domingo, 29 de mayo de 2011

de compras

no sigo tendencias, no soy chupi, no me cambio el color del pelo, pego más en la casa de la pradera que en desayuno con diamantes y sí, me cabrea ir de compras. Y me cabrea por varias razones. Y las voy a contar, claro. No os queda otra.

Antes de nada, esto viene a cuento de ayer. Ya habréis barruntado que tuve la mala idea de ir a comprarme unos vestiditos de flores para saltar conjuntada entre las amapolas y que por supuesto volví vacía de vestiditos y llena de cajas de chocolate.

Vamos al despelleje.

¿La ropa trendy es fea o es que yo no me entero?
Llego a cualquier tiendecita y en la misma puerta me empiezo a poner de mala leche. Vestidos tremendos a un lado, camisolas (sólo la palabra ya merece un post) de estampados frenéticos al otro. Y otravezno,porfavor quehayaalgo, por favor. A veces hago el intento de dar un paso al frente. Incluso puede que llegue a tocar alguna prenda. Es más, puedo hasta atreverme con el precio. ¿65 EUROS ESTA MIERDA? No hay paciencia en el mundo que pueda llevarme de compras.


La única causa que puede frenar en seco mi retirada a discreción es que el apartado básicos se divise desde la puerta. Ya sabéis, ropa normal de esa que nunca dice nada. Camisetas lisas, pantalones negros y a ser posible de sport, sosadas de esas que me hacen sentir menos rarita -lo que mola salir de la tienda con una bolsita, aunque sea de antifashions.


Los probadores o esos cuchitriles malolientes en los que siempre se me queda un pie atascado en el pantalón
. Desde hace exactamente 5 años no uso probadores. Me llevo la ropa así, a ojo, y si luego no me vale ya decido si la regalo o la devuelvo, según. ¿Hay algo más terrible que cambiarse de ropa en un probador? Pues sí, que la cosa te guste pero te quede mal. Búscate la vida, mari. Y te vistes y sales y mierdanohaytalla, pero pruébate este otro modelo y coges todas las tallas del otro modelo y te lo pones y no. Quieres el otro por dios, pero en grande. Y ya no te gusta nada y ya te da igual que algún mirón te vea con el culo en pompa a través de las cortinas que -demonios- nunca cubren toda la mierda de hueco.

Mejor sola que acompañada. Siempre.
Odiando el fascinante mundo de las compras como lo odio, suelo ir sola para no espantar a esa gente que me quiere y que todavía piensa que puedo llegar a ser normal. A veces no me queda otra que ir con los pins. Los pobres aún me quieren a rabiar y no se plantean si mami es un poco troll pero yo lo paso fatal, porque a lo del culo y las tallas y la ropa y los espejos desfiguradores... a todo, hay que añadir a M colándose en probadores ajenos (le he visto las tetas a esa señora, qué goooordas), a C robando un pintauñas malva, mira qué chulo ¿de dónde lo has sacado? M ven aquí, perdón el niño errr ya sabe, no no sé, de la tienda de al lado, señora ¿esta falda es suya? ¿señora? ¿es a mí? Mamá se te ven las bragas.

Mis shopping days suelen acabar mal, conmigo llorando en el suelo del probador por fea por impaciente por gorda por madre sudorosa por peluda por lo que pude llegar a ser por aquél idiota que me dejó en el 90 porque no me vale nada porque no me gusta nada porque es la última vez que hago esta estupidez porque con lo bien que estaría en casa porque -mierda- ¿qué hora es? no pueeeedeeee serrrr. Eeeeh! Que sigo aquíiiiiiiiiii. Aaaarrrghhhhhh y al suelo.

de posts y weirds

Ayer leí un blog neonato (qué palabrón, no?) y me dí cuenta de la evolución de éste que escribo y de la mía en lo que respecta a la forma de hacer frente a las nuevas entradas y a los sufridos lectores.

Cuando empecé no tenía mucha idea de qué contar y cómo escribir. Pensaba demasiado en mis escasos fans, en no cagarla. Cuidaba las formas y procuraba ser objetiva. Desde la distancia me recuerdo muy encorsetada y eso que a mí lo que opinen los demás me trae al pairo (ni me imagino los comienzos de alguien más sensible al mundo exterior).

Yo empecé a escribir gracias a facebook, después de un periodo bastante turbulento. Tenía cosas que contar pero me temo que fb es una herramienta un poco limitada en lo que respecta a las relaciones personales. Tus “amigos” no tienen por qué entenderte, ni siquiera tienen por qué tener interés en lo que cuentas, ni siquiera tienen que ser “amigos”... un fallo de concepto que ya corregí, retomando la herramienta como forma de comunicación con personas a las que conozco y con las que me une algo más que nada.

Total, que desaparecí de ahí y me dediqué a escribir aquí, que es lo mismo que hacerlo en un cuaderno, pero con la posibilidad de que otras personas accedan a tus cosas. ¿Y qué tiene eso de bueno? No sé. Bueno, tengo un par de intuiciones, pero salvo que a alguien le interese mucho el tema las dejo para otra ocasión.

Me estoy desviando del tema. Para ir marcando objetivos, tengo intención de escribir sobre dos cosas: (i) las entradas y yo y (ii) los lectores y yo.

