martes, 31 de diciembre de 2013

365 palabras para 2013

C y M siempre, Jerry González, Toledo, Gandia, bodas, una estrofa de un poema, cultura, leer, arena de playa, Gloria Fuertes, yoga, club de lectura, apuntarme al gimnasio, mujer sin miedo, voluntaria, mujer bonita es la que sale a luchar, de vez en cuando qué bien viene una tarde de silencio, lectura y té, el amor no es la hostia, más, poesía, Almería, milenio, un paseo por La Acebeda, pavo real, todos los mares que he visto, una película horrible, que casi paso el verano en Senegal, las pizzas del cumple, un vestido súper, miau, poco a poco, una tarjeta de navidad bien chula, cupcakes, hiperactividad, mi trabajo, con sus cosas buenas y las malas, manoplas, sueños muy raros, leer un poema en público, lirios, ropa tendida, fotos de ventanas, una mañana chula en la nieve, ocho de marzo y veinticinco de noviembre, ideas que salen bien, Serafín Encabo Salazar, olas, devolución de hacienda que no llega, mal humor, vecinos, celebrar la nochevieja el veintiocho de diciembre, espiral, los sueños, a veces, nos hacen regalos, maquillaje, instituto, biodescodificación, mi taza de cumpleaños, una tarde con pablo guerrero, unas cuantas exposiciones, cambios, cambiar el aceite del coche, una bolsa de autoregalos que llevo en el maletero desde el verano a la espera de la nueva casa, comisiones y plenos, meternos los tres en la cama y leer memorias de idhún, país vasco, pintar piedras, la ilusión de ver avanzar la obra de la casita a la que he decidido irme a vivir, flores en la cocina, reír, ir de compras con C, fotomatón, seguir abrazando árboles, fotos panorámicas, las comidas previas a los plenos, una llamada inesperada, punto de partida, muchos libros, bailar, la hucha de monedas de dos euros, do it myself, escribir, meditación, gewürtztraminer, un concurso de poesía, de repente, quince años después... Tiziana, madrugar me sigue matando, unos cuantos días del pijama, acompañar, ochenta y cuatro entradas en el blog, pereza, celebrar mi cumple en la playa, lluvia, viajar en coche, y de regalo dublín, he pasado un gran año y tengo la certeza de que voy a disfrutar dos mil catorce, a pesar de los terribles cuarenta. Miles de sonrisas felices. Lucía.

domingo, 29 de diciembre de 2013

dosmiltrecelibros

Diciembre ha sido mes de poco leer, y como no creo que acabe antes de ya el que tengo entre manos, os cuento que Wakolda, de Lucía Puenzo y Ni tiro, ni veneno, ni navaja de Gloria Fuertes han sido mis libros de fin de 2013. 

Wakolda narra la parte de la vida de Josef Mengele (el criminal nazi que realizó atroces experimentos científicos y genéticos con cobayas humanas) que le lleva -una vez huido de Alemania- desde Buenos Aires a Bariloche y el tiempo que pasa allí. Mengele no se deja en Alemania su obsesión por la pureza y la perfección de la raza aria y sigue experimentando en Argentina, en especial con la hija extremadamente baja del matrimonio que le hospeda. Nadie conoce su identidad y el libro cuenta la relación que se establece entre ellos. Recelan de él, pero a la vez se sienten atraídos por sus conocimientos médicos y su capacidad económica.

De Wakolda me han encantado las imágenes. Es un libro extraordinariamente visual, tal vez por haber sido escrito por una directora de cine, Lucía Puenzo, que además a llevado al cine este libro en la peli "El médico alemán", que debería haber visto (lástima de llegar tarde a todos los sitios).

martes, 24 de diciembre de 2013

saca la bota, maría

Acaba un año chulo y empieza otro en el que tengo previsto viajar. 2014. El año de los cuarenta. El año de los viajes. El año del tatuaje. 

Me quedan unos seis meses para completar la lista de cuarenta-cosas-que-quiero-hacer-antes-de-cumplir-cuarenta que he preparado con C. Teniendo en cuenta que el plazo comenzó el 15 de mayo, ya voy mal de tiempo. A ver si consigo que 2014 sea el año de no dejar para mañana lo que quiero hacer hoy. 

Y en líneas generales quiero escribir y viajar. Ah, y cambiarme de casa.

Y en estas cosillas me encuentro este 24 de diciembre en el que -ya es tradicional- me he despertado enfurruñada y con pocas ganas de salir de casa. Afortunadamente este año no tengo previsión de celebrar nada y la perspectiva de noche de peli chula me llena de alborozo. 

Y como ando liada con mensajes, correos, el libro con el que me quiero meter en la cama en plan siesta y to dos para los próximos días, dejo por ahora el blog con el firme propósito de dedicarle más tiempo a partir de mañana y mis mejores deseos para esta noche, para los que la celebráis y para los que no.

martes, 10 de diciembre de 2013

detalles

Hasta ahora he pasado un día-regu. Rollos laborales, desánimo vital, sueño al cubo, los amigos pesados de miau y el proyecto abortado de pasar la tarde en una librería capitalina suman y espero que no sigan. Pero entre toda esta mole gris marengo va y me quedo con un rato rosa de sonrisa grande.

...

Estoy suscrita a una editorial, que es otra forma de apoyar la industria de los libros. Una vez al mes recibo un ejemplar, alternando poesía y relato. Había comprado antes libros de esta editorial porque es quien edita a Gloria Fuertes y yo adoro a Gloria Fuertes, no sé si lo recordáis (creo que la primera entrada de 2012 trataba de ella). El caso es que desde hace un tiempo recibo libros de Torremozas, que es como se llama esta editorial.

Hoy salía de casa y como todas las mañanas he abierto el buzón y como siempre que llega el paquete de Torremozas me he puesto contenta. Hoy además, tenía también una felicitación navideña de mi tía y jo, qué alegría recibir cartas manuscritas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

noviembrelibros

En noviembre han caído seis. A saber:

Yo soy Malala, Nadie quiere saber, Habla Walt Whitman, Intrusa, Deportados a la tierra de Van Diemen y Sólo por instinto.

El que más me ha interesado y gustado, el de los deportados. El que menos, ahora lo adivináis.

Los dos primeros han sido libros de cama. Los leí en pleno ataque gripal, sin más pausas que las propias de la fiebre. Los leí en el ipad y

Yo soy Malala sitúa en el mundo a los que vivimos en la felicidad de nuestros sistemas sociales más o menos rancios, pero más o menos libres (si dejamos de lado las manipulaciones conspiranoicas).

