miércoles, 30 de diciembre de 2009

Aaaaarrrrrgggghhhhhhhhhhh!

(¿quien me manda pero quien me manda cortame el pelo?)

Magia

Ayer fue mágico el paseo por Madrid. La gran vía iluminada, la lluvia, la gente, los olores. Buscar regalos para C&M (y sus bromas). La comida en el vegetariano de la plaza de la paja (ideal). La cena por los suelos de Arabia, tan recomendable. El mensaje de mini mushu. Los nervios por llegar a casa. Conectarme y descubrir seis hadas. No hay palabras.

Hoy me han encantado tres cosas. Ellas, otra vez (mañana más), la tarde de envolver y katie melua y dos correos que he recibido.

Se ha quedado dormido M sobre mis piernas. Le acaricio la cabeza. Más magia.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Al mal tiempo mejor cara

El día menos pensado me duché y en la cocina aparecieron las caras de bélmez. Un drama de tuberías o así, supongo. Mientras decido si organizar visitas guiadas para sufragar el coste de la tirita, me ducho en otro baño (soy tan guay).

Lo que quería contar es que hoy he descubierto una pequeña maravilla en este otro templo del agua. Puedo abrir la ventana mientras me cae el todo niagara encima y (i) oler el invierno y (ii) ver árboles, montes, hierba, casas a lo lejos, el cielo, pájaros que vuelan, pájaros que no, nubes al borde del deshielo, un columpio que hiberna, una montaña de leña, humos de chimenea. El aire gélido de fuera se mezcla con el vaho de dentro. ¡He creado el estrecho de gibraltar del pueblo del viento!

Qué pena cerrar grifo y ventana.

Para el año que viene me pido más.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Yo me remendaba yo me remendé

Llega la navi y no sé dónde meter la cabeza. El aire se llena de villancicos y las ventanas de estrellas fugaces. Los niños, las calles, los pobres corderitos colgando de un gancho. Teléfonos que suenan buenos deseos, sonrisas que ayer dolían. Otro año vuela. Comer y cenar. El horno a doscientos empaña la cocina. Me acuerdo de todos. Me visto de negro (por estilizar, más que otra cosa) y me uno a la noche jurando que es la última vez. Es tan dificil ser no navideño que utilizo el día para agradecer todo y desear felicidad sin límites a quien quiera ser feliz. Luego encenderé velas e inciensos. Y tal vez me anime a tararear algo, que no se diga.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

EL poema - sin comentarios

I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.

I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing a spear of summer grass.
(...)

Una noche

Cuánta lluvia ¿verdad? Esta noche me ha desvelado su rítmico tac tac y me he acordado de la última vez que me despertó-hace poco, en Lanzarote. Fue una tormenta increíble. Me sacó de la cama y me llevó de la mano a la terraza. Desde allí podía ver el mar cuando el relámpago convertía la noche en día. Qué terror tan bello. No había luz en Órzola. La noche era negra y los truenos provenían de un volcán en erupción. Cada relámpago iluminaba el mar. De repente tranquilo. De repente elevando olas gigantes por encima del barco.

Un punto rojo pequeño, muy pequeño, hacía las veces de faro. No hacía frio y me dejé mojar por ráfagas fugaces de viento y agua. El pelo desbocado, y la camiseta.

Los pies descalzos -por una vez- me ataron a la tierra.

lunes, 21 de diciembre de 2009

y hoy

Me he tirado en trineo con M por la cuesta del garaje.
He encendido la chimenea.
Me he puesto un gorro y manoplas.
He cosido corazones.

C ha recibido un gran abrazo.
Me he despertado a las diez.
He visto fotos de flores.
Hasta ahora no he leido.
El coche se ha puesto patines.
He conseguido evitar el golpe, aún no sé cómo.
He vuelto.
He escrito algo.
Me ha gustado la lluvia de fondo.
He hablado con E.
He comido jamón, ¿muy a mi pesar?
He coincidido con mi fantasma.
No tengo sueño.
Una despedida y mil sonrisas.

