viernes, 31 de mayo de 2013

estrésssssss

No es bueno comenzar el fin de semana con esta ansiedad. He planificado tan mal el viernes que parece un mal lunes. Ando alteradísima y, lo que es peor, hoy toca estarlo hasta la pizzapeli.

El nudo en el estómago y el relojimaginario tictactictac que me acelera porque no llego me desorientan, tan organizada soy que esto de hoy marea.

Nada que ver con la tardenoche de ayer, en la que disfruté del jazz, Szymborska, incienso y la soledad de mi salón a media luz. Me encantan esos momentos de llegar a casa no agotada y con ganas de leer o escribir o algo más emocionante que tirarme en plancha a la cama y quedarme frita con lo puesto.

martes, 28 de mayo de 2013

lugares que sí (I)

Un lugar que desde luego sí es el bosque de oma. El bosque y la verde inmensidad que lo rodea.

Yo que soy muy de verde y muy de mar disfruto a rabiar del norte. La cornisa cantábrica me hace feliz, como me hace feliz Inglaterra y -más allá- Escocia.

El bosque de oma es una idea sonrisa de Agustín Ibarrola. Un lugar al que se llega después de un paseo fenomenal por un sendero que cruza un bosque de cuento. Árboles de cuento, florecillas de cuento, frutos del bosque, olores de bosque, sonidos de bosque. Todo muy frondoso y todo muy mágico.

Y cuando piensas que eres feliz, zas, llegas a esos árboles pintados que son una alegría para los ojos y para la mente. Quieres hacer fotos, pero luego piensas que casi mejor no. Nada de lo que salga en el papel puede ni siquiera llegar a hacerte recordar las sensaciones tan especiales que se sienten allí, en medio de todo aquél misterio de colores.

Después del baño de felicidad, sigues el camino hacia el valle y de todas las cosas del mundo sólo se te ocurre que te quieres quedar a vivir allí, en alguno de esos solitarios caseríos en los que serías feliz cada mañana sólo con levantarte y mirar por la ventana.

En el camino hay ríos en los que meter los piececitos si el día lo pide, hay vacas y cabras, cuestas arriba y agradables cuestas hacia abajo, sombras de árboles y todas las flores del mundo.

Habiendo paseado por lugares así, los días que no son mucho menos no y cuando acechan los malos y los lunes, podemos cerrar los ojos y viajar a esos momentos en los que nos hemos sentido tan bien que sólo nos sale sonreír y ¿sabes qué, malo? me das igual.

viernes, 24 de mayo de 2013

as promised

El fondo tan fucsia no permite apreciar la delicadeza de mi bailarina, pero que es delicada lo aseguro.

Delicada a pesar de estar hecha con materiales que nunca diríais que lo son. Las piernecitas son alicates de taller, el cuerpo un portasellos de oficina y el tutú una funda de chirimoya de frutería.

Como todos los días pasan cosas buenas, uno de los de la semana pasada la bailarina -parte de reclassement, la última expo que he organizado- llegó a mi casa envuelta en papel burbuja.
 
Una de las cosas que más me gusta de mi vida actual es la posibilidad de pasear por el bosque de la creación. Un bosque encantado, en el que sus habitantes se dedican a idear y a crear. Y no sólo me refiero a artistas plásticos. Los hay que crean juegos cibernéticos, los que usan las palabras para crear. Los que crean con los ojos y una cámara. Los que crean con su expresión. Los que lo hacen a través de la música.

La verdad es que soy afortunada. Tengo que acordarme de cosas como ésta cuando acechen los supervillanos, que son los malos malísimos. Si se enteraran de esto del bosque (lo de la creatividad les importa tirando a nada), seguro que lo arrasarían con sus botas aplastasonrisas. 

Pero fus fus. Que hoy no me apetecen. Sólo quería compartir con todos los que leeis mis cosillas esta esculturita que tengo nueva en casa y que me hace feliz.

Compartirla y desearos, claro, un gran fin de semana.

jueves, 23 de mayo de 2013

los días que vienen

Tengo bastantes planes e ideas que poner en marcha en estos días que llegan tan a lo suyo.