Las entradas, también conocidas como los posts

Llega un momento en el que es posible escribir de cualquier cosa. Estás en el mercado, una señora agria te mira mal y zas! la venganza empieza a cobrar forma. Te ocurre algo chupi, te ocurre algo mierdi... puedes con todo. Listas, recomendaciones, cosas que llaman la atención, cosas que no, historias reales, vidas imaginadas, opiniones, cabreos. En fin, lo que se dice cualquier cosa.

Además, da igual el tono. Ya no te preocupa no ser intelectual o no escribir de cosas trascendentes. Como en todo te liberas. Da igual de lo que escribas, si te parece interesante o no. Da igual cómo lo escribas. Te gusta escribir y un blog es una buena plataforma para hacerlo.

Entre nosotros, llegar a esta fase cuesta. Durante mucho tiempo seleccioné temas. Después intenté ponerme trascendente. Más adelante quise dotar a las entradas de cierta homogeneidad. Me aburrí de escribir. Me cansé del blog. Me dediqué a otras cosas mariposas. Volví. Volví a liarme y de repente empecé a sentirme cómoda.

Y -no me preguntéis por qué- también de repente el número de lectores empezó a crecer, lo que me lleva a enlazar con la segunda idea que quería exponer:

Los lectores, también conocidos como los weirds

Los lectores... esa magnífica tribu. No me voy a engañar ni un segundo. Me encanta que haya gente por ahí que lee las cosas que escribo. El blogger tiene una herramienta que contabiliza la gente despistada o no que se deja caer por aquí, las entradas más leidas, las fuentes de tráfico, medias aritméticas y otras estadísticas por las que me paseo (ese ego ese ego eh eh) de vez en cuando.

Los lectores me importan. Escribo un blog, demonios. Me gusta que se lea y me emocionaría hasta las lágrimas si los weirds diérais el paso de comentar, porque a veces monologar tanto es frustrante. Me emocionaría, pero tampoco hasta el infinito y más allá, porque en mi caso escribir aquí tiene un par de finalidades que sortean la escasez de comentarios públicos (la de escribir y la de coger ritmo para empezar con mis escribiditas privadas).

Pero vamos, que si alguno (sé que estáis ahí) se estira, pues guay.

Para acabar y en plan consejitos: fundamental (i) escribir lo que salga y (ii) hacerlo sin pensar en los weirds, a los que -a pesar de lo que pueda parecer- agradezco la atención.

viernes, 27 de mayo de 2011

musiqueando

En ese volver del que hablaba el otro día también he recuperando la música por las mañanas, la música a la hora de comer, los bailes de cuando estoy sola o desgañitarme con las canciones que sacan lo mejor de mí.

Ayer sin ir más lejos tuve una buena ración (i) de locura musical antes de yoga y (ii) de bailes mientras se me quemaba la cena (consejo básico: nunca os creáis jim morrison con una cuchara de palo de micrófono).

Reconozco que me hice un lío de impresión, saltaba de Joe Cocker a Los Nikis, de Jaime Urrutia a Aerosmith. Pasé por Antonio Vega, los clash, counting crows, Enrique Bunbury, Elton John, Sabina, Los Ronaldos, PJ Harvey, REM, the waterboys… A primera vista casi todo muy ochentero. A primera vista, que también tuve lo mío con Belle and Sebastian (consejo chulo: dadles una oportunidad).

De todo este carajal, ayer me quedé con los españoles de la edad de oro y acabé la noche cantando y haciendo bailecitos por el salón (consejo útil: nunca comáis chocolate antes de dormir, porque produce el indeseable efecto de teneros bailando hasta las tres de la mañana).

Hoy tengo previsto irme a casa pronto y hacer recogiditas bailonas hasta las dos. Luego iré a por los pins, los disfrazaré y los llevaré al festival de fin de curso. Espero que no tengan la mala suerte de acompañar la actuación con musiquita, porque lo mismo consigo avergonzarles para siempre jamás (consejo de madre maléfica: disfrutad de ese momento jijiji).

maldición

me he quedado dormida en el sillón (es que he llegado demasiado relajada de yoga) y de camino a la cama he hecho dos cosas horribles, tan tan horribles que el sueño se ha esfumado y ahora no me queda más remedio que dedicarme un rato a las escribiditas.

La cosa uno ha sido instintiva. Del sillón a la habitación necesariamente paso por la cocina y aunque la cabeza estaba más en la almohada que otra cosa, los malditos pies me han llevado a la nevera y las manos han cogido un trozo de chocolate. Demonios. Tengo que hacer algo con la autonomía de mis extremidades. No puede ser que pasen del cerebro de esta manera.

La otra ha ocurrido mientras me comía el chocolate y un poco por hacer tiempo. Remierda. He encendido el ordenar para comprobar unas cosillas y aquí estoy, con el chocolate digerido y lo de dentro de la cabeza en ebullición.

Repasando el día, hoy yoga ha sido chupi. Ya lo escribía antes, he conseguido un estado de relajación brutal. La pena es que lo que me ha devuelto al mundo ha sido el ultraronquido de uno de mis compis (ése sí que estaba nirvaneando jejeje). Después de algo así, ya es imposible que yo siga nada. Entre la risa incontenible (por diossssss, ya debería poder superar esa risilla floja, soy adulta) y las ganas de contarlo por ahí, lo de los mantras han tenido que dejarlo para el próximo jueves.