Satie, otra vez.

http://www.youtube.com/watch?v=WIVp05sEPhE&feature=related

sábado, 19 de diciembre de 2009

Ayer

No puedo decir que fuera un día perdido, pero casi.

La mañana transcurrió en un ir y venir de maletas ahora llenas ahora vacías, mientras cuerpo, casa y vida entraban de nuevo en calor (tengo la romántica suerte de poder decir que con la chimenea a toda pastilla).

Dediqué un rato -sin muchas concesiones, otra vez será- a hacer unas anotaciones sobre los libros que leí la semana pasada, en un arrebato de buen tiempo y mar.

Ya con la oscuridad en los talones -en pleno ataque de frenética actividad- decidí aventurarme al diciembre de fuera y hecha un ovillo de lana dí el primer paso hacia el invierno. El paseo me llevó a la librería, de donde salí con los brazos llenos y el espíritu un poco más festivo.

De vuelta a casa se me ocurrió entrar en el salón y aquí me he quedado, como una de las chicas de el ángel exterminador, pero en soledad.

Bueno, vale, con Lila Downs.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

maravilha

Fuera hace el frío suficiente para que las manos me pidan a gritos unos guantes. El cielo está blanco. Acabo de entrar en casa y me estoy preparando un té (English breakfast, siempre). Los ojos se me van por la ventana y me sorprende la feliz idea de no tener que salir de aquí.

Ni siquiera el primer intento -fallido- de tostadas (sí que tengo mis limitaciones) me puede arrebatar esta sensación de felicidad extrema. No hace ni dos semanas iría de camino a Madrid, con la angustia del marrón del día.

En esta mañana de mirar el frío me acuerdo de Juan.

He olvidado el resto.

http://www.youtube.com/watch?v=rWI0yKvnLhA


domingo, 6 de diciembre de 2009

Al hilo de lo anterior

Leo a Vargas Llosa: "La ficción nos completa, a nosotros, seres mutilados a quienes ha sido impuesta la atroz dicotomía de tener una sola vida y la facultad de desear mil".

Escribir

En los últimos meses he comenzado a interesarme por el proceso de escribir y aunque leo con el máximo interés todo lo que encuentro relacionado con el tema, no consigo disipar mis tenebrosas dudas (cuento tres, hay más).

Primera duda (semi resuelta): ¿por qué?

He llegado a la conclusión de que para mí escribir es una necesidad vital, ¿una búsqueda? ¿la forma de llegar a todos los lugares que no veo desde aquí? ¿una terapia? Lo que digo, una necesidad.

Reconozco que he descubierto hace poco que también me interesa la parte exhibicionista de todo esto y que me apetece contarme, explicarme, exponerme, que me vean.

Segunda duda: ¿cómo?

Hasta hoy estoy en pleno inicio de camino. Quiero pautar el tiempo. Quiero dedicar unas horas determinadas cada día. Quiero ser una oficinista del cuento. Eso es. Una oficinista del cuento. Pero (tenía que haber un pero, claro) no puedo.

Escribo cuando me urge escribir. De repente lo siento. Sé que es el momento y cojo la pluma (no puedo evitarlo) y vuelo por las páginas cuadriculadas de mi cuaderno. Y escribo y escribo hasta que basta. Si ignoro el instante sé que estoy perdiendo. No sé cuándo llegará el siguiente. A veces tarda meses. ¿De qué dependerá?

Aún así, me obligo a sentarme y escribir, pero no es igual. El resultado no lo es. ¿Debo hacerlo entonces?

Tercera duda: ¿qué?

¿A qué debo dedicar mis esfuerzos o mis momentos de gloria? He dado mil vueltas al tema y me estoy inclinando a favor del relato.

Condensar una historia en unas cuantas páginas. Escribir con precisión. No perderme en el bosque. Concentrar todo en una sola imagen.

No es más fácil, pero sí más asequible a mí. Y no le falta emoción.

