domingo, 30 de enero de 2011

la felicidad es un pijama

Si no hubiera tenido que caerme de la cama para llegar a las once al pueblo, este domingo hubiera sido idealísimo. El madrugón lo ha deslucido un poco, es cierto, pero aún así me alegro de haber vivido este día tan sin altibajos.

Una vez en casa -cuánto frío fuera- deambular, escribir y esa cosa maternal del avituallamiento. Un té, más escribir, una ducha hirviente y larga y en pijama a las cinco. Encender la chimenea y el monopoly... un éxito que nos ha mantenido de seis a nueve entusiasmados (y no, no ha habido bajas). De ahí a ahora lo típico: más de comer, los baños de los otros, leer cuentos, muchas cosquillas y besos y más besos y escribir un poco más. No sé si antes de la ducha he intentado dibujar algo, pero sin llegar a interesarme. Y como bostezo cada cinco segundos creo que ha llegado el momento inigualable de meterme en la cama y abrir el último libro por la página 172. Antes me prepararé una infusión con regaliz y duermebienes que me regale una noche de sueños buenos.

No ha habido bizcochos, pero no descarto para mañana una tarde enharinada.

lo que leo - a ver

Esta semana ha sido muy de ir y venir. Apenas he parado y a excepción de la noche insomne del viernes, creo que no he tenido momentos de sentarme y leer. El viernes, ya digo, que di un repaso general a las últimas revistas (integral, qué leer, mercurio.. en fin) y una especie de avance al libro del agua que mencioné de pasada el domingo anterior.

O sea, que me siento sin inspiración ni entrenamiento para hablar de mis libros. En estas circunstancias tiro de memoria y aunque podría dedicar mis impulsos a la gran virginia o a amy hempel o a paul auster o a roger ackroyd (mismo), mis delicados ojos se han posado esta mañana en El Cuarteto de Alejandría, que leí hace ya la tira de años pero al que me gustaría volver no tardando mucho.

Este cuarteto ¿lo habéis leído? es una tetralogía extraordinaria. Por una parte -literaria y más a mano- la historia cuenta las vivencias de un grupo de amigos que se forma ocasionalmente en Alejandría antes de la II Guerra Mundial. Siguiendo en esta línea, es una novela experimental en la medida en que cada parte de la tetralogía cuenta los mismos acontecimientos desde perspectivas diferentes, con la particularidad de que la cuarta desenlaza la historia, nos la explica en su totalidad.

Por otra parte, y en este charco ya no me meto (definitivamente la física NUNCA fue lo mío), al parecer el autor tuvo la intención de demostrar o de apoyar o de utilizar su literatura para explicar o difundir la teoría de la relatividad. La relación espacio/tiempo. Esa lectura yo no la he hecho, para qué tirarme el pisto. Mi intelectualidad científica se queda en lo de la bombilla y el tren... y ya me estoy mintiendo a mí misma, carajo.

Volviendo al apartado literario, me gusta cómo construye y define a los personajes, incluyendo como personaje a la ciudad de Alejandría, que no es simplemente el fondo en el que se desarrolla la historia, sino la causa de toda la trama. Alejandría es objeto de multitud de recursos literarios. Es vívida y es decadente. Se describe al detalle, se personifica, es metáfora y es la ciudad que no olvida al infinito Kavafis (de hecho el cabalista Balthasar -unos de los personajes- nos cuenta que fue amigo del poeta).

El Cuarteto de Alejandría lo componen (por orden necesario de lectura) los libros Justine, Balthasar, Mountolive y Clea. La edición que yo tengo es la de bolsillo de edhasa, reimpresa en 2003, y -se me había olvidado- fue escrito por el escritor británico Lawrence Durrell.

Y ahora, si me disculpáis, me dispongo al primer monopoly con mis chiquirriticos. Supongo que acabará en batalla campal, así que ya he previsto una segunda parte de la tarde de hacer bollos y galletas. Os invitaría gustosa a la merienda, pero supongo que habréis salido corriendo a haceros con los libros de marras, así que lo mismo luego, si se cumplen todos los pronósticos, os dejo ver unas fotos de nuestras floridas madalenas.