Ahora que lo pienso, es curioso, pero hoy ha habido un antes y un después del yoga. Antes he sido eficaz, espabilada, capaz, con energía y después... tengo la sensación de que me han hipnotizado y se les ha olvidado despertarme. Lo del ultraronquido ha debido romper el chi o algo y yo me he quedado a medias, porque desde que he vuelto a casa he hecho de las mías al cubo, en plan quemar la cena, vaciar una botella de agua encima del mantel, olvidar que los pins se acuestan a las nueve, poner a secar el mantel bajo la lluvia o eso tan vulgar de quedarme dormida en el sillón.

Qué desastre.

jueves, 26 de mayo de 2011

me estoy quitando

He descubierto con horror que soy adicta al iphone. Ya lo venía barruntando desde hace días, pero hasta esta mañana no he tenido confirmación. Lo positivo es que me he puesto manos a la obra y después de una urgente discusión jekyllhyde he conseguido vencer el instinto animal de comprobar correos, mensajes, actualizaciones de facebook y últimas noticias antes de salir de la cama.

Y qué ansiedad, oyes.

El reto de hoy era mantenerme desconectada hasta que los pins estuvieran en marcha y lo he conseguido, lo que no quiere decir que no me haya lanzando con avidez al aparatito antes de desayunar.

Como soy tan cabezona y como he decidido que esto no me apetece, he planeado un programa progresivo de desenganche que acabe con esta tendencia tan nefasta antes del lunes.

Tengo a favor un fin de semana en el que pienso volver a disfrutar de la primavera, de hacer poco, de C&M, de las páginas en blanco, de la lluvia prevista y de mmmmmmm por fin dormir. Total, que el entorno seguro que ayuda a esta desconexión tan necesaria para mi salud mental.

De todas formas, sigo pensando que es guay tener (i) toda la información del mundo y (ii) a muchos amigos a un botón de distancia. Pero de ahí al no sin mi iphone tiene que haber un caminito.

miércoles, 25 de mayo de 2011

he vuelto

Vale que no he estado dos meses leyendo a Eudora Welty. Vale que no, pero los últimos acontecimientos no me han dejado mucho tiempo que dedicar a los libros y ahora toca rehacer la lista de pendientes, tocada pero nunca hundida.

De momento y para ir recuperando el hábito, el otro día me compré éste que veis ahí al lado. Como aún ando con resacas varias sólo leo de noche y hasta que pierdo el conocimiento, que es más o menos al abrir el libro, peeero no es lo mismo éste dormirse prontito, con la ventana abierta y un libro entre las manos que llegar de madrugada, desorientada, tropezando con un desorden de semanas y tirarse encima de la cama con los vaqueros puestos.

Durante los últimos meses, ya digo, he leído poco y mal. Relatos cortos, fundamentalmente, pero sin llegar a acabar ningún libro. Eudora Welty, Roberto Bolaño, Juan Leyva, Cortázar… un batiburrillo fenomenal de historias a medias que tendré que retomar este verano, a la sombra de mi árbol preferido.

Pero hasta que lleguen los ansiados cuarenta grados tengo planeadas varias incursiones a la librería. Echo de menos pasear entre libros, que me llame la atención una portada, cogerlo, darle la vuelta y leer de qué va, leer los datos del autor, pasar las hojas, cerrarlo y ver otro y otro y que de repente hayan pasado dos horas y tener una idea bastante clara de lo que me voy a llevar.

He vuelto a leer, no he dejado de escribir, he vuelto a casa, he hecho la faldita tutú (con quince días de retraso pero a tiempo para la función), por fin esta mañana he dado de desayunar a mis pins con un criterio nutricional básico (que dormir tres horas sólo me capacitaba para abrir la nevera y coger un yogur), esta tarde tengo planeada una batida de meter cada cosa en su cajón y otra de emparejamiento de zapatos.

En fin, que estoy llegando, que estoy volviendo, que esta noche me meteré en la cama con la alegría que me da pasar las páginas de un buen libro.

lunes, 23 de mayo de 2011

el día más largo

empezó a las siete de la mañana en casa de Aurelio, con una reunión de valientes dispuestos a desayunar en condiciones para aguantar sin desmayos hasta la madrugada.

El día más largo fue por supuesto ayer y para evitaros el mal trago de leer esto hasta el final sí, ganamos las elecciones. No con mayoría suficiente para gobernar en solitario (quién sabe si para gobernar), pero en un pueblo de la sierra de madrid los progresistas lo hemos hecho tan tan tan bien que hemos sido la fuerza más votada, consiguiendo además ampliar el respaldo de nuestros vecinos con respecto a todas las elecciones anteriores.

Dicho esto, paso a contar la jornada, que fue un horror.

Bueno no, antes tengo que agradecer a todos mis compañeros su apoyo, sus sonrisas, su buen humor, los momentos que hemos vivido, los que nos quedan, los abrazos, la complicidad, la confianza, que estemos tan unidos, esos bizcochos, su generosidad sin límites, sus cabreos, que me dejaran libre la mañana de mi cumpleaños, que tengan tanta capacidad de trabajo y tanta, tanta ilusión.

Ahora sí, paso a confesaros que no le deseo a nadie una experiencia como la de seguir unas elecciones en un colegio electoral cuando es tu carita (bien mona, por cierto) la que cuelga de las farolas.

Como escribía, desayunamos con fuerza, los que pudieron hacerlo porque -entre nosotros- yo me comí un trocito de bizcocho, que se me quedó en el esófago hasta bien entrada la tarde. De ahí al cole (que era el polideportivo) a esperar.

A esperar que abrieran las puertas.

A esperar que las mesas se constituyeran.

