miércoles, 23 de noviembre de 2011

con la música a otra parte

Me voy con la música de fondo de hombres g, que han salido de repente en el spoty y se han quedado. El caso es que me voy. Vuelvo a abandonar este espacio (es el segundo ataque a su existencia), no sé si para siempre o si la intención tiene retorno.

No tengo tiempo. No tengo inspiración. No tengo ganas. No encuentro el sentido. A partir de ahora me dedicaré a otras escribiditas más particulares. No prometo firma de ejemplares porque me sé incapaz de acabar lo que empiezo, para qué voy a andarme con engaños siderales.

domingo, 6 de noviembre de 2011

en el museo

“Había un vez una chica que no se quería casar y decidió que sólo lo haría con el chico que la ganara en una carrera. La chica se llamaba Atalanta, y era muy muy rápida. Todos los chicos se querían casar con ella, pero ninguno era capaz de ganar la carrera, así que Atalanta vivía feliz.

Había un chico que quería casarse mucho con ella, pero sabía que nunca la ganaría. Un día, su madre, que era la diosa del amor, le dijo

Hijo, sé que amas a Atalanta. He estado pensando y creo que con estas manzanas de oro podrás ganarla.

¿Cómo?, contestó el chico, que no me acuerdo como se llamaba, pero empieza por H.

sábado, 29 de octubre de 2011

gato

Mi calle es el país de los gatos callejeros y yo, que soy tan chuli, he metido en casa a miau, un gatito monísimo y burgués, que dé un toque de distinción al barrio. Vale. Lo de la clase media se me ha ocurrido esta noche de no dormir -ahora lo cuento- que la verdad de la buena es que miau llegó porque yo siempre quise tener un gato y en esta nueva vida que luzco con tan poca gracia -por fin- cabía.

Miau es pequeño y de momento nos estamos amoldando todos a la nueva situación. Es guapo. Es cariñoso, suave, un auténtico trasto, un maullador muy pesado que me persigue constantemente. Cuando le cojo le gusta y entre nosotros, creo que me quiere. Gato es una gran compañía en los enoooormes momentos de estar sola, una bolita que ahí está ...mirándome cuando abro la puerta.

martes, 25 de octubre de 2011

oasis, soledad, lluvias, pasta y vaya con dios

Desde la última vez que escribí se me han ocurrido muchos posts -o sea, muchas entradas. Me resulta divertido vivir en blog. Se me ocurre una frase, se me ocurre una idea, se me olvida, me lo apunto, la intento memorizar, no funciona, se me queda en la punta de la lengua, no tengo tiempo, tengo tiempo pero lo dedico a mirar por la ventana, esas cosas.

Por ejemplo, últimamente he pensado metaforear sobre los oasis, convirtiendo en pequeñas zonas verdes esos espacios y momentos que nos separan de golpe de nuestras angustias diarias. Mi sillón a veces es oasis, como un paseo corto por la orilla del mar. Sentarme y mirar el horizonte es otro oasis o en mi caso, conducir.

martes, 11 de octubre de 2011

lady day

Hace ya varias vidas me senté en un café que no sé si aún existirá, muy cerca de la plaza de malasaña. Era mediodía, debía estar empezando la primavera y de las paredes de madera oscura salía una voz deliciosa, perfecta para aquélmomento.

En un arrebato me acerqué al camarero para preguntarle qué música era aquélla.

- Billie Holiday.

Espantoso error el mío, pensé que el camarero estaba bebido. ¿Estás seguro? ¿No es Billie (johnny) Holiday (Hallyday) un poco más rockabilly que esto?

- Billie Holiday – insistió muy serio, mientras me acercaba un cd bastante manoseado.

- Ah, ya... , vaya

Desde ese momento hasta hoy, puedo decir que bh se ha convertido en una de las referencias musicales de mi vida.

Todo esto viene a cuento de hoy.

Hoy mi casa se ha llenado de repente de su voz. He empezado con su canción más dura. Strange fruit.Un tema compuesto a finales de la década de los 30 que habla de esas frutas extrañas que cuelgan de los árboles sureños: los cuerpos de los negros linchados. La canción se convirtió en todo un símbolo del movimiento estadounidense a favor de los derechos civiles.

Desde ese strange fruit hasta ahora no he dejado de escuchar, a veces bailar, unas cuantas del buen montón de canciones que siguen flotando por el saloncito éste en el que estoy.

Os dejo otra, esta vez mucho más alegre, con el deseo de que os guste tanto como a mí.



Strange fruit


Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.
Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias,
sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.
Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.


domingo, 2 de octubre de 2011

me voy a la cama

El fin de semana empezó bien, encontrando un libro que me apetece en una librería del centro. El fin de semana ha acabado en un centro de otro tipo, que es algo que me espanta pero miraves, hoy no ha estado tan mal (ayuda haber ido a la hora de la comida).

El libro lo tengo aquí al lado, a mi izquierda, esperando paciente a que termine de contar un par de cosas para acompañarme a la cama. Y las dos cosas que tengo que contar han pasado el fin de semana.

La primera es del viernes. Con el libro aún en el bolso tuve la oportunidad de escuchar a Pedro Duque hablar sobre los viajes espaciales. Además de ser brillante, tiene un estupendo sentido del humor, lo que hace que escucharle sea una auténtica delicia.

Pues veréis, una vez terminada su interesantísima intervención salió pitando (volando resulta escaso) hacia el coche, flanqueado por mmm.... debíamos ser cinco personas. De las cinco a cuatro nos hubiera encantado continuar la conversación de antes -no siempre tiene uno la oportunidad de pasear al ladito de un astronauta- peeeeero a la número cinco -ya adelanto que con una sensibilidad de ñu- sólo le interesaba convencerle de que grabara unas palabras para canalcam.

Un despropósito.

Una imbécil.

Se nos fue espantado, el astronauta.

Aún así, me declaro fan incondicional de Pedro Duque.

Escribí antes que tenía que contar dos cosas, pero no logro recordar la segunda. Puede que fuera una crítica super trendy a unas gilipolleces que leí ayer, pero si es eso... paso, recordad que tengo un libro interesantísimo deseando que me meta en la cama.

Así que os dejo por hoy. Mañana más, el fin de semana que viene también (iremos a la feria del libro viejo y antiguo y lo mismo al teatro, aunque eso no lo podría jurar) y todo con una sonrisa porque estoy contenta, pero muy contenta.

el tonto

He llegado a casa hace un rato con ganas de contar un par de cosas sobre el musical que se estrena en breve con las canciones de Sabina como excusa(he estado en una “función previa”).

A ver, la escenografía es buena, los actores no lo hacen mal (aunque hay uno que pone unas caras muy raras y da un pelín de miedo... enseguida percibes que hace de muerto, y los muertos ya sabemos las caras raras que ponen). Total, que formalmente todo es súper chulo, ahora bien, como obra es un bodrio.

Primero porque rescata el millón de tópicos que nos sabemos de Sabina sin ser una obra que trate sobre él... El hilo argumental que se han inventado para encajar las canciones está lleno de putas, chulos, canallas, timos, boxeadores, el atleti, suburbios, bares. Todo muy sabiniano, hasta el bombín.

Segundo porque el argumento es una patata: unos chicos que le hacen el tocomocho a un mafioso. Así. Ya. Sin anestesia. Lo que se dice el tocomocho, el de tony leblanc de toda la vida.

Tercero por el tonto.

En la obra los personajes están definidos de una manera muy grotesca, muy burda. Y como no puede ser de otra manera... tenemos un tonto.

El tonto es boxeador. Intuimos que se ha quedado así de idiota por los golpes, aunque yo mantengo ciertas reservas. El tonto es tonto de capirote y la gente se ríe mucho con sus simplezas. Chic@s, no evolucionamos. Nos gusta reírnos del tonto. Nos encanta reírnos del tonto. Tenemos unas vidas tan miserables que nos ponen un tonto y nos hacen felices. Cómo será que es el tonto el que se ha llevado la gran ovación del público en los aplausos del por fin nos vamos (ésa soy yo).

... Seguido del pringao. Otro personaje que nos encanta, el pringao. Ése que hace de interesante pero al que se la pegan. Que se ve venir, que se ve venir, no te fíes de la chica, que te la va a meter doblada, que te está haciendo la cama... pues nada, el pringao no ve venir nada, pero mira por dónde transmite ternura, un rollo muy de madre y también se lleva aplausos. Pobre, si es que le han liao.

O sea, que nos gustan los tontos y los pringaos. Y claro, los guionistas nos ponen tontos y pringaos. Y todos tan contentos. Salimos comentando la jugada, ¿y cuando decía “por dios bendito”? Jajajajaja ¿y cuando le dice al pringao que es del atleti? Jajajajaja y así hasta el infinito y más allá.

Tampoco me ha gustado porque es muy estridente y porque -por favor- dura más de tres horas. Estoy segura de que el tocomocho se puede resumir bastante más. Habría que prescindir de algunas canciones, pero yo lo hubiera agradecido.

Y que conste que esta es mi opinión personal personalísima. Que entiendo que el resto del mundo pueda salir encantado del tocomocho sabiniano.

Yo iré a verle cantar a él, que seguro que disfruto mucho más.

jueves, 29 de septiembre de 2011

el concierto veintiuno

Hay cosas que entran en una vida y se quedan para siempre. Estoy pensando en la mía -of course- y en el concierto para piano nº21 de Mozart.

