jueves, 29 de octubre de 2009

El teléfono de Antonio

Acabo de regresar del glorioso taller de teatro -encantada, como siempre (bueno vale, un poco menos que siempre) y me he sentado delante del ordenar para repasar las cosas de Antonio y su teléfono, que no os puedo contar por esa negación terminante que siento hacia la exposición bloguera de mis historias.

El caso es que hoy no puedo con Antonio (ya estoy de repasos, quiero cortar y cortar y él intenta convencerme de que le dé más historia – un clásico) y de repente he recordado esto de la lluvia y me he convertido en paraguas.

La semana, de lo más emocional, gracias. Estoy de vacaciones en la paradoja de mi vida y pasa lo que veis. Unos días fenomenal, otros menos bien y otros de no salir de la cama, oyes.

Y aquí guiño con cariño mi ojo (de niño, me lo pedía el cuerpo) a una amiguita que tiene mucha cosa azul dentro del corazón, con todos mis pensamientos dirigidos a que se transforme en rojo rojísimo cuanto antes.

domingo, 25 de octubre de 2009

Sunday

No puedo decir que éste haya sido un literal día de sol, que no, pero sí lo ha sido en esencia. Me he despertado una borreguil hora antes de lo esperado y el salón lleno de otoño me ha pedido a gritos un poco de jazz.

Los domingos son días extraños. Será su falta intrínseca de actividad, o la posibilidad de despertar en blanco, o el día por delante que se desliza cabezón hacia el siguiente madrugón. Es un día paréntesis, de cine y paseos, de aperitivo, de periódicos, de ver los árboles desde el salón.

Los domingos pasan con la inercia de la vida, pero éste no. Hoy he disfrutado cada momento del día. De la mañana con Billie, de mis libros (después de un pestiño he cogido con acertadas ganas la playa de los ahogados, de Domingo Villar – siruela) y de mis “escribiditas”.

También está lo de Rossi. Pero eso ya es amor.

Estoy en ello

Organizándome para ir... (a falta de un enorme empujón)

...y a punto de adquirir!

martes, 20 de octubre de 2009

Ayer me sucedió una cosa formidable.

He pasado el fin de semana y parte de la semana anterior escribiendo una historia que comienza con una reflexión de la protagonista mientras mira a través de una ventana.

Bueno, pues ayer tenía que asistir a una reunión con un potencial cliente. Llegamos a las oficinas, nos metieron en una sala de reuniones (increíble la alfombra, pero increíble) y –muy en mi línea- me dirigí con paso mullido a la ventana. Me fijé en la zanja y en unos bocadillos olvidados encima de un palé. Todo en el suelo. Sin excesiva prisa fui alzando la mirada para estrellarme de lleno con la MISMA VISTA que mi chica. LA MISMA.

¡Estaba en la ventana de mi protagonista!, mirando el banco, la bandera, el kiosco. No me caí porque tenía los zapatos bien anclados en la alfombra, pero no pude reprimir una exclamación sonora del tipo.

- Joder Juan, no te imaginas lo que me acaba de ocurrir.

Juan es Juan y jefe y –con todo mi cariño- tiene la sensibilidad de un espárrago. O sea, que sería la última persona a la que confiaría mis quehaceres literarios. Pero en ese momento era la única.

No le afectó más allá del “¿que estás escribiendo qué?” y pude volver a mi rápida inspección ocular. Me dí cuenta de que me faltaba el árbol y empecé a fijarme en la sala.

No voy a incluir los detalles en la historia, pero creo que conozco mejor a mi chica.

sábado, 17 de octubre de 2009

Esas cosas

Yo en lo que creo es en la libertad de cada mujer para tomar una decisión, llegado el caso (evidentemente, dentro de unos límites que son los que debe fijar la legislación).

Me parece anacrónica cualquier manifestación contraria a esta libertad, como me lo parecerían las contrarias -por ejemplo- a la libertad religiosa. Son temas terriblemente subjetivos y no deberían utilizarse como bandera de nada.

Yo no he abortado.

Yo.

Pero puedo entender que otra mujer decida lo contrario. ¿Quién soy yo para imponer mis decisiones a esa otra? ¿y qué ocurriría si la imposición fuera contraria? ¿Si lo que se estuviera debatiendo fuera la obligatoriedad de abortar en cualquier caso? Impensable...

Igual de impensable debería ser esto que está ocurriendo ahora mismo en Madrid.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sweeties, no puedo volver...

