domingo, 23 de mayo de 2010

Por la vuelta a la normalidad

Después de un fin de semana misero, que no mísero, necesito tiempo para recuperar mis creencias no religiosas. La primera misa fue curiosa, no en vano, era mi reentré en ¿15? ¿20? años. Me llamó la atención que cantaran lo de siempre, y -ssshhhhhh- casi me animo con las palmas.

Ni seis horas habían pasado y ¡zas! la segunda. Con la promesa del “nada, mujer, si sólo son unas palabras” entré en la iglesia con la cabeza llena de una historia que empieza “De repente, Sarah.” Advierto que el previo a la misa fue antropológico, quizá por eso mediada la liturgia me centré en lo que había a mi alrededor y en su significado. Entre unas cosas y otras, ésta segunda casi me convierte. No sé si por fragilidad personal o porque después de una hora y media uno pierde el sentido de la vida.

Llegué a casa agarrotada y a dormir, y esta mañana -sin posibilidad de recuperación- la tercera. No sé si le estoy cogiendo el tranquillo, pero ésta se me ha hecho hasta corta.

Es curioso que estas cosas cambien tan poco. No me refiero ya a las oraciones y las cancioncillas o al mes de las flores. Son esas señoras que cantan entusiasmadas y las que te miran mal cuando pasan con el cestito, por no echar unas monedillas que financien a la iglesia, o los que murmuran, o los que critican, o los bebés llorones que por qué no lo saca usted, señora. No he tenido ocasión de ver si había adolescentes ligando, pero me lo creo.

viernes, 21 de mayo de 2010

Un viernes laaaaargo

Ayer tuve una tarde de una intensidad intelectual/cultural bárbara y -no podía ser de otra forma- cuando llegó la noche dí vueltas y vueltas en busca de un sueño que llegó ya de madrugada. Tanto trasnochar me ha hecho despertar al glorioso estilo caming, que es el puenting que hago desde la cama cuando “diossssssssssss, que no llegamos”.

Al final todo se ha arreglado con un desayuno birrioso y un retraso de apenas dos minutos, pero el día no había hecho más que empezar.

Ahora que está en las últimas me acuerdo del terrible dolor de cabeza que he empezado a sentir sobre las tres. He llegado a casa en un estado tan lamentable que me he metido en la cama mientras C&M campaban a sus anchas por la cocina. Las persianas bajadas dejaban entrar la luz de la tarde a rayas y he cerrado los ojos hasta que me ha parecido que ¡a las seis llegan!.

Y a las seis han llegado. Mi familia ha venido a verme en una apresurada jornada postcumpleaños. Hubiera querido celebrarlo por todo lo alto pero, entre el tiempo que no tengo y la migrañaquearaña, la celebración ha sido por toda la mitad (con rotura de riedel incluida, ohhh).

¿Lo mejor? El supervestido que me han regalado. ¿Lo mejor lo mejor? Este ratito de escribir en la cama con la ventana abierta, que me trae la brisa de la noche, la luz más tenue y el silencio del corazón.

El dolor de cabeza desapareció, mañana no hay despertator y no tengo nada más importante que hacer que dormir, tal vez soñar.

martes, 18 de mayo de 2010

Rosa chicle

Aún no había decidido el emplazamiento exacto del día y C & M ya estaban haciendo de las suyas: la una daba brinquitos en las rocas de los erizos y el otro se estaba ahogando. Cuánta tranquilidad, pensé, mientras extendía mi toalla, esa que tardó exactamente un vistazo en llenarse de piececitos de arena mojada y algas viscosas guárdalas-que-no-se-pierdan (ya ves).

Derrotada y aún vestida, a pesar del aplastante calor, caí sobre la toalla relimpia y revueltaaensuciar, total, ya qué más da y me puse a revolver en la bolsa hasta encontrar el último libro. Lo dejé a mi lado y me quité el vestido (con poca gracia para lo que yo soy, lo mismo atareada por la desaparición momentánea de los querubines). Extendí las regordetas piernas y con un pie distraído me quité la sandalia del otro. Horror. Me descalcé el segundo pie y metí los deditos en la arena, para disimular.

No recordaba que había estado jugando a chicas con C y que mis pies estaban tuneados al más escalofriante estilo pinkyglam.

jueves, 13 de mayo de 2010

Un día especial

He programado (qué horror, parezco un informático) un fin de semana especial, probablemente sin cobertura y probablemente -se hará lo que se pueda- con baños en el mar. Me acordaré de todos y de todas y volveré con las pilas cargadas para un nuevo año que promete ser extraordinario.

viernes, 7 de mayo de 2010

Como el día

Había planificado una entrada a propósito de mis nuevas adquisiciones (algunas de verdad remarcables), pero hoy es 7 de mayo, cumple de mi amiga gemela Vickycan y aparte de que el cuerpo me pide un poquito de nostalgia ñoña, el cumpleaños me ha hecho pensar en todos mis amigos (no muchos, es cierto) y en lo poquísimo que me ocupo de ellos.

Uso la excusa de una vida complicada, pero lo cierto es que siempre hay un ratito para llamar o -qué vergüenza- para contestar correos y descolgar teléfonos.

Que estén al otro lado cuando me da el arrebato les honra y porque les quiero voy a intentar hacer el esfuerzo de salir con más frecuencia de la cueva.

Eso sí, a partir de junio, con el ¿buen? tiempo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Cara y cruz

Empiezo por el ay que cruz. Rosa Montero me espanta y por defecto no leo nada mínimamente atribuible a ella, pero ayer hice una excepción, seguramente motivada por un titular que supongo pretende lanzar como nuevo icono de la más casposa intelectualidad, “Cómo convertir El Quijote en un ladrillo”.

Reay. Podría darse el caso de que esta pretendida intelectual se dirija a lectores resabiados capaces de leer entre líneas una especie de alegato contra el sistema educativo actual. Podría ser, pero ni aún en esas me convencen las mamarrachadas que nos cuenta.

Se queja de que el público en general “aborrece” la lectura (lo mismo hay que leerlo en clave rencorosa, que lo que no admite es que aborrezcamos la lectura de sus escribiditas) y tras un profundo estudio deduce (o deduce su amigo F López “a finales de año saldrá su próxima novela”, que lo sepáis) que el orígen de este aborrecimiento está en que los chavales “tengan que leerse por narices el Mío Cid, que no sé si ustedes lo recuerdan o lo han leido, pero que desde luego es considerablemente espeso”.

Luego está “la burricie de las familias” (pero qué se ha creido esta mujer que es, por dios) y el bachillerato. No os lo podéis creer, pero “a los 17 y 18 años es cuando se tienen que meter entre pecho y espalda El Quijote y La Celestina”...

¡!

En una arrebato de mala escritura, continúa con un chorreo de epítetos culturetas y es que la obligatoriedad de estas lecturas convierte estas “joyas en un muermo espantable, en un plúmbeo recuerdo que será una losa para toda la vida”.

No sigo porque no sigo porque si sigo me infarto.

La cara, para recuperar el sosiego, es un artículo sobre Erik Assadourian, en el que se trata ese tema que tanto me interesa del consumo responsable. Acaba de presentar el informe anual del WorldWatch Institute “La situación del mundo 2010: Del consumismo a la sostenibilidad” (me haré con él, me haré con él). Dejo el enlace de Transforming Cultures para los más listos de la clase.