La música es una de esas cosas que llega para quedarse. Cuántas canciones llevo en la cabeza. Y hoy, esta noche, cuando me he acordado de él -no sé cuántos años después- he sentido un agradable sentimiento de anticipación y con los primeros compases... algo tan sencillo como cerrar los ojos y dejarlo volver.

Si hubiera ido en un coche hubiera sacado la mano por la ventana para hacer olas de viento.

Lo tengo entero en la cabeza. No importa las vidas que me han pasado por encima. Sigue aquí dentro. Y siguen (i) los movimientos -os dejo al final parte del allegro con la recomendación de que lo escuchéis entero... el allegro y el concierto- y (ii) las sensaciones que evocan, que siguen siendo las mismas.

De qué pequeñas maravillas está hecha la vida.

El concierto 21, una puerta que se abre, un escalón, una sonrisa, M que me dice entre sueños “y yo a ti mamá” cuando al arroparle le doy un beso y le digo que le quiero, la felicidad de C cuando imita el baile de la profesora de alemán, los atardeceres del otoño, las sorpresas, hablar, planificar una tarde o todas las caciones del mundo.

martes, 27 de septiembre de 2011

las convenciones sociales

Deben ser necesarias en un punto que yo no alcanzo a entender. Necesarias para nuestra convivencia, quiero decir, porque para nosotros -como individuos- no pueden ser más nefastas.

Nos hacen vivir mintiendo, escondiéndonos, haciendo trucos de magia para pasar desapercibidos. Demonios, yo no quiero disimular. Si estoy mal... debería poder estar mal y si no puedo ser más feliz también debería tener la libertad de expresarlo.

Pues no. Si estoy mal tengo que poner buena cara y ya llegaré a casa (también está la opción urgente de encerrarme en cualquier baño) y si estoy bien tengo que poner mala cara y cuando llegue a casa ya veré si no se me han pasado las ganas de dar saltitos de alegría.

¿En qué momento decidimos que era mejor vivir como ovejas? Renunciamos a nuestros instintos por algo tan poco relevante (al menos en mi caso, que puede que ahí esté la respuesta) como lo que pensará el de al lado -al que, entre nosotros, ni conocemos y al que, entre nosotros, es probable que un día dejemos de ver para siempre jamás.

O sea, que dejamos de hacer cosas que nos emocionarían porque ese efímero de al lado puede pensar que somos malos malísimos y hacemos cosas que nos importan una cacadevaca porque ese efímero de al lado internamente nos va a aplaudir.

Pues a la mierda con el efímero de al lado.

Que yo quiero vivir.

… iba a dejarlo aquí cuando me ha asaltado una duda tremenda.

¿Y si no vivimos en función de lo que piensen los demás sino en función de lo que queremos que los demás piensen de nuestras vidas?

Entonces vivimos en un mundo de apariencias, en el que nunca nada es lo que parece. Nos engañamos a nosotros mismos. ¿Puede haber algo peor que engañarse a uno mismo? Vivimos dobles vidas y somos espectadores de miles de dobles vidas. En este caso... ¿en qué momento decidimos que era mejor vivir de rodillas?

mi espacio exterior

Hoy a las 12:00h necesité respirar y cogí el coche para llegar, en dos minutos, al planeta de la tranquilidad.

En el planeta de la tranquilidad el sol calienta y el viento no deja que nos queme. En el planeta de la tranquilidad puedo quitarme los zapatos. En el planeta de la tranquilidad invariablemente acabo sonriendo.

Y allí sentada, rodeada de los sonidos del planeta t, he vuelto a reordenar las prioridades, a organizar los frentes abiertos, a tomar decisiones.

Esto es lo que quiero y lo quiero así. Mmmm.... esto no, de ninguna forma. Me encontraba tan bien con los ojos cerrados y el sol calentando mis mejillas que por un segundo casi me quedo allí a vivir.

Por un segundo, porque al cabo de un tiempo, con los pulmones llenos de ese aire que me había faltado antes y la cabeza llena de responsabilidades, he emprendido el camino de regreso. El paseo hacia el coche ha sido estimulante. Caminaba con bastante firmeza. Me sentía bien.Veinte minutos en el espacio exterior centran.

Lo juro.

Entre estas cosas y otras (ay), hoy he pasado un buen día. Ahora descanso leyendo y escribiendo y escuchando bajito un piano, alumbrada con velas. No estoy en el planeta t, pero tampoco me importa.

Me gusta cómo me siento.

domingo, 25 de septiembre de 2011

ganarse el cielo

Esta mañana, mientras admiraba el reportaje de cuatro páginas que el país dedica a mr, he decidido invertir esa parte rara del domingo en la que no sabemos qué hacer en preguntarme en voz alta por qué se escriben tantas gilipolleces.

La conclusión inicial -advierto que no le he dado más vueltas- es del tipo si-escribo-estas-cosas-tan-ideales-a-estas-alturas-me-tiene-que-ir-muy-bien-en-la-vida,-soy-tan-chuli. O sea, que entiendo que el que nos hace creer que mr es un super héroe (“de joven, se precipitó de noche por un barranco al volante de su coche y, cegado por la sangre coagulada que cubría sus ojos, logró liberarse de la mortaja metálica y gatear a tientas y a ciegas hasta llegar a la carretera”) ha pretendido ganarse el cielo laboral de los próximos años con el clásico método de la pelota.

abroparéntesis Por supuesto en un segundo sigo con las escribiditas de este señor, que me han encantado, peeeero es que hace un rato, leyendo el libro de Ayaan Hirsi Ali, se me han saltado las lágrimas y he pensado por segunda vez en esa frase: ganarse el cielo. Qué formas tan diferentes de vivir, la del hombre que bota y la de la mujer que no se murió “y al día siguiente tuve que ir a la escuela. En uno de mis ojos había estallado una vena, tal vez a causa de la paliza del ma a lim o por los golpes que me había propinado mi madre” cierroparéntesis.

Pero volviendo al primero -del libro ya escribiré- lo que decía, qué ejercicio tan maravilloso de florear la información.

Ya el primer párrafo atrapa, con la imagen del protagonista cabalgando sobre una ola poderosa que arriba triunfal a la playa que es la residencia presidencial. A partir de aquí, gotas de información ensalzante: la heroicidad de la sangre coagulada, su incorporación al mundo laboral con la gloria de hacerlo siendo el más joven del país, su mujer que es una “emulsión de frescura juvenil”, esos momentos de ocio en los que “se castiga en la bicicleta estática y sale a andar fuerte por las mañanas -hay que imaginarse al gigantón barbudo y algo desgarbado caminando velozmente a grandes zancadas como el señor de los bosques de la sierra madrileña”

¿Señor de los bosques? ¿De verdad todo esto es necesario?

¿De verdad nos importa que haya “bajado cuatro o cinco kilos y su figura se haya afinado bastante, de forma que la traza de su perfil sigue ahora una trayectoria mucho menos curvilínea”? ¿Es relevante para este país que sea amigo del buen comer y beber, que mantenga largas sobremesas y que sea hombre que necesita dormir sus horas (que sepáis que se irrita si no cubre sus mínimos de sueño)?

¿Qué podemos esperar del mundo si perdemos el espíritu crítico?

Me he puesto de mal humor y la calabaza lleva un buen rato fuera de control. Lo dejo por ahora, pero seguiré de cerca las escribiditas de este periodista tan mono.

libros libros libros

Vamos a poner que fue mayo el mes en el que dejé de leer. La vida tiene estas cosas y de mayo a aquí creo que no he acabado ni un libro, pero me he comprado... diría que varios, pero es que muchos.

Y ahora que retomo con cuidado y muchas ganas el pequeño placer de abrir un libro y dejarme llevar... no sé por dónde empezar. De momento ando con cuatro. Dos previos a la vida de hoy y dos nuevecitos. Los previos son El gran árbol, un cuento de Susanna Tamaro y La voz del violín, de Camilleri. Debería haberme quedado con estos y acabarlos, pero cuando un libro se alarga tanto en el tiempo (en ambos casos por causas ajenas al libro, pero da igual) me apetecen cosas nuevas, y es así como he llegado a Mi vida, mi libertad, de Ayaan Hirsi Ali y a otro de Camilleri (gracias, gracias), El traje gris, que me recuerda a Sabina pero no.

El gran árbol es un librito que me regaló C y que leeré con ella dentro de muy poco. Cuenta la historia de un abeto, de lo que ve desde su altura... las transformaciones del mundo que le rodea, guerras, personas. Un canto a la naturaleza, dicen. Cuando lo termine os daré mi versión.

Los dos de Camilleri son dos de Camilleri. Entretenidos, bien escritos, interesantes, recién empezado el segundo y bastante avanzado el primero. Creo que esta noche me acostaré con uno de ellos. Probablemente el segundo, que me apetece más.

En cuanto a Mi vida, mi libertad... de éste prometo hablar cuando lo termine. Y hablaré en términos comparativos con Shame, de Jasvinder Sanghera, un libro que leí hace unos años. Los dos son autobiografías que comparten el tema del desarrollo de la mujer en entornos represores y sus enfrentamientos a la religión, a sus tradiciones, a todo lo que las anula por su condición de mujer.

