domingo, 31 de enero de 2010

sin asunto

Al final ni he empezado. He tenido un día tristón, de los que pasan y ya. Enlazo otra de mis canciones y cambio la mano.

La casa por el tejado

Cuando me despierto y puedo me regalo cinco minutos más para pensar en el día que tengo por delante, en el que he dejado atrás, en qué demonios decía aquélla cancioncilla de duncan dhu, ¿qué tal estará E?, se me ha olvidado llamar a V, definitivamente ese final no. A veces aventuro un brazo al exterior para confirmar qué bien se está en la cama, vuelvo a mirar por la ventana y sigo dando vueltas a mis cosas.

Ayer en una de esas me encontré con el título del próximo cuento. Me puse nerviosísima. Ya no pude pensar en otra cosa, ni en la cama ni a lo largo del día. Es un título formidable, ¿y el narrador?, ¿cómo llamo a la protagonista?, la casa de la chica, ¡tengo que inventarme la casa entera! ¿de qué color la visto?, ¿cómo consigo que él vea el interior?, ¿qué se encuentra allí?, ¿qué sucede?, ¿qué historia me apetece contar?, ¿qué demonios hago ahora con este título tan redondo?

Pasé un día emocionante dando vueltas a la historia, apuntando -ahora sí ahora no puedo, que no se me olvide- ideas en cualquier papel. Hoy estoy más centrada.

Creo que esta tarde empezaré la próxima historia interminable.

sábado, 23 de enero de 2010

El día del padre...

… se celebra puntualmente cada sábado en la piscina del pueblo de al lado. No sé si hacerlo coincidir con cierta expiación de culpa por la desgana semanal en la atención al hijo o si se trata de una imposición más mujeril del tipo mejor-vas-tú-y-así-aprovecho-yo-y-hago-la-comida-no-olvides-traer-el-pan.

Votaría por la alternativa uno -sin dudar- si no fuera porque las madres autóctonas son bastante bastante bastaaaante ¿antiguas? y me pega que se relacionen con el hombre de macho a mari.

A lo que iba. Entro en el vestuario infantil (se advierte mi anacronismo vital) para encontrarme sin sitio en el que colocar nuestra única bolsa. Supero mi primer instinto de echar a correr y empujo con entereza montones de ropas mojadas y secas. En un abrir y cerrar de ojos C&M están listos y cogen sus complementos (gorros, gafas, zapatillas de agua, toallas, ay). Los pobres se sienten abrumados por el descontrol, y no se dan cuenta de que les empujo con cariño hacia la puerta que -por fin- les saca a la piscina.

Se cierra la puerta. Respiro con resignación. Me giro. Veinte padres sudorosos arrodillados hacen lo que pueden con sus niñines. Los hay que dicen cosas tan modernas como y tu culo un futbolín. Otros no saben cómo funcionan los bikinis de sus niñas (eso sin contar con los muchos que visten a sus bebés con ajustados trajes de neopreno ¿?). Los más han perdido alguna prenda y les toca cagarse en la madre del niño -claro- que es que no ha metido el gorrito de los cojones-papá-lo-tienes-en-la-mano.

Uno a uno, los niños pasan a mejor vida y uno a uno, los padres regresan hundidos al campo de batalla.

Por supuesto no me quedo para ver cómo se organizan (lo mismo un día que lleve mi cuaderno de notas), pero cuando regreso -una hora después- les encuentro desparramados por los banquitos blancos, dos o tres bolsas por cabeza a sus pies.

Hoy no tenía fuerzas para el segundo zafarrancho (que es peor... quitar los trajes de neopreno mojados les irrita cantidad), así que he trasladado mi bolsa al vestuario de señoras, más cómodo para mi logísitica, que no para mi salud mental (mamá-mamá-mira-QUÉ-tetas, mi angelito ha hecho un asombroso descubrimiento: existen tetas gigantes y colgonas).

Luego he ido a comprarme un libro que son cuatro (me lo merezco, en serio): Una danza para la música del tiempo (primavera, verano, otoño, invierno), de Anthony Powell. Tiene buena pinta, así que me pongo ahora mismo a ello.

viernes, 22 de enero de 2010

Positivo. Muy positivo.

Dejando a un lado la carne, siempre ha habido tres cosas que no como por defecto: Mejillones (puaj), chocolate blanco (repuaj-repuaj) y una cosa que en inglés se llama pickles y en castellano no tengo claro, ¿encurtidos? Esas cosas que se venden en botes avinagrados, entre otras pepinillos.

Bueno, pues llevo un mes de antojo de pepinillos. Quiero pepinillos. Me gustan los pepinillos. ME ENCANTAN los pepinillos. No veo el momento de llegar a casa y abrir el bote. Porlamañanaporlatardeporlanoche. Ácidos, dulces, semidulces, especiados, crujientes, grandes, medianos y pequeños.

De verdad que no lo entiendo, puede que esté... ¿madurando?