Leía hace poco “Aunque resulte paradójico, creo que en el cuento se han venido a concentrar esos aspectos literarios que el gusto más común por el puro entretenimiento no valora: la búsqueda de tonos narrativos, las tentativas de nuevos enfoques estéticos, la profundización en el intento de conocer mejor los comportamientos humanos y de descifrar datos oscuros del mundo en que vivimos” (José María Merino).

sábado, 5 de diciembre de 2009

Para variar

Definitivamente he enloquecido.

De otra forma, no me explico que haya vuelto del pueblo con un precioso -o sea- delantal. ¿Para qué quiero un delantal? me he preguntado nada más cerrar la puerta. Aún lo ignoro. Eso sí, lo llevo puesto, por si se me ocurre de repente la utilidad que demanda.

Además, estiliza bastante mi ya de por sí emocionante figura, me aporta un aire de sofisticación doméstica que no me disgusta y resulta muy muy práctico, con su bolsillo delantero (ideal para guardar retales de fieltro).

Lo que os decía.

Había pensado escribir sobre la repercusión de la crisis de valores en el florecimiento de los centros comerciales, pero (i) tenía que contar lo del delantal y (ii) el fieltreo post pueblo ha resultado tan relajante que prefiero darme un baño, así que otro día menos naif le doy vueltas a la idea.

Por lo demás, de lecturas estoy poco fantástica. Exceptuando Expiación (Ian McEwan, me ha dado por abusar de la literatura británica contemporánea), estoy centrada en el proceso y leo cosas tan extravagantes como Gramática de la fantasía (Rodari), Morfología del cuento (Vladimir Propp), Cuentos breves y extraordinarios (Borges y Bioy Casares) o Escribir es vivir (Sampedro). Siento no ser más comercial, pero hoy es lo que hay.

¿El cd del día? he tenido una mañana bastante pop (es el sol) y he bailado varias de Julieta Venegas. Durante el resto del día y la noche más jazz.

Y al agua patos.

¿Perderé mis poderes si me quito el delantal?

Mis labores

He llegado a pensar que la ilusión por dejar el trabajo se fundamentaba en el fieltro. Tenía la vaga (y romántica) imagen de mi misma cortando colores y cosiéndolos unos sobre otros en mil formas divertidísimas. Me parecía una ocupación bárbara, sin olvidar su posible rentabilidad a corto plazo en forma de mercadillo jipi o si eso medieval.

Esta tarde (por fin) he comprado las primeras tiras. Morada, malva, azul, rosa, verde, rojo, granate y seguro que me dejo alguno, y con la impaciencia que me caracteriza ya he confeccionado un corazón obeso de algodón (maldición, la de la tienda no tenía relleno), dos conjuntos monísimos para coser en unas gomas del pelo, una estrella (también algodonada) y una especie de tallarín sin uso aparente pero ideal.

Me temo el resto de fin de semana. Estoy sola, sin oficio conocido y con noches llenas de luna y nada más. El estado ideal para enloquecer con la tricotosa. Y no se me ha ocurrido nada mejor que escribir en búsqueda “manualidades y fieltro”. Internet es lo que tiene y lo que regala, of course.

http://www.manualidadesconfieltro.info/

Amenizo la costura (ay, quién me iba a decir a mí que en mi vida habría lugar para ¡la costura!) con uno nuevo de Miles (nuevo porque es de reciente adquisición, que todo hay que explicarlo): bags groove. Los dos primeros temas son fenomenales. Supongo que Thelonious tendrá algo que ver.

Y pienso que primero la música (ésta) y luego la costura, si eso.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Escribiditas

Noviembre ha sido un mes de escribir. Y diciembre lo será de leer, me temo. Tengo un par de ideas queriendo salir del escondite que es mi cabeza, pero ha sido tan intenso el esfuerzo de terminar (si es que alguna vez se terminan estas cosas) El solo que me quiero quedar en blanco.

De las dos ideas, una me gusta para darle una vida más profesional a esta paginilla.