Feliz semana!!

martes, 25 de enero de 2011

la rabiosa actualidad

Hoy he tenido ocasión de leer un par de noticias de esas que... ¿pero a qué demonios dedican el tiempo los editores?

Por un lado ha muerto Nika, debido al parecer a causas naturales consustanciales a su edad y complicadas con una enfermedad. Ya había cumplido 48 años. Se ve que en los últimos tiempos no era la de antes y todos esperaban su muerte con resignación. Me han parecido duras las palabras del presidente, que ha dado carpetazo al asunto con un insensible “pasa a menudo, lo sentimos, traeremos otro”.

¿Otro? ¿Otro? ¿Traen otro y ya está? Me tiembla el labio de abajo ¿será lo mismo con otro? ¿cuántas generaciones de españoles se estarán preguntando lo mismo que yo?

Menos mal que la salud de Susi -superado el cólico- es normal y no provoca especial preocupación, aunque nuestro adorado presidente ya se haya encargado de subrayar un objetivísimo “claro, también morirá algún día”. Eso sí, mientras ese aciago momento llega, la elefanta pronto podrá disfrutar de nuevas instalaciones más grandes y confortables, algo a lo que la simpática delfina Nika (r.i.p.) no ha podido llegar.

La otra noticia es de esas... ¿nunca habéis pensado en qué chorradas se gastan a menudo los científicos las subvenciones? ¿No os sorprenden esos cientos de estudios absurdos que llegan a conclusiones también absurdas o evidentes o que qué más nos da a estas alturas de la vida?

Veréis, después de varios años de estudios diría que poco concienzudos, se han hecho públicas las conclusiones de un conjunto de médicos españoles sobre las alucinaciones de Chopin. Estas conclusiones (de un tema tan actual) concluyen poco. PUEDE que padeciera de epilepsia, CLARO QUE sin el soporte de un análisis médico moderno es dificil llegar a una diagnosis definitiva ¿?. SIN EMBARGO, las tesis están fuertemente reforzadas por los testimonios de G. Sand y algunas cartas del mismísimo Chopin, entre otros documentos de la época. PERO VAMOS, que el láudano a base de opio que Chopin consumía también puede explicar las manoseadas alucinaciones.

No sé si quiero creer que el periodista no se ha leído el estudio (lo que es evidente es que se fumó alguna clase de literatura francesa).

En fin, que enlazo las noticias por si os apetece profundizar o pasar un ratito majo, que para el caso...

Vale, lo mismo no son concluyentes (lo de la sonata es de perder el conocimiento...)

sábado, 22 de enero de 2011

reivindicando

Esta semana han sido dos las veces que he recomendado con cierto entusiasmo la lectura de las novelas de Domingo Villar.

Que yo sepa (que no es que sepa mucho) ha publicado dos, las dos policiacas, y las dos localizadas en Galicia.

¿Y por qué me gustan las escribiditas de este señor? Pues... (como dijo jack the ripper) vamos por partes.

Primero. Me gustan las novelas de intriga.

Segundo. Éstas mantienen cierta tensión... interesante.

Tercero. ¡Dios!, no son suecas.

Me quedo un ratito en el punto tercero, porque – no descubro nada nuevo- es el definitivo. Parece que no, pero leer que Estévez y Caldas están en el bar Puerto decidiendo si ir a la lonja o no, no es lo mismo que imaginar a Wallander decidiendo en Brantevik si llama a Martison o a Svedberg para ir a Ystad.

Además de las tramas, que están bien, me encanta poder entender al 100% las ironías del autor, los dobles significados, la falta de entendimiento entre el comisario gallego y el ayudante aragonés, me divierte verme retratada en las costumbres más rancias de este país. Cuando Leo Caldas entra en un bar... entra en un bar, con sus humos (jejeje), el olorcillo a freidora, los viejetes que le miran raro, las sillas de madera oscura, la cañita, el marca sobado, los palillos, las croquetas secas, en fin lo que es entrar en un bar. Cuando Baiba Liepa entra en un bar le dan una sopa de verduras ¿? por dios -¡una sopa de verduras!- y un whisky.

Definitivamente no es lo mismo.