Una vez compartida la reflexión alimenticia, quiero escribir que la semana ha ido bien. ¡Qué digo bien!, fe-no-me-nal. El nuevo trabajo encarrilado (y emocionante), la cabeza activa, el cuerpo recuperando su esbeltez, el pelo creciendo, C&M más tranquilos y la nevera llena de botes de pepinillos (¡yuju!).

El balance es muy positivo, y esto no ha hecho más que empezar.

jueves, 21 de enero de 2010

Pues eso Juan, un beso

Además de los sueños-mis-sueños-tengo-un-sueño, me despierto agitadísima por esos otros sueños, más inconscientes, tan novelados en 2010 que qué pena perderlos entre el esfuerzo del minuto heroico - el que precede a los pies en la tierra- y la urgencia porque ¡mierda mierda mierda! me he vuelto a quedar dormida.

He retomado la lectura de cama con “La maleta de mi padre”, de Orhan Pamuk, un libro que recoge tres discursos pre-premio. Lo cuento porque no es libro que propicie estas películas de aventuras (con guapos, con guapos) que me organizo en cuanto cierro los ojos, y es que traigo asesinatos, intrigas familiares, profundas historias de amor y -ayer mismo- viajes tropicales (¿será el invierno?).

Me estoy organizando una vida paralela, se ve, y me quiero quedar dormida por los rincones.

Pensaba en estas cosas cuando me llamó Juan y la alegría me impulsó a dedicarle una entrada en este blog. Aún no lo he descartado, pero tengo tantas cosas en la cabeza/vida que no quiero dejar pasar la oportunidad (por si acaso) de declararle hoy públicamente mi amor (fraternal, una ya no está para otras cosas) y mi lealtad incondicional, de esas de hasta el infinito y más allá.

Sincerely yours.

Y como grito previo a mi retirada aposentil, un desahogo: aaaaaaarrrgghhhhhhhh me estresa el ajedrez al que me obliga C noche sí noche sí. Nunca tuve visión de futuro para los pobres caballitos. Nunca. O paciencia.

Lo mismo nunca tuve paciencia.

jueves, 14 de enero de 2010

Por la mañana

Hoy mi recuerdo vuela a Kenilworth, el pueblecito inglés en el que viví. Anglófila de nacimiento, me apasiona el estilo de vida inglés, así, sin anestesia, y esta mañana he tenido un poquito aquí, en Manza.

Hace un viento de mil demonios y estoy sin coche, el kilómetro ahora cuesta abajo ahora cuesta arrrrriba que me separa del cole se me hacía imposible. He llamado a s (que no S), un amigo muy amable que por supuesto nos ha transportado cuesta abajo y a mí de vuelta arriba, cosa que nunca le agradeceré lo suficiente porque -a pie- hubiera llegado a casa al estilo amundsen.

Entre la puerta del cole y casa ha volado la ráfaga kenilworth. Habrá sido el tiempo -tan inestable-, la solidaridad vecinal, el packet lunch que nunca me da tiempo a preparar. Creo que ha sido el color de la mañana porque oler, no huele a scone.

Y ya en plan final inesperado, me apetece enlazar una barbaridad: un atisbo del Rach 3 interpretado por Marta Argerich, quién pudiera.

http://www.youtube.com/watch?v=LY4kojG0tQk

P.d. Sigo dando vueltas a Sil y Gordi. Estoy en la línea de que vero rojo, al coger el teléfono, asuma involuntariamente la vida de la otra chica.

miércoles, 13 de enero de 2010

Las buenas acciones y sus consecuencias

Me he encontrado un teléfono fenomenal, de esos que funcionan con un lapicerito y llevan incorporada una cámara de fotos para que el señor K levante la cabeza. De naturaleza amable, yo, he hurgado hasta dar con el número de la casa del propietario/a y le he llamado.

El teléfono era de Sil, pero en casa estaba Gordi que en un pispas se ha calzado las botas de siete leguas para aparecer en mi puerta al más puro estilo canadiense, sobre-embufandado y eso. Todo glam, gordi.

Desde que hablé con él hasta que finalmente nos conocimos (“voy de rojo”, le he dicho, “y llevo flores en el pelo”, eso no pero por poco) han pasado unos minutos en los que he evolucionado desde la curiosidad hasta la “literatura” -para que nos entendamos- y en ella me he quedado tras el fugaz encuentro, pensando en las alternativas de futuro más interesantes para Sil y Gordi, y -por qué no- para una primera persona, más o menos yo.

En la línea catastrofista de mi último lustro, lo que más me va es que Sil se deshaga del teléfono harta de gordi y con el futuro puesto en ¿un avión?. La devolución del aparatito pone en marcha la pérfida mente de gordi el torturador, que consigue impedir el despegue -aún no tengo claro si con sangre o sin sangre.

También puedo cambiar a gordi por orlando (bloom), que seguro que es vegetariano, y crear una estupenda historia de amor entre el despechado marido de Sil (una bruja de las de berruga -aún no sé qué vió en ella, en serio) y la bondadosa verónica-voy-de-rojo.