A esperar el inicio de la votación.

A esperar las estadísticas de participación.

A comprobar que candidaturas rivales estaban trapicheando con votos (sí sweeties, Manzanares se caracteriza por un caciquismo histórico del que no sabemos desprendernos).

A esperar la hora de ir a comer.

A esperar que no lloviera.

A esperar que el atasco nervioso en el esófago no me hicera vomitar.

A esperar las ocho.

A esperar la apertura de las urnas.

A esperar los primeros resultados.

Y los segundos.

Y los últimos.

A esperar que la cara no fuera el espejo del cerebro en ebullición.

Esperar tanto en tan poco tiempo genera una especie de presión interna que (i) paraliza el cuello, (ii) congela el gracioso gesto “sonreid y saludad” y (iii) contrae el estómago hasta límites insospechados.

Una vez todo en orden y con la pena de los 14 votos que hubieran cambiado muchas cosas, nos permitimos los únicos momentos de compartir caras largas, porque tenemos mucho que hacer y no podemos perder el tiempo en compadecernos por lo que podría haber sido: arrasar, sin ese voto de castigo tan mal entendido.

Llegué a casa cerca de las cuatro de la madrugada, más bien mareada, cansada, ¿decepcionada?, orgullosa del trabajo que hemos hecho y francamente feliz por formar parte del mejor grupo de personas que ha dado esta aldea gala de la sierra de madrid.

sábado, 21 de mayo de 2011

pensar

Hace unos días me chapurreaban de política con la vehemencia zafia y falsa de el gato al agua. Y viene esta reflexión a cuento de la sofisticada lobotomía que practican los medios de comunicación en cerebros a priori desarrollados.

Entiendo que la repetición contínua de argumentos e insultos sarcásticos, unido al gen “para qué vamos a pensar”, consigue el efecto de que el sujeto pasivo interiorice afirmaciones a las que no da ni media vuelta, porque no tienen media vuelta más que nada.

¿En qué momento de la vida una persona formada pierde el sentido crítico? ¿Por qué de repente alguien decide dejar que otros piensen por él? Me asombra el grado de asunción de doctrinas huecas, basadas en el insulto y en el miedo, porque no nos engañemos, el ataque siempre se debe al miedo.

Me resulta increíble que la gente se deje llevar por creadores de opiniones subjetivas (cuando no manipuladas), que no se tenga espíritu crítico para -a partir de una opinión, deberían ser varias contrastadas pero eso ya es ciencia ficción- formar un discurso propio sobre el tema que sea.

Creo fervientemente en una educación que vaya más allá del 2+2, una educación -por supuesto al alcance de absolutamente todos- que desarrolle personas íntegras, con principios, con valores y con ese espiritu crítico tan importante para hacer evolucionar a la sociedad.

El sistema actual tiene que evolucionar, porque no me parece lógico que después de años en la escuela, después de años de universidad, después de años de formación complementaria... caigamos en el sofá y encendamos la tele para que nos cuenten lo que tenemos que decir al día siguiente en la comida. No puede ser que haya tantos ciudadanos incapaces de pensar, de ejercitar su derecho a la libertad de pensamiento. No puede ser que tanta gente se crea lo que dicen un par de señores que salen en la tele y lo que es peor, que hagan suyas ideas a las que ni siquiera han dedicado cinco minutos de atención.

Ahí queda eso.

con todo mi cariño os digo

que la acampada en la puerta del sol es una mamarrachada soberana. Como tantos otros curiosos -que es la especie que más abunda en el epicentro del movimiento- me dejé succionar hasta el centro mismo de la plaza... y puedo decir que nada.

Llegué predispuesta a la indignación y me fuí pensando que no están indignados, que lo que les ocurre es tan simple como que no tienen otra cosa mejor en la que invertir el tiempo. Están aburridos, no indignados, y allí se quedarán hasta que llegue el veranito y se trasladen a ibiza.

Se quejan de un sistema y están organizando otro terrible y extremadamente burocratizado (por dios que no lo saben ni explicar), al más furioso estilo monty python.

Hemos cambiado la organización de los subcomités
Desde ahora tenemos siete. Os los enumero
Educación y cultura
Sanidad
Teatro y performance
Política
Economía
Infraestructuras y
Pensamiento
Perdona... ¿Y feminismo?
¿Feminismo? No ese no está, pero creamos un subcomité especial de feminismo
Yo, aquí tío... ¿Y los músicos dónde vamos?
¿música? Todavía no hemos pensado en organizar actividades, pero los músicos podéis ir a la sección 3 del subcomité de cultura, digo de performance, que es actividades y entretenimiento artístico.

Si no fuera por la pena que da, sería tronchante.

Lo único que saco en claro de mi visita a sol es que deberíamos reflexionar sobre cómo, cuándo y por qué han fallado los partidos políticos. Toda la energía de esas personas, canalizada a través de organizaciones políticas o incluso no gubernamentales podría ser una palanca de cambio seria, la palanca necesaria para humanizar este sistema tan mercantilista que es el que definitivamente nos congrega en la puerta del sol. Pero así sólo es energía desaprovechada con muy pocas posibilidades de cambiar nada.