Las dos novelas de Domingo Villar -para posibles interesados- están editadas en siruela y se titulan La playa de los ahogados y Ojos de agua. A mí me gusta más la segunda, que mi mala cabeza (o buena) ha puesto en primer lugar. O sea, que de las dos me quedo con la de la playa. A lo mejor es por romanticismo. Fue la primera que leí y le guardo cariño.

La que estoy leyendo ahora (quien dice leer dice dos frases al día) es de Lorenzo Silva, y se titula La estrategia del agua. Aún es demasiado pronto para definirla, pero no pinta nada mal.

Feliz semana.

domingo, 16 de enero de 2011

amarillo amarillo

Ted Hugues me fascina sin haberle leido. Ted Hughes. Me fascina por su vida, tan llena de amarillismo, por lo que destruyó a su paso. No sé si creo en la culpa y desde luego desconozco si es justo hablar de él en estos términos, pero cuando enarbolo la irascible vena femenina que llevo dentro, me encuentro justificando docenas de malas palabras contra el poder endemoniado que a veces ejercen los hombres sobre mujeres estratosféricas.

Ted Hugues llegó la semana pasada a casa a bordo de una edición bilingüe de Gaudete. Hasta ahora me he limitado a ojearlo, así que de momento no voy a hablar de él, ya veremos después (por lo que tengo entendido es una obra maestra...).

Y es que hoy me quedo en lo morboso, que es lo que en el fondo nos alimenta el alma y a algunos, la imaginación.

Además de ser un laureado escritor inglés, Hugues ha pasado a la posteridad por su relación con dos mujeres, Sylvia Plath y Assia Wevill, que acabaron quitándose la vida de un modo terrible.

Sylvia Plath es una de mis escritoras de referencia (entre mis libros -lo reconozco- hay un buen montón escritos por mujeres maravillosas de las que se me podría pegar algo, la verdad, y SP es una de ellas).

Se suicidó a los 31 años, siendo madre de dos niños de muy muy corta edad. Por lo que he leido, además de un trastorno bipolar que pudo favorecer un estado de ánimo propicio, su relación con TH no le dejó muchas más alternativas. Seis años después, Assia Wevill hizo lo propio, matando también y de paso a su hija, de 4 años. Mientras, nuestro hombre vivió lo suficiente como para editar la obra casi completa de Sylvia (parece ser que con la intención de honrar su memoria, qué detalle) y obtener el máximo reconocimiento de las letras en el Reino Unido, al ser nombrado poeta oficial de la Reina.

Ya he dicho que no he leído aún con cierta serenidad ninguno de sus poemas, pero cuando vi el nombre del poeta en el canto marrón de un libro sepultado entre docenas de otros lo rescaté sin dudarlo, con muchas ganas de conocer algo más de un hombre que tuvo que tener una personalidad de los más arrolladora.

A veces,sshhhh, los libros nos eligen.

viernes, 14 de enero de 2011

De mal humor, entre otras cosas

A veces no entiendo a los demás. Acabo de mantener una conversación estéril con una mujer con menos flexibilidad que una puerta de acero. Da igual de qué le hables, ella siempre a lo suyo

- Es que me dijeron
- Si da igual lo que te hayan dicho, lo que vamos a hacer es
- Es que me dijeron
- Pero eso fue hace tres meses, y ahora te estoy pidiendo que
- Es que me dijeron
- Vamos a ver, ¿puedes hacer el favor de
- Es que me dijeron

De-ses-pe-ran-te y causa directa de unos ataques frontales a la caja de chocolates de R. que no le están viniendo nada bien ni a mi culo ni al pobre R. (creo que le quedan dos). ¿De verdad la vida es tan complicada? ¿De verdad es necesario ser tan cerrado? Y mira que yo soy testaruda… ¿pero tanto?

Desde que escribí lo anterior hasta ahora he arrasado la sección bollos del supermercado y sigo de mal humor. Las cookies de espelta con chocolate definitivamente NO son lo que esperaba y ahora estoy sugestionada con la especie de olorcillo a piensoperro que creo desprender. Es lo peor del rollo alimentación sana, que de repente te encuentras con unas galletas de espelta y te las comes pensando esto me está regalando dos años cuando lo más que regala es una asfixia por atragantamiento. Qué cosa más reseca, pardiez.