Puede ocurrir que a Sil la secuestrara esporas el terrible y en la encarnizada pataleta previa al maletero ella tirara el teléfono en un desesperado intento de no caer en el olvido. Al recuperarlo, G consigue encontrar -con la ayuda de dos jóvenes becarios del csic, donde trabaja- la combinación para abrir la caja de los sentidos.

Las posibilidades son múltiples y aún no he desayunado (lo sé, es fantástico no trabajar). Prometo dar tiempo a todas las que surjan y palabras a la elegida.

Os iré contando.

martes, 12 de enero de 2010

Lo que bailo hoy

http://www.youtube.com/watch?v=MMUU9lM3hs4&feature=related

Lo irracional y la sequía

Hace unos días leí en un periódico una entrevista a alguien que había hecho algo tras leer una leyenda china. La leyenda -que llaman del hilo rojo- cuenta (si a mi romántica imaginación no le está dando por recordar otra cosa) que el destino afectivo de las personas está unido por un hilo rojo -entiendo que imaginario, o sea- con el que se nace y que acompaña a lo largo de la vida. Se supone que tira y afloja y -sshhhhhhh- se rumorea que no se rompe.

Leerlo y organizarle al hilo un hueco cerebral por-lo-que-pueda-pasar fue instantáneo. Y ahí se quedó, calentito, hasta que esta noche le ha dado por salir o me ha dado por sacarlo, ya no sé.

Tengo un amigo al que llamaré s, vale, S que tiene la paranormal costumbre de llamarme justo en mis instantes de máxima tensión vital. Fue ayer que me di cuenta. De madrugada, ya al final de la tormenta, cerré los ojos y recordé sus tres últimas iniciativas de comunicación. Las tres se han visto frustradas por, también tres, barullos formidables. Y lo mejor de todo es que las tres resultaron una especie de punto y aparte.

Me acosté pensando en el hilo y en las posibilidades cósmicas de que mi amigo tenga el superpoder de intuir mi sufrimiento, que ya sé que no, pero mola.

Y ahí, en la cama, recuperé la capacidad de escribir. Ya conté un día que a veces sí y a veces no. Paso por temporadas de leer y escribir y pensar y reescribir y por temporadas de tragarme cualquier tostón de nicholas cage.

Desde que comenzó el año lo había intentado varias veces -escribir, digo- pero si no lo siento no puedo (debe ser el esfuerzo de la navi, que me fosfatina), y anoche, en la cama, volvió la lluvia. Lo barrunto unas horas antes. No es el típico dolor de huesos, pero sé que está al caer. Y de repente... ¡zas! todo comienza a dar vueltas y cualquier pensamiento se convierte en la necesidad urgente de las palabras adecuadas. Entonces vuelvo a mi ser.

Por lo menos al que me gusta.

jueves, 7 de enero de 2010

De paseo

La nieve amortigua sonidos, o eso me ha parecido en mi camino. La calle principal, la que deja en la plaza del pueblo, es bulliciosa. Hoy las tiendas están abiertas, hay gente, hablan, pasan coches, un camión descarga bebidas. El ritmo de siempre, pero sin sonido. O con un lejano sonido de fondo. Blanco. No amortigua, me acabo de dar cuenta, es que da densidad al silencio.

Aparte de esta cosa tan rara de la nieve y el silencio, que me ha asaltado esta mañana, no hay novedad en el frente. Cansada de ayer, con el compromiso de leer mañana un cuento en la biblioteca municipal, con un suave-y molesto- dolor de garganta (no es excusa) y pensando en la etapa que inicio el próximo viernes.

Aprecio más días como éste desde que no tengo que ir a Madrid. Me gusta la nieve, ver nevar a través de la ventana, con un té cerca y pájaros hablando del frio sobre una rama.

domingo, 3 de enero de 2010

Una de propósitos o así.

En octubre del ¡año pasado! la editorial libros del zorro rojo re-editó El perseguidor, de Cortázar. Es una maravilla que cuenta los últimos días de Johnny Carter, evidente recuerdo de Charlie Parker. Lo releo con emoción, acompañada por su inevitable saxofón, que vuela por toda la casa. También lo recomiendo -el libro- creo que es una pequeña obra de arte.

El año ha comenzado sin altibajos: (i) Salgo de casa poco -lluvia + libros= combinación perfecta para descansar- y cuando lo hago camino despacio, con las manos en los bolsillos y la capucha bien amarrada, (ii) me he redeclarado vegetariana, incluso he comprado una revista de comiditas meat off, no muy en mi línea -por dios, yo no he nacido para cocinar- pero todo debe andarse, (iii) la semana que viene voy a registrar mis primeros relatos (aplausos). Tengo que dejarles un poco en paz, a los pobres, (iv) retomo el cine y (v) pretendo volver a Nueva York.

... ¡qué nervios! dentro de unos días vuelven los reyes magos (los únicos reyes que me permito, por cierto).