miércoles, 29 de septiembre de 2010

night

Cada día adelanto el momento inigualable de meterme en la cama. Hoy, sin ir más lejos, llevo ya un rato disfrutando de la paz ésta de desmoronarme y nada. Estos días ando con tantas cosas en la cabeza que ni siquiera me sale leer, y esa es la razón por la que me sorprendo abriendo mi cajita de escribir, a pesar de no tener nada nuevo que contar. No tener o no sentir, no sé o sí.

Lo dejo por ahora, con la cabeza demasiado llena de ideas y planes y debos y quieros y paramañanas que van y vienen. Lo intentaré de nuevo con el libro de antes y con un poco de suerte en cinco minutos estaré cruzando la noche del brazo de algún amable sueño y buenas noches.

martes, 21 de septiembre de 2010

Bichos

Me estoy inventando la historia boba del sapo que no entendió el arco iris (no deberían dejarme salir a la calle, lo sé) y llevo un par de días abrumada por la terrible fauna local. Resulta que las ranas -sobre todo las cinco que lo vieron todo- se pasan el día cuchicheando y -lo que es peor- intentando convencerme de que omita cualquier mención sobre las “inadaptadas” , que son otras ranas más bien sosas, entre las que se encuentra florinda, enamorada oficial del gran sapo.

Los peces, que al principio parecieron tan sensatos (con las primeras gotas nadaron a resguardarse hacia las rocas) han empezado a enloquecer y me plantean sin rubor que les saque del agua. Al parecer están hartos de pasarse el día haciendo esfuerzos colosales para que la corriente no los aleje de la charca. Quieren pasar allí el otoño, tan encantados como están con las ranas (estos no hacen distinciones). Os contaré que las ranas han tomado tanto cariño a los pececitos que han superdesarrollado una especie de instinto maternal que si alguno levantara la cabeza...

También decidí -en buena hora- colocar un par de ardillas. Al principio apenas salían de sus casitas, si no era para otear y olisquear y remeterse de nuevo a revisar las provisiones para el frío, pero ahora no me dejan ya vivir. Que si el sapo ha perdido los papeles, que si la rana florinda debería lucir algún lacito que la distinguiera del resto, que si los peces no dejan de molestarlas con sus interminable llantos nocturnos, no sé qué de las libélulas, que mate a los mosquitos, ¿tienes más nueces?... un desastre.

¿Qué más? Hay un par de culebras, que gracias a dios son bastante discretas y me permiten ignorarlas sin dramas ni mocos.

Por lo demás, como la vida sigue más allá de estas cosas, ayer decidí hacer una obra de arte (pictórica) y me fui a comprar unas acuarelitas. No tengo muy claro qué me vendieron, pero no se parece a eso de los circulitos de colores y el pincel de mis recuerdos. Ahora no sé si he hecho bien en comprar esta cajita tan mona y tan llena de colores en francés. ¿Se adecuará el vert franc a mis propósitos iniciales? Lo del outremer y el terre de sienne brulee aún me lo estoy pensando.

Corto y tengo que cerrar. Mis bichos me esperan.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Soy de agua

Esta tarde he visto un sapo gigante y un maravilloso arco iris que cruzaba el cielo de norte a sur. Primero el arco iris, que me ha robado la respiración. Hacía años que no veía uno tan grande, tan intenso, tan espectacular. La gente a mi alrededor también aminoraba la marcha. Se daban codazos. Hacían fotos. He subido a casa de una amiga y “asómate al balcón, no te puedes perder el arco iris. I have already seen it. Isn`t it gorgeous?”

Un poco de hablar y hemos decidido salir a pasear bajo la lluvia, que por lo menos a mí es algo que me da cuerda. Hemos seguido el curso del río y ya a la vuelta he visto al sapoperro. Gigante.

Entiendo que saldrá una historia de este binomio fantástico. De hecho, ya estoy dando vueltas a un par de ideas.

Ya en el pueblo, me he quedado a cenar con Sh. y hablando de unas cosas y otras me ha dicho que yo soy watery, o sea, de agua. Me ha gustado la imagen del estanque (me dice de agua y ya estoy yo imaginándome un noble estanque austriaco surcado por elegantes cisnes Grimm). Me ha gustado la imagen, decía, relajante en apariencia, pero con esa bulliciosa vida interior permanente y desorganizada que a diario me despeina.

Total, que he vuelto a casa pensando en el sapo, el arco iris, el legado, los mil olores de la lluvia y la nueva definición de mi carácter. Y todo, oyes, todo, está pasado por agua. ¿Será una señal? Podría ser, pero ¿de qué?

Estoy agotada. Me voy a acostar. No me tengáis mucho en cuenta hasta que de una vuelta y media a todo esto.

martes, 14 de septiembre de 2010

Será el otoño que llega

la belleza de antes de ayer, el tiempo y su camino, las cosas que dejamos para siempre colgando del corazón...

Lo mismo luego sigo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El golpe

Los días se suceden con tanta celeridad que olvido detenerme, mirar alrededor y disfrutar de los colores y del sol de repente sobre la piel.

Estos días en blanco, de una ausencia absoluta de creatividad, son ideales para forrar libros y asentar el recuerdo de mil paseos matutinos por Bloomsbury, que han calado hasta los huesos una delicadeza espléndida para el ánimo éste raro que asumo con tanto desparpajo.

Llevaba unos días absorta en la belleza. En la idea de belleza y en las cosas bellas porque sí, que al final es todo si nos dejamos llevar por el asombro y la inocencia de las miradas nuevas. Me angustiaba no poder escribir todas estas ideas que parecen tornados cerebrales y hace un rato, en un café con una amiga, me he dado cuenta de que algo se está preparando ahí dentro. Sólo es cuestión de tiempo que salga a raudales y desborde los muros de contención de estos días que parecen estériles. Parecen, pero no.

Aparte de estas cosas tan sutiles, hoy me he dado un porrazo colosal. Un socavoncito que no he visto y ¡zas! las dos rodillas de jardín de infancia. Ahora bajo las escaleras con la cabeza llena de ideas -la vida es lo que vemos en los ojos de la gente, frase de V. Woolf que es punto de partida de algo, me temo. Seguramente del rio ese que piensa desbordarme- de ideas, decía, y punzadas de dolor. Ay, ay, ay, ay... a lágrima por escalón.