En fin, que poco a poco retomo hábitos y que tengo intención de compartirlos.

hablar


Para no ser de mucho hablar, en los últimos tiempos vivo en un sinparar. Hablo de mi vida, hablo de mis penas, cuento lo que no leo, hablo a multitudes, hablo bajito, hablo sin querer y hablo sola, como mi abuela.

Hablo por hablar -reconozco que esto es muy ocasional- y hablo porque me sienta bien. Me siento bien. He descubierto que hablar, que contar, que airear las cosas de por ahí dentro es reconfortante. He descubierto que además hasta hay quien me escucha con interés.

Pero ahora estoy empezando a tener frío, así que abandono mis blablablas para ponerme mi nueva y calentita sudadera, muy de mi color y -entre nosotros- adquirida por usucapión.

jueves, 22 de septiembre de 2011

listas

Supongo que porque mi vida necesita orden me ha entrado una necesidad frenética de listar. Listas de la compra, listas de cosas que hacer, listas de cosas que no hacer, listas de nuevas normas, listas de libros, listas de canciones, listas de palabras bonitas, listas de colores, listas de comidas, listas laborales, listas de sí, listas de ni de coña, listas abiertas, listas cerradas, listas de frases de ayer, listas de flores que quiero, listas de muebles, listas de destinatarios, listas de cumpleaños, listas de planes infantiles, listas de planes de lucía, listas de medicinas, listas cosas que debería limpiar, listas de abrazos que quiero dar, listas de listas.


Es evidente que esto de las listas se me ha ido de las manos. Aún así, las reivindico y las reivindico en su doble vertiente: útil, por un lado y literaria por otro.

Porque las listas -con amor- son de lo más literario que he hecho últimamente (literario, entre nosotros, para que nos entendamos).

Resulta que empecé con una listita básica... digamos de cosas que comprar (lo primero una cama por diossss). Y seguí por otra de cosas que hacer. En la tercera -algo que ver con los pins- empecé a coger ritmo y no me refiero a ritmo de agilidad, sino a ritmo poético, cadencia. Las frases ya no sólo enumeran, sino que se convierten en algo más musical.

Asombrada por esto de las listas y la música me acordé de un librito precioso. Se trata de Me acuerdo, de Joe Brainard. Una larga y deliciosa lista que os recomiendo.

Porque soy así, os dejo 14 de esos me acuerdos. El resto ya sabéis dónde encontrarlo.

Me acuerdo del día que murió Marilyn Monroe.

Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío.

Me acuerdo de muchos septiembres.

Me acuerdo de cuando pensabas que si hacías algo malo, la policía te metía en la cárcel.

Me acuerdo de la gente muy mayor cuando yo era muy joven. Sus casas olían raro.

Me acuerdo de la que vida era tan seria entonces como lo es ahora.

Me acuerdo de un pinatuñas rojo oscuro casi negro.

Me acuerdo de un día muy caluroso de verano en el que se me ocurrió poner cubitos de hielo en el acuario y se murieron todos los peces.

Me acuerdo de querer dormir en el patio de atrás y de que se riesen de mí diciendo que no iba a aguantar la noche entera y de, al final, dormir fuera y no aguantar la noche entera.

Me acuerdo de las fuentes que empiezan por un chorro pequeño y cuando pones la cara sale un chorro gigante que se mete en toda la nariz

Me acuerdo de la sopa de pollo con fideos cuando estás malo.

Me acuerdo de los filetes de pollo empanado.

Me acuerdo de llenar la cubitera hasta arriba y de intentar llevarla hasta el congelador sin que se me derrame nada.

Me acuerdo de lo que cuesta poner fin con naturalidad a una carcajada en público.

sábado, 10 de septiembre de 2011

cambiar

A pesar de cosas tan divertidas de escribir como un accidentado descenso del Sella con los pins, la vida -con sus cosas- ha dado tanto la vuelta en tan poco tiempo que el plan vacaciones en el mar ha quedado en el puesto 23 de mis prioridades.

La vida esa de la que hablo me tiene hoy en una casa nueva. Haciendo por fin lo mismo (escribir y comer conguitos), aunque con una sensación extraña, será el medio eco éste de la falta de muebles.

Dice A que todo cambio es para mejor. De eso estoy segura. De momento me ha gustado sentirme tan arropada. Resulta que no estoy sola. Toma ya.

También he tenido mudanza de despacho. Del mío pequeñito tan mono y tan feliz a otro mucho más apropiado -dicen, ay- a mi nuevo y relevante status de concejaladelegada. ¿Cómo explicar que el trabajo no depende del espacio, sino del compromiso? Imposible, sweeties.

Así que cambio doble de ubicación.

Afortunadamente todo está volviendo a su sitio y yo vuelvo a leer por las noches. La que acaba de terminar he alternado tres (entre nosotros, no sabría decir cuáles) y un par de tintines. Luego me quedé dormida y hoy el sol inunda mi nuevo salón.

Parece que todo va bien.

Espero retomar el resto de mi actividad en breve y contaros un día eso tan divertidísimo que nos ocurrió en un río hace más o menos un mes.

jueves, 25 de agosto de 2011

ver, saber, sentir

Este post lo pensé al hilo de un regalo y una frase.

El regalo es el catálogo de la exposición de Antonio López y la frase se resume en léelo y así si vamos me lo puedes contar.

Hay cosas que no puedo contar o que no cuento, salvo que me de un ataque de marilistilla, que a veces pasa. No puedo poner palabras a muchas cosas, a muchas más de las que me gustaría. No puedo poner palabras a la belleza. No puedo poner palabras a las cosas que me emocionan.

No puedo contar las cosas que siento cuando algo me hace respirar más rápido o me corta la respiración. Saber importa. Saber me gusta y a veces compartir lo que se sabe resulta entrañable, pero me tiene que salir de repente.

Tengo ganas de ir a la exposición, de pasearla, de ver y de sentir. Ya veremos si me sale contar o me ocurre eso de no poder.

martes, 16 de agosto de 2011

vacaciones en el mar (II)

Ayer fue divertido y cansado, así que hoy nos voy a regalar un estupendo día de no hacer nada. Dentro de un rato, con calma, bajaremos a la playa. Yo me sentaré en la arena y alternaré mi mirada del libro al mar y del cielo a los pins, que seguro que se lo pasan fenomenal haciendo ¡betadine! (se me ha ocurrido hablarles del mar y el yodo...).

Después comer y más después pasear. He descubierto una frondosa senda fluvial muy cerquita de aquí y me apetece dar un paseíto tranquilo. Mola mil no tener nada que hacer. Cuando volvamos más vueltas por el pueblecito, más mar, más sin prisas y un poco -un poquito- de planear los picos de europa de mañana.

Estoy leyendo, estoy pensando (aunque no es algo que me venga especialmente bien, la verdad), me estoy bañando en el mar, estoy bailando, a veces me enfado -cosas de la maternidad- estoy escribiendo cosas chulas en la arena, no estoy durmiendo especialmente bien, pero no todo iba a ser ideal... Lo bueno es que compenso la falta de sueño en la playa, cuando cierro los ojos, respiro con calma, los abro para llenarlos de mar y me da por soñar despierta.

Me fijo en todo lo que me rodea, que a veces es hilarante. Me divierto y M por favor, termina de desayunar ya!!!!!!

A ver si me sacudo toda esta melancolía de encima (tiene que ser la vida, digo la lluvia) y paso al “mode ironía” -mucho más entretenido, seguro- para escribir con más gracia algunas de las cosas que están pasando en este norte en el que estoy.

lunes, 15 de agosto de 2011

vacaciones en el mar (I) - descansar

Descansar y eso tan sobado de cambiar de aires son los objetivos principales de esta huída al norte. También la lluvia, el cielo de nubes, el monte verde, el olor y el mar. Ahora, mientras escribo, llueve gris y los pins duermen. La lluvia y su respiración. Dos sonidos perfectos.


Descansar -decía- y cambiar de aires.


El segundo objetivo se cumple irremediablemente. Ya lo he contado. Este norte al que me he ido no tiene nada -pero nada- que ver con el centro que dejé. Las cinco horas en coche que los separan son una buena forma de vivir el cambio. Viajar del amarillo al verde, del calor sofocante a quitar el aire acondicionado, de sólo querer cantar a gritos a callar sobrecogida por la inmensidad de las montañas. Y llegar y bañarme en el mar. Y flotar mirando al cielo y olvidar todo menos a los pins, que llegan corriendo y salpican y mamáaaaaaaaaaaa M me ha tirado arena a los ojos buaaaaaa es que C es una mandona y sólo quiere mandaaaaaaaarmeeeeeeeeee.


El objetivo uno -ya lo vais barruntando- es inalcanzable. Desde que no quiero cereales para desayunar hasta que no me gusta dormir con este pijama, los días transcurren con una leve tensión soterrada que acaba aflorando a pesar de todo el zen del que soy capaz.


Descansar se convierte en una utopía fenomenal. Y no me quejo... en el fondo el cambio de aires es lo que recordaré con nostalgia cuando siga cansándome en mis dominios. Entonces me acordaré de este norte como una maravilla mundial y me visualizaré descansadísima flotando en el mar.


De momento hoy llueve tanto como para no poder pasar el día en la playa. Como esta posibilidad estaba prevista, me imaginé un plan b que pasa por llevar a los pins a un cabo con faro (hay cosas que tienen que ser), a pasear por una ciudad que descubriremos juntos y a un museo jurásico, que es algo que así dicho fascina mil.


