lunes, 29 de julio de 2013

peliculitas

En los últimos días he visto dos pelis en el cine. Las dos británicas. Una terrible terrible en todos los aspectos y otra delicada y deliciosa y preciosísima sin más.

La primera -la terrible- se llama Turistas y obedeció a un impulso de ultimísima hora. El resultado del impulso fue una necesidad monumental de abandonar el cine a media peli, que no se materializó por (i) vergüenza torera y (ii) esto tendrá algún sentido y pienso encontrarselo... a ver si me lo voy a perder.
 
Es una road movie en caravana, a lo Thelma y Louise pero con Chris y Tina, un par de desequilibrados que en fin. El argumento de la "comedia británica más hilarante de los últimos tiempos", a la sazón "Chris quiere mostrar a su introvertida novia, Tina, su mundo, y quiere hacerlo a su manera; en un viaje por las islas británicas en su amada caravana Abbey Oxford. Pero, lo que empiezan siendo unas idílicas vacaciones, acaban convirtiéndose en una divertida y perturbadora odisea" es mentira cochina. Ni vacaciones idílicas, ni odisea, ni divertida ni ná de ná. Es la peli más desagradable que he visto en mi vida. Con escenas cruentas que no vienen ni a cuento ni se entienden. De verdad que yo no le vi la gracia, aunque supongo que habrá quien discrepe. En el cine hubo uno que casi perdió la capacidad de respirar de las carcajadas que le convulsionaban. Es lo que tienen las manifestaciones artísticas, que generan sentimientos diversos. Todos muy válidos, aunque poco entendibles mientras alucinas en la butaca con según qué escenas. Definitivamente no me gustó. Me encantaría comentarla con alguien que la haya visto y le haya encontrado la gracia o el más mínimo interés, más allá de Inglaterra y sus paisajes.

El contrapunto a esta historia y las desagradables imagenes que la cuentan es la fabulosa Una canción para Marion. Protagonizada por Vanessa Redgrave y Terence Stamp, cuenta la historia de Arthur el gruñón y la encantadora y positiva Marion, una pareja que se enfrenta a la muerte de manera muy diferente. Les acompañan en la aventura el hijo de ambos y su nieta, así como una maravillosa directora de coro y -evidentemente- los entrañables miembros del grupo cantarín.

La peli es tan dulce, tan tan dulce y delicada que además de emocionarme me hizo salir del cine con esa sonrisa tontorrona de lo bonito que es vivir.

Total, que dos parejas, Inglaterra, té y pastas, volantes en la izquierda, lluvia-cielos grises-prados verdes y la diferencia fundamental que soy yo saliendo del cine. Mareada (asqueada) de la primera, sonrojada (sonriente) de la segunda. 

Venga, bah. Id a verlas y comentamos.

martes, 23 de julio de 2013

la más lista

Seguro que ahora no hay nadie.

Además, está nublado.

Son las 15:00h y sigo en la cama.

Debería hacer algo.

Seguro que ahora no hay nadie.

El minuto heroico -todo lo heroico que puede ser a las 15:00h- me catapulta al armario y en un plis paseo mi tipínpordeciralgo en bikini fucsia a rabiar.
 
Seguro que ahora no hay nadie.

La ilusión de un baño olímpico que me quite los sudores y este amodorramiento estival se va convirtiendo en sonrisa porque es domingo, son las 15:00h y

seguro que ahora no hay nadie.

Saco fuerza de esa ilusionada sonrisa y me pongo un algo que me tape. Cojo el último libro (no os creáis que bueno, ya os contaré) y una cosa que uso de toalla, y abro la puerta.

Huele a tormenta.

Fijo que ahora no hay nadie.

Qué listísima soy y cuánta felicidad.

Una gota.

Mmmmm.....

Entro en el coche.

Dos gotas.

Qué bien peroquébien huele.

Bajo las ventanillas.

Viento de tormenta.

Desde la cuesta confirmo con sonrisa inteligente lo inteligente que soy.

Cómo lo sabía yo: A esta hora no hay nadie.

Tres gotas.

Aparco en la puerta. El agua tan azul que me voy a tirar de cabeza. Vamos, no voy ni a buscar sitio debajo de un árbol. Eso después, cuando me haya hecho los treinta largos previstos, que a ver si empiezo a nadar de nuevo, que se me está poniendo tripa de madrenaturaleza.