Un cursito de cupcakes con las chulis, unas cuantas exposiciones (una de ellas con pins), preparativos para la boda de mini, recicladitas varias (miles de botones me esperan para convertirse en cortina), una columna jónica de libros, escribir la historia ficción de Serafín Encabo Salazar, cienes de planes y reuniones laborales, todo muy enérgico y primaveral, que luego llega el verano y la calma chicha de los cuarenta grados.

Así que los días que vienen se presentan llenos de proyectos y eso, amigos, es bien. En los últimos días despertarme y saltar de la cama es bastante correlativo para lo que suelo ser. Estoy con ganas y fuerzas y planeo, proyecto y ejecuto con bastante buen ritmo.

Y en esta vorágine, ando a la caza de lucimomentos. Ratos ajenos al planeta de la obligación, en los que dedicarme la mejor sonrisa y un poco de paz.

Hoy sin ir más lejos puedo tener una tarde zen. Con un poco de suerte -y un parón laboral inaplazable- voy a organizarme un antes y un después estupendo y creo que lector, que ando enganchada al libro de ahí arriba a la derecha y con ganas de muchos de los que me han regalado en mi cumpleaños feliz.

Y como si sigo con esto no avanzo el zen, me voy con la promesa de volver no tardando mucho a contaros cosillas de la nueva habitante de casa que, ya adelanto, es escultura y especial.

miércoles, 22 de mayo de 2013

hoy me ha dado por aquí

Tengo una cosa dentro que me atormenta desde hace un tiempo y tiene que ver con la condición humana.

Seguro que desde fuera yo soy mala malísima y hay quien piensa que todo lo que voy a escribir es aplicable a mí. Por supuesto, lo negaré hasta la tortura de la gota de agua porque yo me veo mona (of course) y sobre todas las cosas, buena.

En esta vorágine de vida y relaciones andáis  muy suspicaces. Me parece muy necesario frenar y empezar a mirar con ojos buenos a las personas que nos rodean, que al fin y al cabo no es que formen parte de nuestra vida, es que la van formando.

Esta mañana -por supuesto a propósito de un recuerdo- pensaba en estas cosas y en la importancia de la humanidad, de la sensibilidad en nuestras relaciones personales, y en lo poco común que resulta encontrar personas que muestren una pizca de estas dos cosillas tan importantes.
 
Sin embargo, cuántas veces somos espectadores de maldades, de chismes, de mentiras, de personas que se sienten superiores y por ello dotados del superpoder de despreciar a los demás, sin darse cuenta del gravísimo error que cometen. Todos somos personas. Todos somos especiales. Todos tenemos problemas. Todos necesitamos ayuda y a todos nos gustaría sonreír para siempre jamás.

Me pregunto qué es lo que resulta tan dificil, lo que complica ponerse en el lugar de los demás. Me pregunto por qué y en nombre de qué se hacen cosas tan raras como embarullar relaciones entre personas que se llevan bien, malmeter, hablar mal, criticar. ¿Celos? ¿Envidia? ¿Es tan terrible lo que se siente, se espachurra tanto el corazón porque pensemos que el de al lado tiene una vida perfecta? ¿De verdad es perfecta esa vida o necesitamos que lo sea para poder descargar la ira que nos embute?

En este sentido y como a todos, a mí me han pasado cosas raras, como aquella en la que una chica a la que apenas conocía (A) se fue con el cuento a otra chica a la que apenas conocía un poco más (B) de que yo era terrible y me dedicaba a ir hablando malamente de ella y de sus hijos y de no sé qué más a quien me quisiera escuchar. Recuerdo la sensación de impotencia que da  ese supalabracontralamía. Que no, que no, que yo no he dicho eso y la decisión final de alejarme de las dos, del lío y qué paz.

Para lo del desprecio sólo me cabe en la cabeza la superioridad de un ego bien defendido. Desde fuera se ve pedorrísimo, pero el que lleva el aura va tan estirado que debe pensar que además de estupendo, levita.

La verdad es que qué difícil hacemos todo, cuando podríamos dejarnos llevar por la intución, avivar lo que nos hace feliz, alejarnos de lo que no y en cualquiera de los casos acordarnos de eso de antes de que todos somos personas y tratarnos con un mínimo de humanidad. Y de educación, claro.

martes, 21 de mayo de 2013

mi regalo

Me he regalado tres días de playa con pins.