Abres el libro y zas, te transportas a pleno valle del Swat, en Pakistan, justo antes de la instauración del régimen talibán. Supongo que la historia de esta niña es lo suficientemente conocida como para que nadie se pregunte por el argumento del libro. Es la historia de su vida hasta los quince años. Hasta que un tiro en la cabeza por ser mujer y por ir a la escuela la desterró, junto con su familia, a Inglaterra, desde donde se ha convertido en un símbolo de la lucha por la educación universal.

domingo, 10 de noviembre de 2013

En el planeta del moco

Me suena que conocí a alguien que enfermaba periódicamente en octubre y marzo. Lo mismo lo he inventado. En cualquiera de los casos, he incorporado la idea a mi cuaderno de cosas que me pasan. Gripeo periódicamente. Los cambios de estación son fatales y -lo mío es más noviembre y tiro porque me toca- muy dados a hacerme pasar por la catarsis del moco.

La cosa viene de lejos. Lo barrunté el jueves. Lo incorporé a mi organismo también el jueves, durante ese ratito de estar hasta las doce y media de la noche de palique en la plaza. Del viernes no me acuerdo. Ah sí. El viernes. Dolor de garganta y poco dormir. Ayer parecía que lo peor había pasado y me hice la fuerte. Nunca os hagáis los fuertes. Qué noche. Hoy sigo grunge y dolorida y con empasmotós y abonada al pañuelo desechable (de hecho, no tengo de otro tipo).

Entre fiebres y limón con miel ya me he leído un par de libros. No hay mal que por bien no venga. También he procurado poner un par de lavadoras. La vida adulta es un fiasco y si no lavas los hijos no se visten, así que ale, a sacar fuerzas de la cama y ya que estoy, mejor si recojo todos esos pañuelos y tazas que decoran el suelo y cómo puede ser que me arrastre con tan poco glam.

La enfermedad también hace ver la tele. Es el mejor estado para dejarme caer sobre el sofá, mando y lo que me echen. Total, todo me da igual de pena. Me siento muy poco Michelle Pfeiffer deslabazada frente a la tele, con los bolsillos de la batakurt repletos de tissues. Todo muy survival. Ja. Como si alguna vez me sintiera MP.

He visto que ahora las latas de cocacola llevan nombre. Sinceramente me parece una soberana gilipollez y muchas ganas de complicar las cosas. Afortunadamente no trabajo la cocacola, pero compro de vez en cuando por tener algo que ofrecer a visitantes y amigos. Ni me voy a poner a elegir nombres en el súper (bastante perdemos el tiempo como para regalárselo a algo tan despreciable como una marca) ni voy a meter en mi nevera nombres ajenos.

A partir de ahora agasajaré con vino, agua y leche de avena chocolateada. 

He visto también un anuncio que eleva al súmmum de las ideas unos pedales que te permiten estar sano sin salir de casa. En serio. ¿Estoy tan afectada afectada por el planeta del moco o vivimos rodeados de idiotez en líneas generales?

miércoles, 6 de noviembre de 2013

octubrelibros

Vaya. Que ya es noviembre. Parece que fue ayer cuando comencé con la lista de libros 2013. Fue el mismo 1 de enero. El libro: La muerte de Virginia, de Leonard Woolf. Diez meses después sigo con mis libros. Más compro que leo, lamentablemente. Pero cada línea me hace feliz. Me gustaría tener más tiempo o más tranquilidad o lo mismo las dos cosas. O más orden. O en fin, que aquí voy con lo no mucho de octubre, que empezó con Los olivos de Belchite, de Elena Moya y ha terminado con Huesos en el jardín, de Henning Mankell.

Entre medias: Afortunada, de Gabrielle Bell, Los seres quebradizos, de Rocío Hernández Triano y El taller de escritura, de Jincy Willet.

Me gustó Los olivos de Belchite. Será que tengo ganas de visitar el pueblo. Será que la historia me interesa. Será sencillamente que pasé buenos momentos, entretenida entre sus páginas. Es una historia familiar, en la que el pasado-guerra-civil se confunde con un presente-batalla-económica. La historia se desarrolla entre España y Inglaterra, entre campos de olivos y zonas industriales. Las protagonistas, 3 mujeres que son 3 generaciones. 3 mujeres fuertes que se enfrentan -cada una en su momento y con sus armas- a los problemas de cada generación: la guerra, la política, el machismo, la homosexualidad, la libertad. La libertad. Historias que se resumen en una frase muy de abuela: "La vida no es como es, sino cómo se vive".

Afortunada es una novela gráfica. Entre nosotros, no es de las mejores que ha caído en mis manos. Se trata de una historia autobiográfica con un contenido muy -como este blog- de andar  por casa. Parece que la autora no tiene nada que contar. Nada que interese al lector. O si lo tiene no llega a comunicarlo bien. Sobre todo en la primera parte (está dividida en tres). Yo creo que la mejor parte es la tercera, en la que la narración ya va siguiendo un hilo argumental. Es más narrativa. La primera parece un ejercicio más que otra cosa. Un rollo "voy a escribir una viñeta diaria a ver qué pasa". Y lo que pasa es que a la autora no le ocurre nada interesante y las viñetas diarias pues eso, no interesan. Como escribo, la cosa va mejorando y en la tercera parte parece que encuentra su voz y un hilo argumental más consistente. En cuanto a los dibujos, son muy sencillos, casi minimalistas. Supongo que intencionadamente acordes con el intimismo que quiere transmitirnos Gabrielle Bell.

Los seres quebradizos es un poemario del que compartiría algún verso y creo que un par de poemas si lo tuviera aquí delante. No es el caso y no lo recuerdo como para reseñarlo aquí. De hecho, ha sido al abrir el cuaderno por la página listalibros2013 cuando lo he visto, en su puesto 46 y ostras, me ha costado ubicarlo. Recuerdo que marqué algunas páginas, por eso sé que tiene versos que compartir.

En lo que respecta a El taller de escritura, es una novela de intriga-asesinatos-y-demás que decidí leer por recordar un taller al que asistí hace unos años. Me han gustado algunas pistas que da sobre escritura y en general me ha entretenido bastante. Ya sabéis qué pasa con las intrigas facilonas. Amy, la prota, es profe del taller y se enfrenta a un curso nuevo, nuevos alumnos y oh oh de repente amenazas, notas, sustos... y un asesinato. A partir de ahí, imaginad. Alumnos que se convierten en sospechosos. Miradas de soslayo. Carreras a medianoche. Más muertes y un final feliz, con asesino desenmascarado y amigos para siempre.