Hola

Hola ¿qué tal?

Pues ya que preguntas, fenomenal. Venía pensando en darme un bañito y ahora que veo que está la pisci vacía, no veas si me alegro de haber venido.

El baño está hoy prohibido.

¿Cómo?

Por la tormenta.

¿Qué tormenta?

Mira al cielo.

Miro al cielo.

Sube los hombros.

Son las normas.

Pues yo siempre me he bañado con lluvia.

Ya.

Y empieza a caerse el cielo.

Y me vuelvo por donde he venido, con esa sensación absurda que da el por-qué-habré-salido-de-la-cama-mierda-de-minuto-heroico.

miércoles, 17 de julio de 2013

la música del trueno y de la lluvia

Hoy he pasado una tarde deliciosa. La tarde de mis sueños. Llueve, qué digo llueve, tormentea. Los truenos son magníficos, la lluvia inesperada en el tragaluz y el cielo gris. Llueve, tormentea y he escogido un libro muy apropiado para el rato largo del té: "Té de manzanilla y otros poemas", de Katherine Mansfield.

And the white sails have melted into de sailing sky

Más música.

La tarde arrebatadora ha resultado el descanso perfecto para una mañana extraña. Hoy he vivido una paradoja que me ha hecho pensar en la frágil solidaridad en la que vivimos. Ante una solicitud amarga de donantes de sangre, he sido la única entre 30 ó 35 personas en acercarme e intentarlo, a pesar de saber que la sangre, justo, no es lo mío.

Si mi hemoglobina hubiera estado en niveles aceptables hubiera ayudado a otra persona. La gratitud infinita que he sentido cuando me han trasfundido me ha hecho ofrecerme, aún sabiendo que probablemente mi intención no iba a ser suficiente.

Ahora sé que ando de nuevo regu y ya me estoy preparando para una nueva tarde de agüjitas. Pero al grano. La persona que solicitaba donantes con urgencia ha ido preguntando una a una a las personas que me rodeaban y las que no miraban a otro lado, como si les estuvieran pidiendo limosna, se limitaban a decir no.

Cosas como ésta me resultan sorprendentes. Dar algo que tienes que puede salvar una vida o -como ocurre en mi caso- mejorarla bastante y mirar para otro lado o decir no porque no.

También he pensado que no puedo juzgar a esas personas por tomar una decisión libre sobre su cuerpo, pero aún no puedo dejar de pensar en la frialdad de sus miradas. En la soberbia de sus gestos de negación.

Quizá que yo sea consumidora de sangre me hace más vulnerable a estos gestos. No sé. Me he sentido mal y me apetecía contarlo.

El resto del día bien. Ir al médico para confirmar lo mío antes de pasarme por el castillo de Drácula y la fenomenal tarde de música de cielo y letras. 

martes, 16 de julio de 2013

it hurts

Un ibuprofeno para desayunar que haga un houdini con este espantoso dolor de garganta, por favor.

Despertar el día de la vuelta al trabajo con este no poder tragar no es la mejor forma de empezar nada. Me mata las ganas de dar envidia y acaba con todas las felices posibilidades del bronceado qué-bien-te-veo-se-nota-que-has-descansado-ja.

El dolor de garganta me genera mal humor de mil demonios. El dolor de garganta veraniego me genera ojos de serial killer, con nefasto efecto para quienes tienen la poca fortuna de cruzar su mirada con la mía.

Si ya es duro enfrentarse con uno que yo me sé, hacerlo con piedra pómez en la faringe se convierte en un metemolopeor. Para el uno y para mis ganas de disimular los sentimientos que me transmite.

Pero basta. Apreciemos el lado menos negro de la situación. El dolor ha impedido que me quede dormida el día primerito y me ha regalado el té del ibuprofeno, que con tantos celsius ando más de zumos y agüitas. Reencontrarme con earl grey -la escasez de viandas de la vuelta me tiene sin EB- ha sido inesperado y evocador. Y eso es bien.

Y como no puedo retrasar más el momento difícil que viene y la vida sigue con o sin dolor, lo dejo por ahora, con el firme propósito de intentar que el mal humor no ocasione daños irreparables.

Y de pasar un gran día mientras dure el efecto de houdini, con el cuello empañuelado y alejada de fríos que regalan dolores.