Y como estoy de vacaciones no debería haber prisa, así que les dejaré dormir un ratito más. El justo para reponer fuerzas comprobando por la ventana que efectivamente los aires aquí son otros.

martes, 9 de agosto de 2011

un poco de yo

Hoy he pasado un día terrible y no se me ocurre mejor ejercicio para dejarlo atrás que escribir. Escribir tiene un algo terapéutico que ayuda a soportar la vida cuando la vida resulta insoportable.

Por supuesto no voy a entrar en las causas del dolor, porque el dolor es privado, pero sí me apetece compartir este sentimiento tan triste. Nunca lo hago. Nunca comparto penas. Puedo estar muriéndome de dolor y contar -incluso con gracia- algo tan aséptico como que estoy en la cocina haciendo de las mías.

Esto tiene un lado malo, que es sentirse solo, porque si a la pena le unimos el sentimiento de soledad absoluta... entonces la pena se multiplica por tres. Lado bueno seguro que tiene. Todo lo que ocurre en la vida tiene algo de bueno, aunque sólo sea que ayude a crecer.

Así que aquí me tenéis, en plenos efectos colaterales de una encrucijada o de andar haciendo equilibrios sobre una cuerda o de no saber qué va a pasar mañana o de eso tan terrible que es querer y no poder.

Casi son las once y puedo decir con tranquilidad que la tormenta ha pasado, que aunque no se puede llorar más ahora podría sonreír, que aunque me he sentido muy sola sé que no lo estoy, que sufrir también es especial y que todo aún puede pasar.

sábado, 30 de julio de 2011

el fúbol es así

En un alarde de antiglamour a tope, el otro día fui al fútbol. El ratoncito pérez, que es súuuuuper súuuuuper sagaz, le trajo a M una entrada para ver al equipo de sus por ahora sueños. El chiquitín aún está verde para ir solo a según qué sitios, así que nos organizamos para escoltarle en esa velada tan especial.

Escurrí con gracia el bulto de liarme bufandas al cuello y aún así, creo que me mostré lo suficientemente entusiasmada como para que M disfrutara de la cosa. Ni un segundo de mal humor, ni una mala palabra, todo felicidad y emoción y –por supuesto, jejeje- disección antropológica mental del fenómeno masivo por excelencia.

Es extraordinario esto de los blogs. Ahí sentada, tan rodeada de hinchas y bocadillos de jamón, sólo pensaba eso de “esto es un auténtico filón”.

El señor de delante, que debía ser por lo menos seleccionador nacional, no se creía lo que veía. Nos impartió (indirectamente, porque hablaba sin dirigirse a nadie en particular) unas clases interesantísimas de técnica futbolística aplicada, que me permitieron descubrir eso que nadie había explicado a las figuritas de colorines que retozaban en el césped. Este maestro del fútbol –campeón nacional de pelar pipas sin dejar de hablar- se desesperó tanto que al final amenazó con bajar él mismo a tirar.

El señor de atrás era más de andar por casa y un poquito más coñazo también. Tenía dos frases que alternaba en fracciones de segundo, a saber

- ¡Apreta, apreta! – cuando un colorín llegaba a la portería contraria y

- No puede ni con las botas – el resto del tiempo.

Y el de mi derecha… uf el de mi derecha. Ese daba miedo. A ver, resulta que en los estadios siempre hay un grupito cantarín, que se pasa las dos horas coreando cancioncillas algunas graciosas algunas no. Animan mucho, los cantarines. De hecho, si no fuera por ellos las dos horas podrían convertirse en años, con eso de la relatividad del tiempo. Pues el señor de mi derecha era el que organizaba a los cantarines, o eso parecía, tan enganchado al móvil.

- ¿Me ves? Estoy aquí, enfrente de los banquillos. Estoy levantando la mano (entiendo que el mafioso hablaba con un amigo por supuesto mafioso que tenía un súper equipo de visión de aguila imperial).

- Mira ostias, dile al chache que dejen de cantar esa del DG. Que paren ya, me cago en diosss.

- (…)

- Pues yo qué sé, que se metan con el cabrón del P, pero que al DG lo dejen ostia.

Y dejaban al DG. Yo le miraba de soslayo como para hacerme una idea de su aspecto y volvía a mirar al campo un poquito acojonada, con esa necesidad maternal de proteger a los pins con el brazo izquierdo y unos cuantos besos.

Lo que se dice una experiencia.

lunes, 25 de julio de 2011

odiosas comparaciones

Que llevo tiempo sin centrarme, lo reconozco. Que estos dos últimos días han dado mucho de sí, también. Que no debería leer catorce libros a la vez, lo sé. Que la satisfacción de acabar uno preciosísimo no desaparece aunque se empiece otro desastroso, es un hecho.

He cerrado pensativa El refugio de la memoria, de Tony Judt, para abrir uno que nunca debí comprar. Uno nunca se tiene que comprar un libro con un título tan chorra como Bruno, jefe de policía, porque lo mejor que le puede pasar es leer el primer capítulo y querer tirarlo por la borda, sólo que aquí no huelo el mar.

A ver, me apetecía una novelita fácil de esas de no pensar con los pies en alto y el sol desparramándose a diestro y siniestro. Bruno me pareció tan maja como otra cualquiera, con las uvitas provenzales en la portada y eso, pero es que no.

Aún así, pienso leerlo. Puede que incluso lo acabe hoy (qué chulería). Es cutre pero no engaña, así que no lo azotaré con el látigo de mi indiferencia. A éste le voy a dar su oportunidad, aunque veréis…

Hay dos cosas que no me gusta leer. Una son palabras grandilocuentes para decir cosas sencillas. Me da la sensación de que el autor no confía mucho en sus posibilidades. O sea, que tu primera frase sea “En una resplandeciente mañana de mayo, tan temprano que los últimos jirones de neblina aún persistían sobre el gran recodo del río…” a mí ya me da que pensar.

Ostras.

Ostras cómo empieza éste.

Ostras no sé si seguir.

Dos cosas, decía. Una, las palabras grandilocuentes. Dos, las enumeraciones. Si no tienes nada que decir, autor, no digas nada. Si la historia se te queda en 127 hojas, autor, no pasa nada. ¿Por qué tienes que tostar al lector con miles de datos irrelevantes? ¿Es que nadie te ha dicho que eso cansa? ¿Que en verano induce el sueño? ¿Que favorece la lectura diagonal? ¿Por qué crees que es necesario que yo sepa que Bruno lleva en su vehículo (mejor coche o furgoneta, autor, es más simple):

“una palanca, un amasijo de cable de batería, una cesta con huevos recién puestos y otra con los primeros guisantes de primavera de la temporada ¿?, dos raquetas de tenis, un par de botas de rugby, zapatillas de deporte, una gran bolsa con varios tipos de prendas deportivas, el sedal de una caña de pescar, un maletín de primeros auxilios, una pequeña caja de herramientas, una manta, una cesta de picnic con platos y vasos, sal, pimienta, una cabeza de ajo, una navaja de bolsillo, laguiole ¿? Con cachas de cuerno ¿?, un sacacorchos y una botella de la no muy legal eau de vie de un amigo granjero, un par de viejas esposas, una linterna, un cuaderno y algunos bolígrafos”

Todo, ay Bruno, menos el pesado cinturón con sus accesorios de funda y pistola. Resulta que la MAB 9mm no la suele llevar encima, claro que sólo la tuvo que utilizar tres veces: el día que avistó un perro rabioso, cuando el presidente de francia hizo un mistermarshall en el pueblín y cuando se escapó el canguro boxeador de un circo local.

Increíble ¿verdad?

Y a pesar de todo, voy a darle una oportunidad, no sé si porque me apetece diseccionarlo (jijijiji) o porque después de Judt a cualquier cosa le saco punta.

sensaciones y realidades

Esta mañana lo que ha conseguido sacarme de la cama y de mis sueños ha sido ese delicioso olor a desayuno que llena las casas compartidas en los días festivos. Me he despertado pronto y me he quedado… pues eso, soñando y leyendo y volviéndo a adormecerme y ahí seguiría si no hubiera sido por ese olor marrón de café, de pan tostado, de rutina de domingo un lunes.

Es curioso el efecto de los sentidos porque ni me gusta el café ni tomo pan tostado ni suelo desayunar más allá de un té que olvido frío entre mis pensamientos y las primeras frases del día.

Así que mi nariz me ha conducido a la cocina y mis pensamientos se han quedado anclados a una idea y se han quedado tan anclados que son casi las cinco de la tarde y aún sigo dando vueltas al mundo de las sensaciones y las realidades.

La diferencia fundamental entre las sensaciones y las realidades son los ojos.

Las sensaciones son ojos cerrados. Cuando los abrimos la realidad nos golpea. En la realidad, los ojos están abiertos. En la cama, con los ojos cerrados, el olor a mañana me ha querido decir algo. La sensación era agradable. Las posibilidades ilimitadas. Pero he abierto los ojos y he entrado en la cocina y el trozo de pan se me ha atragantado en la garganta y el té hoy no estaba tan bueno.

He subido dando vueltas a otras sensaciones, como las que me proporcionan los campos de girasoles o dar un abrazo a un árbol. Los campos de girasoles me hacen sonreír, me encantan. Cierro los ojos y me veo paseando entre las flores, el sol que se deja ir, los brazos desnudos, las manos rozando las olas amarillas. ¿Habéis visto alguna vez (ojos abiertos) un campo de girasoles de cerca? Yo no me atrevería a dar un paso. Pinchan, los bichos, la tierra seca, me pica la nariz.