El lugar elegido ha sido Gandía. Muy valenciano, muy de mi infancia, muy agradable y mucha playa. No podía haber elegido mejor.

A pesar de las dudas de meteorólogo, el sol ha lucido y hemos disfrutado de arena y mar. Increible la playa tan laaaargaaaa y vacía.

El agua estaba lo suficientemente fría como para que a mí me llegara sólo a las rodillas, pero hay dos que ya han estrenado verano.
 
Ayer, mientras miraba al mar y olía el mar y escuchaba a mis dos sentada en la playa, fui tan feliz que hasta me imaginé trasladando mi residencia allí.

La verdad es que yo soy más de playas agrestes y escondidas, pero Gandía fuera de temporada es una maravilla y supongo que evitando el paseo marítimo durante julio y agosto debe ser una ciudad muy agradable en la que vivir.

De vuelta a la lluvia, tengo a gato tristón. Nos fuimos sin avisar y el pobre ha debido pasar el fin de semana sintiendo la ansiedad de sentirse abandonado. Supongo, porque anoche estuvo pesadísimo. Todo maullar y pedir caricias y seguirnos y acurrucarse en la cama hasta hoy y vuelta a pedir caricias y en fin. Los que tengáis la idea de que los gatos son unos sinalma ya podéis ir cambiando de opinión. Los habrá, pero desde luego mi gatoperro miau es de lo más sentido.

Los iones negativos o yo qué sé me han aportado un plus de energía y buenas ideas que espero ir poniendo en práctica ya mismo. Tengo que empezar a organizar las actividades culturales del próximo otoño y a dar las últimas pinceladas a las que vienen (celebración de la noche de San Juan, fines de curso varios, próximas 4 exposiciones, actividades para el curso 2013/14 y en general todas las que llenan día a día mi trabajo).

Hoy tenía previsto reanudar mis clases de yoga, pero me temo que hasta el jueves no va a poder ser. Aprovecharé el plantón para recogiditas, que desde el martes pasado ando a rastras con las cosasdecasa.

Por lo demás, bien. Con ganas de organizar mi tiempo y poder contar cosas como el desayuno que regalé el jueves a mis compis con motivo del cumple. Todo muy rosa y cursi. Y todos muy felices.

Desde luego el buen tiempo, la playa y la paz mental me han hecho volver con fuerzas y muchas ganas de todo.

A ver si dura.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El año del tatuaje

A las 22:00h de ayer, martes 14 de mayo, quedó oficialmente inaugurado el año del tatuaje. El evento -organizado por la comisión de festejos de casa luci- contó con la asistencia de las figuras más destacadas de la escena familiar de la denominada zonasierra.

El conmovedor acto fue precedido por una encantadora visita a la capital, en la que la homenajeada se autoregaló una taza de cerámica y 700 grs de diferentes tipos de té.

En una larga entrevista con ella, nos ha revelado los detalles más importantes del día.
 
"La jornada comenzó temprano. Hacia las nueve de la mañana llegaron los primeros técnicos, encargados de acondicionar las zonas verdes (desbrozar y matar arañas básicamente).


Mientras comenzaban los trabajos, recibí el regalo de mis pins: una cesta rebosante de productos ecológicos y tres libros y un faro.


Una vez abiertos todos los paquetes e intercambiadas las amorosas y mutuas muestras de cariño, se inició la primera sesión fotográfica, seguida de un potente desayuno, muy necesario para afrontar el día".

Por las informaciones que hemos recabado de alguno de los asistentes a la organización del evento, a partir de este momento casa luci se vio inmersa en una frenética actividad de compras de última hora y recogiditas varias, con el objeto de dejar todo listo para la celebración posterior.

Más adelante, y ya en palabras de nuestra protagonista, 

"Efectivamente. Antes de empezar en serio con los preparativos, teníamos previsto un almuerzo en Madrid (en Lavapies, por ser más croqueta) que llevamos a cabo con gran entusiasmo, aunque reconozco que en algunos momentos me invadió esa nostalgia que estoy segura va a acompañar a todo este año del tatuaje que ayer dimos por fin por iniciado.

Tras la comida, decidí hacerme un regalo y me acerqué a la tiendita de té de la calle argumosa, para la que siempre tengo un rato. Además de casi un kilo de material, en diferentes variedades, merqué una taza de cerámica, hecha a mano por un artista local. Estoy deseando sentarme un rato y poder saborear una buena taza de té".

