viernes, 25 de abril de 2014

it's my party

Ha ocurrido algo extraordinario. He recibido un comentario ofensivo a una entrada del blog. Mi blog es muy de andar por casa en lo que respecta a vosotros, lectores. Básicamente familiares y amigos. Aunque me consta que también me leéis algunos despistados que pasabais por aquí.

Hasta el momento siempre he publicado todos los (escasos) comentarios que habéis hecho, críticos o no, supongo que porque me gustaría que el blog llegara a ser algo más participativo que yo contando lo que soy.

Y zasca, ayer recibo una sarta de improperios e insultos de un anónimo indignado por lo de los tacones. No se trata de un comentario crítico argumentado y respetuoso, sino de un conglomerado de rabia, bilis y espumarajos que sale de la boca.

Mi primera reacción, asombro. La segunda, releer lo que escribí y confirmar que no es en absoluto un ataque contra las mujeres. Desde mi punto de vista, tan respetable como cualquier otro, escribir en contra de la sumisión a los hombres no es indignante, pero vamos debí hacerlo remal, visto lo visto.

La tercera se resume en una explosión de carcajadas y la cuarta –recuperado el aire- sentarme a decidir qué hacer con el comentario de marras.

El arranque inicial fue darle salida. Siempre lo hago porque me parece fenomenal que todos podamos leer cualquiera de las cosas que lo que escribo sugiere a quienes las leéis. Ya he escrito antes que me gustaría generar debates o participación, pero se ve que esto no es lo mío y acepto la soledad con buen humor y con ilusión.

Pero claro, hacerlo público sería algo así como autoinsultarme y oye, yo soy muy democrática y tal, pero la parte del corazoncito que sufre con los insultos y los desprecios –ay, el ego- me pidió a gritos que si eso mejor no.

Por su parte, mi yo chungo quería una entrada hiriente llenita de sarcasmo. Colocar ahí el comentario y diseccionarlo a la vista de todos con gracia y toneladas de buen humor y defender mis posiciones y seguir haciéndolo en el improbable caso de que nuestro anónimo volviera por estas tierras (hacerlo después de la experiencia tan desagradable que tuvo al leerme sería masoquista, pero nunca se sabe).

Y ahí estaba debatiéndome entre la vida y la muerte del comentario cuando me vino a la cabeza –estas cosas de la vida que uno no sabe por qué- aquella cancioncilla tan pegadiza it’s my party and I cry if I want to, cry if I want to, cry if I want to y pensé pues claro que sí, qué carajo, es mi blog y hago lo que quiero con él.

Y lo que quiero es

- Escribir lo que me da la gana, faltaría más

- Hacer públicos los comentarios constructivos, estén o no de acuerdo con mis opiniones

- Mandar a la carpeta de spam los comentarios destructivos. Es mi blog, y no me apetece nada que lo llene de negro

Dicho y hecho: el comentario habita en la isla desierta del spam y yo escribo lo que me da la gana.

Que ésta es mi fiesta y lloro si quiero.

1 comentario:

Vicen dijo...

Hay un chiste antiguo, donde dos amigos comentaban como hacían el amor con sus parejas. Uno de ellos dice :" como más nos gusta a mi mujer y a mi, es nada más acabar de comer, retiramos los platos y allí, sobre la mesa...."
" ¿Un poco bestia, no? le dice el otro. A lo que el primero contesta " Si pero..¿Y lo que se divierten los chavales?. Te digo esto porque me parece bien tu decisión, pero tampoco te preocupes si nos dejas a los "espectadores" leer la cenutriez de alguno(a). By the way, lo de los tacones, creo que es una de las cosas que mejor has escrito.