A por él.

lunes, 15 de julio de 2013

volver

Me impresiona el impacto vital de siete días de mar. Siete días que me traen volando de vuelta al pueblecito del que salí y del que casi llegué a olvidarme. Esto del olvido es muy lírico, pero poco real. Lo que sí es cierto es que esta mañana he sufrido un bajonazo vital de dimensiones estratosféricas.

Durante estos días, que no han estado precisamente exentos de estrés, he conseguido desconectar el enchufe que me catapulta a la realidad. Me he sentado a la orilla de un mar tardío y he disfrutado del olor, del anochecer, de la brisa, de los pies que se mojan inesperadamente, de ver a mis hijos disfrutar en un agua azul plata y del nada que hacer.

Durante esos momentos (cortos, ay los pins), las preocupaciones se expanden por otras dimensiones y los doloresdepueblo se mitigan tanto que consigo relativizarlos y así zas! la vuelta al enchufe y al planeta del que procedo se convierte en una experiencia-zarandeo monumental.

Supongo que antes de que acabe la semana ya estaré entonada y la vida retomará su pulso natural, que no es que yo viva mal, es sólo que las cosas con el mar de horizonte son mucho más bonitas.

Y por lo demás, todo en orden. Mini se casó con muchos colorines. M cumplió 9 añazos -mi bebé- y celebramos la noche del puercoespín y ahora cumple C (12) y se casa meteorólogo. Todo muy capicúa.

Entre todo y todo, el trabajo que sigue, los planes en marcha, los libros que faltan, las expos que vienen y disfrutar de las noches de verano que siempre me han parecido estupendas.

Felices noches a tod@s también. 

Y feliz vuelta, sea cuando sea y de donde sea que volváis.

martes, 2 de julio de 2013

juniolibros

Junio ha sido un mes de mucho hacer y poco sentarme. Desde mi tremendo cumpleaños aaaarrrggghhhhhhhmeacercoaloscuarenta mi vida ha sido un no parar de trabajo, planes y proyectos. He ido de oca a oca, siendo las ocas los hitos del mes.

Parece (sólo parece) que la cosa terminó el sábado pasado, en la boda de mi hermanísima mini, pero mañana dirijo un plan de chicas de 12 años, que pasa por el parque Warner, pasado pisci con pinamigos y pleno, el sábado cumple de M y el domingo zuuuummmmm viajecito a la playa.

Lo que es un no parar.

Entre oca y oca me ha dado tiempo a dos libros: Los crímenes de la Gran Vía, de Juan Carlos Garrido Luque y Retrato de Giacometti, de James Lord.

Los dos me han encantado.

El primero sigue esa pasioncilla que me ha entrado ahora de leer novelas policíacas ambientadas en España. En este caso es Madrid y me resulta ideal. He tenido ocasión de recordar mi vida en el centro, ya que la comisaría de marras es la de la calle leganitos, en Plaza de España.

Me gustó días después subir por leganitos y pasar por la comisaría imaginando dentro a los protas de libro y me gustó volver a Esfahan, un restaurante persa de la zona.

Con ese título, podéis imaginar el argumento. Si no, os cuento que hay un asesino en serie que se va cargando al personal que trabaja en los musicales de la gran vía. Van muriendo, los poliprotas van cercando al asesino y lo cazan de un modo muy teatral.

Un libro que es bien.

El otro inevitablemente tenía que gustarme. Me gusta la obra de Giacometti y leer sobre él y su proceso creativo me ha resultado muy interesante.

El libro es curioso. Giacometti pinta un retrato del autor del libro y el autor publica las impresiones y notas que fue tomando durante los días en los que posó para el retrato.

Además de lo que aconteció entre ellos durante esos días, a cada capítulo le precede una foto con el estado diario del retrato. Muy útil porque gran parte de los comentarios se refieren al mismo.

Una casualidad leer este libro justo ahora, coincidiendo con la exposición de las esculturas de Giacometti en la fundación mapfre de Madrid, que por supuesto no me pienso perder.

Y poco más en esta entrada. A ver qué tal se me dan julio y la lectura. De momento he acabado uno (los buenos suicidas). Pero esto es adelantarme a los planes cuentalibros, así que aquí lo dejo.

Contenta de haber vuelto a tener tiempo para escribir.