Por último, Henning Mankell.

Kurt Wallander pasea por el jardín de la casa que está valorando comprar cuando tropieza con una mano esquelética. Además de eliminar de sus registros cerebrales la adquisición de la casa, este hecho inicia la última página del detective sueco. 

Según indica el propio autor, este librito (no llega a 90 páginas)  fue publicado en exclusiva y como regalo promocional para sus lectores de los Países Bajos. Una vez publicado El hombre inquieto (novela que cierra la serie de este detective) decidió hacer público (más público) el librito de los huesos, para que todos los amantes de Wallander pudieran incluirlo en sus colecciones.

Lo que más me ha gustado del libro ha sido el posfacio. Un texto de Henning Mankell en el que destripa de dónde salió el inspector, por qué escribió cada historia, cómo las documentó, cómo fue creando a los personajes... En fin, la parte de los libros que pocos conocemos y que a algunos nos interesa a veces más que la propia historia que cuentan.   


martes, 5 de noviembre de 2013

vamos, que tengo un rato

Hoy llegaba a casa pensando en las cosas que me gustan. Bueno. Esto no es así (¡!). Realmente pensaba en lo rebien que se está en la cama cuando el viento amenaza ahí fuera, como los malos de Hill Street. En lo bien y calentitos que estuvimos ayer los pins y yo -leyendo en conjunto Memorias de Idhun- mientras el vendaval hacía de las suyas con las macetas, las contraventanas y las bolsas abandonadas.

De ahí he saltado mentalmente a otras cosas que me gustan, como hacer regalos manuales (ando ahora con ideas monísimas para los amigos invisibles que llegan por navidad), nadar, abrir la puerta y gato, ducharme con agua muuuuy caliente, recibir cartas (estoy por poner mi dire por si cae alguna... porque lo que son cartas, qué pena que no sean tendencia) o en su defecto correos inesperados, hablar por los codos y -qué demonios- me gusta el silencio y mucho estar sola. También me gusta hacer fotos. Sobre todo a ventanas y a ropa tendida.  

He pensado que de todo este batiburrillo podría salir algo digno que contar, pero oh oh me he puesto a hacerlo justo ahora que empieza una reunión y oh oh, me temo que debo dejarlo para otro momento.

martes, 29 de octubre de 2013

insomne

La nueva modalidad de meterme en la cama a las nueve y leer un cuento a tres -supongo que unido a las ansiedades de los últimos días- va y horror me despierta a las cuatro de la madrugada.

Después de leer, pensar, escuchar, aprovechar el casi único momento en el que puedo achuchar a los pins sin quejas, leer más, repensar, intentar conciliar el sueño y programar el día, decido empezar la jornada a las seis.

Té y sofá. Y qué rollo. Podría ponerme a escribir un rato. Y aquí me tenéis. Diría que con la compañía de gato, pero gato ha preferido hacer una incursión a esta noche sin luna. Así que sola.

Tal y como me siento ahora, no quiero ni imaginarme las seis de la tarde, salvo que esa imaginación desemboque en una siesta de tres horas, con posibilidades de llegar al mar de una noche de sueño reparador y lleno de horas de inconsciencia.

Por si acaso la imaginación me hace cabecear, voy a moverme un poco. Que tener hijos añade al no dormir la angustia extra de no caer y que falten a clase y que me llamen al orden tal. 

Muy buenos días a todos y feliz martes (largo, ay).

martes, 22 de octubre de 2013

colores

Que los días grises me motivan es sabido por repetido. Que los días grises todos los colores brillan más es mágico. Por esas cosas de la vida, tenía previsto escribir sobre la lluvia y los colores, pero voy a dar un giro radical hacia la mierda de la informática y los ordenadores de mesa. Odio la informática. Además de no interesarme nada, no entiendo por qué si pongo un punto y aparte en esta maldita entrada, el espacio tras el punto y aparte mide diez centímetros. Nunca había ocurrido hasta ahora y no lo entiendo y me pone de un mal humor colosal y sólo me dan ganas de patear esta estúpida pantalla. Con lo bien que había empezado hoy el día, con su desayunito de huevo revuelto, caqui y earl grey, con las perspectivas de una jornada diferente, con la lluvia y lo de los colores. En fin. A estas alturas, y con la sabiduría que dan mis años (tan vacíos de ordenadores, móviles, millones de canales de tv y tal) no voy a intentar entender de qué van estas máquinas del diablo. ¿Que tengo que cambiar la historia? La cambio. ¿Que tengo que irme a dar una vuelta relajante? La doy. ¿Que me va a tocar inflarme a cualquier barbaridad proteica -ay, la ansiedad? Me inflo. ¿Que a otra cosamariposa? A otra. Bastante he tenido que aguantar en la vida como para que un maldito ordenar dirija mi día de lluvia.  

lunes, 21 de octubre de 2013

lugares que sí (II)

Nueva York.

Reconozco que llegué a Estados Unidos con la demoledora mentalidad pueblerina que nos infiltra el viejo mundo.

Nueva York.

Reconozco que mi posicionamiento anticonsumo no ayudó a mejorar la perspectiva a lo largo de mis paseos-disney-world.

Nueva York.

Reconozco que mi primera impresión estuvo cargadita de tópicos y una indiferente sensación noesparatanto.

Nueva York.

Y de repente me asomé a la terraza del Empire State (no pudo ser en un sitio menos típico) y Nueva York.

Todo cambió en ese momento nocturno en el que de repente nunca había visto nada igual. Me quedé prendada de la ciudad. Quise ser americana. Tuve la seguridad absoluta de estar en otro mundo. Desde ese momento mi perspectiva y mi viaje cambiaron.

Es una ciudad espectacular -ya sabéis, de cine. De cine y de paseos, de cultura, de bicicletas, de vida, de noche y de día, de un ferry a Staten Island, de bajar a Battery Park en una manifestación de apoyo a las mujeres enfermas de cancer, de librerías, de plazas, de callejones y avenidísimas, de central park y john lennon y de claustros (ay) y de música.

Están los ríos, la estructura, las referencias de nuestras vidas, por supuesto. Las prisas. La estación central y Alex el León.

Museos, restaurantes, Broadway. Walt Whitman en los muelles. Flores. Todas las tiendas. Fotos. Humo que sale de las alcantarillas. Frank Sinatra.

