martes, 21 de octubre de 2014

las semanas y mis cosas (XII)

Ando asimilando el fin de semana. He empezado el curso aquél de profesora de yoga al que me apunté hace mil meses. Casi veinte horas de aprender, experimentar y trabajar una actividad que practico (con grandes dosis de abandono) desde hace unos seis años.

Antes, la cagada de comprarme ocho (nada menos que ocho) camisetas molonas mil tallas por encima de la mía, que ni de pijama, oyes. Para hoy la pereza de volver a la tienda a devolverlas/cambiarlas por otras igual de molonas pero entalladitas por favor.

Después, madrugones increíbles sin despertatroz ni nada. Ahí, abriendo los ojos a las seis como si fuera algo que he hecho antes alguna vez. Debe ser tanto relajar, tanto meditar, tanta felicidad de cerrar los ojos y pensarme en un bosque y tal. El caso es que madrugar sirve para llegar a coles sin jugar a Fernando Alonso en Monza. Y sin despeinarme.

miércoles, 8 de octubre de 2014

mis libros de verano (II)

Lo sé

Se me han acumulado los libros sobre los que escribir. Diría que no tengo tiempo, pero mentiría. Lo tengo. Me sobra. Pero lo invierto en no hacer nada. En mirar por la ventana, en pasear, en leer (poco últimamente) o en organizarme líos fenomenales que-me-embarullan-los-días-y-cuando-por-fin-descanso-sólo-quiero-no-hacer-nada.

Vivo en un bucle indestructible.

Vale que septiembre con sus comienzos de cole no ha ayudado demasiado. Vale que el comienzo del curso laboral tampoco. Vale que los momentos de playa me tumban (al sol) y vale que TBBT me distrae cuando debería estar escribiendo.

Vale todo.

Y a la vez sé que nada de eso es justificación suficiente, pero ¿tengo que justificarme? Pues no. Sobre todo si tengo en cuenta que total esto es lo que es y de obligación, cero.

En fin, que al lío.

martes, 7 de octubre de 2014

¡qué baño de pasado!

Diría que comenzó el viernes, pero la historia se remonta a varios meses atrás: justo cumplía 40 y madre (hasta antes de ayer creí que fue cosa de hermanamenor) quiso celebrarlo regalándome un par de entradas para ir a ver a la unión, el grupito light de mis desvelos infantiles.

Y el viernes llegó y allí que me lancé, a la pista de bailes y saltos y dondestabaisdondestabaislalala. En sí mismo, yo delante de la unión ya era bastante revival. No contaba con el paseo previo por mi viejo barrio, con encuentros varios -además, todo muy gracioso, veinte años después me saludaban como si acabara de bajar a comprar un par de litros de leche.