sábado, 21 de junio de 2014

amanece en edimburgo

Hoy he estado en el cine. He visto un musical, tipo mamma mía (la diosa de las feel-good pelis). En la de hoy la música, The proclaimers. El escenario, Edimburgo. El cine, vacío.

El argumento no me ha entusiasmado. Unos soldados y amigos escoceses vuelven a Edimburgo después de saltar por los aires en Afganistán y vivir para contarlo. Regresan a casa, decía, y la peli cuenta eso que ocurre a su regreso: los padres que tienen una crisis en plena celebración de sus bodas de plata, uno que se enamora de una inglesa (un paquetito de problemas de identidad nacional), al otro le rechaza su novia, todo muy costumbrista y tal.

Según estaba viendo la peli pensaba que no era buena. Esas cosas que ocurren cuando los actores no acaban de convencer (con la excepción de Peter Mullan y su tremenda voz) y lo que vemos es una sucesión de momentos luminosos, minidramas y finales felices que se suceden con el único fin de incluir las canciones que justifican el flin. No me ha gustado, pero he salido del cine bailando y declarada fan incondicional de la sonrisa de George MacKay, un veinteañero guapetón al que no tenía el gusto conocer.

Según veía la peli también pensaba que tengo que volver a Edimburgo (y no precisamente por el solazo que parece que no deja de lucir allí, si nos creemos lo que vemos). He estado creo que tres veces en E y me ha sorprendido ver la ciudad y no reconocer más que un par de sitios muy muy muy facilones. Es una ciudad preciosa. Preciosísima. Vamos, que no sé qué hago aquí escribiendo en vez de comprando billetes idayvuelta.También he pensado en mi amiga Vicky. Ella vivió allí un tiempo y seguro que le gustaría darse una garbeo peliculero por la ciudad.

De lo que he visto hoy me han gustado dos cosas. Una, la ciudad y lo que representa. Otra, la música. Llevo toda la tarde bailando proclaimers, supongo que al borde de una llamada de atención vecinal. Para emocionarme mejor me he enganchado los auriculares y ando saltando y cantando a voces por casa pequeña. De explosión de buen humor.

El título original de la peli es por supuesto el de una canción de proclaimers: Sunshine on Leith (Leith viene a ser un barrio de Edimburgo) y los protas cantan, así que recuerde: I'm on my way, Over and done with, la de Leith, Letter from America, Make my heart fly, Let's get married, Hate my love, Oh Jean, Misty blue o I'm gonna be (500 miles), que tod@s conoceréis. O sea, las canciones más alegres y luminosas del grupo escocés.

...

He salido del cine ya digo -canturreando- y he pasado por una librería. He comprado unos libros a los pins y Tren nocturno a Lisboa (otra ciudad a la que volver, siempre) y un par de policíacas para mí, una que se desarrolla en Belfast, la otra en Italia. Lecturas ideales para la playita de la semana que viene.


Y así para terminar, curioso que una peli que no me ha gustado me haya hecho pasar una tarde de tan tan buen humor. 

Cosas que pasan.

(aquí os dejo esto por si os apetece saltar o así)

1 comentario:

Vicen dijo...

Pues muy bien. Para eso se creó el cine. Lo demás son añadidos, como que Jack Nicholson sepa mover las cejas como no lo hace nadie o las de Candela Peña sean fijas como las muñecas peponas. Y, efectivamente, puedes salir animada incluso con la música de estos " Ulloa Optical Viva la gente Band".