Según fuentes oficiales, la visita relámpago, precedida del correspondiente reportaje fotográfico, finalizó con muchos besos y cariño, aprovechando el rato sin tormenta de las 18:00h.

De vuelta a Manza y de nuevo en palabras de Lucía "Se inició el caos. Empezaron a llegar invitados y celebridades. El photocall me impedía concentrarme en lo que ocurría en la cocina. El menú, a base de entrantes súper originales y pizzas artesanas, quedó reducido a las pizzas. Eso sí, resultaron todo un éxito, sobre todo la de espinacas y huevos de codorniz (aunque se generó cierta controversia con quienes prefirieron la de bacalao y ciruelas pasas).

En general, creo que el acto fue muy agradable. Los participantes salían y entraban de las diferentes estancias y a pesar de la lluvia, la velada en el jardín resultó muy apropiada para la tardenoche de mayo. Es una pena que la fotógrafa oficial de la celebración no haya podido tener las fotos del acto preparadas. Estoy segura de que os gustaría comentar los modelazos que lucieron todos los asistentes".

A nuestra última pregunta, Lucía nos contestó con la amabilidad y la simpatía que la caracteriza

"¿Que por qué el año del tatuaje? Porque me queda exactamente un año para hacer todas esas cosas que no he hecho de jovencita y que desde luego no voy a hacer traspasada la barrera de los cuarenta. Si no me tatúo el tobillo este año, no lo haré nunca".




Muchas gracias a todos los que habéis contribuído para hacerme feliz en mi día. A todos los que os habéis acordado de mí, a los de los regalos (¡todos chupis!) y a los de las sonrisas, a Dani y a Violeta por el esfuerzo, a todos los demás porque me queréis. Gracias por vuestras llamadas, por vuestras sonrisas y también por vuestros ánimos. Gracias al bichito que siempre me hace sonreír. A mis pins, que les quiero. En fin. Estoy muy contenta a pesar de ser taaaaaan mayora. Muchos besos a todos.


miércoles, 8 de mayo de 2013

bday

Madredelamorhermoso me acerco al terror de los cuarenta. Y lo que es muy mal: idealmente estoy en lo mejor de los veinte.

Supongo que esto va así. Que la percepción que tenemos de nosotros nos confunde, porque está claro que con esta tormentosa edad tendríamos que estar haciendo bolillos y no pensando en tirarnos a lo croqueta por las dunas de Monsul.

Pero no. Yo hago la croqueta y me levanto un poco vomitona y desorientada y sin muchas ganas de volver a subir corriendo duna arriba y ganar a los pins. Pero lo intento y el culo va y pesa y las piernas que dicen que no. Y ostras me ganan y me quieren ayudar y yo echo la culpa a esta falta de sangre, pero sé que más bien es que tengo una abultada historia en la mochila.

El martes cumplo treinta y nueve años y unas cuantas vidas. Porque los años nos van llenando de vidas.

Está la vida primera, muy llena de retazos y visiones y cosas que nos han contado. Luego la del cole, que en mi caso abarca hasta los 18 y sobre todo está llena de caras. Compañeros de clase, mejores amigos, profesores. Todos los recuerdos, descubrimientos, paisajes y colores brillantes están asociados a caras y nombres seguidos de apellidos.

Esta vida me viene fenomenal ahora para hacer de madre resabiada con áreas de nostalgia.

A partir de aquí, las vidas se confunden. Ya no llevan un ritmo cronológico, sino que se van mezclando entre países, trabajos, personas y viajes. Hay minividas dentro de vidas. Vidas que duran años y vidas que duran meses. Vidas que llenan el tiempo que he tardado en llegar a estos treinta y nueve que son yo.

martes, 7 de mayo de 2013

madrugar me mata

En la clasificación humana que nos divide en diurnos y nocturnos yo soy definitivamente b. Produzco más de noche. Soy más activa. Más pichi. Más mona. Más lectora. Más escritora. Más simpática. Más todo y todo bueno.