Bueno no, lo mismo la sección clown del subcomité performance puede llegar a acuerdos históricos sobre la necesidad de segregación de esta práctica del teatro convencional.

miércoles, 18 de mayo de 2011

YO

Cosas de esta vida tan paradójica... si ayer escribía sobre compartir, hoy lo que me pide el cuerpo es hacerlo sobre el egocentrismo, sobre esos mundos ajenos que giran alrededor de un YO gigante, enorme, colosal y tan tan brillante que sin mis gafas jackie me cegaría, tanto se parece al sol.

¿Qué puede llevar a personas del montón, iguales, con problemas, con una casa, con diarrea cuando toca, sin cualidades especialmente especiales, con aliento mañanero... qué demonios se activa en un cerebro para que estos tipos se crean masters del universo?

Podéis imaginar que conozco a un egocéntrico. Bueno, conozco a varios, pero éste de hoy es el puto amo de los egocéntricos y esta misma tarde he salido -mira tú por dónde- fortalecida del último e intensísimo diálogo -dame las gracias pequeña porque me esté dirigiendo a ti- que hemos mantenido.

Una, que es de naturaleza humilde, no alcanza a entender las necesidades estelares de los egocéntricos. ¿No es mucho más feliz el que hace feliz a los demás que a sí mismo? ¿No aporta mucha más paz interior dar que recibir? ¿No es infinitamente mejor sentirse parte del mundo que sentir el mundo aparte?

¿A qué lleva el desprecio?

Porque el YO es siempre desprecio al OTRO. Y el OTRO hoy, mira que he podido ser yo, en pequeñito (es que soy tan chuli). Digo he podido ser porque no lo he sido. Conocer a un egocéntrico te puede aniquilar, porque puedes acabar asombrad@ y cuando escribo asombrad@ lo hago con el inteligentísimo doble sentido boca abierta + a la sombra.

Y yo hoy ni con la boca abierta -pardillo- ni mucho menos a la sombra. Hoy te doy mil vueltas. Te las daba antes, pero no lo veía.

Ahora sí... con mis nuevas gafas antidestellos jackie te puedo mirar de frente y resultas muy pero que muy vulgar.

en el límite del mal

En el cruce, a diez metros de la gasolinera. La gasolinera completamente vacía, lo mismo que el depósito de mi coche. Nadie por la izquierda y vaya, una furgoneta por la derecha. Qué calor. Espero. Mierda, la maldita furgoneta me quita el mejor sitio, ah no, pasa de largo. Nueve coches por la izquierda y uno por la derecha. Éste sí que entra y para y me quita el sitio bueno, el de no llevar la manguerita alrededor de todo el coche. Nadie por la izquierda y otra vez ¡mierda! un coche rojo se para en el lado malo.

Mierda mierda remierda. A diez metros de la gasolinera, la gasolinera se llena. Consigo cruzar la calle y me quedo en medio, calculando quién va a salir antes. Efectivamente me equivoco y ya es tarde para rectificar. Otro coche me ha quitado el sitio. Lo bueno es que estoy en el lado que me gusta.

Llega el de la furgoneta a comprar el periódico. Sigo esperando. Llegan dos montañeros enamorados a comprar provisiones. Sigo esperando. Sale el de la furgoneta. El tío del coche de delante por fin arranca. Meto primera pero no se va. Arranca y no se va. ¿Me vuelvo histérica y salgo y le doy dos hostias? Con lo mona que voy no merece la pena. Seguro que se me engancha un zapato en la manguerita. El del coche rojo se va, el del coche blanco se va. El de delante de mí no. ¿Y si me quedo aquí sin gasolina? Ahora parece que echa a andar. Mira sí, vaaaaamos hoooombre mueve el culo. Llego en las últimas, abro el depósito y me voy a pagar (es que voy teniendo prisa). Los montañeros enamorados no se deciden entre cerveza o cocacola y también quieren chocolate y ahora quieren pan, de ese no, del recién horneado. ¿Por qué son tan redichos estos enamorados? ¿Te apetecen unas patatitas gorrión? No, prefiero algo dulce, amor. ¿Y por qué este chico tiene que ponerse unos pantalones tan espantosos? Si no estuviera muriéndome de impaciencia, estos pantalones me darían mucho juego siniestro. Son tronchantes, y están descosidos y le quedan fatal, pero claro, está enamorado y le importa un bledo su aspecto.

Me hago un hueco, lanzo el billete al mostrador con visible furia y salgo arrebolada del cuchitril mientras me pongo las gafas jackie y mando al mundo a la mierda para siempre jamás.

compartir

Acabo de llegar a casa con la cabeza llena de cosas, para variar. Debería irme a dormir pero (i) es que no tengo sueño y (ii) me encanta este silencio de todos durmiendo menos yo. Total, que mientras hervía el agua, de repente he descubierto que gran parte del buen humor lo proporciona compartir.

Compartir momentos, compartir miradas, compartir ideas, compartir... noches, risas, penas, confidencias, ilusiones, libros, palabras, lágrimas, angustias, paseos. Compartir abrazos, compartir valores, compartir la vida en cada momento con las personas que nos rodean.

Debe ser la noche, que trasciende mis pensamientos, porque normalmente soy bastante más normal que toda esta retahíla flower power que me he marcado.

La noche o que hoy he pasado un buen día, de mucho compartir y pocos mocos.

martes, 17 de mayo de 2011

ser mamita

Ser mamita es que cuando por fin vences al insomnio el chiquitín quiere vomitar voy a vomitar espera que llego voy a puaajjj y en mitad de la noche te preguntas ¿por qué? y te sientes mala persona y recompones al niño y la noche y todo a lavar y el sueño está perdido. Ni de coña lo concilias ya y olvídate del yoga y del fin de semana y de pensar gilipolleces.

