lunes, 28 de julio de 2014

irene

Las tardes lentas de verano son fenomenales para dar vueltas por internet. En la de hoy he llegado -no me preguntéis cómo- a la noticia de la muerte temprana de una mujer a la que no tuve el gusto de conocer en vida ni de oídas. 

La noticia me ha impactado porque la mujer murió a las cuarenta a causa de un derrame cerebral. Podéis imaginar el espanto por la cercanía de edades. He empezado a deambular por páginas y fotos y de repente, vaya, he llegado al blog que escribía, y me he quedado.

Y así he pasado la tarde, entre las reflexiones lúcidas de una mujer que debió ser especial y mis propias reflexiones sobre lo que me rodea. Sobre lo que leo, lo que siento, lo que vivo, lo que hago. Y todas las barreras que me pongo para contarlo. O toda la incapacidad de profundizar en este espacio sobre todas esas cosas. 

Un blog es lo que quiere que sea quien lo escribe. Y a lo mejor me estoy equivocando queriendo este naif. No exponiéndome. Auto imponiéndome temas banales y censuras. Podría escribir sobre la hipocresía e idiotez con las que me encuentro cada día. Defender mi trabajo y mis ideas. Entrar al trapo de los comentarios hirientes que seguro recibiría. Me gustaría ser libre para escribir, desmenuzar, desbancar y luchar y no quedarme en esto de las flores y las nubes, que está bien. Que es lo que me impongo, porque bastante negro me encuentro cada día como para llenar también de oscuridad y mal humor este espacio en el que puedo imponer el rosa.

Me han gustado las reflexiones de esta mujer sobre la vida, sobre política, sobre ópera o sobre las moscas. Transmiten serenidad e inteligencia. Además, están escritas en un castellano claro y formidable.

Todo el rollo éste porque me he hecho una idea de cómo debió ser irene, de lo que pensaba y lo que sentía. Si yo muriera ahora, ¿quien pasara por aquí podría saber algo de mí leyendo esto que escribo? Algo real, quiero decir. Pues creo que no. Soy un caracol y he creado un blog-casita a mi medida.

En una escala de superficilidad en la que el 10 fuera el nivel del mar y el 0 las profundidades abisales del pacífico, creo que lo que cuento está en la playa, sin llegar a mojarse los pies.

Y ahora la pregunta bloguera, ¿es esto lo que quiero? ¿quiero seguir en el planeta de las piruletas o quiero escribir comentarios dirigidos a un fin?

Claro, que ahora que estoy a vueltas con la vida y mi futuro lo mismo no es el momento de plantearme esta nimiedad. (otra vez) Claro, que a lo mejor me la planteo por este dar vueltas a la vida y mi futuro.

Tengo que replantearme tantas cosas. Acabo de terminar una partida del monopoly que es la vida y estoy otra vez en la casilla de salida. Con todo por hacer. Con ilusiones. Con miedos. Con dudas. Conmigo. 

Y con este espacio con el que no sé qué hacer. 


1 comentario:

Gustavo dijo...

Debe ser la edad...
Yo también escribí una reflexión parecida, acerca de opinar sin enfrentarme, tomar partido sin implicarme, escribir sin volcarme, amar sin comprometerme. Y lo peor es que cuando trato de romper el cículo, con la falta de costumbre se me va la mano, y me lleva a crear tales disonancias que todo el mundo se vuelve me pone esa cara de pensar... "¿y a este que le pasa? ¿de donde ha salido?" Al final acabo sintiéndome honradamente quijotesco, desfaciendo entuertos.
¡¡Nos vemos en los molinos!!