En cuanto a los árboles… hace dos días abracé uno. Cerré los ojos y era algo diferente lo que abrazaba. Los abrí y era un árbol. Sólo un árbol.

Cerrar los ojos nos catapulta a mundos que nos gustan. A los mundos de las sensaciones, de las cosas que queremos. Abrirlos nos coloca en la realidad. En los mundos de las certezas, de las cosas que tenemos.

Y nunca lo que tenemos se parece a lo que queremos. La vida que vemos con los ojos abiertos nunca coincide con la vida que sentimos cuando los cerramos y nos dejamos llevar por lo que somos.

martes, 19 de julio de 2011

1, 2 y 3 yo me calmaré

La inspiración... ese elemento tan curioso en la vida de quien escribe. Va y viene en función de todo. En este caso se ha ido, para lágrimas de todos aquellos que os habéis quedado sin leer una de las experiencias más hilarantes de mis últimas vidas. En resumen y sin gracia -por esa musa que nadaporaquínadaporallá- hoy hemos entrado en casa por la ventana. Los pins y la madre -no sé si pobres- que tienen.

Un espectáculo digno del mismísimo azcona.

Me entristece haber dejado escapar el momento de contarlo, pero las obligaciones maternales pueden con todo y -entre nosotros- después de preparar la comidita, discutir hasta la extenuación, abandonar a los pins, llenarme el vestido de yogur, recoger la comidita, limpiar la cocinita y discutir hasta la extenuación (esto lo había escrito antes, lo sé, pero es que he repetido)... después de todo eso, cuando por fin me siento, lo de la ventana -además de que parece que ha pasado hace un mes- ya no tiene ni puta gracia.

Ahora me he transformado en rotenmeyer. C a mi dereha, haciendo ejercicios de matemáticas y M a mi izquierda escribiendo el barco zarpa a las nueve. O sea, C a mi derecha mirando al techo (en qué estará pensando) y M a mi izquierda columpiándose en la silla.

Definitivamente, alguien se tenía que ocupar de confeccionar un manual con soluciones cariñosas para estas situaciones en las que es tan fácil convertirse en la peor madre posible. No es que esté echándo espuma por la boca (de momento), pero ahora no soy ni mucho menos lo que en el mundo feliz de las madres chulis se considera guay.

Así que me voy a tumbar al sol.

Que tengo mucho en qué pensar.

Y más que leer.

A ver cuánto dura el plan.

jueves, 14 de julio de 2011

libros estafa

Hay libros buenos y malos, libros que me gustan o libros que me gustan menos. Hay libros que me entusiasman y de los que disfruto página a página. Hay libros que no quiero que acaben. Hay libros que me dejan meses dando vueltas a una idea. Hay libros que no entiendo. Hay libros que no me emocionan. Hay libros y libros y luego están los libros estafa.

Los libros estafa son los menos, es verdad, pero cuando me encuentro con uno de ellos me sienta remal, con ganas de escribir a la editorial un por diossss por diossss ¿en qué estaban ustedes pensando ayer?

Los libros estafa son los que engañan. Según leo voy pensando mmmm... esto no es y releo el principio y sigo y mmmmm.... vamos a ver unas páginas más allá y retomo donde lo dejé y mmm.... definitivamente no va. Esta señorita me está engañando.

El engaño de los libros estafa es sutil, claro. Si partimos de la relación libro-ficción, decir que un libro engaña a priori tiene el reparo mental del si es un cuento, qué esperabas monina, pero yo no me refiero al argumento. Mi engaño está más ligado al autor. Probablemente un libro estafa es un libro en el que el autor se engaña a sí mismo y el lector lo nota.

Un autor que no es sincero no merece la pena. Un autor que menosprecia a los lectores no merece la pena. Las cosas que alguien escribe pensando que el mundo es lo suficientemente lelo como para creerlo... no merecen la pena. Porque es que esas cosas se notan. Se nota que te están tomando el pelo, se nota que todo es mentira y -mira que me jode- pero cuando esto me pasa hago eso tan ordinario de abandonar el libro a medias (pobre, como si él tuviera la culpa) en ese rincón oscuro dedicado a los libros que no.

miércoles, 13 de julio de 2011

flan sin nata

Me recuerdo hace dos vidas dedicando una calurosa tarde de verano a frank sinatra, en un arrebato de cantar y bailar todas sus canciones. Me recuerdo en esa especie de escenario que improvisé en mi casita de madrid, con un vestido muy corto, con unos doce kilos menos (arrghhhh) y con una agradable espectación entre los asistentes, no en vano soy tímida y el espectáculo no parecía que fuera a salir nada bien.

Ayer, viendo los puentes de madison, oí una frase que interpreto así como... yo nunca he sido así, pero tampoco nunca me he sentido más yo que ahora.

En eso ando estos días, y en eso también estuve aquélla tarde de frankie. Desde entonces a veces vuelvo a él, y aunque no nunca repetí los bailecitos, es escuchar cualquiera de sus canciones y sentir de nuevo aquella sensación de no ser yo, pero ser más yo que nunca.

Seguramente estos días retorno a él por lo que se parecen a aquélla tarde de hace mil años en la que -como dijo el poeta- me liberé y fui.

Y como esta noche ya toca FS, os enlazo ésta


y ésta

y por supuesto ésta

martes, 12 de julio de 2011

esta mañana

Una de las cosas que más me gusta hacer es despertarme y quedarme en la cama dando vueltas dos horas o así. Los pajaritos cantan, las nubes se levantan y lu piensa y lee y se medio duerme y ¡ostras! planea el súper desayuno.

Mi SD lleva incorporado té -of course- pan, mantequilla, huevo y pepino. Y no me imagino nada más emocionante que estar dando vueltas en la cama y darme cuenta de que ¡ostras! tengo todo para el SD y no hay pins -inciso: los pins son anti SD por dos motivos (i) es fundamental que el SD se tome en soledad, disfrutando de cada sabor... pensando, leyendo o mirando por la ventana. Sin soledad y silencio el SD no vale un pimiento y (ii) no es lo mismo hacer 1 que hacer 3, recoger 3 que hacer como que recoges 1, y yo-no-quiero-pepino-mamita-se-me-ha-caído-el-huevo-bébete-la-leche-de-una-maldita-vez-yo-quería-zumo-aaaarrrggghhhhhh. Definitivamente no es lo mismo.

Anoche llegué a casa, me duché y así, con toalla y todo, me quedé dormida hasta el madrugón no previsto de hoy. Lo bueno de haberme despertado tan pronto es que he disfrutado de mis horas de nada y que entre vuelta y vuelta he hecho un rápido recuento mental de mi nevera y a pesar del eco que ya empieza a haber ¡tenía posibilidades de superdesayunar!

Así que, feliz por mi buena estrella, he dejado la cama con ganas y he salido al jardín a aprovechar los primeros rayos del sol para estirarme y robarle un par de melocotones al vecino. He dado una vueltecita poraquíporallí, retrasando conscientemente el SD y cuando ya no podía soportar más la espera he dado al botoncito de la kettle... y en marcha!

Esta mañana estoy contenta.

Además del SD y del despertarme sin prisa, hoy voy a hacer dos cosas que me apetecen mucho y me siento muy sonriente.

Y no sigo, porque al final se me va a echar el tiempo encima y eso sería terriiiiiiiiiiible!

los abrazos de lucía

Un día bajé a la tierra o bajé la guardia, aún estoy decidiendo qué pasó, y me convertí en eso que llaman persona normal, con sentimientos y así, y empecé a querer abrazar a todas las otras personas a las que sentía sufrir.

Cuento esto porque me asombro de mí. Yo, que tradicionalmente he sido distante en mis relaciones con el mundo, de repente me encuentro queriendo hacer llegar mi apoyo, mi amistad o mi amor en forma de abrazo.

De repente me importan los problemas de las personas que me rodean. Vamos a ver, antes me importaban también y también trataba de ayudar a solucionarlos, pero sin el sentimiento de hoy, sin la implicación emocional de las últimas veces.

Yo siempre he sido muy objetiva. ¿Tienes un problema? Vamos a solucionarlo, pero desde la razón. Vamos a pensar, vamos a decidir.

Y ahora de repente siento que un abrazo puede más que toda esa ayuda pensante. Un abrazo hace llorar, un abrazo reconforta, un abrazo hace desaparecer la soledad, también hace sonreír.

Y esto de ahora es ya la ciencia ficción de mi vida
: yo nunca me he dejado abrazar en mis momentos grises. De hecho, ni siquiera creo que haya llegado a compartirlos (más allá de mis conversaciones asépticas con el librero). ¿Y sabéis qué? Ahora me apetece que lleguen, para dejarme abrazar por todos los que sé que estaríais dispuestos a hacerlo.

sábado, 9 de julio de 2011

cosas sencillas

un columpio

mmmm.... cómo me apetece sentarme ahí. Qué bien huele y qué verde es todo. Me encantan las vallas de madera. Me estoy mojando los pies andando por aquí. Me gusta. Se está tan bien. Y este silencio es soberbio.