La otra pasa por matar a Arcángel.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Soy un desastre.

Hace dos noches llegué a casa y cogí el libro. No sentí que fuera el momento de leerlo de nuevo, por lo que después de h/ojearlo lo dejé sobre la mesa, a mi izquierda.

Enfrente, el pequeño ordenador (qué voy a contar de cofres de tesoros) y a su alrededor muchos libros, papeles, cuadernos, bolígrafos, dibujos, una servilleta de papel amarillo y una jarra de agua de cerámica, dibujada de Minori.

Me quedé pensando en el escritor, puse un cd de Satie –no puedo negar mi pasado- y decidí buscar detalles de su vida que se me hubieran escapado (¿cómo me organizaba antes de internet?).

No llegué a tanto. La primera entrada me llevó a la segunda y la tercera fue una columna de esas que escribía a diario. La leí y la siguiente y la siguiente y hasta las tres. Me impresionó lo que más sentirme en casa. Su lectura me arropó como la manta de cuadros con la que me cubro cuando leo acurrucada en el sillón.

También me impresionó la actualidad de los temas. Apenas ha pasado tiempo, aunque en mi interior lo haya hecho toda una vida.

... me he despistado. He empezado a buscar fotos de Minori y se me ha ido el santo a Italia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

violetas

Por esas cosas de la vida, hoy -casi siete siglos después- me he encontrado de nuevo con Mortal y rosa, probablemente el libro más bello de la literatura española. Y no sólo me he encontrado con él, sino con un millón de recuerdos de otra vida, de la vida en que fue.

Quería haber escrito sobre el paseo de ayer (rastro incluido), o sobre un relatín que me está desquiciando, o sobre los (felices) últimos días de pompeya -digo de trabajo- en fin, sobre mucho de todo, pero no llegaba el momento y ahora que está aquí no puedo aprovecharlo sin quedar a la altura mental del betún, qué paradoja.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Al final le mata...

Get down, get down, little Henry Lee
And stay all night with me
You won't find a girl in this damn world
That will compare with me
And the wind did howl and the wind did blow...

lunes, 16 de noviembre de 2009

Me desespera

La relatividad del tiempo y las largas horas de espera.
La tos que aún me queda.

El tiempo, que parece quieto.
La impaciencia de diciembre.
El tiempo, que no quiere andar.
Otra mañana sin desayuno.
El tiempo, otra vez.

La reunión del próximo miércoles.
¿Cuándo llega el treinta?
Las caras largas.
Un jefe.
Una especie de cena que preparan.

El tiempo, el tiempo, el tiempo.

La ausencia de imaginación.
Olvidar cuatro palabras.
El humo del ascensor.

La falta de interés.

La apatía.

La espera.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Recuperada, o casi.

Estoy de nuevo en la mesa negra de mi oficina gris. En plena última escena. Veo la meta ¡ya la veo! pero esta maldita cuesta me deja sin aire en los pulmones (recuerdo que llenos de neumonía). Tengo que parar para respirar. Me desespera la línea del horizonte. Parece que no se mueve, aunque sé que sí, que me acerco lentamente (peeerooooo muuuuyyy leeeentaaaaameeeeenteeeeeee).

Ay, qué largo.

Luego está lo de los libros. La enfermedad me ha regalado unos cuantos. Así, de impresión, me ha parecido La estrella de madera, un librito de relatos de Marcel Schwob. También he leido Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño, La perla (Steinbeck) y Crónicas de motel (Sam Shepard). Ay, y uno que se titula Maldito karma que me ha parecido flojillo, aunque le reconozco la gracia (es de un escritor alemán que se llama David Safier).

De música os dejo el enlace de un tema del que estoy prendada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La fiebre del fin del mundo

Se me acaba el mundo conocido y me levanto llena de fiebre, de celebración corporal de la catarsis, se ve.

