jueves, 31 de enero de 2013

nada de gracia

Uno de los lugares que más me inspiran es la ducha. El agua hirviendo (si no no), el tiempo que pierdo, los olores del jabón-ahora-lo-llaman-aromaterapia... cosillas que me hacen viajar a mundos paralelos o inventarme un post.

El de ayer era chuli. Se iba a llamar el punto y empezaba con un He llegado a EL PUNTO. El punto sin retorno de la gordura de los cuarenta. Y el agua a todo quemar.

Mientras le iba dando forma recordé el comentario inglés de una vida antigua sobre las mujeres españolas: "Oye, que sois muy monas y tal, pero tenéis hijos y os venís abajo".

Ja.

martes, 29 de enero de 2013

con mis pins

Estoy contenta. Ayer conseguí transformar la apatía y enfurruñamiento de mis pins en ilusión y una gran tarde de mucha conversación a tres.

Cuando viven conmigo somos perezosos. A ellos les gusta casa y a mí me gusta remás, así que si no fuera por algunos impulsos repentinos, viviríamos a lo topo, calentitos en casita, de hibernación permanente.

Hemos pasado un fin de semana pues eso, topo, y ayer tomé la decisión de llevarles a ver la expo de Pompeya, ya os dije que era un must. Preparé unos sangüichis (lo de la improvisación es lo que tiene) y los metí en el coche con cara de madre muuuy pero que muuuy paciente, con media hora por delante para hacerles cambiar su cara de no por ganas de ver.

domingo, 27 de enero de 2013

viejunadas

A veces, una situación sin sal consigue que el paso del tiempo me aplaste de forma más violenta de lo que es habitual.Lo mismo no es violenta la palabra más acertada, pero es la que ha salido y tampoco describe mal el tambaleo.

Hoy ha sido adecentar una trona, que es ese mueblecito en el que sentamos a los bebés a comer. Cuando nació minimet, yo le ofrecí gustosa a meteorólogo todos los artilugios que me habían servido con mis pins, sin darme cuenta -hasta que me puse a pensar y a rebuscar- de que ya no me quedaba ninguno, salvo una trona que desmontada aún les sirve para sentarse de vez en cuando.

Con esa cosa de ayudar les ofrecí la trona, y ahora que empiezan a necesitarla la he rescatado y le he echado un agüita por lo de las telarañas del tiempo que pasa.

sábado, 26 de enero de 2013

rollo

Hoy ha sido día del pijama. Los pins andan de huelga de brazos caídos y además de despertarse llegando al medio día me han pedido ni salir. Y así, entre nosotros, qué iba a encontrar hoy fuera que no tenga aquí dentro.

Gato, que pasa bastante de nuestra pereza sí ha salido. Tanto que no le he visto hasta ahora. Cualquier día de estos una oreja rota o un ojo colgón me arrepentirán de haber respetado su naturaleza gatuna. Total, que sábado tranquilito. He intentado leer, pero no me apetece nada de lo que tengo en los primeros puestos de las varias pilas de libros. No sé cuántos llevo a medias. En cualquier caso hoy no es el día, tan tan lleno de singanas.

jueves, 24 de enero de 2013

300

Llevo días pensando a qué dedicar la entrada número trescientos, que es justo ésta. Y debe ser que ando harta de escribir (la revista municipal, ya-en-tu-buzón) porque cada idea va seguida de un sonoro buf.

¿Escribo de libros? buf ¿Escribo de las entradas que más me han gustado? Buf ¿De las más visitadas? Buf ¿De la timidez de los que leéis? Buf ¿Algo musical? Más buf... y en general así con más o menos todo lo que se me ocurre.

Y ahora que tengo un rato y un té, va y me lanzo en plancha a lo que sea, justo cuando zas! el vecino empieza un martilleo sin descanso en algún muro del garaje. Justo lo que me faltaba para bufear hasta el infinito.

domingo, 20 de enero de 2013

domingueando

Me gusta pasear y dentro del amplio mundo de un paseo, el de museos y exposiciones es bien chuli. Este fin de semana he paseado dos expos que me apetecían. Espero con ansiedad la que ha quedado pendiente, que tengo previsto ver twice. Solita y con pins.

La que falta es Pompeya. Falta la expo, que la ciudad ya la paseé incansable y minuciosa hace por lo menos un par de vidas. Lo mío con Pompeya es historia aparte y ya lo contaré - sí me da por ahí- cualquiera de estos días. Dependerá de lo que me sugiera el paseo pendiente.

viernes, 18 de enero de 2013

cosas de madrugada

Me ha despertado la madrugada con la idea de un poema. Y estas ideas, tan caras por escasas, hay que cogerlas al vuelo. Así que ando arrastrándome de sueño y con ganas de otro té bien cargadito.

El resultado del desvelo... dos versos.

Así visto parece que qué absurdo el madrugón, pero sólo así visto, que la satisfacción de que un cuaderno mío los contenga es una felicidad.

Si logro algo más que estos dos versos, daré saltitos en nubes. Si no lo consigo - no sería la primera vez- habré creado una frase perfecta.

jueves, 17 de enero de 2013

i did it my way

Una de las consecuencias de ir viviendo a mi manera es haberme saltado gran parte de las clases de orientación a la vida adulta, en particular las relativas a la casa: cómo convertirla en un hogar armonioso. Y ésta es la reflexión de hoy, al hilo de la tarde de ayer, que podéis imaginar lo menos parecido a la de la mujer típica americana de los años cincuenta, todo muy colocado, taconcitos y cupcakes.