Este fin de semana introduciré a ted hugues en este cacharro, pero no prometo grandes cosas, más bien confirmo la sospecha: no estoy especialmente inspirada... lo mismo un baño relajante a las finas hierbas obra el milagro.

miércoles, 12 de enero de 2011

cosas que pasan

La nueva decoración del jardín incluye una bonita canasta de dos metros y una pelota (creo que es balón) de baloncesto. Todo muy conjuntado con la pared vintage -otros dicen desconchada- y esas lianas que nos han dejado las últimas lluvias torrenciales.

Entre nosotros, le he encontrado un rincón monísimo, aunque parece que poco útil. Mamaaaa pues-así-no-juego ¿es-que-no-ves-que-no-tengo-hueco? ¿es-que-NO-LO-VES? Hueco hay, más o menos. Lo que no tengo claro es que la pelota no chafe la guirnalda de florecitas que he puesto en el aro.

Total, que para aplacar esos ánimos enfurecidos y aprovechando el buen tiempo, me he puesto ropa holgada para “echar unas canastas”, que parece algo muy masculino pero no debe ser para tanto. Ni que decir tiene que mis saltitos entre las petunias han abortado la operación. Eso o la especie de pelota de gomaespuma -mis guirnaldas, por dios- que he lanzado entusiasmada a M (ni se ha movido el mamón) y ha caido con poca gracia sobre su cabeza, hecho que ha supuesto el fin inmediato de mi incursión en el excitante mundo de las pelotitas.

Sobre las ocho me ha devuelto el saludo y antes de acostarse una media sonrisa. A cambio, me ha hecho prometer una repensada a lo de la canasta con su melancólico no-te-preocupes-mamá-mañana-se-la-regalo-a-mi-amigo-juan.

martes, 11 de enero de 2011

David

David se prepara para sus diez minutos de fama nacional. Dice que le verán unos dos millones y medio de personas, que debe ser la audiencia del programa ese de paseos por el mundo en el que esta noche hace su aparición estelar.

David es escritor, excéntrico, americano, una gran persona y un buen amigo. Y si, esperaré a las 00:00h para verle pasear por este pueblecín en el que vivimos y presentarnos a algunos de los personajes más ¿? de por aquí (en fin, al carnicero, al del pan, a la tabernera, al alcalssshhhhh).

O sea, que esta noche no hay Treme. Claro, que anoche tampoco hubo. Los Reyes (magos), que están en todo, se han dado cuenta de que llevo dentro -además de a la mismísima virgina woolf (por cierto, que estoy con El faro)- una especie de frida kahlo con un leve toque renacentista, y han metido por la ventana (no sabemos cómo) un caballete. ¡Sí señor! un caballete.

¿Para qué demonios quiero esto? - dije en cuanto destrocé el envoltorio, justo antes de lanzarme en plancha a por otro paquete -más pequeño- pero con un atractivo brillo verde).

Pues parece que no, pero sus majestades saben lo que se hacen y ya son dos las noches dedicadas a las pinturitas. Resulta que dibujo (esto no implica que lo haga bien) y cuando llega la soledad de los niños en la cama cojo el lápiz -normalucho, no os penséis- y no hay quien me pare.

¿Lo mejor? Los grititos de admiración de mis querubines por la mañana.

Qué cosas.

sábado, 8 de enero de 2011

Hermosa soledad

Hermosa soledad es un cuaderno de notas. Me gustaría contar que como el mío, pero lamentablemente mis dotes ilustradoras son bastante limitadas y no es el caso, y es que en este delicado libro comparten espacio anotaciones e ilustraciones del mismo autor: Jimmy Liao (Taipei, 1958). Lo que yo llamo anotaciones son poemas breves, una frase, incluso una lista de números o una página en blanco. Casi todas las anotaciones vienen precedidas de una fecha (el libro se estructura cronológicamente) y de un conciso parte meteorológico, y a cada una le acompaña una ilustración (no ocurre lo mismo al contrario, hay ilustraciones que solas lo cuentan todo).