Por supuesto es una ciudad a la que volver. Y yo pienso hacerlo en cuanto pueda. A la ciudad y al país, del que me enamoré por extensión. Lástima de fotos que no hice/tengo para el recuerdo. Pero qué alegría de paseos.

viernes, 4 de octubre de 2013

tantas cosas

Pues eso. Tantas cosas que no hay tiempo. Y cuando lo hay es para desintegrarme en la cama ya sin ganas de nada. 

Desde agosto, comienzo de coles e institutos, mucho y concienzudo trabajo, ratos de hospital y paseos por el campo. Planes y -para variar- muy pocos libros. En septiembre sólo dos, los dos de poesía.

Hablando de poesía, una tarde de septiembre me puse el traje de mujer maravilla y organicé, participé, leí y repartí las entradas del festival poético poesía entre almenas. Una experiencia formidable, sobre todo porque conseguimos movilizar a más de cien personas para pasar una tarde diferente, de poesía, música y pintura.

De verdad que no puedo guardar un mejor recuerdo de la experiencia.

También fue memorable la tormenta de anoche. La maravilla de la lluvia despertadora, de los truenos, de gato asustado, de salir de la cama y de la habitación y el balcón lleno de viento y relámpagos. La maravilla de volver mmmm a la cama.

¿No son preciosas las palabras relacionadas con la tormenta? Tormenta, trueno, relámpago, lluvia, granizo, vendaval. Sí. Definitivamente preciosas.

Ey. Que he dejado a medias los septiembrelibros. Ya dije antes, dos: Sueños de arena en Tánger, de Cloti Giménez Guzzo (si miráis la foto y me identificáis como la chica de azul, Cloti es la otra mujer que forma el grupo de tres que se dirigen al respetable). El otro libro, también poético, es Animal de presa, de Laura Yasan.

Además de estos dos libritos, me he liado con Obabaoak, La cúpula, Deportados a la tierra de Van Diemen y un par más de los que escribiré mis impresiones en cuanto los haya leído. No antes.

Ya dije que septiembre ha sido un mes estrés. Y eso se refleja mucho en lo que leo y en lo que escribo, que en ambos casos es menos de poco.

A ver si voy cogiendo el ritmo de todo otra vez.

(por cierto, Una casa en Córcega ...la entrañable peli de septiembre, que recomiendo a nostálgicos, sensibles y adoradores del otoño).

Bienvenidos again. Qué felicidad volver.

sábado, 31 de agosto de 2013

veralibros

La Sra. Memoria no me ajunta y así me va. Si no apunto las cosas se pierden en el agujero negro craneal que requetengo. Esto va al hilo de los libros del verano, que entre unas cosas y otras no he apuntado y así, amigos, imposible es de contar.

Los anotados en julio son Los buenos suicidas, de Toni Hill; Sé lo que estás pensando y No abras los ojos, de John Verdon; Té de manzanilla y otros poemas, de Katherine Mansfield y Los ecos de la tragedia, de Javier Pérez Campos.

Así de memorieta apuesto por Té de manzanilla y no me gustó el último de la lista. Los otros, qué os cuento, entretenimientos playeros. Ninguna obra de arte.

De los no anotados, resalto Me acuerdo, de Joe Brainard. Un libro que recomiendo porque por fin algo original. Lo de por fin es retórico. El libro se publicó en los setenta. Pero entre tanta historia y tanto libro y tanto montón de gente que escribe, la lista de meacuerdos de Brainard es un pequeño regalo para la mente. Sobre todo para la mía.

No voy a resumir ninguno porque (i) en cuanto a los playeros no merece la pena, son mero entretenimiento y (ii)  Té de manzanilla y Me acuerdo son libros irresumibles más allá de lo contado.

Por lo que respecta a agosto, he descubierto los libros electrónicos. Con el "he descubierto" quiero decir que he descubierto que aprecio los libros electrónicos. Y yo que pensaba que nunca iba a caer en las redes tecnológicas y que sería feliz entre libros y con mis libros. Por su puesto que mis libros siguen y seguiré defendiendo su edición y su lectura, pero empiezo a ver el lado bueno de la lectura electrónica.

No en vano, este agosto han caído los cuatro primeros: Una vacante imprevista, de J.K. Rowling; La comunera de Castilla, de María Teresa Álvarez; Un viaje portugués, de Julio Llamazares y Las puertas templarias (qué lamentable final), de Javier Sierra.

Además, he leído las obras completas de Maitena, y así ando de alterada.

De todos estos libros me decanto por La comunera de Castilla. Es una novela histórica basada en María Pacheco, mujer de Juan Padilla y gran defensora de la comunidad castellana frente al imperialismo de Carlos I (No quiero vivir en una castilla en paz porque sea cobarde, porque ceda a los abusos arbitrarios de los poderosos. Una Castilla que se conforme con obedecer, a la que no le importe decidir ni opinar sobre su futuro, que incluso mire a otro lado para no ver cómo la traicionan y saquean impunemente. No, yo no quiero vivir en una comunidad enferma como ésa, aunque sea en paz). El libro es una delicia. Está perfectamente documentado y muy bien ambientado. Lo leí entusiasmada de un tirón. 

A lo mejor haber celebrado el Día de Castilla en Villalar de los Comuneros y haber pasado por La Alpujarra mientras lo leía me ha disparado la parte no agujereada del cerebro a la historia y de ahí el encantamiento. Puede ser. En cualquier caso, creo que es un gran libro.

Ahora tengo cinco o diez a medias, para variar. Pero esos ya los iré contado y apuntando (sí, he encontrado el cuaderno de apuntar libros) en los próximos meses.

Que paséis un sábado lleno de sonrisas y, a ser posible, de libros.

martes, 27 de agosto de 2013

más de verano

Reconociendo todo lo reconocible, a mí el 90% de las creaciones de Dalí no me transmiten más que desasosiego e intranquilidad. Es cierto que suya es una de las pinturas que más me han gustado en los años que gasto, pero también es cierto que –entre nosotros y con mucho cuidado… el resto, ni fú ni fá.
Así las cosas, he acompañado a madre –gran seguidora del figuerés- a la expo que triunfa estos días en Madrid. Una retrospectiva, antología, barbaridad o como se quiera llamar de la vida del artista.
Más que los cuadros, me interesaron los documentos, las fotos, las cartas manuscritas; igual que más que el pintor me interesan sus vividurías de allá por los años treinta. Y sobre todas las cosas me fascina el factor antropológico de las leyendas del pop, digo del arte.