Aún ando algo desorientada, entre unas cortinas pendientes, océanos de lecturas de invierno o formidables futuros desayunos (inigualable el de hoy), y las infinitas horas de desasosiego que aún me quedan, por lo menos un millón, de aquí a san andrés.

La impaciencia no me va nada bien y voy flotando entre la fiebre y la tensión sabiendo que cada día que pasa -esta vez sí- lo hace hacia un principio incierto, pero muy esperado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La globalización y el membrillo

Empiezo por el membrillo, ya que lo tengo ahí cociendo desesperado en la olla de los caníbales. Aún no sabe que se va a convertir (yo tengo dudas, lo confieso) en un delicado dulce del que disfrutaré durante siglos, porque no lo sabéis, pero el jueves me regalaron 15 kilos de membrillo. QUINCE. Menos mal que venían con instrucciones.

- Muchas gracias, qué amable.
- Nada, nada mujer. Que los disfrutes, eso es lo que importa.

Cerró feliz Conchi la puerta, con la evidente intención de olvidar que me dejaba sola, a unos cuantos escalones de la entrada de casa, con diez toneladas de malditos membrillos que -creo- se estaban riendo de mí (pobres, si hubieran intuido lo de la cazuela...).

El jueves no pensé mucho en ellos. Bastante tuve con recuperar los higadillos, perjudicadísimos después de la subidaperurena. El viernes ya sí. Ocupaban media cocina, tal vez por eso tomé la decisión de cocerlos, cosa que dejé para ayer. Toda la tarde y cuatro ollas (una mía y tres prestadas) me llevó.

Pero con eso no basta, claro, y aquí estoy, como la bruja del cuento, sólo que sin ranas en el perolo, venga a dar vueltas, venga a dar vueltas (y ya van dos horas).

Definitivamente abandono la bella idea del membrillo que una vez me regaló Antonio López. El marrón éste del regalo le ha quitado un montón de delicadeza al tema.

En cuanto a la globalización, pensé en ello ayer, al ver mi casa periódicamente inundada por una nueva generación de niños con cestitos en forma de calabaza gritando trucootrato trucootrato. Los pobres no sabían lo mío con el membrillo y creo que no daban crédito a la mari del mandil que les regalaba sudorosos gestos llenos de mala leche desde lo alto de la escalera con su cuchara de palo.

Sin proponérmelo, elegían salir corriendo.

jueves, 29 de octubre de 2009

El teléfono de Antonio

Acabo de regresar del glorioso taller de teatro -encantada, como siempre (bueno vale, un poco menos que siempre) y me he sentado delante del ordenar para repasar las cosas de Antonio y su teléfono, que no os puedo contar por esa negación terminante que siento hacia la exposición bloguera de mis historias.

El caso es que hoy no puedo con Antonio (ya estoy de repasos, quiero cortar y cortar y él intenta convencerme de que le dé más historia – un clásico) y de repente he recordado esto de la lluvia y me he convertido en paraguas.

La semana, de lo más emocional, gracias. Estoy de vacaciones en la paradoja de mi vida y pasa lo que veis. Unos días fenomenal, otros menos bien y otros de no salir de la cama, oyes.

Y aquí guiño con cariño mi ojo (de niño, me lo pedía el cuerpo) a una amiguita que tiene mucha cosa azul dentro del corazón, con todos mis pensamientos dirigidos a que se transforme en rojo rojísimo cuanto antes.

domingo, 25 de octubre de 2009

Sunday

No puedo decir que éste haya sido un literal día de sol, que no, pero sí lo ha sido en esencia. Me he despertado una borreguil hora antes de lo esperado y el salón lleno de otoño me ha pedido a gritos un poco de jazz.

Los domingos son días extraños. Será su falta intrínseca de actividad, o la posibilidad de despertar en blanco, o el día por delante que se desliza cabezón hacia el siguiente madrugón. Es un día paréntesis, de cine y paseos, de aperitivo, de periódicos, de ver los árboles desde el salón.