Me encantaría compartir mis águilas con vosotras PERO el teatro ha llamado a mi puerta. He abierto, nos hemos conocido y me temo que no le echo ni a patadas ya de casa.

Antes de dejarle pasar he dudado un instante, que él ha aprovechado para instalarse en el sofá y ahí, mientras le miraba, me ví en aquello tan de abuelo de ir a por tabaco...

Ahora me alegra mi segura indecisión, que al final me ha regalado una tarde diferente y bastante bastante especial.

Os invitaré al estreno.

A.M.M e infiltradas

Por esas cosas de la vida y los correos, me encuentro pensando en -ostras, dos monjas de monjas por la calle, cuánto tiempo- mmm... pensando, escribía, en lo bien que me vinieron un par de días de patín, de los del año pasado.

NO quiero decir que me gustara -que no- pero que me vinieron bien, no doubt.

Esa especie de orgullo el día en el que presumí de aguila de lc y -nunca lo olvidaré- el partidazo de hockey (¡qué descarga de todo!).

Chicas, os llevo en mi corazón.

miércoles, 14 de octubre de 2009

¿?

¿Por qué tengo que recordarte que existo?
¿Por qué soy diferente?
¿Por qué mis emociones fluctúan ahora al alza?
¿Por qué me cuesta tanto o por qué a veces tan poco?
¿Por qué no sé por qué no tengo un telescopio?
¿Por qué demonios lloro?
¿Por qué seguí nadando si el agua estaba helada?
¿Por qué soy tan sincera o poco diplomática?
¿Por qué me importa nada qué piensen los demás?
¿Por qué nunca me acuerdo del baño del garaje?
¿Por qué no tengo héroes?
¿Por qué no me entusiasma demasiado la nieve?
¿Por qué me gusta así el color amarillo?

(¿Por qué todas esas ventanas? ¿Por qué la lluvia?)
¿Por qué algunas canciones me sientan tan tan bien?
¿Por qué pasé una vez de 100 km/hora?
¿Por qué me falta el gen de no saber inglés?
...

lunes, 12 de octubre de 2009

Dos aciertos

Leo siempre y leo mucho y me ocurre algo curioso: ante la pregunta ¿qué estás leyendo? suelo quedarme en blanco.

Olvido con una facilidad pasmosa libros e historias la mayor parte de las veces. Tengo una biografía de Melville inacabada sobre la mesa, que se ha convertido (ay) en el comodín ante la mente en blanco. Pues... esto... mmm... la biografía de H. Melville, así que me acuerde (re ay).

Esto viene al hilo de dos de los libros de este fin de semana. Experiencia, de Martin Amis y La isla de las palabras, de un escritor francés que se llama Erik Orsenna. Si alguien me hubiera preguntado hoy qué estás leyendo no hubiera dudado en (i) contestar y (ii) describir en la medida de mis posibilidades el porqué del entusiasmo que han provocado en mi ánimo, por lo general bastante cansado.

El primero es una recomendación “experta” de hace unos días. Lo compré, lo abrí y hasta ahora.

Es una autobiografía muy bien llevada y estructurada que mezcla el recorrido vital del autor con reflexiones sobre la literatura, autores o el oficio del escritor (y otras menos literarias, pero una está para lo que está). Un libro brillante, muy interesante y -por qué no- también entretenido.

En cuanto a la isla, lo compré con intención infantil y me lo he quedado para mí para siempre. Cuenta la historia de dos hermanos que despiertan en una playa. Han sobrevivido a un naufragio, que -no todo iba a ser perfecto- les ha arrebatado las palabras, así que no pueden hablar (angelitos). En la isla se encuentran con unos personajes que les acompañan y les ayudan a recuperar el lenguaje (les llevan por ejemplo a la tienda “el vocabulario del amor”, donde se venden palabras útiles para expresar sentimientos:

“- tengo lo que necesita, un segundito. Aquí está. Tiene usted donde elegir: aflicción...
- Eso suena mal.
- Neurastenia...
- Parece un medicamento.
- Desesperación.
(…)
La mujer deslizó una moneda en la mano del vendedor y se marchó reconfortada (...)”.

Un librito precioso.

Los dos me parecen muy recomendables y los dos me han interesado lo suficiente como para recordar que los estoy leyendo.

domingo, 11 de octubre de 2009

Historias de madrugada (i)

No podía dormir, así que me he dado una buena ducha y me he bajado aquí a leer y a escribir. Una bebida calentita a la derecha y unas cuantas velas encendidas han mejorado mi humor de insomne.