Y es que el paseo hubiera resultado interesante (la verdad es que está muy bien documentada) sin esa cantidad ingente de personas que hablan, personas que comentan, personas que explican, personas que sudan, personas que te empujan, personas ufanas por haber leído una carta con faltas de ortografía, sin darse cuenta de la irreverencia. Sin querer/poder ir más allá. Personas, en definitiva, que formamos una masa apta para cualquier rebaño en el que nos quieran meter a pastar.
A la expo le falta espacio. Espacio para pensar, para mirar, para leer, para evitar el molesto contacto físico. A la expo le falta silencio. A la expo –definitivamente- le sobra marketing.
Madrid es una ciudad de exposiciones y de museos y de poco interésautóctono por las exposiciones y los museos (ay, Giacometti) y aquí me surge el dilema de apoyar los marketings por su vertiente difusora de la cultura (todas esas personas sentadas en el suelo esperando la apertura de puertas hacia el grandalí) o de liarme la manta a la cabeza y odiar a las multitudes ignorantes.
Ahí ando.
Es que veréis. Mogollón. Círculo. Comentarios. Aspavientos. Oes. Aes. Abanicos. Expresiones de placer y de emoción. Un cuadro. Por favor. Que el cuadro está en el Thyssen. Por favor.
Que por una parte está bien la idea-antología-comercial. Para quien adore la obra de Dalí/Quiensea es una maravilla una exposición de tantas obras y de tantos documentos. Una maravilla, si se pudiera ver en silencio y con el recogimiento y el sosiego que exige disfrutar de la belleza. 
...
Esta noche más baño de masas. Cenita y conciertito rock. A ver qué cuento mañana.

sábado, 24 de agosto de 2013

ya estoy perdiendo el tiempo

Hoy, que voy a contrareloj, me entretengo en bailar primero y en leer poesía después. He bailado -y pienso seguir en cuanto acabe esto- como hacía tiempo. Si bailara todos los días así, con ganas y movimientos frenéticos, seguro que el gordinflón del coche grande que me dijo ayer que me veía más gorda, se metía el comentario en ese hueco feroz que se abre entre dos botones de su camisa, a la altura del ombligo.

En mitad de Tom Jones, lo mismo, me he acordado de que ayer tenía que haber enviado un mensaje de feliz cumple a una amiga y a pesar de los movimientos de cadera he conseguido encender el ordenar.

Como al correo le acompañaba un poema del todo incompatible con el poprock, he hecho ssshhhhh con la música y me he enredado en las bellísimas palabras de Szymborska. Sentarme, abrir el libro y perder la noción del tiempo, como hice antes con el baile.

Y así va el sábado. Bien, de momento. Aunque me temo que con tanto salirme del guión, en un rato las prisas del debe me encaminarán a una siesta, espero, merecidísima y feliz.


miércoles, 21 de agosto de 2013

arde la calle

Que los despertares multihorror con los que inicio el periodo postvacacional me catapulten sin más al cráter de un volcán ayuda cero a mi incorporación al planeta de los adultos.

La brisita del mar es del mar porque en el campo no existe. En el campo no existe el aire, de hecho. Aquí, estamos racionando el oxígeno. Nos movemos poco, sobre todo en las lentas horas que pasan desde que llego a casa hasta que empieza a anochecer. 

Mi cuerpo -sabio- pierde el conocimiento justo después del gazpacho, para recuperarlo ya entrada la tarde, que sigue siendo irrespirable.

Estas tardes eternas. Y sus noches insomnes.

Para colmo de terrores, me ocurre eso tan exótico de sudar porque sí. Vivo intentando que ninguna parte de mi cuerpo roce otra. Vivo de mal humor. No me gusta esta lentitud agotadora y tropical.

Lo mismo me gustaría si no tuviera que jugar a ser mayor. Si me levantara desayunoypisci y no vestiditoyreunión. Si pudiera pasarme el día descalza. Si me hicieran la comidita y me lavaran la ropita y me llevaran a la feria y me compraran un helado y yo pudiera evaporarme a la escalera de atrás, la que está en sombra, con un libro y una manzana y qué calor, me voy a dar una baño y ahora vuelvo mojadita y refresquita a seguir con el libro a la sombra del laurel. 

Como decía aquélla, yo es que soy más de otoño. No quiero dejarme llevar por la felicidad de imaginar la primera tormenta. Prefiero pasar por lo que queda de verano al estilo tauro, mirando al suelo y caminando sin desfallecer.

Por lo demás, bien. Como siempre. Poniendo en marcha nuevos proyectos laborales y organizando los DIY de la próxima temporada. La verdad es que cuando me recupero me cunden bastante las mañanas y las noches. 

Eso sí.

Las tardes me fulminan.

  

lunes, 19 de agosto de 2013

cuántas cosas

Desde la última vez que paseé por aquí han pasado muchas cosas, casi todas en un ambiente distendido y afortunadamente veraniego.

Así sin ir más lejos, casé a meteorólogo al más puro estilo Lucía -esto es, asombrando al personal con un discurso inicial (luego ya limité mis intervenciones, ofcors) absurdo y trabalenguas. Hay quien sigue intentando descifrar el sentido de mis palabras. 

También he tenido ocasión de disfrutar de la feria con los pins con esa alegría ruidosa eslaúltimamontadaquemevaisaarruinaaaaarrrgghhhhh, de bailar hasta el fin del mundo en un concierto de Alejo Stivel -ex tequila, vamos a bailar un rock&roll a la plaza del pueblo- y de por fin, poner rumbo a una semana de playa en Almería.

Se me olvidaba. En esas fechas revueltas de primeros de agosto me reencontré con una persona a la que quiero un montón y que desde hace años se defiende por las alemanias. Me encantó el ratito en casa. Mola.

Siguiendo el hilo... en Almería, requete. Un gusto la compañía, la playa del cabo de gata, el gazpacho, el agua transparente, nadar hasta la boya, coger piedras, los días con los pins, las fotos del pasado, la cocina musical, leer en la terraza. Un gusto todo, la verdad. Y -buuuuuuuu- corto.

Vuelta del mar y días en casa con pins. Cine, paseos, descanso, hacer magdalenas y tartas y celebrar el cumple de mini. Hice gazpachito almeriense para la cena y -entre nosotros- menuda mierda el de bote.

El domingo comida con hermanos y cuñados (que qué alegría de cuñad@s, oyes, son pichis). Por cierto, tener dos hermanos con edades dispares y que se casen en el mismo mes no tiene perdón. Tengo la ilusión puesta en hermanopequeño, que de pequeño que es no sé si llegaré a su boda en condiciones de amortizar el vestido de princesa que usé en junio. Ains.