Ser mamita no es lo que uno espera cuando se imagina siendo mamita. En mi caso me creía haciendo tartas y comiditas, bailando entre la harina, con delantalitos de colorines y flores. Todo rosa y fácil. Pero después de limpiar el primer intento empecé a ver la cosa desde la perspectiva de la mamita real.

Ser mamita es quedarte dormida en el sillón, abrazando al chiquitín, y despertarte porque te está dando besos. También lo es meter la llave en la cerradura y no saber si abrir o quedarte un rato más fuera. Y es que ser mamita es muchas veces una contradicción monumental.

Dentro de media hora iré a buscar a C al cole. La alegría de poder hacerlo es otra de las pequeñas cosas que me gusta de ser mami. No hace ni dos años sufría por tener un trabajo que me impedía pasar con ellos las tardes. Ahora lo disfruto… la pena es que crecen y suelen salir con más ganas de irse casa de algún amigo –impensable bichín tienes deberes pues qué mierda los deberes- que de venirse a casa a merendar conmigo.

Ser mamita es chuli con picos de terror. Ya os contaré con detalle y con gracia los momentos más espeluznantes.

insomnio

No puedo dormir. Demasiadas emociones en juego y la luz de la luna que llena la habitación. Repaso los últimos acontecimientos y enfermo pensando en los que quedan. Intento organizar el cerebro vía yoga, pero debe ser que aún no estoy preparada para abstraerme de la vida así como así.

El caso es que tengo sueño, los ojos se me cierran, pero los pensamientos se suceden rápidos y sin control. Sonrío pensando en el fin de semana que ha pasado y de repente miierrrdaaa se me ha olvidado hacer el tutú de C. ¿Cuándo demonios tiene el baile? ¿Estoy a tiempo? ¿Conozco a alguien a quien se lo pueda encargar? ¿Por qué todo se junta en el mismo instante sideral? Lucía, querida, haz las tres respiraciones plenas, ¿ves? así está mejor. Ya mañana le das una vuelta al tutú. Ahora toca domir que llevas una semana que ya se nota en esa cara tan mala. Ay, se me clavan las horquillas en la cabeza, ¡se me han enredado! ¡se me han enredado en el pelo! Vamos a ver, mañana debate, el miércoles reunión, mañana la fiesta de los buzones, el miércoles hasta las siete tutú, el jueves nada, el viernes ¿Tomás? (es que yo soy de Tomás), el sábado bbq y el domingo ¿me puedo perder el domingo? ayayay no sé si el corazón va a soportar ese domingo que viene. Venga, bah, vuelve a la respiración, relaja esos músculos, qué bien me lo pasé el sábado y qué buena suerte tuvimos a pesar de la lluvia. Me duele un poco el hombro requemado. Respiración abdominal, que se me olvida. Dioossssss los gusanos. ¿Cuánto llevarán muertos de hambre? Bueno, quien dice muertos dice ¿cuánto aguantan los gusanos sin comer? Esto se me va de las manos y la luna me sigue dando demasiada luz. Ahora me acuerdo de M ayer por la noche, tan dormidito a mi lado y al instante decido levantarme porque me aburro de pensar.

A lo mejor si lo escribo, si me siento a leer, si escucho algo de música, si asalto la caja de los chocolates, si salgo al jardín a ver qué tal los calabacines, si me doy un baño, si me tomo algo calentito, si me repruebo todo lo que me han regalado por mi cumple... a lo mejor si todo eso me olvido de pensar un rato y al siguiente me puedo dormir.

lunes, 16 de mayo de 2011

en resumen

Cumplir años mola.

Mola que te llamen, que te escriban, molan los regalos, mola que te canten cumpleaños feliz.

Qué días tan formidables, los cumpleaños.

Y ya si tienes la oportunidad de celebrarlo en lo alto de un castillo hinchable… es que no hay palabras!

jueves, 12 de mayo de 2011

van a ser los 37...

… que me caen en un par de días. Treinta y siete. Una barbaridad. Un terror. Una vida, bueno, varias. Muchas cosas.

Tantas, que definitivamente mis 37 tienen que ser la causa de este arrastrar de pies con el que llevo varios días desplazándome por la vida.

Se acerca el catorce de mayo. Se acerca impasible. Ya está aquí. Ya le oigo. Se acerca el catorce de mayo y me acuerdo de muchas cosas y de muchas más personas. Y me produce curiosidad este catorce, que va a ser tan diferente a los otros treinta y seis. Empiezo un nuevo año con todo por descubrir, y esta vez no soy retórica. Con los 37 se abre una puerta.

Como estoy tan llorona, agradezco a todas las personas que se han dejado caer por cualquiera de los años anteriores su cariño, su presencia y su curiosidad. Todos sois parte de esto en lo que me he convertido, que es bueno, a pesar de que mis pelos de bruja puedan indicar lo contrario.

Aunque me revuelque en el paso del tiempo, en realidad me encanta que sea mi cumple. De hecho, estoy deseando que llegue y que C&M vengan corriendo y salten encima de mí a las ocho de la mañana.

Y volviendo a mi hoy, la sesión de yoga ha terminado con una imagen sublime. Unas zapatillas con la boca abierta. Aunque parezca que estoy de coña... no. Estoy escribiendo cosas muy serias.

miércoles, 11 de mayo de 2011

los piraos (1ª parte)

Acontecimientos recientes me obligan a escribir sobre ese conjunto de personas que -mereciendo todos mis respetos de antemano- conforman el amplio grupo de los piraos.