Esta maravilla del mundo tiene su oxímoron en las mañanas siguientes. Las mañanas torroja hoynomepuedolevantar. Las mañanas del humor terrible. Las mañanas en las que sin rubor digo no sé ni cómo llegan los pins al cole. Si no fuera por una fuerza sobrenatural que -entre nosotros- no sé de dónde sale, los pobres serían mowglis. Ahí, sobreviviendo solos en la naturaleza desordenada de la casa.

Aunque, pensándolo bien, serían mowglis si fueran diurnos. Lo peor es que no lo son y la falta de ese despertador humano es un tremendo bache en mi infinito camino hacia la perfección maternal.
 
Conociéndome, pongo no menos de tres despertadores lo suficientemente alejados de la cama como para imponerme la obligación física de levantarme (no hay nada más perturbador que un sueño feliz interrumpido por un monótono, temprano y chirriante sonido absurdo). Me zarandeo inconsciente de vuelta al calorcito del edredón y vuelta al sueño y vuelta al ruido y vuelta al sueño y voy empezando a ser consciente de que vaaamoossssssssssssmieeeerdaaaaaaa nollegamos nollegamos nollegamos.

Y así un alto porcentaje de mañanas. Las hay que no, que entre sueños decido que no, que no puedo con la mañana, que total, no es tan mala la idea de que se incorporen en el recreo. Así no molestan llegando tarde. Autoconvencerme y perder el sentido es instantáneo.

Por eso adoro los fines de semana. Noctambuleo en mi salón de luces ténues y jazz bajito y mañaneo en la cama hasta el aburrimiento. Son días tranquilos. Desayunamos tarde. Comemos tarde. Vivimos sin prisas. LLega el domingo y los ojos como platos. LLega el lunes y mecano.

Por eso días como hoy son un reto. C tiene que estar inevitablemente en el cole a las nueve cero cero. Es fundamental. Es importantísimo. Tiene un exámen. No puede llegar tarde.

No puedo llegar tarde mamá.

Tranquila, confía en mí.

Mamá, que no puedo llegar tarde.

Que ya. Que tranquila.

Despiértame a las siete y media.

Vale.

¿Me vas a despertar a las siete y media?

Que sí.

Sentir esa confianza ciega es alentador.

Y meterme en la cama con la presión de las siete y media también bien.

Pero lo realmente bueno llega con la acogedora cama posterior al primer despertador. Los ojos que no pueden abrirse. El incoherente balbuceo

Ccccccczzzzzzzzzz

...

Ccccccczzzzzzzzzz

...

Segundo despertador y cama. Más cccczzzzzz, más consciencia (no te duermas no te duermas no te duermzzzzz), más de lo mío.

Tercer despertador.

C, C vamos despierta. ¿No querías levantarte a las siete y media?

Ya nozzzzzz.

zzzzzzz

Este último sueñito ya es angustioso. Empieza a no ser lo mismo. La cabeza vuelteando. El cuerpo empieza a moverse. La cabeza que no para. No vamos a llegar. No vamos a llegazzzz no. Espabila.

C

Mmmmzzzzzz

Venga C, que tenemos que llegar pronto.

Mmmmzzzzzz

Voy a despertar a M

Mmmmmzzzzz

Empieza el día.

Hemos salido a menos cuarto de casa (mejor marca personal). 

Odio madrugar.



lunes, 6 de mayo de 2013

abrillibros

No es que sea anti-tecnológica. Es que me da igual. Utilizo el ordenar como herramienta de trabajo, información, comunicación o entretenimiento y basta. Ni me entero de los píxeles, ni de los gigas, ni de la memoria ram. Me resultan tan rollo como los coches. El coche te lleva (próximamente -ya hay reservas de por medio- a la playita, mmm...) y no necesito saber si es ford o tiene caballos.

Vale que lo del coche es diferente desde que soy damisela en apuros. Tengo que poner las bombillitas de las cortas y revisar todos los líquidos y gestionar lo de los seguros y al fin y al cabo hay que tener cuidado, pero el ordenar... El ordenar es rollo.

Quien dice ordenar dice smartphones (ay que o sea, ¿no?) y tablets y cosas muy en inglés. Cosas, digo. Si sólo fueran cosas. Son seres que van conformando un mundo monstruo del que aymeda me quedo fuera. El planeta del progreso. Si fuera soy buuuu. Si dentro bocamoscas.