El domingo, además de la comida maternofraternalísima, recibí la buena noticia de que mi amigo A, de esa infancia que se resiste a abandonarnos y qué bien, ha tenido un bebé. Ya contaré lo precioso que es, porque pienso ir a verle esta semana. O la que viene.

Y poco más. Los juliolibros los contaré cuando encuentre el cuaderno en el que los voy apuntando. Creo recordar que fueron pocos, con los líos y tal. En cualquier caso, mi memoria de pez no me permite recordar sus títulos, así que habrá que esperar al deseado encuentro con el cuaderno.

En agosto he descubierto los libros electrónicos. Los he descubierto y de repente me han parecido un ideón. A mí, tan defensora del papel y tan reacia a las máquinas. Creo que ya me he leído tres, aunque sigo adorando los libros con devoción. Da igual las vueltas que le dé, mi ipad nunca olerá como lo hacen los libros. Nunca lo acariciaré como a un libro recién leído, mientras recuerdo y pienso y voy saliendo de la historia que me acaba de contar.

Y hoy he estado en el cine.

He visto La mejor oferta. Imprescindible. Si me queréis hacer caso, id a verla. La evolución del protagonista es antológica. Sólo la música (Enio Morricone) ya es fascinante. Es una película que conjuga intriga, sensibilidad, belleza... Una pequeña maravilla.

Cuenta la historia de un reconocidísimo y casi insensible experto en arte y propietario de una casa de subastas que recibe el encargo -de manos de una joven misteriosa- de tasar y vender las obras de arte que ha heredado de sus padres. La extraña relación con la mujer (que entre otras cosas no se deja ver mucho) le transforma y transforma su vida y sales del cine pensando y recordando y al cabo de unas horas sigues con la película en la cabeza. Es emotiva y es una peli de intriga y también de amor. Una peli de G. Tornatore que por lo menos a mí me ha regalado una gran tarde.

Volver al trabajo en agosto no deja de ser agradable. Todas estas tardes en blanco para llenar con pelis o museos o Madrid. Todas estas noches para escribir, leer y tomarse un buen algo helado.

Definitivamente estoy contenta.

Muy feliz semana.

lunes, 29 de julio de 2013

peliculitas

En los últimos días he visto dos pelis en el cine. Las dos británicas. Una terrible terrible en todos los aspectos y otra delicada y deliciosa y preciosísima sin más.

La primera -la terrible- se llama Turistas y obedeció a un impulso de ultimísima hora. El resultado del impulso fue una necesidad monumental de abandonar el cine a media peli, que no se materializó por (i) vergüenza torera y (ii) esto tendrá algún sentido y pienso encontrarselo... a ver si me lo voy a perder.
 
Es una road movie en caravana, a lo Thelma y Louise pero con Chris y Tina, un par de desequilibrados que en fin. El argumento de la "comedia británica más hilarante de los últimos tiempos", a la sazón "Chris quiere mostrar a su introvertida novia, Tina, su mundo, y quiere hacerlo a su manera; en un viaje por las islas británicas en su amada caravana Abbey Oxford. Pero, lo que empiezan siendo unas idílicas vacaciones, acaban convirtiéndose en una divertida y perturbadora odisea" es mentira cochina. Ni vacaciones idílicas, ni odisea, ni divertida ni ná de ná. Es la peli más desagradable que he visto en mi vida. Con escenas cruentas que no vienen ni a cuento ni se entienden. De verdad que yo no le vi la gracia, aunque supongo que habrá quien discrepe. En el cine hubo uno que casi perdió la capacidad de respirar de las carcajadas que le convulsionaban. Es lo que tienen las manifestaciones artísticas, que generan sentimientos diversos. Todos muy válidos, aunque poco entendibles mientras alucinas en la butaca con según qué escenas. Definitivamente no me gustó. Me encantaría comentarla con alguien que la haya visto y le haya encontrado la gracia o el más mínimo interés, más allá de Inglaterra y sus paisajes.

El contrapunto a esta historia y las desagradables imagenes que la cuentan es la fabulosa Una canción para Marion. Protagonizada por Vanessa Redgrave y Terence Stamp, cuenta la historia de Arthur el gruñón y la encantadora y positiva Marion, una pareja que se enfrenta a la muerte de manera muy diferente. Les acompañan en la aventura el hijo de ambos y su nieta, así como una maravillosa directora de coro y -evidentemente- los entrañables miembros del grupo cantarín.

La peli es tan dulce, tan tan dulce y delicada que además de emocionarme me hizo salir del cine con esa sonrisa tontorrona de lo bonito que es vivir.

Total, que dos parejas, Inglaterra, té y pastas, volantes en la izquierda, lluvia-cielos grises-prados verdes y la diferencia fundamental que soy yo saliendo del cine. Mareada (asqueada) de la primera, sonrojada (sonriente) de la segunda. 

Venga, bah. Id a verlas y comentamos.

martes, 23 de julio de 2013

la más lista

Seguro que ahora no hay nadie.

Además, está nublado.

Son las 15:00h y sigo en la cama.

Debería hacer algo.

Seguro que ahora no hay nadie.

El minuto heroico -todo lo heroico que puede ser a las 15:00h- me catapulta al armario y en un plis paseo mi tipínpordeciralgo en bikini fucsia a rabiar.
 
Seguro que ahora no hay nadie.

La ilusión de un baño olímpico que me quite los sudores y este amodorramiento estival se va convirtiendo en sonrisa porque es domingo, son las 15:00h y

seguro que ahora no hay nadie.

Saco fuerza de esa ilusionada sonrisa y me pongo un algo que me tape. Cojo el último libro (no os creáis que bueno, ya os contaré) y una cosa que uso de toalla, y abro la puerta.

Huele a tormenta.

Fijo que ahora no hay nadie.

Qué listísima soy y cuánta felicidad.

Una gota.

Mmmmm.....

Entro en el coche.

Dos gotas.

Qué bien peroquébien huele.

Bajo las ventanillas.

Viento de tormenta.

Desde la cuesta confirmo con sonrisa inteligente lo inteligente que soy.

Cómo lo sabía yo: A esta hora no hay nadie.

Tres gotas.

Aparco en la puerta. El agua tan azul que me voy a tirar de cabeza. Vamos, no voy ni a buscar sitio debajo de un árbol. Eso después, cuando me haya hecho los treinta largos previstos, que a ver si empiezo a nadar de nuevo, que se me está poniendo tripa de madrenaturaleza.