Algunas entradas son cursivas, son las más personales, las que no son pequeñas obras de arte. Son entradas cotidianas. A veces finalizan un texto, otras lo son en sí mismas (“Que yo recuerde, jamás he pintado para mí mismo un autorretrato, ¿o quizá cada trazo de mis dibujos es en realidad y en el fondo mi autorretrato?”).

El libro surge como forma de expresión de los sentimientos y pensamientos del autor durante el tiempo en el que permaneció gravemente enfermo. Como él mismo cuenta en la posdata del libro, cada día escribía y dibujaba para intentar manifestar su estado de ánimo, incapaz expresarlo de ninguna otra forma.

Aún así no es un libro triste. Melancólico... tal vez, pero muy hermoso en cualquier caso, como la soledad que dibuja.
Está editado en barbara fiore y es un regalo extraordinario (lo juro).

Aparte de esto, y para mi sorpresa, me he quedado enganchada a una serie de televisión (¡nunca es tarde!). Estoy entusiasmada y deseo con impaciencia que llegue la noche para enchufarme a Treme. La serie, de pocos capítulos, está localizada en Nueva Orleans “tres meses después”. Esta mañana, al hilo del recuerdo de los capítulos de ayer, me he puesto mil veces The river in reverse un cd de Elvis Costello y Allen Toussaint que recomiendo con vehemencia (los dos aparecen en la serie). Dejo el enlace por si.

jueves, 6 de enero de 2011

La táctica

Mamá ¿quiénes son los reyes magos?

Pues el de la barba blanca este año es gustavo sánchez lo sé porque últimamente se pasa el día en el trabajo vive muy cerca de patricia la profe de m del año pasado y tiene unos líos tremendos con su vecino ¿sabes? hace muchos años vivía en madrid al ladito de la casa de mami sus hijos no iban a mi cole y ahora viven en otro pais supongo que estarán ahora aquí pasando las navidades con sus padres pobrecitos no se ven mucho, la verdad, el otro dia me estuvo contando que le gusta mucho la naturaleza por cierto podríamos ir el domingo a dar una vuelta por el campo creo que voy a quedar con los padres de albertito para subir al tolmo ¿te parece bien? pero antes tenemos que ir a cortarte el pelo no puedes seguir con esas greñas, hija, a ver si el viernes por la tarde me da un ataque y bajamos a la peluquería claro que lo bueno sería que me diera un ataque y te cortara el pelo yo misma ¿te imaginas? lo que me va a dar es un ataque de pereza para bajar el viernes nos quedamos mejor haciendo un bollo y el primer fin de semana que pueda vamos ¿has visto a candela? estaba su madre ¿sabes que ha estado muy enferma?parece que ya está mejor pobre candela tenía carita triste tienes nata en la barbilla no sé cómo te puede gustar el roscón con nata puaj no me gusta nada la nata ven que te limpie ya estás te lo has pasado fenomenal ¿no? te he visto disfrutar como una enana saltarina qué tontería ¿tú crees que las enanas saltarinas disfrutan? ¿tú crees que existen enanas saltarinas? ten cuidado no pises ese charco ¿dónde dejé el coche? ¿te acuerdas? ven creo que estaba en la calle de al lado ¿tienes frio? tranquila enseguida llegamos mira ahí está qué bien estoy tan cansada tengo unas ganas horribles de llegar a casa siéntate delante ¿ya estás? ponte el cinturón anda vaya le he dado un golpecito al coche de atrás vaya y otro al de delante esto se llama “desaparcar” de oido ¿sabes? ¿estás contenta? ¿no estás deseando que sea mañana? ¿no estás nerviosa? ¿no estás deseando que lleguen los REYES?

¿Cuántos años de berborrea histérica de una madre sin respuestas podrán mantener la inocencia de un par de niñines con dudas fundamentales?

domingo, 2 de enero de 2011

Vuestro mi verso

Cuando era pequeña, mi tía (Mamen, por cierto y uuuy) me regalaba cada año un cuento de Gloria Fuertes dedicado por ella. En mi yo de entonces tenía claro que mi tía y esa tal Gloria debían ser súper amigas y -entre nosotros- no esperaba con especial emoción, aunque sí con la seguridad de la rutina, el cuentito del año.