Los domingos pasan con la inercia de la vida, pero éste no. Hoy he disfrutado cada momento del día. De la mañana con Billie, de mis libros (después de un pestiño he cogido con acertadas ganas la playa de los ahogados, de Domingo Villar – siruela) y de mis “escribiditas”.

También está lo de Rossi. Pero eso ya es amor.

Estoy en ello

Organizándome para ir... (a falta de un enorme empujón)

...y a punto de adquirir!

martes, 20 de octubre de 2009

Ayer me sucedió una cosa formidable.

He pasado el fin de semana y parte de la semana anterior escribiendo una historia que comienza con una reflexión de la protagonista mientras mira a través de una ventana.

Bueno, pues ayer tenía que asistir a una reunión con un potencial cliente. Llegamos a las oficinas, nos metieron en una sala de reuniones (increíble la alfombra, pero increíble) y –muy en mi línea- me dirigí con paso mullido a la ventana. Me fijé en la zanja y en unos bocadillos olvidados encima de un palé. Todo en el suelo. Sin excesiva prisa fui alzando la mirada para estrellarme de lleno con la MISMA VISTA que mi chica. LA MISMA.

¡Estaba en la ventana de mi protagonista!, mirando el banco, la bandera, el kiosco. No me caí porque tenía los zapatos bien anclados en la alfombra, pero no pude reprimir una exclamación sonora del tipo.

- Joder Juan, no te imaginas lo que me acaba de ocurrir.

Juan es Juan y jefe y –con todo mi cariño- tiene la sensibilidad de un espárrago. O sea, que sería la última persona a la que confiaría mis quehaceres literarios. Pero en ese momento era la única.

No le afectó más allá del “¿que estás escribiendo qué?” y pude volver a mi rápida inspección ocular. Me dí cuenta de que me faltaba el árbol y empecé a fijarme en la sala.

No voy a incluir los detalles en la historia, pero creo que conozco mejor a mi chica.

sábado, 17 de octubre de 2009

Esas cosas

Yo en lo que creo es en la libertad de cada mujer para tomar una decisión, llegado el caso (evidentemente, dentro de unos límites que son los que debe fijar la legislación).

Me parece anacrónica cualquier manifestación contraria a esta libertad, como me lo parecerían las contrarias -por ejemplo- a la libertad religiosa. Son temas terriblemente subjetivos y no deberían utilizarse como bandera de nada.

Yo no he abortado.

Yo.

Pero puedo entender que otra mujer decida lo contrario. ¿Quién soy yo para imponer mis decisiones a esa otra? ¿y qué ocurriría si la imposición fuera contraria? ¿Si lo que se estuviera debatiendo fuera la obligatoriedad de abortar en cualquier caso? Impensable...

Igual de impensable debería ser esto que está ocurriendo ahora mismo en Madrid.

jueves, 15 de octubre de 2009

Sweeties, no puedo volver...

Me encantaría compartir mis águilas con vosotras PERO el teatro ha llamado a mi puerta. He abierto, nos hemos conocido y me temo que no le echo ni a patadas ya de casa.

Antes de dejarle pasar he dudado un instante, que él ha aprovechado para instalarse en el sofá y ahí, mientras le miraba, me ví en aquello tan de abuelo de ir a por tabaco...

Ahora me alegra mi segura indecisión, que al final me ha regalado una tarde diferente y bastante bastante especial.

Os invitaré al estreno.

A.M.M e infiltradas

Por esas cosas de la vida y los correos, me encuentro pensando en -ostras, dos monjas de monjas por la calle, cuánto tiempo- mmm... pensando, escribía, en lo bien que me vinieron un par de días de patín, de los del año pasado.

NO quiero decir que me gustara -que no- pero que me vinieron bien, no doubt.

Esa especie de orgullo el día en el que presumí de aguila de lc y -nunca lo olvidaré- el partidazo de hockey (¡qué descarga de todo!).

Chicas, os llevo en mi corazón.

miércoles, 14 de octubre de 2009

¿?