Hola

Hola ¿qué tal?

Pues ya que preguntas, fenomenal. Venía pensando en darme un bañito y ahora que veo que está la pisci vacía, no veas si me alegro de haber venido.

El baño está hoy prohibido.

¿Cómo?

Por la tormenta.

¿Qué tormenta?

Mira al cielo.

Miro al cielo.

Sube los hombros.

Son las normas.

Pues yo siempre me he bañado con lluvia.

Ya.

Y empieza a caerse el cielo.

Y me vuelvo por donde he venido, con esa sensación absurda que da el por-qué-habré-salido-de-la-cama-mierda-de-minuto-heroico.

miércoles, 17 de julio de 2013

la música del trueno y de la lluvia

Hoy he pasado una tarde deliciosa. La tarde de mis sueños. Llueve, qué digo llueve, tormentea. Los truenos son magníficos, la lluvia inesperada en el tragaluz y el cielo gris. Llueve, tormentea y he escogido un libro muy apropiado para el rato largo del té: "Té de manzanilla y otros poemas", de Katherine Mansfield.

And the white sails have melted into de sailing sky

Más música.

La tarde arrebatadora ha resultado el descanso perfecto para una mañana extraña. Hoy he vivido una paradoja que me ha hecho pensar en la frágil solidaridad en la que vivimos. Ante una solicitud amarga de donantes de sangre, he sido la única entre 30 ó 35 personas en acercarme e intentarlo, a pesar de saber que la sangre, justo, no es lo mío.

Si mi hemoglobina hubiera estado en niveles aceptables hubiera ayudado a otra persona. La gratitud infinita que he sentido cuando me han trasfundido me ha hecho ofrecerme, aún sabiendo que probablemente mi intención no iba a ser suficiente.

Ahora sé que ando de nuevo regu y ya me estoy preparando para una nueva tarde de agüjitas. Pero al grano. La persona que solicitaba donantes con urgencia ha ido preguntando una a una a las personas que me rodeaban y las que no miraban a otro lado, como si les estuvieran pidiendo limosna, se limitaban a decir no.

Cosas como ésta me resultan sorprendentes. Dar algo que tienes que puede salvar una vida o -como ocurre en mi caso- mejorarla bastante y mirar para otro lado o decir no porque no.

También he pensado que no puedo juzgar a esas personas por tomar una decisión libre sobre su cuerpo, pero aún no puedo dejar de pensar en la frialdad de sus miradas. En la soberbia de sus gestos de negación.

Quizá que yo sea consumidora de sangre me hace más vulnerable a estos gestos. No sé. Me he sentido mal y me apetecía contarlo.

El resto del día bien. Ir al médico para confirmar lo mío antes de pasarme por el castillo de Drácula y la fenomenal tarde de música de cielo y letras. 

martes, 16 de julio de 2013

it hurts

Un ibuprofeno para desayunar que haga un houdini con este espantoso dolor de garganta, por favor.

Despertar el día de la vuelta al trabajo con este no poder tragar no es la mejor forma de empezar nada. Me mata las ganas de dar envidia y acaba con todas las felices posibilidades del bronceado qué-bien-te-veo-se-nota-que-has-descansado-ja.

El dolor de garganta me genera mal humor de mil demonios. El dolor de garganta veraniego me genera ojos de serial killer, con nefasto efecto para quienes tienen la poca fortuna de cruzar su mirada con la mía.

Si ya es duro enfrentarse con uno que yo me sé, hacerlo con piedra pómez en la faringe se convierte en un metemolopeor. Para el uno y para mis ganas de disimular los sentimientos que me transmite.

Pero basta. Apreciemos el lado menos negro de la situación. El dolor ha impedido que me quede dormida el día primerito y me ha regalado el té del ibuprofeno, que con tantos celsius ando más de zumos y agüitas. Reencontrarme con earl grey -la escasez de viandas de la vuelta me tiene sin EB- ha sido inesperado y evocador. Y eso es bien.

Y como no puedo retrasar más el momento difícil que viene y la vida sigue con o sin dolor, lo dejo por ahora, con el firme propósito de intentar que el mal humor no ocasione daños irreparables.

Y de pasar un gran día mientras dure el efecto de houdini, con el cuello empañuelado y alejada de fríos que regalan dolores.

A por él.

lunes, 15 de julio de 2013

volver

Me impresiona el impacto vital de siete días de mar. Siete días que me traen volando de vuelta al pueblecito del que salí y del que casi llegué a olvidarme. Esto del olvido es muy lírico, pero poco real. Lo que sí es cierto es que esta mañana he sufrido un bajonazo vital de dimensiones estratosféricas.

Durante estos días, que no han estado precisamente exentos de estrés, he conseguido desconectar el enchufe que me catapulta a la realidad. Me he sentado a la orilla de un mar tardío y he disfrutado del olor, del anochecer, de la brisa, de los pies que se mojan inesperadamente, de ver a mis hijos disfrutar en un agua azul plata y del nada que hacer.

Durante esos momentos (cortos, ay los pins), las preocupaciones se expanden por otras dimensiones y los doloresdepueblo se mitigan tanto que consigo relativizarlos y así zas! la vuelta al enchufe y al planeta del que procedo se convierte en una experiencia-zarandeo monumental.

Supongo que antes de que acabe la semana ya estaré entonada y la vida retomará su pulso natural, que no es que yo viva mal, es sólo que las cosas con el mar de horizonte son mucho más bonitas.

Y por lo demás, todo en orden. Mini se casó con muchos colorines. M cumplió 9 añazos -mi bebé- y celebramos la noche del puercoespín y ahora cumple C (12) y se casa meteorólogo. Todo muy capicúa.

Entre todo y todo, el trabajo que sigue, los planes en marcha, los libros que faltan, las expos que vienen y disfrutar de las noches de verano que siempre me han parecido estupendas.

Felices noches a tod@s también. 

Y feliz vuelta, sea cuando sea y de donde sea que volváis.

martes, 2 de julio de 2013

juniolibros

Junio ha sido un mes de mucho hacer y poco sentarme. Desde mi tremendo cumpleaños aaaarrrggghhhhhhhmeacercoaloscuarenta mi vida ha sido un no parar de trabajo, planes y proyectos. He ido de oca a oca, siendo las ocas los hitos del mes.