Ni lo esperaba con emoción ni -pasada cierta edad (por dios Mamen, que quiero una minifalda)- recuerdo que los llegara a leer. Y así se acumularon en las estanterías aquellos libritos “Para Lucía de Gloria Fuertes”.

Lo que sí recuerdo -pero eso es ya otra historia- es que me ilusionaba que mi tía me presentara a su amiga, cosa que no llegó a ocurrir. Ahoro supongo que no eran tan amigas y que yo tampoco debía estar demasiado interesada. Una pena.

Pasaron los años y aquella mujer de voz seca no acabó de interesarme más alla de la hilaridad cuando una compañera salió en la tele con ella cantando unos villancicos casi demasiado viejos. Luego crecí, se murió, la olvidé y un día encontré uno de aquellos cuentos y lo traje a casa. Ahora, dos hijos después, le faltan las tapas, aunque vive, y ahora, tantos años después, he descubierto a la poeta de la que Cela llegó a decir “Cada vez que leo un poema de Gloria Fuertes me invade la envidia, porque hubiera querido ser su autor, de tan certero y exacto como lo encuentro, de tan en su sitio como está todo”.

Entre todos sus poemarios, en esta ocasión iba a escribir sobre el último adquirido, que se titula “Es difícil ser feliz una tarde” (Torremozas, 2005) y es una compilación de poemas inéditos escritos -parece ser- durante la decada de los 90 (murió en 1998). A mí me parecen poemas muy tristes, llenos de soledad y miedo, de pasado y silencio. A veces alguno arranca una media sonrisa, pero muy a veces y muy media, la sonrisa.

Aún tristes, son muy hermosos. Me ocurre que los leo, olvido el libro entre las manos y vuelo entre las palabras de versos que a veces sólo es uno. Son maravillosos y me siento absurda escribiendo sobre ellos, así que os dejo con el firme propósito de dedicarle la tarde a esta formidable mujer y a sus versos, que son heridas de todos.

sábado, 1 de enero de 2011

Para empezar el año con algo ligerito...

… escribiré sobre La tía Mame, de Patrick Dennis, seudónimo de Edward Everett Tanner III, un popular autor norteamericano símbolo de la bohemia de Nueva York en los años 50 y 60. El argumento de esta novela, publicada allá por 1955, no requiere pensar mucho: es la vida del narrador, que ¡ostras! se llama Patrick Dennis (o sea, primerísima – aunque ficticia- persona).

Lo que me gusta de este libro es el ejercicio de construcción de los personajes, sobre todo el de la tía excéntrica a través del que se articula la trayectoria vital de Dennis, que además refleja el devenir del mundo durante aquellos maravillosos años.

Además de la tía, que es un personaje realmente poderoso, la historia está plagada de secundarios entrañables como el mayordomo japonés, la amiga Vera, el apolillado señor Babcock, la rival sureña, Agnes o Brian O'Bannion, el parásito irlandés y poeta que hace de negro de Mame.

El libro se estructura en 11 capítulos que abarcan la vida de PD desde los 10 años (1929), cuando llega a casa de su tía, recién estrenada su orfandad, hasta la década de los 50 (posguerra) en la que ya es padre de un niñín que por lo visto se parece a él. A lo largo de estos capítulos, que son décadas, observamos cómo los personajes afrontan hechos históricos como el hundimiento de los mercados, o la IIWW. También nos damos un baño norte y sur o atisbamos el caldo antisemita previo a Pearl Harbor, pero no os engaño, todo muy de refilón, desde la extravagante perspectiva vital de una mujer muy poco convencional. Lo importante en esta novela es otra cosa.

No me acaba de gustar el comienzo de los capítulos (no sé si tendrá que ver la traducción, que por otra parte no me parece que sea mala) y tampoco me emociona el final (el último capítulo es una vuelta de tuerca que ya no sé si me interesa), aunque si el objetivo es sacar una sonrisa al lector, en mi caso, a veces, la prueba se supera.

El libro está editado por Acantilado. La primera edición es de septiembre de 2010, así que supongo que aún estará en todas las librerías, aunque con el nuevo lema editorial el que no corre vuela, lo mismo ya es un libro de ocasión.

Una lectura nada densa y amena, ideal para esos momentos de no tener muy claro a qué dedicar el tiempo.