¿Por qué tengo que recordarte que existo?
¿Por qué soy diferente?
¿Por qué mis emociones fluctúan ahora al alza?
¿Por qué me cuesta tanto o por qué a veces tan poco?
¿Por qué no sé por qué no tengo un telescopio?
¿Por qué demonios lloro?
¿Por qué seguí nadando si el agua estaba helada?
¿Por qué soy tan sincera o poco diplomática?
¿Por qué me importa nada qué piensen los demás?
¿Por qué nunca me acuerdo del baño del garaje?
¿Por qué no tengo héroes?
¿Por qué no me entusiasma demasiado la nieve?
¿Por qué me gusta así el color amarillo?

(¿Por qué todas esas ventanas? ¿Por qué la lluvia?)
¿Por qué algunas canciones me sientan tan tan bien?
¿Por qué pasé una vez de 100 km/hora?
¿Por qué me falta el gen de no saber inglés?
...

lunes, 12 de octubre de 2009

Dos aciertos

Leo siempre y leo mucho y me ocurre algo curioso: ante la pregunta ¿qué estás leyendo? suelo quedarme en blanco.

Olvido con una facilidad pasmosa libros e historias la mayor parte de las veces. Tengo una biografía de Melville inacabada sobre la mesa, que se ha convertido (ay) en el comodín ante la mente en blanco. Pues... esto... mmm... la biografía de H. Melville, así que me acuerde (re ay).

Esto viene al hilo de dos de los libros de este fin de semana. Experiencia, de Martin Amis y La isla de las palabras, de un escritor francés que se llama Erik Orsenna. Si alguien me hubiera preguntado hoy qué estás leyendo no hubiera dudado en (i) contestar y (ii) describir en la medida de mis posibilidades el porqué del entusiasmo que han provocado en mi ánimo, por lo general bastante cansado.

El primero es una recomendación “experta” de hace unos días. Lo compré, lo abrí y hasta ahora.

Es una autobiografía muy bien llevada y estructurada que mezcla el recorrido vital del autor con reflexiones sobre la literatura, autores o el oficio del escritor (y otras menos literarias, pero una está para lo que está). Un libro brillante, muy interesante y -por qué no- también entretenido.

En cuanto a la isla, lo compré con intención infantil y me lo he quedado para mí para siempre. Cuenta la historia de dos hermanos que despiertan en una playa. Han sobrevivido a un naufragio, que -no todo iba a ser perfecto- les ha arrebatado las palabras, así que no pueden hablar (angelitos). En la isla se encuentran con unos personajes que les acompañan y les ayudan a recuperar el lenguaje (les llevan por ejemplo a la tienda “el vocabulario del amor”, donde se venden palabras útiles para expresar sentimientos:

“- tengo lo que necesita, un segundito. Aquí está. Tiene usted donde elegir: aflicción...
- Eso suena mal.
- Neurastenia...
- Parece un medicamento.
- Desesperación.
(…)
La mujer deslizó una moneda en la mano del vendedor y se marchó reconfortada (...)”.

Un librito precioso.

Los dos me parecen muy recomendables y los dos me han interesado lo suficiente como para recordar que los estoy leyendo.

domingo, 11 de octubre de 2009

Historias de madrugada (i)

No podía dormir, así que me he dado una buena ducha y me he bajado aquí a leer y a escribir. Una bebida calentita a la derecha y unas cuantas velas encendidas han mejorado mi humor de insomne.

Aún no hace demasiado frío, pero el viento (sí, sí, he abierto las ventanas de par en par) ya regala olores de chimenea. Mañana sin falta iremos a buscar piñas, aunque conociéndome ya será en marzo. Lo de coger piñas, digo.

Estaba pensando hace un rato que me gusta octubre. Creo que es el mes que más me atrae. Y no tiene nada que ver van morrison, ¿o sí? Me gusta mi árbol, el que aprovecha octubre para disfrazarse de otoño.

