miércoles, 21 de mayo de 2014

bucleando

Se levanta telón. La chica se acaba de duchar y tiene dos horas por delante antes de volver al trabajo. Se ajusta bien el albornoz y se deja caer en la cama. Abre el libro y mira de reojo el té. Luego, piensa. La poli del libro se enchufa a Miles y qué buena idea, con lo que me gusta MilesSo what y comienza a leer.
Anda pendiente del tiempo y son las cuatro y media, si a las cinco me pongo en marcha me da tiempo a dejarme algo de cena preparado, porque supongo que hasta las diez no llegaré. De verdad, qué pereza. También puedo aprovechar y preparo la comida de C de mañana. ¿Y qué hago? Coge el té y vuelve a sumergirse en la historia de la poli enferma.
El libro aún no engancha y qué lástima tener que salir, con lo bien que estoy aquí. Si no fuera por los arturitos. Son pesadísimos. Los arturitos. Ya se han quedado con el mote. Como Antonio y los kosovares. Tendría que escribir la historia de Antonio y los kosovares. ¿Y si me levanto ya? Total, así voy cociendo el calabacín. Tengo la piel tan seca.
Continúa leyendo un rato más. Como tantas otras veces, se olvida el té en la taza bonita. Miles sigue a la trompeta y podría colgar un post con música de Miles, o de Leonard Cohen. This waltz o Everybody knows. O de Van. Hace mucho que no escribo de música. También podría enlazar algún concierto de Mozart.
Se levanta. Deja el libro sobre la cama. Dirige sus pasos al baño. Se deshace del albornoz y de la toalla que le secaba el pelo. Coge la crema. La aplica sobre los brazos, la cara y las piernas. Mira que soy simple. Debería cambiar el regalo de M por la crema más cara de elcorteinglés. Lo mismo es verdad que son efectivas. Ya no estoy en los veinte y esta treseuros no debe estar al nivel de mi nueva piel de cuarenta. Mmmm… ¿no es maravillosa esta melodía?
Se viste al ritmo de ‘round midnight. Medio-recoge-medio-no y camina hacia la cocina. Llega al salón y decide cerrar la puerta de la terraza. Cualquier día se cuela alguien en casa. Pasa por delante del espejo y se para en seco.Qué cosas. Nunca he hecho nada en la vida y no sé de nada. Soy bastante ignorante. Y le viene a la cabeza R.A. Un conocido yo no diría amigo, pero sí que nos une un guiño especial. Conocido, conocido. Sí. Quizá sea la mejor palabra que hace muuuuchos años, siendo a su vez amigoconocido de Cortázar, pasó unos días formidables en su compañía cuando el último vivía en París. Carajo. Es que R.A. conoció a Miles. Y a Cortázar. Y eso para empezar. Y yo aquí. En casa pequeña, a punto de meter un calabacín en una cacerola y de volver al trabajo. Qué vida más miserable a veces. Si es que no sé hacer nada. Critico mentalmente el libro éste que leo, pero yo no soy capaz de sentarme y escribir uno.
Pela el calabacín  Es enorme. Mira qué bien. Dejo este trozo para mañana y le preparo a C pasta con calabacín. ¿Lo preparo ahora? Casi mejor no. Lo pone a cocer y regresa a la habitación. Juraría que había dejado esta puerta cerrada. A ver si van a vivir fantasmas en esta casa. Se olvida del agua que ya ha empezado a hervir. Reordena un par de cosas mientras tararea y me apetece llegar a casa y que todo esté en orden. ¿Dejo alguna luz encendida? Bah, paso. Busca la mochila y guarda en ella el teléfono, la agenda, el libro electrónico no sea que me aburra mortalmente y comprueba que no tiene ni un euro en el monedero.
Se pone los zapatos. Se pone la mochila. Vayaloscalabacines. Se quita los zapatos. Entra en la cocina y comprueba con pesar que lo del fuego aún no está cocido. Si lo dejo en agua fijo que se termina ablandando. Lo deja sin muchas esperanzas en su futura cena. Vuelve a ponerse los zapatos y casi mejor voy a ir leyendo el libro. Saca el e-reader de la mochila y abre la puerta. La cierra. Guarda las llaves con la mano derecha en el bolsillo trasero de la mochila. En la izquierda lleva el libro que ya ha empezado, despistada, a leer.
Cae el telón.

No hay comentarios: