponerme en movimiento cuando todo se me dibuja con la lentitud de un atardecer en el cabo de san Vicente.

Qué imagen tan poética para acabar contando un pijama. Que el resorte -mon cheries- es un pijama rojo y tremendo que saqué hace unos días de un cajón, y que me puse después de una ducha estupenda, aún no sé movida por qué (el pijama, no la ducha).

No recuerdo de dónde salió el pijasorte. Por su aspecto, diría que es un regalo de abuela, pero no recuerdo que mi abuelilla me haya regalado un pijama jamás. Pijasorte es un dos piezas muy conjuntado que en la parte-camiseta luce un oso amoroso -de esos osos amorosos que muchos recordaréis si hacéis un esfuerzo y si no, google y ya- con un corazonaco gigante y también muy rojo y unas letras que juntas hablan de una cualidad que -entre nosotros- sólo saco a pasear (y mucho) de la mano de mis hijos.

jueves, 19 de marzo de 2015

periscope-shaped hood

Mis dos últimos días son un libro.

Camino leyendo, como leyendo, me acuesto y leo hasta que de madrugada me preparo despeinada un casi desayuno y me vuelvo a la cama de día de fiesta a sentir la felicidad de la paz y lo que leo.

He terminado hace un ratín la historia que me traía entre manos y antes de comenzar con la siguiente me he planteado la alternativa de salir a pasear o escribir un rato.

No estoy saturada de leer, pero temo caer en una espiral de palabras que me deje ko. Lo del paseo es pereza. Por el tiempo que hace, sobre todo. Tan ideal para verlo a través del cristal. Pero, ¿sabéis qué? Voy a salir. Que me dé el aire. Me parece que me va a sentar bien un ratito de ríos y piedras. 

Luego ya. Con nocturnidad y mentes despejadas vuelvo y cuento lo que sea que me dé por contar hoy.

Además, me llevo la cámara de fotos. 

So long. 

...

martes, 3 de marzo de 2015

al hilo de los exámenes de marzo

Una de las cosas más fascinantes de tener bebés -vale que los míos ya andan caminito de los veinte, pero siempre serán mis bebés- es darnos cuenta del montonazo de cosas que sabemos. Y no me refiero a las intuiciones maternales -¡ostras! cambio pañales, soy capaz de montar un menú sanísimo y supernutritivo, cuidado con el azúcar y las heridas sangrantes se curan sin desmayarse- no me refiero a ésas, sino a las que se aprenden en las larguísimas horas de cole.

Aquellas horas en las que pensábamos "y esto para qué demonios me va a servir, si yo soy más de letras que el quijote". Y venga a hacer integrales y matrices y derivadas y polinomios y senosycosenos o aquello de las piedras que cristalizaban de mil maneras diferentes, por no hablar de la física. En serio, la física es mi gran ¿por qué?. Nunca me he enfrentado a algo tan ajeno a mí en cualquiera de mis versiones -pasada, presente, futura, simpática, antipática, alegre, muerma, comedida, pensante, dormida, viajera, sedentaria- lo que se dice nunca.