En la carretera por la que se llega a mi casa hay una zona de ocho kilómetros (más o menos) que es fantástica. Está flanqueada por árboles a ambos lados. Llego e invariablemente me relajo. En esta época reduzco la velocidad, abro las ventanas y dejo que todo me envuelva. Los colores, los olores, la vista. Casi siempre vengo escuchando la radio y casi siempre la apago al llegar aquí. Es un pequeño placer, de esos que nunca se consideran hasta que -como ahora- salen de no sé dónde.

Hace muchos muchos años, más o menos tendría ¿16?, un día de verano recorrí este camino con dos amigos en bicicleta. Para habernos matado: por supuesto sin casco, por supuesto en paralelo y por supuesto en traje de baño los tres. Toda una aventura. Entonces no me fijé mucho en la belleza del camino, la verdad. Supongo que iba más preocupada por componer cierta estampa “verano azul”.

Lo que ha llovido desde entonces. El miércoles sin ir más lejos, de vuelta a casa, me encontró un tormentón en la mitad del camino éste idílico del que hablo. Tardé tres segundos en cerrar las ventanas (bucólico hasta cierto punto, oyes) y dos más en detener el coche en mitad de la carretera. Y allí me hubiera quedado si una señora muy simpática no hubiera estampado su coche contra el mío, pero eso ya es otra historia para otra madrugada.

viernes, 9 de octubre de 2009

de médicos...

Acabo de volver del médico y estoy mucho más tranquila. M ha pasado los dos últimos días con fiebre muy alta y sin más síntomas que den pistas. Me dice la doctora que tiene placas

- pero no le duele la garganta

- ya le dolerá

Luego me dice que claro, lo de las placas no tiene por qué significar anginas. Le receta antibiótico pero no está segura, porque si es mononucleosis infecciosa el antibiótico no va a hacer nada.

- ¿cómo?

- Sí, mononucleosis. También salen placas. Y tiene pinta. Claro, que este ganglio de aquí (toca, toca) no tiene nada que ver con lo de la garganta. Me lo traes dentro de quince días -si ya está bien- y lo vuelvo a ver.

Pues eso, mucho más tranquila.

jueves, 8 de octubre de 2009

Ironed

Tengo ganas de ir a El Hierro. Diría que es mi próximo viaje, pero como esto de la vida es imprevisible, lo mismo me veis antes –no sé- en Lisboa, que me debe algo.
Es como antes –mucho antes- fue Lanzarote. Un deseo. Casi una visión.
Llega octubre e invariablemente me apetece ir a Canarias y ya son varios los años en los que doy vueltas a esta isla. Por lo que sé, es ideal para hacer senderismo. Lo del buceo no lo considero, no sé si hay vida más allá del snorkel.

Un poquito de fb

Lo mío con facebook ha sido visto y no visto. Vencí la barrera de la negación movida por la curiosidad, me enganché, me enganché demasiado y –no sin cierto sufrimiento (o sea)- le he dicho adiós. Fue el día en el que me descubrí con pasmo revisando fotos del primo de mi amiga Esther. Eran cerca de las tres de la mañana y no me quería perder ningún detalle, por lo que me dieron las cuatro o así. El caso es que previamente había estado escribiendo una historia, mucho más interesante que el primo, y me dio una pena terrible acostarme a la mitad del cuento (ya nunca fue) y con la cabeza llena de cumpleaños desconocidos.

Antes, además, había sufrido breves conatos de angustia mental… no-me-incluyen-no-me-invitan-quedan-sin-mí, ¿será que no me quieren?

Entre una cosa y la otra, una mañana me escapé. Y ahora surjo en forma de blog, que es algo a lo que ya le daba vueltas.

Espero encontrarme aquí con todos, o casi todos.

Y pasar ratitos agradables.

Ya veremos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Estoy

Tengo cinco minutos.

Una miseria de tiempo para esta primera entrada, ¿no?. Tenía que haber llegado hace diez a un sitio y al final ni una cosa ni la otra. Intentaré darle un poco de gracia a este primer comentario por la noche, pero no prometo nada.