Qué bonito. Es de madera, también. ¿Y estas cuerdas? Deben medir varios metros. Parece consistente. Vamos a ver. Impulso y... aaaahhhhh ¡estoy volando! Me tumbo y todo el pelo vuela conmigo. Arriba los trozos de cielo que me dejan ver los árboles. Adelante y hacia atrás y otra vez hacia delante y el silencio tan especial del río. Me impulso y me tumbo y veo mis pies ahí arriba. Me enderezo y estoy en el viento y el agua me salpica.

Extiendo los brazos y me tengo que reír. No quiero parar. No quiero que esta felicidad termine.

regar

Era tan temprano que no tenía otra cosa que hacer que regar mi jardín. Regar es algo de lo que disfruto. Me gusta hacerlo por orden, primero lo de comer, que crezca ya y bueno, y a partir de ahí por tramos y zonas. Me gusta regar las hortensias, porque me gustan las hortensias. Me gusta regar las copas de los árboles. Es algo que no suelo hacer por el sol, pero tan temprano y sin sol hoy lo he hecho. Me gustan esos restos de agua que al caer de nuevo al suelo me mojan los hombros y la cabeza. Me gusta cómo huele la tierra. Me gusta cómo huele la hierbabuena cuando se moja. Me tranquiliza no tener nada mejor que hacer que tocar las hojas de los árboles, que revisar las tomateras, que deambular por el trocito de tierra que rodea mi casa. Me gustan los colores. Me gusta que se me mojen los pies. Me encanta el primer rayo de sol que calienta la espalda y darme la vuelta y cerrar los ojos y sentir que empieza un día perfecto.

tumbarse en una piedra

es algo que deberíamos hacer más a menudo. Dejar que el cielo pase y terminar la tarde. Apreciar los cambios de color. Escuchar y oler y a veces cerrar los ojos. Las piedras regalan el calor del día. Recuperar el buen humor es más fácil sobre una piedra.

una canción

Arden las hojas en los parques sin luna
rueda el firmamento en el agua.
Dueña del reino de la buena fortuna
toma mi canción más embrujada.

¿Cómo decirte que se aleja una nube
y que tengo miedo a que me abandones?
¿Cómo pedirte que me tengas presente
allá en el infinito de tus constelaciones?

Acércate, acércate.
Siento que toda la vida es
ahora.

Llevas a los barcos a ciudades sin mares
salvas a los que naufragaron.
Guardas el eco de lo que haya existido
reina paciente de los desamparados.

¿Cómo decirte que desatas la Música
que te veo y quiero enamorarme?
¿Cómo contarte que me encuentro perdido
en la belleza de tus soledades?

Acércate, acércate.
Siento que toda la vida es
ahora.

y una mirada.

domingo, 3 de julio de 2011

bichos raros

En la parte primera del día, cuando todo iba muy bien, he empezado un libro de textos escritos por Erik Satie, el compositor francés al que alguna vez he mencionado por aquí. Como compositor, tengo que reconocer que me fascina. Su música es bella en la simpleza. Evoca, calma y remueve, al menos a mí.

Es una música que escucho muy muy a menudo. Ahora mismo, sin ir más lejos, he abierto el frasco de las gymnopèdies.

El caso es que esta mañana, después de leer casi la mitad del libro, me he sentido muy bien. Satie, como creador, era extraordinario, estaba completamente fuera de la norma. Pensando en sus extravagantes escritos y en su forma también extravagante de sentir, me he descubierto una sonrisa cómplice.

Soy un bicho raro. Sí, sí... pero no estoy sola! Y no es que me compare con ES, que no, pero al leerle hoy y pensar pero a este hombre... ¿nadie le dijo nada? -entre nosotros- me he sentido muy bien.




Pero eso era antes de que el día dejara de brillar. Después... enfado, disgusto y frustración, que he decidido manejar con una puerta que se cierra mientras abro la de la librería. Y así ha discurrido hoy el día, entre música y libros, entre sentimientos y pensamientos. En cuanto a la noche, espero seguir contando historias y hojeando mis cinco nuevas adquisiciones. Una porque sí, otra ¿por qué no?, otra para descansar, la cuarta me apasiona y con la quinta empiezo en un rato.

Después de comer algo... porque me muero de hambre!

sábado, 2 de julio de 2011

los hombres grises

Los hombres grises son invisibles. Los hombres grises no dejan rastro. Los hombres grises pueden gritar y llamar mi atención, pero desaparecen de inmediato de mis areas de interés.

Los hombres grises no existen. Mi cerebro no es capaz de asimilarlos. Y hoy, tan asombrada por haberme dado cuenta, quiero dedicar una entrada a todos ellos, a todos los hombres gris marengo que habitan en silencio este mundo de colores.

No es malo ser gris, porque nunca se es gris para todos. Los hombres grises seguro que brillan en ámbitos que yo ni siquiera sospecho. Los hombres grises también enamoran. Los hombres grises seguro que son luz para sus madres. Los hombres grises son grises para mí, para mis ansias de color, para mi forma de entender la vida.

Seguramente por eso pasan por mi lado y no les veo. No les reconozco. Los hombres grises no me interesan. No es desprecio, es que no puedo verlos. A mis ojos sólo les emociona el color y lo que no emociona pasa directamente a ese lado oscuro del cerebro en el que los restos de vida se disuelven en un lío de imagenes que no me importan.

que no te falte esa canción

Quería escribir sobre las música y mi vida. Ya sabéis, cómo cada momento tiene su canción. Incluso podía haber dejado aquí colgadas algunas de las que me han dado la vuelta alguna vez. Quería escribir sobre todo esto, y hoy me pongo y no me quiere salir. Las tengo en la cabeza, todas, incluso el silencio imprescindible de escribir, que en cierto sentido también es música.

Pero de repente he vuelto al cuaderno, he olvidado la música y me ha entrado una fiebre frenética de escribir por escribir, de escribir historias, de escribir listas, de escribir meacuerdos, de escribir to dos, de escribir jurídico, de escribir poético, de escribirescribirescribir sin sentido y sin más afán que llenar de hormigas el blanco.

Esta especie de furia incontrolada puede deberse al mal humor. Estoy enfadada. Estoy enfadadísima. Estoy espantada. Estoy a punto de ponerme a gritar. Es el momento de enchufarme una canción de mucho llorar y cantarla a pleno pulmón hasta volver a ser suave!

Imposible escapar de la música. Cuando todo gira, la música también lo hace... en sentido contrario a las agujas del reloj.

martes, 28 de junio de 2011

el último libro

Estoy acabando un libro que se titula La niña del faro.

Antes de seguir, me apetece contar un semisecreto. Es semi porque hasta esto muy poca gente conocía mi obsesión por... los faros. Me apasionan los faros. Me los pido todos. Es saber que hay un faro cerca y no poder pensar en otra cosa. Mi viaje espectacular es una ruta de los faros. ¿Para qué me voy a ir al congo si puedo dar la vuelta a la península ibérica de cabo en cabo? Y eso sin pensar en las posibilidades que se abren fuera de aquí, claro.

Soy una friki de los cabos (sobre todo los acantilados) y de los faros que los suelen acompañar. Me impresiona ver el mar desde lo alto de un cabo, tan lleno siempre de viento y ya. Es toda una experiencia sentarse y mirar. También es cierto que hay faros y faros. Los hay perfectos, son los solitarios, enormes y majestuosos, rodeados de gaviotas y nubes, pero también hay faros engullidos en un paseo marítimo que han perdido -pobres- todo su romanticismo.

Así ahora mismo, además de algunos tormentosos en el norte de escocia -eso sí que es soledad- me vienen a la cabeza los de san vicente (aquí hice eso tan maternal de intentar transmitir algo bello a los pins... y creo que funcionó!), gata y estaca de bares, que deben haber sido los últimos. En el lado de los engullidos, me acuerdo de maspalomas -imponente, si no hubiera tanto... tanto alrededor. Luego está el faro de mi infancia, llegando a cullera, que veía desde unos cuantos kilómetros hacia valencia.

Total, que la pasión farera hace que me lance a cualquier cosa que me haga recordar... y en este caso el objeto a apresar era el libro, que compré exclusivamente por el título.

Lo que os cuento -ni siquiera me paré a apreciar la portada, que es bastante sosa, o a leer la reseña. La niña del faro. Eso bastó. Y ahora me alegra haberlo leído. El argumento es bastante normal. Cuenta dos historias paralelas -diferentes épocas, diferentes personajes- que se van entremezclando a través de las páginas y la verdad es que hay momentos en los el enlace no está del todo logrado y uno se hace un pequeño lío (también puede ser que yo no esté para lecturitas raras en este trozo de vida... lo mismo me debería dedicar a leer superhumores). El caso es que si el argumento no es de muerte, la composición del libro me ha parecido muy especial, no sé si es (i) porque me he sentido muy identificada con la forma de escribir de la autora o (ii) por la sorpresa que da -de vez en cuando- leer un libro no lineal.

No sé si es recomendable, las cosas raras es lo que tienen, pero a mí me ha interesado y lo he leído con atención, que es más de lo que puedo decir de otras muchas cosas que leo.



lunes, 27 de junio de 2011

días como estos

No sé cómo me siento en días como estos, tan llenos de incertidumbre y tan tan confusos. Intuyo que necesito una gran dosis de soledad, de llegar a casa y tirarme en la cama y que pase la tarde mientras miro al techo sin descanso, buscando en su blanco el motor para ponerme en marcha.


