martes, 29 de octubre de 2013

insomne

La nueva modalidad de meterme en la cama a las nueve y leer un cuento a tres -supongo que unido a las ansiedades de los últimos días- va y horror me despierta a las cuatro de la madrugada.

Después de leer, pensar, escuchar, aprovechar el casi único momento en el que puedo achuchar a los pins sin quejas, leer más, repensar, intentar conciliar el sueño y programar el día, decido empezar la jornada a las seis.

Té y sofá. Y qué rollo. Podría ponerme a escribir un rato. Y aquí me tenéis. Diría que con la compañía de gato, pero gato ha preferido hacer una incursión a esta noche sin luna. Así que sola.

Tal y como me siento ahora, no quiero ni imaginarme las seis de la tarde, salvo que esa imaginación desemboque en una siesta de tres horas, con posibilidades de llegar al mar de una noche de sueño reparador y lleno de horas de inconsciencia.

Por si acaso la imaginación me hace cabecear, voy a moverme un poco. Que tener hijos añade al no dormir la angustia extra de no caer y que falten a clase y que me llamen al orden tal. 

Muy buenos días a todos y feliz martes (largo, ay).

martes, 22 de octubre de 2013

colores

Que los días grises me motivan es sabido por repetido. Que los días grises todos los colores brillan más es mágico. Por esas cosas de la vida, tenía previsto escribir sobre la lluvia y los colores, pero voy a dar un giro radical hacia la mierda de la informática y los ordenadores de mesa. Odio la informática. Además de no interesarme nada, no entiendo por qué si pongo un punto y aparte en esta maldita entrada, el espacio tras el punto y aparte mide diez centímetros. Nunca había ocurrido hasta ahora y no lo entiendo y me pone de un mal humor colosal y sólo me dan ganas de patear esta estúpida pantalla. Con lo bien que había empezado hoy el día, con su desayunito de huevo revuelto, caqui y earl grey, con las perspectivas de una jornada diferente, con la lluvia y lo de los colores. En fin. A estas alturas, y con la sabiduría que dan mis años (tan vacíos de ordenadores, móviles, millones de canales de tv y tal) no voy a intentar entender de qué van estas máquinas del diablo. ¿Que tengo que cambiar la historia? La cambio. ¿Que tengo que irme a dar una vuelta relajante? La doy. ¿Que me va a tocar inflarme a cualquier barbaridad proteica -ay, la ansiedad? Me inflo. ¿Que a otra cosamariposa? A otra. Bastante he tenido que aguantar en la vida como para que un maldito ordenar dirija mi día de lluvia.  

lunes, 21 de octubre de 2013

lugares que sí (II)

Nueva York.

Reconozco que llegué a Estados Unidos con la demoledora mentalidad pueblerina que nos infiltra el viejo mundo.

Nueva York.

Reconozco que mi posicionamiento anticonsumo no ayudó a mejorar la perspectiva a lo largo de mis paseos-disney-world.

Nueva York.

Reconozco que mi primera impresión estuvo cargadita de tópicos y una indiferente sensación noesparatanto.

Nueva York.

Y de repente me asomé a la terraza del Empire State (no pudo ser en un sitio menos típico) y Nueva York.

Todo cambió en ese momento nocturno en el que de repente nunca había visto nada igual. Me quedé prendada de la ciudad. Quise ser americana. Tuve la seguridad absoluta de estar en otro mundo. Desde ese momento mi perspectiva y mi viaje cambiaron.

Es una ciudad espectacular -ya sabéis, de cine. De cine y de paseos, de cultura, de bicicletas, de vida, de noche y de día, de un ferry a Staten Island, de bajar a Battery Park en una manifestación de apoyo a las mujeres enfermas de cancer, de librerías, de plazas, de callejones y avenidísimas, de central park y john lennon y de claustros (ay) y de música.

Están los ríos, la estructura, las referencias de nuestras vidas, por supuesto. Las prisas. La estación central y Alex el León.

Museos, restaurantes, Broadway. Walt Whitman en los muelles. Flores. Todas las tiendas. Fotos. Humo que sale de las alcantarillas. Frank Sinatra.

Por supuesto es una ciudad a la que volver. Y yo pienso hacerlo en cuanto pueda. A la ciudad y al país, del que me enamoré por extensión. Lástima de fotos que no hice/tengo para el recuerdo. Pero qué alegría de paseos.

viernes, 4 de octubre de 2013

tantas cosas

Pues eso. Tantas cosas que no hay tiempo. Y cuando lo hay es para desintegrarme en la cama ya sin ganas de nada. 

Desde agosto, comienzo de coles e institutos, mucho y concienzudo trabajo, ratos de hospital y paseos por el campo. Planes y -para variar- muy pocos libros. En septiembre sólo dos, los dos de poesía.

Hablando de poesía, una tarde de septiembre me puse el traje de mujer maravilla y organicé, participé, leí y repartí las entradas del festival poético poesía entre almenas. Una experiencia formidable, sobre todo porque conseguimos movilizar a más de cien personas para pasar una tarde diferente, de poesía, música y pintura.

De verdad que no puedo guardar un mejor recuerdo de la experiencia.

También fue memorable la tormenta de anoche. La maravilla de la lluvia despertadora, de los truenos, de gato asustado, de salir de la cama y de la habitación y el balcón lleno de viento y relámpagos. La maravilla de volver mmmm a la cama.

¿No son preciosas las palabras relacionadas con la tormenta? Tormenta, trueno, relámpago, lluvia, granizo, vendaval. Sí. Definitivamente preciosas.

Ey. Que he dejado a medias los septiembrelibros. Ya dije antes, dos: Sueños de arena en Tánger, de Cloti Giménez Guzzo (si miráis la foto y me identificáis como la chica de azul, Cloti es la otra mujer que forma el grupo de tres que se dirigen al respetable). El otro libro, también poético, es Animal de presa, de Laura Yasan.

Además de estos dos libritos, me he liado con Obabaoak, La cúpula, Deportados a la tierra de Van Diemen y un par más de los que escribiré mis impresiones en cuanto los haya leído. No antes.

Ya dije que septiembre ha sido un mes estrés. Y eso se refleja mucho en lo que leo y en lo que escribo, que en ambos casos es menos de poco.

A ver si voy cogiendo el ritmo de todo otra vez.

(por cierto, Una casa en Córcega ...la entrañable peli de septiembre, que recomiendo a nostálgicos, sensibles y adoradores del otoño).

Bienvenidos again. Qué felicidad volver.