Aún no hace demasiado frío, pero el viento (sí, sí, he abierto las ventanas de par en par) ya regala olores de chimenea. Mañana sin falta iremos a buscar piñas, aunque conociéndome ya será en marzo. Lo de coger piñas, digo.

Estaba pensando hace un rato que me gusta octubre. Creo que es el mes que más me atrae. Y no tiene nada que ver van morrison, ¿o sí? Me gusta mi árbol, el que aprovecha octubre para disfrazarse de otoño.

En la carretera por la que se llega a mi casa hay una zona de ocho kilómetros (más o menos) que es fantástica. Está flanqueada por árboles a ambos lados. Llego e invariablemente me relajo. En esta época reduzco la velocidad, abro las ventanas y dejo que todo me envuelva. Los colores, los olores, la vista. Casi siempre vengo escuchando la radio y casi siempre la apago al llegar aquí. Es un pequeño placer, de esos que nunca se consideran hasta que -como ahora- salen de no sé dónde.

Hace muchos muchos años, más o menos tendría ¿16?, un día de verano recorrí este camino con dos amigos en bicicleta. Para habernos matado: por supuesto sin casco, por supuesto en paralelo y por supuesto en traje de baño los tres. Toda una aventura. Entonces no me fijé mucho en la belleza del camino, la verdad. Supongo que iba más preocupada por componer cierta estampa “verano azul”.

Lo que ha llovido desde entonces. El miércoles sin ir más lejos, de vuelta a casa, me encontró un tormentón en la mitad del camino éste idílico del que hablo. Tardé tres segundos en cerrar las ventanas (bucólico hasta cierto punto, oyes) y dos más en detener el coche en mitad de la carretera. Y allí me hubiera quedado si una señora muy simpática no hubiera estampado su coche contra el mío, pero eso ya es otra historia para otra madrugada.

viernes, 9 de octubre de 2009

de médicos...

Acabo de volver del médico y estoy mucho más tranquila. M ha pasado los dos últimos días con fiebre muy alta y sin más síntomas que den pistas. Me dice la doctora que tiene placas

- pero no le duele la garganta

- ya le dolerá

Luego me dice que claro, lo de las placas no tiene por qué significar anginas. Le receta antibiótico pero no está segura, porque si es mononucleosis infecciosa el antibiótico no va a hacer nada.

- ¿cómo?

- Sí, mononucleosis. También salen placas. Y tiene pinta. Claro, que este ganglio de aquí (toca, toca) no tiene nada que ver con lo de la garganta. Me lo traes dentro de quince días -si ya está bien- y lo vuelvo a ver.

Pues eso, mucho más tranquila.

jueves, 8 de octubre de 2009

Ironed

Tengo ganas de ir a El Hierro. Diría que es mi próximo viaje, pero como esto de la vida es imprevisible, lo mismo me veis antes –no sé- en Lisboa, que me debe algo.
Es como antes –mucho antes- fue Lanzarote. Un deseo. Casi una visión.
Llega octubre e invariablemente me apetece ir a Canarias y ya son varios los años en los que doy vueltas a esta isla. Por lo que sé, es ideal para hacer senderismo. Lo del buceo no lo considero, no sé si hay vida más allá del snorkel.

Un poquito de fb

Lo mío con facebook ha sido visto y no visto. Vencí la barrera de la negación movida por la curiosidad, me enganché, me enganché demasiado y –no sin cierto sufrimiento (o sea)- le he dicho adiós. Fue el día en el que me descubrí con pasmo revisando fotos del primo de mi amiga Esther. Eran cerca de las tres de la mañana y no me quería perder ningún detalle, por lo que me dieron las cuatro o así. El caso es que previamente había estado escribiendo una historia, mucho más interesante que el primo, y me dio una pena terrible acostarme a la mitad del cuento (ya nunca fue) y con la cabeza llena de cumpleaños desconocidos.

Antes, además, había sufrido breves conatos de angustia mental… no-me-incluyen-no-me-invitan-quedan-sin-mí, ¿será que no me quieren?

Entre una cosa y la otra, una mañana me escapé. Y ahora surjo en forma de blog, que es algo a lo que ya le daba vueltas.

Espero encontrarme aquí con todos, o casi todos.

Y pasar ratitos agradables.

Ya veremos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Estoy

Tengo cinco minutos.

Una miseria de tiempo para esta primera entrada, ¿no?. Tenía que haber llegado hace diez a un sitio y al final ni una cosa ni la otra. Intentaré darle un poco de gracia a este primer comentario por la noche, pero no prometo nada.