También intuyo que este calor que todo lo aplana ralentiza los momentos, sobre todo los malos, que alaaaargo por ahí dentro hasta que me quedo dormida.


En días como estos, con lo de la soledad y el calor, -pobres- me sobran los pins. Todos los pins del mundo, con sus maravillosas cosas mágicas, se convierten en una fuente de contradicción estos días sin paciencia y sin ganas, días de esperar a que lleguen otros días, mucho mejores... que llegarán.


Y sabiendo que llegarán, preferiría esperarlos tumbada, mirando al techo, sin obligaciones, sin actividad, acompañada de esa música que llega suave a través de las paredes y saca lágrimas y recuerda sonrisas.


Preferiría esperarlos así, pero como no es del todo posible me agarro a otra música, me pierdo en los libros y hago como que sonrío.


Que todo va a ir bien.




sábado, 25 de junio de 2011

en mi línea

La vida me enfrenta a situaciones muy incómodas, que digo yo que son incómodas porque soy asocial. Estoy segura de que mucha gente disfruta de... ir a depilarse, por ejemplo, pero yo no.

El primer asalto lo pierdo casi siempre, cuando compruebo con disgusto que la mujer con la que intimé la última vez ya no está, carajo.

- Pasa y desnudate, dice la nueva tan mona, tan vestida de blanco, tan profesional.

¿Soy rarita o el resto del mundo también se siente enfermo con esta frase? Porque el rato ése en el que me quito la ropa y me siento y me siento enorme y miro al techo y miro al suelo y me veo los pies colgando de la camilla y decido tumbarme y qué hago tumbada ¿se habrá olvidado la de blanco de mí?... Ese rato es delirante. Cuántas veces he pensado ponerme todo otra vez y escabullirme con alguna excusa cutre.

Pero como soy una cobarde estupenda me quedo, con la angustia añadida de tener que entablar conversación con una desconocida que tiene en sus manos el poder del dolor.

Yo sería feliz con conversaciones intrascendentes. Bueno, yo sería feliz si la de blanco hiciera su trabajo calladita, dejándome a lo mío, que suele ser bastante interesante, pero como doy por hecho que eso es imposible, me conformaría con algo como

- parece que se avecina una ola de calor
- mmmmm sí
- (...)
- ¿te duele?
- mmmmm no

y ya.

No entiendo necesidad de más. No entiendo y no quiero que me cuenten sus vidas. No quiero que se interesen por mí. Quítame los pelos y déjame en paz, no me importa que tu hermana tuviera un hijo con diecisiete años, por dios, no me importa que tú no quieras tenerlos.No quiero contarte dónde trabajo ni cuántos años tiene mi hermano... aaarrghhhhhh, calla ya!

Pero las chicas de blanco son persistentes y poco a poco consiguen llevarme a su terreno -o eso las dejo creer, pobres- porque, como soy así, acabo jugando a inventarme una vida paralela interesantísima y de detalles escandalosos, que es algo que a mí me divierte un porrón y a ellas les entusiasma, porque mis vidas paralelas están llenas de todas esas cosas que apasionan a las chicas de blanco.

jueves, 23 de junio de 2011

momentos especiales

Hoy me he despertado a las siete de la mañana y me he quedado en la cama pensando y pensando y a veces sonriendo y dando vueltas calurosísimas hasta que -vaya- me he vuelto a quedar dormida.

Casi eran las doce cuando me he despertado por segunda vez.

Y ahí estaba, pensando en mis sueños, cuando M ha hecho lo propio. Hemos bajado a desayu y mi chiquitín no paraba de contarme cosas con bigotes de leche y migas de galleta. Y de repente ahí me tenéis, delante de él, con unas ganas terribles de espachurrarle en un abrazo de madre oso.

Momentos como esos me hacen feliz.

Hace un rato, después de comer, me he encerrado en la cocina para relimpiarla. Eso -entre nosotros- era mi coartada para otro momento único, el de engancharme a la música y bailar y cantar y dar vueltas con el micrófono de cuchara de palo mientras los restos de la vida anterior a la comida iban volviendo a su sitio poco a poco.

Ahora estoy sentada en la mesa. M está en el suelo descubriendo todos mis tintines y asterixes. Tararea una canción de los blues brothers. Yo leo y escribo estas cosas tan ñoñas.

La vida está llena de momentos tranquilos y simples, como estos, que por fuerza nos tienen que ayudar a seguir avanzando.

Vaya! Me releo de un sensiblón...

los grupos

Los grupos apestan.

Os lo podéis tomar bien o pensar que la afirmación es fruto de mi incapacidad manifiesta de pertenecer a uno. Las dos cosas valen.

Sé que contar esto me coloca en el pedestal de la rareza sin límites, pero me da igual. Es algo que llevo conmigo desde hace mucho mucho tiempo.

Desde pequeña me espantaban las pandillas. Yo he tenido grandes amigos individuales, los sigo teniendo, y seguramente me haya dejado grandes momentos en el camino por sentirme tan incómoda siendo adorable con gente que a mí plin.

Aún recuerdo con espanto aquellas salidas del cole de C, cuando los papis de sus compis organizaban quedadas súperchulis en el parque o ¡en mi casa!. Para que os hagáis una idea de hasta dónde llega mi manía, hablé con la profe de la pin para recogerla antes. Y eso hacía... llegaba a menos cuarto, con premeditación y mucha alevosía, y me iba a merendar al río con los pins en soledad y tal pascual.

Luego llegaron los papis de los compis de M y aquello acabó más o menos como el rosario de la aurora.

Lo que me resulta curioso es que mantengo una buenísima relación con las personas que conforman los grupos, aunque me supere o me abrume (que también) la relación conjunta.

Reconozco que en algunos momentos me he sentido cómoda. Hace poco escribía sobre compartir y lo hacía desde la experiencia de trabajar con y en un grupo. Vaya, acabo de descubrir que formar parte de un grupo que trabaja con un objetivo sí me vale. Estar por pasar el rato -se ve- es lo que no.

miércoles, 22 de junio de 2011

el estanque

La primera vez que vi a Verónica parecía salida de un pozo negro y sucio. Sólo sus asombrosos ojos azules aparecían limpios de mugre y vida. Su ropa eran andrajos. Su pelo, enredado y largo, le cubría repugnante la cara a medias. Caminaba doblada sobre su cintura, agachada, huidiza. Caminaba con el miedo del que a quien después de siglos oscuros deslumbra la luz.

Y la luz de aquélla mañana de junio brillaba como mil malditos doblones de oro.

Estoy estancada. Esto de arriba es lo más emocionante que he escrito en meses y reconozco que no es mucho escribir ni bueno, pero una está a lo que está y las emociones de la última vida no dejan mucho margen para el descanso.

Pero este estanque de ahora no es como otros en los que me he bañado. En éste de momento no me agobia nadar. Otras veces quería salir quería salir quería salir y recuperar el tiempo perdido y volver a mis tostones, pero esta vez me lo estoy tomando con calma. Me apetece quedarme aquí, estancada, y disfrutar del buen tiempo que hace. Verónica puede esperar (es increíble cómo funcionan estas cosas, pero llevo meses enganchada a este nombre) y a lo mejor hasta le va bien quedarse en el primer párrafo.

Reconozco que de vez en cuando me entran prisas creativas, más agobios que prisas, y que me angustia estar en el centro del estanque con escasas posibilidades de llegar a la orilla antes de que pase esa fracción de ideas.

Peeero, así son las cosas… unas moradas y otras rosas.

¡Qué descanso! flotar mirando al cielo y escuchar eso que pasa dentro.

domingo, 19 de junio de 2011

la bolsa y la vida

Hoy he recuperado del fondo oscuro de un armario una bolsa roja de karhu. Lo de karhu no es relevante más allá de que sirve para que os hagáis a la idea del tipo de bolsa que es, muy ochentera. La bolsa me la regaló mi abuela -a petición mía- cuando cumplí 12 ó 13 años y en su momento me hizo mucha ilusión, igual que el pañuelo de snoopy que la acompañaba (lo sé, hay cosas que no debería contar). La utilicé durante años para llevar al cole los aperos de deporte y ahora reposa -ya digo- en un fondo oscuro, llena de un montón de cosas en apariencia ridículas, pero en el fondo muy importantes para mí.

Está llena de mi vida.

Tiene mi cuaderno de arte, una foto de mi primer novio (con un olvidado nunca podré olvidarte), la pulserita que le pusieron a C en el hospital cuando nació, la entrada a mi primer concierto, de loquillo. Creo que fue el primero, pero no pondría la mano en el fuego. También guarda el primer relato que escribí, que se titula A través de la ventana. Hoy lo he tenido entre mis manos, pero no he sido capaz de leerlo. Sí me he acordado de mí escribiéndolo, en una olivetti, y pidiéndole a mi madre su opinión y la decepción de su comentario y que tardé mucho en volver a escribir.

Tiene folletos de lugares que he visitado en momentos especiales. Tiene baberos y ecografías. Tiene un pasaporte caducado que guardé porque me encontraba monísima en la foto. Tiene un libro de correos que intercambié con jl, alguna carta y una carpeta con fotos que si miro mucho me pueden hacer llorar.

Encontrarla esta mañana me ha venido muy bien para hacer una nueva incorporación: una bolsa roja, con letras blancas, llena de programas electorales y un papel doblado y vuelto a doblar que contiene el montón de frases que solté en la presentación de la candidatura.