Parece (sólo parece) que la cosa terminó el sábado pasado, en la boda de mi hermanísima mini, pero mañana dirijo un plan de chicas de 12 años, que pasa por el parque Warner, pasado pisci con pinamigos y pleno, el sábado cumple de M y el domingo zuuuummmmm viajecito a la playa.

Lo que es un no parar.

Entre oca y oca me ha dado tiempo a dos libros: Los crímenes de la Gran Vía, de Juan Carlos Garrido Luque y Retrato de Giacometti, de James Lord.

Los dos me han encantado.

El primero sigue esa pasioncilla que me ha entrado ahora de leer novelas policíacas ambientadas en España. En este caso es Madrid y me resulta ideal. He tenido ocasión de recordar mi vida en el centro, ya que la comisaría de marras es la de la calle leganitos, en Plaza de España.

Me gustó días después subir por leganitos y pasar por la comisaría imaginando dentro a los protas de libro y me gustó volver a Esfahan, un restaurante persa de la zona.

Con ese título, podéis imaginar el argumento. Si no, os cuento que hay un asesino en serie que se va cargando al personal que trabaja en los musicales de la gran vía. Van muriendo, los poliprotas van cercando al asesino y lo cazan de un modo muy teatral.

Un libro que es bien.

El otro inevitablemente tenía que gustarme. Me gusta la obra de Giacometti y leer sobre él y su proceso creativo me ha resultado muy interesante.

El libro es curioso. Giacometti pinta un retrato del autor del libro y el autor publica las impresiones y notas que fue tomando durante los días en los que posó para el retrato.

Además de lo que aconteció entre ellos durante esos días, a cada capítulo le precede una foto con el estado diario del retrato. Muy útil porque gran parte de los comentarios se refieren al mismo.

Una casualidad leer este libro justo ahora, coincidiendo con la exposición de las esculturas de Giacometti en la fundación mapfre de Madrid, que por supuesto no me pienso perder.

Y poco más en esta entrada. A ver qué tal se me dan julio y la lectura. De momento he acabado uno (los buenos suicidas). Pero esto es adelantarme a los planes cuentalibros, así que aquí lo dejo.

Contenta de haber vuelto a tener tiempo para escribir.

martes, 18 de junio de 2013

¿las semanas vuelan?

Pues parece que las que son mías, sí.

Las dos últimas están resultando un sinvivir de horas que se van. Salgo de casa en tiempo record desde que me despierto, pero no llego hasta la hora ésa del zapato de cristal que -entre nosotros- en chanclas se vive igual de mal.

Llego tan cansada que me tiro en plancha sobre la cama. Duermo regu y me despierto cuando parece que acabo de cerrar los ojos. Y vuelta a empezar. Y mientras, los días pasan y las cosas se me acumulan en los sillones.



Telas para hacer saquitos, ropas de mini que ha heredado C, libros y libros, zapatos que se escapan del arcón, bolsas, papeles, pleimobils de M, cartas, más libros, bolígrafos, chuches y un millón de cosas más que sssshhhhhh creo que cobran vida por la noche.



Lo bueno de este ajetreo monumental son los sueños hiperactivos que tengo. Algunos no molan, pero los que son buenos -como el de ayer- resultan soberbios. Hasta he hecho eso tan típico de tener al lado de la cama un cuaderno y un boli para apuntar de inmediato lo que haya pasado, antes de que regresen para siempre jamás a esos fondos grises de los que salen.



Por lo demás, bien. Mucha marejadilla tirando a marejada para los próximos fines de semana, con áreas de mar gruesa y un gran humor con el que afrontar las cosas que pasan.

martes, 11 de junio de 2013

naturalezas

Ayer vi morir a un hombre bueno. Ocurrió a media tarde, en la mitad de mis quehaceres. Era un hombre mayor con el que no había tenido relación, pero era padre y abuelo de compañeras del trabajo. Tenía cara de buena persona, se comportaba como una persona buena y por lo que sé de los que sí le conocieron, lo era.

La situación inesperada y tan triste me condujo a un resto de tarde bastante reflexivo. No me dio por pensar en la muerte y la vida, sino en la naturaleza humana. Una naturaleza que nos va preparando para todos esos momentos cruciales en los que las cosas cambian.

Cuando era jovencita no quería ni oír hablar de los muertos. Murieron tres de mis abuelos y otros familiares muy cercanos y yo fui incapaz de asumirlos sin vida. No quise verlos. En algún caso hasta huí de la enfermedad que se los llevaba. No estaba preparada para el deterioro, el dolor, la pena ni el final.

La primera vez que me atreví a enfrentarme con un cuerpo sin vida ya pasaba de los treinta. Ahora no siento ni de lejos morbo por la muerte, pero no me afecta como entonces.

La reflexión de ayer se debe a la naturalidad con la que poco a poco voy asumiendo que la vida muere. Y a creer que es nuestra propia naturaleza la que nos va acercando a ese momento, justo cuando las posibilidades de enfrentarnos al mismo directamente aumentan.

Este pensamiento se unió a otro que barrunto desde que fui madre. No sólo el cuerpo se prepara para el momento del alumbramiento, también lo hacen elementos menos físicos -por ejemplo- los brazos (que aumentan, junto con el cuello para poder sostener con garantías el peso del bebé). Cuando va llegando el momento, las futuras madres dejan de dormir. Se despiertan por la noche varias veces. Para mí es evidente que es un proceso natural de plena transición a las noches en vela que vienen.

El cuerpo y las rutinas se van amoldando de manera natural al cambio que van a experimentar.

A estas reflexiones se unió una última antes de la cena. Mi trabajo actual (recuerdo que soy concejal en un pueblito de la sierra de madrid) conlleva muchas cosas buenas y un buen montón de maldades. De las buenas me quedo con la humanidad. Desde que trabajo por mejorar lo que me rodea, siento los problemas de las personas mucho más míos. He pasado del individualismo extremo del trabajo en una empresa en Madrid, con sus proyectos, clientes y dividendos a una vida en la que la relación con las personas que viven en mi entorno me está aportando momentos inolvidables.

Momentos buenos y momentos malos, que en cualquier caso me están ayudando a convertirme en mejor persona.

Estoy desarrollando sentimientos preciosos, que me generan mucha más felicidad que cualquier captación de clientes o aumento de capital. Hablo con mucha gente. Comparto jornadas buenas llenas de risas y compañerismo y momentos no tan buenos, como el de ayer, pero que serenan el espíritu y también son de mucho compartir. Sentir que eres de ayuda, que eres parte de una comunidad. Sentir que un abrazo puede más que un business plan se me antoja un gran trabajo.