Ayer fue mal. Y fue mal desde el principio. Un desorden de día desde el maldito toque de diana. Reuniones que sí, reuniones que no, deambular -esa horrible costumbre que me ofusca en los días no- y oh oh tarde con pins.

viernes, 11 de enero de 2013

buen viernes

La semana pasada viví una crisis de agotamiento mental y ayer me corté mucho el pelo. Dicen que me favorece, pero es más bien la cara buena de las decisiones drásticas la que lo hace.

También me compré maquillaje, que es algo bien exótico para mí, tan dada a las botas de montaña, a los despertares último minuto y a no esconder mis defectos bajo seductoras capas de color melocotón.

miércoles, 9 de enero de 2013

absorbiendo belleza

el abrazo - eduardo úrculo - 1997

de baches y sueños

Cierto que los días no nos regalan lo que más ansiamos. Es cosa de la vida y ofenderse con ella por esta pequeñez es bobo, porque si bien nos niega lo que creemos grandes cosas, cada momento está diseñado para que cositas de nada nos hagan sonreír. Y eso, lectores, no debemos olvidarlo.

Lo digo yo, la reina de esconderme cuando el día sale no, y lo digo en un día pichi con áreas de mar gruesa. Porque si no fuera así, el desmoronamiento sería colosal. El mío y el de todos en general. Si dejamos que las grandes cagadas de la vida dirijan nuestro camino, estamos listos.

martes, 8 de enero de 2013

a media luz

Después de una jornada de mucho hacer y una tarde en duermevela, me encuentro con la tranquilidad de casi las nueve, jeff gardner acompañando al incienso en su vuelo por el salón, gato adormilado sobre el imposible borde del respaldo del sofá y yo, con la calefacción a tope, empijamada y arropada con una mantita.

Que qué maravilla el invierno, oyes, pero cómo me gusta el verano con sus calores aplastantes y la lentitud del camino del sol.

Y así estoy. Tranquila, haciendo listas, haciendo bizcochos de mandarina y mascarpone, leyendo (esta madrugada -sí, me desvelé a las cinco- he terminado resurrección, una novela gótica con pavorosas faltas de ortografía de la que aún no tengo claro si hablaré por aquí) y ahora escribiendo un poquito.

lunes, 7 de enero de 2013

lo que no puede ser no puede ser

Y no puede ser que yo me transforme en eso tan antiguo del ama de casa. Vamos, que he pedido un aspirador a los reyes (magos, que ya sabéis que son los únicos que me permito) y en el mismo estreno me he liado los pies con los cables que total, lo he dejado para luego.

Llevo más de un año con miniescoba, que es una escoba que se quedó sin palo y me obliga a quitar las pelusillas doblándome sobre mí misma. Todo glam. Y ahora que por fin me industrializo, voy y hago un adorable ridículo de maraña de cables, tacos y pantorrillas.

sábado, 5 de enero de 2013

violetas

Violetas llevaba Umbral cada 13 de febrero a la tumba de Larra.

Violetas me gustaría llevarle a mí a Umbral, pero por más vueltas que he dado, no he encontrado dónde.

Violetas es romanticismo.

Violetas tiene una tienda en la que escapar del loquierotodo de cada comienzo de año. 

Como podéis imaginar, ayer estuve allí. Volví porque hace días olvidé llevarme unas violetas escarchadas, que recomiendo con entusiasmo como alternativa al caramelo. Puro azúcar y al final... violetas.


viernes, 4 de enero de 2013

de insomnios

Lo malo de los días malos es el insomnio de después. No contentos con un día-caca, la noche se nos presenta entera y llena de nada. como yo soy una suertuda y tengo un blog, pues puedo pasar un rato de este tiempo oscuro contando lo primero que se me ocurra, si es que el frío no ha congelado lo gris de ahí dentro.

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Parece que es el caso, y como después de un rato sigo con el runrún del rollo de hoy creo que me voy a meter en la cama, a ver si avanzo con alguno de los tantosmil libros que tengo a medias.

Por la mañana más y menos penoso, espero.

Feliz jueves!

martes, 1 de enero de 2013

ay

Una estupenda caída de culo es eso tan gracioso que le pasa a otro, pero tan doloroso cuando es una la que acaba con sus cuantos kilos sobre unas escaleras.

Mi última tuvo que mostrarse colosal, porque los pins -tan desinhibidos por infantiles- no lazaron ni el básico jaja inicial. Más bien corrieron a socorrer a una madre (poco maternal) que sólo acertaba a medio gruñir no-me-agobiéis-de-verdad-no-me-agobiéis.

feliz como un regaliz

He empezado 2013 leyendo un libro. La muerte de Virginia, para ser más precisa. Lo comencé anoche, según entré en la cama y lo he acabado hace un rato, el necesario para reflexionar un mínimo acerca de lo leído.

No os sorprendo si anuncio que me fascina Virginia Woolf (la frase una tiene sus locas vanidades proviene de uno de sus libros), su forma de escribir, su vida en Londres a principios del siglo XX, su faceta de editora... son múltiples los intereses que proyecto hacia esta mujer).

La muerte de Virginia es el último libro de los que componen la autobiografía de Leonard Woolf y el único que se ha editado en España. Entiendo que porque lo que nos va es la escritora suicida y no un interesantísimo recorrido vital de casi 90 años por nuestro pasado más reciente.

De hecho, el mismo título en castellano del libro nos da una idea del fin editorial perseguido: vender y vender, ya que la traducción literal del título original "Lo importante no es llegar, sino el viaje" (The journey not the arrival matters) no hace ninguna alusión ni a la escritora ni a su romántica desaparición.