No está mal. Hacía casi diez años que no ocurría nada en mi vida digno de ser guardado en la superbolsa, que va pesando un poco, aunque aún guarda espacio de sobra para un buen rato de vida.

sábado, 18 de junio de 2011

doble personalidad

Esta noche había planificado una cenita extramuros para recuperar esa parte de mí que he abandonado durante los últimos meses. La parte feliz, que pasea indiferente y se mezcla con la gente... perdón perdón perdón me he emocionado pensando en uno que conozco y se me ha ido el santo a la poesía.

Escribía que había planificado una cenita y por supuesto he acudido a la cita monísima y poco puntual. El caso es que lo que pretendía ser una noche de mucho hablar ha terminado antes de lo deseado por ese cansancio extremo que luzco últimamente con tanto glam.

Llevo semanas durmiendo 4 ó 5 horas, comiendo a destiempo o sin comer, pasando de la euforia a la angustia como el que pasa del sol a la sombra. Y así es que no me centro. Lo siento, pero no me centro.

Lo voy a intentar con una idea que tuve hace ya un tiempín y es la disociación bloguera de mis dos yos. El que todos conocéis, fenomenal y casero y el otro (incipiente), que no sé muy bien por dónde tiene pensado avanzar por la vida, la verdad.

Así que, si no teníais bastante con uno, ahora tendréis dos. Éste de la lluvia, los cántaros y las vanidades y éste otro, más lleno de realidad común.

Y como estoy tan cansada, me voy a tirar en el sofá a ver un documental sobre la vida de bunburri que se llama como una canción que últimamente escucho con mucha frecuencia.

Besos y feliz feliz feliz fin de semana.

miércoles, 15 de junio de 2011

reflexiones airadas (I)

Hoy he estado pensando en esa parte terrible de las relaciones en la que las personas dejan de ser personas para pasar a formar parte de un conjunto. Yo quiero negarme a que la convivencia me haga perder mi individualidad.

Esto lo tengo muy claro en la cabeza y creo que pasarlo a máquina le va a quitar inteligencia al desarrollo del tema, pero es muy simple.

Yo soy feliz, bailo, canto, leo, escribo, compro comiditas, las cocino, limpio mi casita, me visto y no me gusta y me cambio la ropa y dejo la primera elección tirada en la cama de cualquier forma (demonios, es mi ropa y hago con ella lo que quiero ¿no?), salgo, entro, hoy no me puedo levantar, hoy no hay quien me acueste, hoy me alimento de natillas de chocolate, hoy suena el despertador y uf mejor llamo y digo que me he caído.

De repente me enamoro y todo se llena de música y de colorines y lo de antes se eleva todo a una potencia colosal. Esta parte es buena. Muy buena. Estar enamorado es formidable, pero de eso escribiré en otra ocasión, ahora estoy con el postamor, ese usurpador de personalidades. Porque ese día llega y quien diga lo contrario miente.

Ese día en el que no te dejan ser feliz bailando, ni cantando, ni leyendo, ni escribiendo, ni comprando comiditas, ni cocinándolas, ni limpiando, ni dejando la ropa tirada en la cama de cualquier forma (demonios, es mi ropa y hago con ella lo que quiero ¿no? pues no, en el postamor ya no), saliendo, entrando, levantándome, acostándome, engordando a base de natillas, mintiendo para no ir a trabajar.

Yo nunca he entendido este cambio. Creo que se fundamenta en un ridículo sentimiento de posesión hacia la persona que tanto ha ocupado nuestros sueños. Ya estás aquí, ya te tengo, ya eres mí@. Pero es que yo no soy de nadie y no quiero ser de nadie. Quiero hacer lo que me da la gana. No tengo que dar explicaciones. No me apetece cenar, carajo y si has hecho la cena peor para ti, haber preguntado antes. ¿O es que tengo que cenar porque tú has decidido que tengo que hacerlo? Y si es así, ¿en qué momento perdí la capacidad de decidir lo que quiero hacer? Y ya que tengo 40 años (aquí me estoy martirizando un poco, vale) qué si me quiero inflar a bollicaos ¿no es mi maldito problema? Que yo soy yo. Que yo no soy tú. Que yo no soy mis hijos. Que yo soy libre de hacer lo que me apetezca con mi vida. Aquí lo de los hijos abre un paréntesis. Son pequeños, hay que ayudarles a crecer, hay que darles seguridad y eso nos ata sobre todo a los lugares. Pero estar atado a un lugar es llevadero. Lo complicado es estar atado a una vida que no es la tuya.

Nada es definitivo. Nadie es de nadie. Seríamos mucho más felices si tuviéramos la tranquilidad de vivir... y ya, de disfrutar de los buenos momentos, de no perder el sentido del humor, de no utilizar esas dos cosas tan terribles que son la culpa y la pena para chantajear a las personas que nos quieren, para hacerlos más nuestros, para atarlos. Lo decía el otro día, ser mayor es un timo y el amor una mierda.

Bueno vale, esto último me lo estoy pensando.

martes, 7 de junio de 2011

frases de pared

Hace unos años leí una pintada en una parada de autobús que me pareció formidable. Decía que ser mayor es un timo y pensé hacer de esa frase el lema de mi vida –muy peter pan, lo sé. También pensé hacerme un par de camisetas fucsias con el lemita, pero la emoción duró hasta que llegué a la oficina y por extensión al mundo de los marrones, que es a lo que jugamos desde que alcanzamos eso a lo que llaman madurez.

Cuántas veces me he preguntado ¿qué demonios haces? jugando a mamás con niños de verdad, a comiditas con fuego o a reuniones con señores encorbatados de carne y hueso y cinco minutos para pellejo.

Me recuerdo hace un año, más o menos, en un hotel en Londres mirando a los pins dormiditos y pensando qué increíble que se sientan tan seguros, darles –tan llena de inseguridades y tan infantil como cuando tenía siete- tanta seguridad como para dormir a pierna suelta mientras yo… de noche en vela mañana que no se me olvide el dinero, ¿y si no me funciona la tarjeta? ¿y si perdemos el tren? ¿y si se pierrrdeeeennn ellosssss???

Un timo en toda regla, ser mayor. Uno cuando es jovencito está deseando llegar a esto ¿a esto? ¿a essstoo? Al mundo de los trapicheos, a los malos rollos por mil, a las preocupaciones, a las penas, las prisas… aunque ser mayor tiene su aquél, no lo voy a negar.

Pensaba en la frase ésta del timo por la mañana, y me ha venido a la cabeza la hilo de otra que he leído hoy y me ha hecho reír (soy terrible, vale, pero es que es buena). Ésta nos cuenta que las feas también tienen derecho a vivir, pero no todas en este barrio. Toma ya.

Será que luzco risa floja, pero no me digáis que la pintada no tiene su gracia. Esta frase a mí me da para una historia. ¿Os imagináis al tipo que la escribió? ¿Cómo lo hizo? ¿Fue en plan despecho o más por angustia? ¿Estaba solo o acompañado? ¿Se habrá cambiado de barrio? ¿Será él guapo? Qué interesante grito de apareamiento. Qué interesante reivindicación. En este punto se me ocurren ideas perversas y muy incorrectas, pero como soy una cobardica cierro el pico para enlazar otra frase que oí una vez (ésta no es de pared, pero cualquier día la grafiteo) y que es buenísima para salir de algunos pasos. Y es que la culpa de todo la tiene yoko ono (pinchad aquí, pinchad aquí... no os perdáis el video).


policías y ladrones

Ya desde pequeñitos nos vamos posicionando en la vida. Yo siempre me pedía poli, y acababa con los malos con una rapidez que ya quisiera el hijo del viento. Por supuesto más de una vez me tocó en el lado oscuro y reconozco jejeje que era escurridiza, muy muy escurridiza.

Aunque ser mala se me daba bien (debe ser inherente a la condición humana), y a pesar de los grititos que me pedían formar parte de los ladrones, si estaba en mi mano me convertía en poli -tipo inglés, eso sí, antes muerta que sencilla.

Y es que nunca se me han dado bien las trampas, ni la mentira, ni las zancadillas. Desde pequeña me recuerdo enfurecida ante las injusticias, intentado convencer a los de al lado de que reírse de las gafas de Pablito o mangarle el bocadillo al chino no estaba bien.

Esto de la liga de la justicia (y alguna otra cosilla más intelectual) me catapultó bien temprano a la tierra de los raritos, cualidad que me ha ido acompañando a lo largo de la vida, por lo que se ve. Al principio me revolvía estar allí, tan sola y eso, pero con el tiempo y armada de razones, le cogí el gusto y ahora no sabría ser normal, lo que otros llaman ser normal. Ahora me gusta ser como soy, me gustan mis principios y me gustan mis valores. Mantengo intacto el espíritu del bosque de Sherwood e inamovible el deseo de luchar contra el mal.

Y lo que es la vida, a estas alturas me encuentro a punto de empezar una interesante partida de polis y cacos. Es cierto que se reproducen esquemas. Es cierto que no cambiamos. Me pido poli y pienso pillarlos a todos.

… mientras buscaba una foto que completara esta entrada se me ha ocurrido que molaría pasar una tarde jugando a polis y ladrones, a los de verdad, en plan volver a la infancia y hacer equipos y pasar un rato de descojone y picnic.