Los piraos no nos tienen que dar pena, no están enfermos. Sí me empiezan a producir un poco de pánico. Y es que estoy comprobando que se reproducen, aunque me faltan datos para saber si es como consecuencia directa del radón o si el fenómeno se da en otro tipo de poblaciones menos empedradas.

Hoy he tenido frente a frente la causa directa de esta entrada. He hablado con uno. Le he escuchado y le he atendido con cariño. Cuando se ha ido me he quedado pensando en esto del radón y en una clasificación inicial, en la que a grandes rasgos tendríamos:

Pirados con un fin. Con estos una nunca llega a tener claro si lo son o se lo hacen. Son personas que después de media hora plomiza de comentarios sin sentido llegan al grano, que suele ser de pedir.

Hola, seguro que me conoces, trabajaba en Ramón
¿Cómo dices?
Que trabajaba en Ramón, de administrativo, ¿tú has ido a Ramón? Tienes que haberte quedado con mi cara. Han sido cuatro años.
No, no, yo no, no, mmm, no sé qué es Ramón, pero dime ¿en qué te puedo ayudar?
Qué raro. ¿Y a la ferretería? Verás, me echaron de la ferretería.
Vaya.
Y tú seguro que no estás de acuerdo con lo de los aviones del ejército. Todo el día de un lado para otro. Todo el día gastando. Todos esos millones... ¿Sabes que en Alonso Cano hay un abogado que trabaja en un garaje?

Y así hasta que consiguen llegar al centro de su exposición, con el interlocutor desconectado y repleto del mal humor del que está perdiendo el tiempo.

Pirados con una manía. Estos son sensacionales y muy útiles para pasarlo bien en una comida de trabajo.

Buenos días, hay olores raros en mi casa.
¿Es un tema de alcantarillas?
No, son olores inoloros
¿Cómo dice?
Son olores tóxicos que no se huelen, pero me están envenando
¿Perdón? (aquí ya la cara empieza a ser el espejo del pensamiento … ostia, otra pirada)
Es mi vecina. Me hace vudú químico. Inyecta sustancias transparentes e inoloras con una jeringa en la pared y llegan a mi casa por los conductos y me están matando.

Lo dicho, que esto da un juego sensacional en cualquier conversación de esas que empiezan ¿y te acuerdas de...?

Pirados que despistan. Los pirados que despistan son los que parecen perfectamente normales hasta que en un instante la cagan.

Deberíais tener cuidado con la nueva ubicación del nido de las golondrinas. Ya sabes que estos animales tienen unas costumbres muy rígidas blablabla todo muy estudiado, en plan documental de la 2.
Tienes toda la razón, voy a hablar ahora mismo con P para organizar toda esta intervención blablabla
Es que verás... (empieza a temblar el labio inferior)... es que a ver cómo te lo digo, verás, es que yo soy amigo de las golondrinas (me empieza a temblar el alma).
¿Cómo dice?
Sí (y ya moquea) y precisamente a ésta la conozco desde que era así (ya no puede dejar de llorar). No es justo el trato que les dáis. No es justo. Están sufriendo. ¿Es que no lo véis? ¿Es que no tenéis sensibilidad? ¿Y el golondrino? El golondrino ya no puede más...

Pirados que después de risa dan lástima. A estos se les conoce porque se creen la bomba. Y que se crean superiores en su estupidez da mucha risa, pero después, cuando te has secado las lágrimas y piensas con tranquilidad en sus familias, después, dan ganas de llorar, pero muchas ganas de llorar.

Y lo tengo que dejar aquí. En otra ocasión despedazaré esta última categoría y un par más que hoy me dejo en el borrador.

el paréntesis

Ayer decidí que me merecía un paseo bucólico por los alrededores de mi casa, y a pesar del polen y del cansancio y del mal ánimo y del calor y de las nubes y de las curvas, en un pestañeo estaba ahí, paseando entre las jaras y jugando a los indios con mis pins.
La tarde fue un paréntesis. Y qué bien me sentó, por cierto, recobrar un poco la tranquilidad de un paseo sin cobertura, de probar la camita que C preparó para las hadas o de hacerme la víctima de las emboscadas de M y sus flechas de junco.

Cuando atravesábamos el río a la vuelta me apeteció meter las manos en el agua y la sentí tan fría y tan metida en su papel de correr y correr que me despisté el rato justo para que C&M desaparecieran de mi vista. Cuando los encontré habían empezado una conversación interesantísima sobre tarántulas, cabras y elfos.

Desconectar así es perfecto y tener la suerte de vivir en un parque regional... sensacional.

lunes, 9 de mayo de 2011

la noche me es propicia

Hoy ha sido un día de ánimo caído. Quiero creer que el persistente dolor de garganta que arrastro desde la inundación del sábado es parte de esta melancolía que siento, porque si no es así, el tema se pone feo de cara a los próximos días.

De todas formas, me he puesto a escribir aquí porque me apetecía contar que pasear en una noche como ésta calma. Los perros ladran lejos, la temperatura es perfecta, huele a casi lluvia, se ven retazos de vida ocre a través de las ventanas, el aire mueve un poco el pelo mientras vienen a la cabeza otras noches como ésta o por fin relativizo el montón de problemas que me esperan en el salón.

En la noche todo se aquieta, los ruidos se suavizan, las voces llegan amortiguadas por el peso del día.

Cuando llegaba a casa, caminando despacio, he recordado unos versos de J.A. Goytisolo que no tienen mucho que ver conmigo hoy, pero sí con el poder de la noche siempre:

(…) Aunque la historia
tan sólo ha comenzado
y sepa que la noche
le es propicia (...)


Estos versos forman parte de un poema muy delicado que da título a un librito que he vuelto a releer al llegar a casa para mayor gloria de mis momentos no.

Y ahora me vais a perdonar, pero me dispongo a salir al jardín a seguir disfrutando de esta noche tan agradable y ya veré si a escribir otras historias -conociéndome- seguramente raras.

Cuando tu derecho choca frontalmente contra el mío

Ayer soporté una situación muy desagradable. Un vecino de mi pueblo –iba a decir que me increpó públicamente, pero lo que hizo fue agredirme verbalmente en la vía pública- me usó para canalizar todas sus frustraciones.

Este señor tiene varios problemas vitales de imposible solución y eso le frustra. Y como le frustra y no se siente capaz de hacer nada al respecto utiliza el camino más corto para desahogarse: el grito.

Recurrir al grito y al insulto parece que nos llena de razón, y entonces buscamos un muro sobre el que descargar nuestra rabia, unos oídos que llenar de improperios, unos ojos testigos de una boca escupidora, alguien enfrente a quien hacer temblar.

Y ayer la de enfrente fui yo. Encajé estoica el mal momento más por la impresión que por un estupendísimo saber hacer. Estoy segura de que sin el elemento sorpresa, al incívico de ayer le hubiera costado mantenerme la mirada.

Pero todo fue muy inesperado y de vuelta a casa y por la noche y esta mañana no hago más que pensar por qué permití que un mal entendido derecho a la libertad de expresión vulnerara mi integridad moral.

La respuesta a un grito no puede ser silenciosa, porque el grito se hace fuerte en el silencio. Un grito merece desprecio y como de todo aprendemos, al próximo le dedicaré mi más sentida desatención.

sábado, 7 de mayo de 2011

lo que me cansan los bocazas

La motosierra es el complemento básico de la mano del cachas, un macho sin palabras al que no me imagino antes de descubrir las posibilidades de la máquina de los cojones.

Se acerca la primavera, se acerca la primavera, se acerca la primaverrrrrrrrmmmmmmmm el cachas ha salido del letargo. Un año más, los simpatizantes del grupo amanecer sin decibelios nos juntamos en la calle a despedazar al maldito cachas... en sentido figurado -quiero decir- porque a la hora de la verdad no hay valiente que le tosa, y es que el cachas acojona en el imaginario colectivo. Que yo sepa somos pocos los que hemos tenido la oportunidad de verle. El cachas se agazapa, se mueve con sigilo hasta que zas! interrumpe la siesta de pajaritos y chicharras con su desatada pasión por la poda.

Se rumorea que su necesidad de realizarse con una motosierra comenzó hace quince años, una tarde de verano en la que no encontró nada mejor que hacer. Desde entonces ya son varios los nervios destrozados y por lo que oí ayer, de este año no pasa.

Entre nosotros, yo soy bastante escéptica al respecto. Lo que al final ocurre es lo de siempre... somos muy mayores, somos muy adultos, nos encanta escucharnos, si eso mejor ve tú que yo es que ahora tengo que hacer una llamada.

Vale, quién me acompaña

Ostras, ¿no es Laura la que está llorando?

Creo que sí, voy a ver qué pasa

Espera que te acompaño

Yo tengo vendas en casa, voy a buscarlas por si acaso

Y yo betadine

¿No os apetece una cerveza? Venga, bajo a mi casa y os traigo una

Y patatas... Vaya no me ha oído, deja deja ya voy a por ellas

¿Y tú? ¿También me vas a dejar sola?

Guau

Lo mismo este año me hago con un aparatito de esos y me alío con el cachas, con un par.

viernes, 6 de mayo de 2011

... y lo que te rondaré

Desde el sábado pasado he vivido situaciones nuevas y estupendas. Hoy estoy terriblemente cansada, pero contenta por todo lo que he hecho, por toda la gente a la que he conocido, por las cosas que he aprendido y por el agotamiento extremo de hoy, que me garantiza una noche ideal consagrada a supermorfeo.

Por partes, el sábado me atreví con todo y hoooombrepuesssnoestuvomal. Podría haber sido mejor, pero también podría haber sido espantoso. O sea, que vale sonreír.



Efectivamente, esa soy yo, por cierto, encantada de formar parte de un proyecto tan sólido y de tener la oportunidad de que mi trabajo mejore la vida de todas las personas que viven en mi pueblo.

Pero esa es una historia para otro blog.

Además del sábado, me entusiasma haber superado uno de mis asuntillos pendientes, haber recuperado parte de la fuerza que necesitaba para “que te vayas a la mieeeerda, pero ya”. Otro hito en la historia de mi vida. Llega con unos cuantos años de retraso, pero aún reconforta superar según qué cosillas, joder.

Por lo demás… cursos, pegada de carteles, no leer, no escribir, sentirme fatal por haber pasado tan poco tiempo con mis pins, sentirme noséyo ante la perspectiva segura del año que cumplo ya, feliz por la lluvia, feliz por el sol, nerviosa por todo y con ataques de risa selectivos.

Para variar.